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TVN en crisis: Cambios para su supervivencia

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Valerio Fuenzalida

Licenciado en Teología y profesor, Universidad Católica. Especialista en recepción y audiencia de televisión, televisión pública e infantil

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Sergio Gándara

Presidente, Asociación de Productores de Cine y TV. Socio, Parox. Cofundador, Cinemachile y Corporación Pebre

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Carta de Valerio Fuenzalida

07 diciembre 2015

Estimado Sergio:

Los malos resultados económicos de TVN, en el marco de un fuerte descenso general en los ingresos de la TV abierta, vuelven a poner en discusión la misión de una estación pública en los tiempos actuales. Ricardo Solari, presidente del Directorio del canal, ha señalado que la estación enfrenta sus problemas con recursos propios, con rebajas de costos y sueldos, con proyectos de nueva programación y ahora recurriendo a endeudamiento. Son las necesarias medidas inmediatas. Pero, ¿debería tener TVN un proyecto de reforma para el mediano plazo, digamos diez años?

TVN se enfrenta a un escenario muy diferente al contexto de su reforma en los 90. Ahora existen más canales en competencia por la audiencia: hay dos fuertes canales privados nacionales y dos privados internacionales, uno de ellos de talla global. Estos disponen de importantes recursos económicos que les han permitido drenar de recursos humanos a TVN y, además, la audiencia ha cambiado en sus preferencias. Entre los años 2008-2013, los informes del Panorama del Audiovisual Chileno muestran, según los datos de Ibope, un crecimiento de la sintonía del total anual de la audiencia chilena hacia los géneros de información. Si bien la oferta del total anual de estos géneros mantiene una estabilidad relativa con aproximadamente un 20% de la pantalla, la audiencia de estos mismos géneros ha saltado de un 25% el año 2008 a un 42-43% en los años recientes. Entre las televisoras top ten de la TV de pago están dos canales 24/7 informativos, como son 24 Horas de TVN y CNN Chile.

La tecnología de distribución de TV ha introducido dos cambios en estas dos décadas: primero, el importante crecimiento de la TV paga por cable y satélite; y ahora, la TV vía streaming. La TV paga introdujo para la audiencia la segmentación de señales y este cambio inaugura nuevas relaciones con los televidentes: por ejemplo, los niños se han trasladado a los canales segmentados infantiles, abandonando la TV abierta, lo que implica que los niños se relacionen con canales y no con las antiguas franjas. Ahora, la tecnología digital por Internet está reordenando la distribución en TV abierta, TV paga y TV por streaming. La TV paga ha alcanzado un límite de crecimiento en los países de alta penetración (estancamiento en sectores rurales y en sectores urbanos sin capacidad de pago, acompañado de piratería de la señal), y su actual expansión ocurre en los países emergentes de Asia y África. Ante la TV vía streaming, en Estados Unidos hay un lento decrecimiento en las cifras de abonados a la TV paga. Un pronóstico en este reordenamiento apunta a que la TV paga sería la más afectada por su canon de abonamiento y por una segmentación “premium” de creciente costo para el interesado. Ante el escenario pesimista, la TV paga en América Latina ensaya un nuevo modelo de negocios: convertir a los piratas de las señales en aliados, es decir, no serían abonados pero sí una audiencia con un rating atractivo para la publicidad. La apuesta es al crecimiento de la publicidad (sustrayéndola de la TV abierta), y no sólo al abonamiento. La fragmentación de las audiencia en la TV paga incentivará la constitución de paquetes de canales con contenidos segmentados, pero que puedan ofrecer cifras más amplias de rating.

Cualquier proyecto de reforma de TVN tiene que plantearse en este escenario de reordenamiento en el mediano plazo. ¿Qué quedará de la reforma Aylwin-Navarrete de los 90? Especular acerca del reordenamiento requiere de una discusión más amplia, pero la reforma de los 90 tiene un punto que debería ser intransable: una TV pública debe estar al servicio de las audiencias ciudadanas, no al servicio del Gobierno de turno, ni de los poderes políticos o fácticos. Este fue el punto central de la reforma en los 90, como una reacción unánime del Congreso ante los abusos de la dictadura de Pinochet, cuando TVN no sólo hizo un discurso de propaganda política, sino montajes para justificar torturas y asesinatos.

¿Cuál es, Sergio, tu visión del tema y qué cambios crees son necesarios para la supervivencia de TVN?

Valerio Fuenzalida

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Carta de Sergio Gándara

09 diciembre 2015

Estimado Valerio:

Efectivamente, tal como indicas en tu carta, llegó el momento de pensar en una gran reforma de TVN que no sólo se preocupe de los números, sino de proyectar el canal público en los próximos diez o quince años, resolviendo su rol en el nuevo contexto de la televisión abierta.

Lo que justifica la existencia de los canales públicos es el interés por asegurar —en un medio tan importante e influyente como la televisión— la libre circulación de ideas, el encuentro entre diversos sectores sociales, la promoción y acceso a la cultura y la construcción de la identidad nacional. La existencia de una televisión pública es, por lo tanto, un interés democrático.

La reforma de los años 90 entregó a TVN una estructura que intentaba dejar atrás el uso proselitista y engañoso que tuvo durante los diecisiete años de dictadura. Sin embargo, este autofinanciamiento no sólo fue un mecanismo para velar por la imparcialidad política del canal, sino que fue una solución cómoda para una democracia que se comenzaba a construir sin entender la importancia de los medios públicos. En esos primeros años con el directorio representativo del Parlamento, TVN entregó programas de entretención, informativos y culturales que penetraron fuertemente en las audiencias, aportando en mostrar aspectos de nuestra cultura y sociedad que estuvieron ausentes de las pantallas durante los años de dictadura.

Sin embargo, a partir de 2000, TVN parece haber ido perdiendo ese empuje y espíritu. La sustentabilidad del canal se tornó más importante que la innovación de las ideas. Esto ha significado que TVN abandone la esencia de una industria creativa. Este abandono de la búsqueda de contacto con las audiencias —salvo destacadas excepciones— ha significado que hoy nadie le encuentra mucho sentido a su existencia.

Entrando en el juego al que me invitas, el de proyectar TVN en los próximos años, creo que en el mediano plazo TVN debería mantener un gobierno corporativo libre de intereses partidistas y del posible proselitismo de los gobiernos de turno, pero además libre de intereses económicos y de la preocupación por su financiamiento. Una reforma que contemple un financiamiento parcial por parte del Estado tiene que dejar de ser un tabú. Esta inversión pública sería en favor de la cohesión social, construcción de ciudadanía, difusión de la diversidad cultural y profundización de la democracia, todos ellos valores fundamentales consagrados en nuestra Constitución y por los cuales las autoridades deben realizar acciones concretas para propender a su materialización.

Actualmente, existe incertidumbre respecto de los posibles modelos de negocios de la industria de la TV abierta en el largo plazo que, de acuerdo a todas las proyecciones, no podrá continuar dependiendo únicamente de la publicidad.

La reforma debe encontrar una fórmula cuyo alcance o influencia se dimensione en el contexto de la TV digital, es decir, que TVN tenga varias señales, incluidas la señal de noticias y la señal cultural, y deje de pensarse que la señal principal es la que tiene que sustentar al resto. Siempre considerando que estamos en una etapa de tránsito hacia el consumo de todos los contenidos a través de Internet, TVN, sin abandonar la señal abierta, debe adaptarse tecnológicamente a las nuevas formas de consumo a través de smartphones, smart TV y todo tipo de tablets y computadores.

Hasta que este ecosistema se acomode a nuevas formas de comercialización, no se puede pretender que ese proceso de transformación dependa de los ahorros de la señal principal. La transformación es tan estructural que se requiere el financiamiento y compromiso del Estado en la transición, lo que además coincide con la demanda de la ciudadanía por más y mejor democracia, en la que los medios públicos tienen un rol fundamental. La inversión del Estado debe estar enfocada en las nuevas formas de crear, hacer, emitir y consumir televisión en los próximos años. Para ello, es fundamental diversificar las fuentes de ingreso de las que depende actualmente TVN.

Como productor, creo que en esta crisis existe una oportunidad y es, precisamente, en el esfuerzo por diversificar las fuentes de ingreso. Por ejemplo, la internacionalización y exportación de los contenidos y las coproducciones deben ocupar un lugar más relevante en el financiamiento de TVN. Nuestro canal estatal debe posicionar mundialmente sus productos, pensar en calidad, ya no exclusivamente en el escenario local.

Lo que digo en el fondo, Valerio, es que la inversión estatal esté enfocada en el fomento de la creatividad y la innovación, de manera que Chile “pase del cobre a la neurona” como nos recomendó el secretario ejecutivo de la OCDE hace un par de semanas.

Cordialmente,

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