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Teatro en la enseñanza escolar: Oportunidades y desafíos

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María Gabriela Huidobro

Decana, Facultad de Educación, Universidad Andrés Bello

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Pepe Auth

Diputado

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Carta de María Gabriela Huidobro

04 marzo 2016

Estimado diputado Auth:

En el contexto de los desafíos por mejorar la educación en Chile, uno de los pocos proyectos que ha apuntado a aquello que sucede en el aula y se aleja del debate sobre el sistema —cuya naturaleza es más bien económica y social— es la propuesta de incluir el teatro como una asignatura de la enseñanza escolar. El objetivo es promover la formación integral de los estudiantes, ampliando la educación más allá de las disciplinas cognoscitivas.

La iniciativa es coherente con el paradigma de la nueva pedagogía, modelo necesario si queremos mejorar un sistema educacional cuestionado por su calidad e incapaz hasta ahora de generar un verdadero cambio que parta por redefinir lo que esperamos que los alumnos aprendan. La educación no sólo debería consistir en una enseñanza orientada a la acumulación reproductiva de contenidos, basada en una metodología expositiva, sino en la formación intelectual, emocional, afectiva y ética de personas para la sociedad, a partir de una dinámica participativa. El teatro puede ofrecer una gran oportunidad, no porque permita enseñar actuación a los estudiantes, sino porque puede constituir una instancia para formar a los alumnos en habilidades comunicativas, trabajo en equipo, empatía, dominio de las emociones y creatividad.

No obstante, la oportunidad supone, al mismo tiempo, un riesgo y desafío. El primero se relaciona con la posibilidad de que la asignatura, en su implementación, se aleje de los propósitos que inspiran el proyecto: que, finalmente, asimile el carácter de los demás cursos que componen el currículum, absorbida por la tradición del sistema. Actualmente, las asignaturas de Arte y Música deberían propender a una meta como la que se espera para el teatro; sin embargo, no cuentan con el mismo espacio, tiempo y consideración —por parte de los colegios ni de la sociedad— que poseen, en cambio, los cursos más académicos. Y así, muchos acaban por lograr aprendizajes sin impacto, sentido ni vinculación con las demás áreas formativas o, en otros casos, se remiten a cumplir con los contenidos mínimos de la asignatura, sin propender a un aprendizaje significativo.

El desafío, por tanto, es lograr que esta posible asignatura alcance efectivamente sus objetivos de aprendizaje y posea contenidos, evaluaciones y actividades coherentes a los mismos. Para eso, será imprescindible contar también con profesores capacitados en habilidades, conocimientos y disposición. Si se trata de una asignatura que deberá impartirse obligatoriamente, la formación docente en esta área será un desafío mayor, que no podrá resolverse en el corto plazo, nuevamente, porque no debería tratarse de saber sobre actuación, sino de comprender y dominar el teatro como una herramienta para la formación de habilidades blandas. Ello supone un manejo de didáctica, técnicas pedagógicas, psicología educativa e infantil, entre otros.

En el afán por lograr una educación desde un enfoque integral, todas las áreas artísticas deberían fortalecerse desde esta lógica, integrándose además a otras asignaturas y áreas del currículum. El teatro, la música y el arte podrían perfectamente vincularse, por ejemplo, a proyectos de historia, matemáticas y lenguaje, superando la condición relegada que hasta ahora suelen padecer. Se trata de un desafío que no sólo compete a los colegios, sino que nos plantea la necesidad, como sociedad, de entender la educación desde una mirada renovada.

¿Ha considerado, diputado Auth, estos desafíos y riesgos en relación con el proyecto de inclusión del teatro como asignatura? ¿Cómo dialoga esta iniciativa con los demás proyectos legales para que logre verdaderamente su objetivo? Quisiera conocer su mirada sobre los puntos en cuestión.

Cordialmente,

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Carta de Pepe Auth

08 marzo 2016

Estimada María Gabriela:

Te agradezco sinceramente la valoración que haces de la iniciativa que hemos emprendido un grupo transversal de diputados (desde la UDI hasta Izquierda Autónoma) para impulsar el ingreso del teatro al currículo escolar. Soy de los que aprecian los cambios profundos del sistema educativo que están en curso, en particular, la decisión de terminar con el lucro para que todos los recursos tengan como destino la educación y la nueva carrera docente, que a mediano y largo plazo mejorará de manera significativa el nivel de los jóvenes que eligen dedicarse a la enseñanza y la capacidad del sistema para alentar y retener a los mejores. Pero toda la reforma adquirirá sentido pleno sólo si logra también cambiar lo que hoy ocurre en la sala de clases, para que sea el espacio más relevante de formación intelectual, afectiva y ética de las personas.

Es cierto lo que dices: son pocas las iniciativas que han apuntado a lo que sucede en el aula, a lo que enseñamos y al modo en que lo hacemos. La solicitud que hicimos al Mineduc y a la presidenta Bachelet, junto a Teatro a Mil, Sidarte y la Red de Pedagogos Teatrales, es coherente, como destacas, con el paradigma de la nueva pedagogía, que pone el foco en la formación integral de los jóvenes. El teatro aporta a la formación integral, sin duda por su contribución evidente a las capacidades expresivas y de lenguaje, pero también porque ayuda a las personas a conocerse a sí mismas, al buscar en sus experiencias y sentimientos el material necesario para expresarse; fortalece la autoestima, porque el atrevimiento de pararse frente a los demás, subirse a un escenario y suspender el yugo del “qué dirán” en la niñez y adolescencia contribuye a la indispensable afirmación del carácter; obliga a la empatía, al conocimiento del otro, a ponerse en su lugar para representarlo, aportando un elemento fundamental de la cultura democrática, que es el reconocimiento y valoración de la legitimidad y la contribución que hacen los distintos a uno; y enseña vivencialmente el valor de lo colectivo, porque en el teatro aprendemos a esperar la réplica en el diálogo y el ingreso del tercero al escenario, sentimos el goce de aportar de modo individual a un resultado colectivo, donde cada uno juega un rol insustituible.

No es mérito nuestro identificar la importancia del teatro en la educación. Se remonta a la Grecia Antigua. Y en Chile, uno de los fundadores del Teatro Experimental de la Universidad de Chile, en 1941, Rubén Sotoconil, dedicó su vida a la promoción del teatro escolar. Siendo muy niño, a mediados de los 60, tuve el privilegio de pasar un invierno inolvidable preparando en una sede de avenida Larraín una de las obras de su imperecedero libro Antología y manual de teatro escolar. Verónica García Huidobro ha continuado esa tradición y lleva más de una década formando pedagogos teatrales en la Universidad Católica, donde hoy la Facultad de Educación tiene un programa para habilitar a licenciados en Actuación como profesores de Teatro en la educación media. También hay un diplomado en Pedagogía Teatral en la Escuela de Teatro de la UC y un programa de especialización en Teatro y Educación en la Universidad de Chile. Pero tienes toda la razón: las facultades de Teatro y de Educación en Chile tienen el tremendo desafío de masificar la formación de pedagogos teatrales, que además de comprender el teatro como herramienta para la formación de habilidades blandas, tengan conocimiento de la psicología infantil y manejen técnicas pedagógicas para que el teatro se vaya incorporando como asignatura obligatoria y en un plazo razonable en todas las escuelas y liceos de Chile.

Comparto contigo la preocupación porque el propósito original de esta iniciativa, que busca aportar a cambiar la manera en que se educa, finalmente sea absorbida por la lógica dominante y que el teatro pase a ser enseñado del mismo modo que las demás asignaturas, es decir, que sucumba ante la tradición y el peso de la noche, sin aprendizajes reveladores y sin interacción con el resto del proceso educativo. Por eso es imprescindible que esta iniciativa se aplique en un contexto de debate y decisiones de cambios de objetivos, de método, de tecnología y de sentido de la educación, para que recupere su atractivo y relevancia.

Confieso que tengo la convicción de que asociar el mundo del teatro a la educación es, en sí mismo, un aporte, porque si logramos infundir al menos parte de su espíritu crítico, su disposición lúdica, su pasión por la experimentación, su alegría y su creatividad ilimitada, a las escuelas y liceos de Chile, habremos hecho un aporte sustancial.

En la confianza de compartir la necesidad de reformar nuestra educación, te saluda,

1 Comentario

  1. María G. Huidobro dice: “El objetivo es promover la formación integral de los estudiantes, ampliando la educación más allá de las disciplinas cognoscitivas”. ¿Debo entender que la disciplina Teatro no pasa por el conocimiento? ¿El teatro no enseña a pensar? He aquí la disyunción entre el hacer y el pensar. El teatro no es sólo jugar, imitar o divertirse, aplicar el “como si”, promueve la reflexión crítica, la ética, la resolución grupal de problemas, la socialización de los hallazgos, la no discriminación, el compromiso, más una larga lista de contenidos actitudinales y el aprendizaje de contenidos conceptuales específicos. En pleno siglo XXI, la educación positivista se perpetúa.

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