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TPP: ¿Miedo a lo desconocido o subordinación al imperialismo?

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Matthias Erlandsen

Periodista. Estudiante del Master en Estudios Internacionales

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Ángela Gallardo

Periodista, La Izquierda Diario Chile

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Carta de Matthias Erlandsen

21 octubre 2015

Estimada Ángela:

Wikileaks nos ha hecho temerle al TPP (TransPacific Partnership) sin un argumento fuerte, más que el desconocimiento.

El acuerdo recién cerrado entre doce naciones del Asia-Pacífico ha sido “demonizado” por los sectores más progresistas de la política y, en mi opinión, no tienen argumentos fuertes para decir que este acuerdo —que concentra cerca del 40% del PIB mundial— sea algo malo desde ya.

En primer lugar, les concedo a dichos sectores que una negociación a puertas cerradas no fue la mejor forma de hacerlo. Considero que ese mero acto viste al TPP de un velo de reticencia y desconfianza válido. No obstante, existe una confusión sobre el proceso de cómo se acuerda, firma y ratifican este tipo de convenios: el documento está recién comenzando a ser discutido de forma soberana por cada Estado interesado. En este sentido, los Ejecutivos de las doce naciones deben poner en conocimiento a sus respectivos poderes Legislativos, quienes, una vez analizados y acordados todos sus puntos, pueden decidir (de nuevo, soberanamente) aceptarlo o rechazarlo. La batalla de los opositores no está del todo perdida.

Pensemos, por un momento, quiénes son los responsables. Si no votamos en las últimas elecciones parlamentarias, si no hicimos uso de nuestro legítimo derecho de ejercer el poder soberano, entonces tenemos gran responsabilidad en permitir que este acuerdo se pueda terminar firmando gracias a que ese representante por nuestro distrito, quien terminará decidiendo el futuro del TPP, ganó porque no nos opusimos.

En segundo lugar, creer que con la actual situación política de Chile el Gobierno se atrevería a implementar un acuerdo de este tipo obviando ampliamente derechos y garantías que atentan contra la Constitución es también ilógico. Sobre esta razón, el oficialismo ya dejó muy en claro desde el primer momento que el principal punto que podría afectar a Chile, como es la exclusividad de patentes de fármacos biológicos, se mantiene por 5 años, que es la actual cifra que usa nuestro país para regular este mercado. O sea, no hay cambios que nos perjudiquen.

Otro punto que sustentan los opositores al TPP tiene relación con la amenaza a la libertad personal y civil en Internet, y es un argumento débil, puesto que, con la actual regulación en Chile, basta tener un poco más de conocimientos informáticos que el promedio de la población para acceder a mucha información que no está protegida. Hoy, los delincuentes cibernéticos pueden conocer nuestras claves bancarias, leer nuestros correos y seguir nuestras huellas digitales. Creer que cualquier Gobierno no lo puede hacer en la actualidad es descabellado. Asumir que el nuevo tratado establece un marco para atentar legalmente contra la libertad de asociación, opinión y expresión, es creer que los gobernantes en general buscan restringir la libertad constitucional y el marco regulatorio del sistema internacional per se, cosa que no puede estar más alejado de la realidad, salvo contadas excepciones, como en Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Rusia y varios otros que no participan del TPP. ¿Por qué le confiamos nuestra información a Facebook (un “imperio privado” que se nutre de nuestras fotos y nuestras preferencias), pero le tememos tanto a contarle al Estado qué bebimos o con quién estuvimos durante el fin de semana?

En tercer lugar, este acuerdo es una buena opción para forzar a países como Estados Unidos a firmar o ratificar otros tratados como la Convención sobre el trabajo forzado, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres, el Protocolo de Kioto, el Tratado de Ottawa sobre la prohibición de minas antipersonales, e incluso la Convención sobre los derechos de los niños. En el derecho internacional es común que la firma de un nuevo acuerdo conlleve la obligación de adherir a otros acuerdos anteriores en otras materias. Es la forma natural en que se negocia un tratado, y aquí, nuevamente, volvemos al punto sobre la soberanía: si no fuimos a votar, ¿por qué ahora nos quejamos de la decisión que toma quien soberanamente nos representa?

Queda un largo camino todavía antes de que el TPP sea una realidad. Tenerle miedo y oponerse sin conocer sus detalles es armar un escándalo sin razón. Veamos qué propone primero. ¿Qué te parece?

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Carta de Ángela Gallardo

22 octubre 2015

Estimado Matt:

El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) firmado entre el Gobierno, Estados Unidos y otros diez países, sin duda ha generado arduo debate. Ante esto, es necesario preguntarse, ¿a quiénes va a beneficiar? ¿Qué expresa este “secretismo” en cuanto a la toma de decisiones políticas que afectan a millones de personas?

Desde el punto de vista de la “forma” en que se ratificó, me parece que no es menor que se haya revelado que fue por medio de cinco años de reuniones a espaldas de la población. Más bien, expresa lo alejado que está el Parlamento y el régimen político de las inquietudes y necesidades del pueblo trabajador; refleja que las decisiones políticas se toman sin ningún tipo de incidencia por parte de los diferentes sectores de la sociedad. Este “secretismo” responde a una práctica habitual de un régimen deslegitimado, donde está claro que los legisladores no votan leyes ni acuerdos a favor de los trabajadores y sectores precarizados.

Más que cuestionar a las personas que no votaron, es mejor preguntarse qué sucede para que un sector importante se abstenga del voto o, simplemente, lo anule. ¿No es esta una posición política que expresa una opinión? Lo concreto es que en diversos estudios —y, principalmente, en las calles— se ha expresado el rechazo y la desconfianza hacia el Gobierno, el Parlamento y el conjunto de las instituciones. Reuniones secretas no les harán creer a las personas que “sus representantes” votarán pensando en los intereses de la mayoría del país, menos aún con un Parlamento donde el 25% está involucrado en casos de corrupción de grandes empresas privatizadas en dictadura.

Ahora bien, ¿qué implica el TPP? Es una nueva subordinación del Gobierno y el régimen político al imperialismo estadounidense, y a los intereses de las multinacionales. El TPP, en palabras de Barack Obama, es el nuevo “marco comercial del siglo XXI” que representará al 40% de la economía mundial, donde los ingresos derivados del acuerdo serían alrededor de 223 mil millones de dólares anuales, de los cuales 77 mil vendrían a ser ganancias para Estados Unidos.

La manera de beneficiar a intereses imperialistas y a empresas nacionales recae principalmente en la reducción de aranceles a cerca de 18 mil productos estadounidenses en países de América Latina, lo que facilitaría la competencia entre los productores y el ahorro de cifras millonarias. También favorecería a empresas mineras, como las canadienses, debido a la reducción de impuestos, tal cual lo ha manifestado la Asociación Minera de Canadá (MAC).

El TPP protegería la “propiedad intelectual” en la patente de fármacos, donde se incluiría el aumento de cinco a doce años la extensión de esta protección, lo que provocaría un aumento en el precio de los medicamentos. Incluso, el Colegio Químico-Farmacéutico ya se ha manifestado contrario a este tratado, debido a lo perjudicial que será para las personas que necesitan de remedios. Habría una importante restricción de navegación en Internet, la que sería controlada por las principales empresas de este sector; es decir, el TPP representa un nuevo golpe a los derechos económicos, sociales, culturales y medioambientales de las personas, beneficiando sólo a la clase empresarial y al imperialismo.

¿Qué confianza podría existir hacia el régimen político si quienes lo integran han votado leyes para privatizar recursos naturales, como el agua, cobre, mar, o para mantener intacto el mísero sueldo mínimo? Si los parlamentarios legislaran para la clase trabajadora y los sectores populares, impulsarían la nacionalización de los recursos naturales, de las minas, tierras y empresas que fueron privatizadas en dictadura, con el objetivo de beneficiar al pueblo trabajador y dar respuesta a problemáticas como los sueldos, desigualdad, educación, salud, vivienda, entre otras. Para terminar con el saqueo hay que poner fin a los tratados con el imperialismo, lo que no será de la mano de este régimen social y político, y de sus partidos, sino en base a la lucha y organización de explotados y oprimidos.

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Carta de Matthias Erlandsen

26 octubre 2015

Estimada Ángela:

Paso a responder algunas de tus dudas y a explicar las diferencias conceptuales que tenemos.

De entrar en pleno efecto, y liberar los impuestos y cuotas de las doce naciones que hasta ahora han firmado el Acuerdo Transpacífico (TPP, en inglés), quienes se verían beneficiados son más de 480 millones de personas, una cifra para nada pequeña, si se considera que incluso China ha presentado su intención formal de ser parte de este acuerdo en un largo plazo. Obviamente, no todos se beneficiarán por igual, pero ninguna nación racional se atrevería a firmar un acuerdo económico de liberalización de impuestos perjudicando a una mayoría.

Tu primer error, común entre los periodistas de nuestro país al hacer análisis internacionales, es decir que el TPP está ratificado. No es así: recién se ha negociado; luego, queda su discusión en el Parlamento (que puede llevar varios años); y recién después de eso se podría ratificar.

Creer que los tratados internacionales los negocia el Poder Legislativo es tu segundo error. En Chile, y en cualquier otro país, es el Poder Ejecutivo (el presidente o primer ministro) quien tiene esa tarea, gracias al concepto de cesión de soberanía que le entrega la ciudadanía cada vez que vota por un período determinado (en la mayoría de los casos). El Senado recién puede actuar cuando le compete discutir su aprobación o rechazo, una vez que el Ejecutivo les entrega el documento acordado.

En tercer lugar, si tu crítica al “secretismo” apuntara al Poder Ejecutivo, no podría estar más de acuerdo contigo en que la forma no fue la correcta, pero me quedan dudas sobre si haberlo hecho de una manera más abierta y pública habría sido beneficioso, teniendo en consideración los niveles de corrupción de los países que componen este acuerdo económico. Lo más probable es que carteles o empresarios con mucho poder hubieran querido interferir, incluso eclipsando el interés que las bases obreras y trabajadoras pudieran haber ejercido. De ahí, tú misma dilucidas y nombras el problema central de haber negociado el TPP a viva voz: “Reuniones secretas no les harán creer a las personas que ‘sus representantes’ votarán pensando en los intereses de la mayoría del país, menos aún con un Parlamento donde el 25% está involucrado en casos de corrupción de grandes empresas privatizadas en dictadura”.

El cuarto error de tu carta está en asegurar que el TPP será una subordinación al imperialismo estadounidense. No tenemos el texto, no sabemos de qué trata y no nos podemos aventurar en creer que Estados Unidos es quien lo ha pactado obligando a los demás. De hecho, Estados Unidos no fue una de las cuatro naciones que empujó la idea (Chile, Brunei, Nueva Zelanda y Singapur sí), sino que recién se sumó en 2008, dos años después de que se hubiera iniciado la negociación.

En ese mismo párrafo, al referirte a las ganancias previstas para Estados Unidos, analizas cifras absolutas, no porcentajes. Eso es otro error, puesto que debido a la proporción comparativa de los mercados de Chile y Estados Unidos, por ejemplo, es obvio y completamente natural que este último país importe y exporte más cantidad de bienes y servicios, puesto que hay más gente que puede producirlos y a la vez comprarlos. Si Chile, u otro país, tuviera exactamente la misma población y los contextos fueran idénticos, tu análisis estaría correcto. No olvides que en ciencias sociales (y la economía es una de ellas) ningún fenómeno es bivariable, sino multivariable, y que a diferencia de las ciencias naturales nada es determinístico, sino probabilístico.

En tu carta aseguras que el TPP elevaría a doce años el resguardo de patentes de fármacos. Eso no es así. Se mantiene en cinco, que es, de hecho, lo único que sabemos de este acuerdo por declaración del propio director de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Andrés Rebolledo, quien apareció en innumerables entrevistas recalcando este punto.

Concuerdo contigo que la composición del Parlamento chileno no facilita que se hagan grandes reformas para beneficiar a los que tienen menos oportunidades y más necesidades. No obstante, vuelvo a reiterar mi punto principal sobre la soberanía: queda completamente en las manos de los votantes revertir este escenario. Si no se está de acuerdo con quien le representa en el poder, su obligación es castigarlo en las elecciones manifestando su opción, cosa que no se ha visto reflejada en las últimas elecciones, que nos dejó con una triste cifra de un 58% de abstención y el primer lugar en el ranking mundial al respecto.

Aislarse completamente del sistema internacional, como te refieres con “para terminar con el saqueo hay que poner fin a los tratados con el imperialismo, lo que no será de la mano de este régimen social y político, y de sus partidos, sino en base a la lucha y organización de explotados y oprimidos”, es algo arriesgado. Miremos, por un momento, lo que ocurre en los Estados socialistas: todos, a excepción de Corea del Norte, han visto un giro hacia el diálogo y las relaciones diplomáticas y comerciales con Estados Unidos, ¡incluyendo a Cuba!, entendiendo que el avance sustancial no se dará si no se permite una participación e inclusión en el sistema internacional actual. El intercambio de bienes y servicios puede que a Chile no le beneficie en los dineros que le entran por la venta de su cobre, pero de todas maneras le beneficia en bienes y servicios que recibe a un precio mucho menor que si fueran producidos en el mercado local.

3 Comentarios

  1. Matthias demuestra bastante inocencia al afirmar que ninguna nación racional cambiaría las reglas impositivas perjudicando a la mayoría, cuando esto es lo que ha ocurrido en Chile los últimos 40 años (royalty, FUT, elusión, etc). También es inocente creer que el secretismo con que se ha acordado el TPP es igualmente “secreto” para la gente común que para los grandes grupos económicos. También hay inocencia al creer que la vigilancia de Internet no va a ir en desmedro de la ley de neutralidad chilena. Finalmente, mucha inocencia (e ignorancia de la tendencia histórica) al pensar que la iniciativa fue de cuatro países, sin que interviniera “para nada” Estados Unidos hasta recién el 2008.

      1. Eso también aplica para lo que tú expones: Tú y yo estamos “suponiendo”, porque ninguno de los dos conoce el texto. Por otro lado, el secretismo del trato lleva a levantar sospechas, no confianzas, que es lo que tú, inocentemente, planteas en tu texto. Y la tendencia histórica de EE.UU. para influir internacionalmente a su beneficio (y en desmedro de otros) no es un secreto para nadie, las evidencias las encuentras incluso en Wikipedia.

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