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Sobre la perspectiva científica del aborto

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Andrea Balbontín

Activista provida

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Jaime Vieyra-Poseck

Antropólogo social. Periodista científico

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Carta de Andrea Balbontín

13 octubre 2015

Señor Vieyra-Poseck:

Me parece de toda justicia refutar el planteamiento vertido en su columna de opinión del 5 de octubre en El Mostrador, sin la añeja argumentación teologal, por cierto valida, pero, para el caso, remitiéndonos a bases científicas, que es lo que corresponde.

“Un embrión, un nuevo ser humano, viene a la vida cuando un zigoto es producido en la fertilización por la combinación de un espermatozoide y un óvulo”, define el embriólogo Keith L. Moore, respecto del inicio de la vida humana, y, a partir de ello, analizaré ciertos argumentos proabortistas, asimismo, refutándolos.

Vida humana

Desde el momento en que un espermatozoide y un ovocito se fusionan, surge un cigoto unicelular, un ente vivo, único en su especie, con 46 cromosomas definidos. Se inicia, entonces, su ciclo vital, donde cada parte constituye un todo. De forma inmediata comienza la producción de enzimas y proteínas humanas, con los cuales este nuevo ser dirige su propio desarrollo. Todo ello conduce a la afirmación indubitada que estamos frente a un nuevo ser humano, “una nueva, genéticamente única, recién existente, vida humana individual”, en palabras del genetista Jerome Lejeune.

Desde el día 1 comienza una vida humana, un ser genéticamente definido, con capacidad para autodesarrollarse, autónomo respecto de la madre, aunque dependiente. Su desarrollo, al ser continuo, no permite establecer cuándo comienza el ser humano como tal, pues es un individuo que sólo posee etapas evolutivas, sin saltos cualitativos alguno. En suma, este desarrollo principia con el cigoto y culmina con la muerte del ser humano.

Dicho esto, ¿es posible pensar, como los proabortistas arguyen, que estamos frente a un conjunto de células o una masa de tejidos? Si la ciencia está de acuerdo en que se trata de un nuevo individuo de la especie humana, definido genéticamente y con capacidad para autodesarrollarse, es imposible pensar que destruir un embrión es símil a destruir un espermatozoide o un ovocito, toda vez que cada uno, por separado, no pueden generar una vida humana, no poseen 46 cromosomas y no tienen capacidad para autodesarrollarse. Sólo es posible mediante la fusión de ambos.

El desarrollo, desde el cigoto unicelular, pasando por las etapas embrionarias (división), mórula, blastocisto (con centenares de células), embrión, feto, es un todo continuo dentro de un proceso dinámico. No existen saltos cualitativos desde la fecundación y a lo largo de toda la vida humana, por tanto, desde la fase embrionaria es posible homologar biológicamente al embrión, luego feto, con un recién nacido o un adulto. Es exactamente el mismo ser en sus diversas fases de desarrollo continuo. De hecho, si analizamos la reproducción in vitro como método de reproducción artificial, el que así sea no exime al embrión en lo más mínimo de su naturaleza biológica, como tampoco de su identidad humana.

¿Forma o tamaño?

Determinar si el embrión es humano basándonos en el exterior, a partir de características como el tamaño o la forma, es un argumento burdo. La naturaleza es la misma desde el día 1 de la fecundación hasta la muerte, su esencia es inmutable y, por tanto, pretender establecer una línea divisoria dentro del desarrollo del nasciturus para determinar cuándo se puede considerar humano o no, basado en la apariencia y no en la sustancia, es precario e incluso ilógico para cualquier persona con honestidad intelectual mínima. Dicho de otro modo, el estado embrionario es sólo una fase dentro del desarrollo del individuo humano, como también lo es la adolescencia, la adultez o la vejez.

¿Pre-embrión?

Uno de los máximos exponentes de los argumentos proaborto es Peter Singer, filósofo ético que sustenta que terminar con la vida de un bebé debería ser aceptado, incluso hasta los dos años de edad, y precursor del concepto “pre-embrión”. Según los defensores de esta terminología, la individualidad sólo sería posible mediante la implantación. Richard McCormick, teólogo bioético y principal defensor de dicho concepto, señala: “Debe tenerse en cuenta que en el estado de zigoto el individuo genético no es aún evolutivamente único, una fuente de un solo individuo”.

En términos muy simples, para McCormick, el blastocisto, al estar compuesto por una combinación de “células esenciales” y “no esenciales”, no poseería individualidad evolutiva. Se suma a esto que, según ellos, hasta el día 14 aproximadamente, el pre-embrión se puede dividir y dar lugar a más de un individuo (gemelación), por lo que no sería un individuo único, debido a su susceptibilidad al fraccionamiento. Sin embargo, esta situación se puede dar también a partir del día 14. Frente a ello, me pregunto: ¿Es este factor causa de no individualidad? Estos casos son minoritarios. Así como suceden, también es muy probable que no ocurran, sin que ello implique que no sea un único individuo. Según Jesús Ballestero, lo esencial es “que se trata de un ser que mantiene invariable su unidad dinámica, su sistema orgánico, mientras que el problema de la división es secundario”.

Para terminar, las palabras Jerome Lejeune cobran fuerza y relevancia: “Tan pronto como los 23 cromosomas llevados por el espermatozoide se encuentran con los 23 cromosomas llevados por el óvulo, la información general necesaria y suficiente para concebir todas las características del nuevo ser ha sido recogida. Cuando esta información llevada por el espermatozoide y el óvulo se ha combinado, entonces un nuevo ser humano es definido, lo cual nunca ha ocurrido antes ni nunca ocurrirá otra vez (…) el cigoto, y las células producidas en las subsiguientes divisiones, no son simplemente células no descriptivas, o una “población” o “colección” suelta de células, sino un individuo muy especializado (…) alguien que se construirá de acuerdo con sus propias reglas”.

 

Bibliografía

Ballesteros, J. “El estatuto del embrión” en Fundación Interamericana Ciencia y Vida. Versión en línea: http://goo.gl/eaqDHU

Irving, D. N. When do human beings begín? “Scientific” myths and scientific facts. Libertarians for Life, 1999. Versión en línea: http://goo.gl/XWRQtR

——“Scientific and philosophical expertise: An evaluation of the arguments on ‘personhood’” en CatholicCulture.org. Versión en línea: https://goo.gl/F8q34t

Jouve de la Barreda, N. El manantial de la vida: Genes y bioética. Ediciones Encuentro: Madrid, Pp. 154-157.

McElroy, W. “Abortion”. Versión en línea: http://goo.gl/28ZnSp

Moore, K. L. “The developing human” en Science for Unborn Human Life. Versión en línea: http://goo.gl/LAHppK

Peikoff, L. “Abortion Rights are Pro-Life” en Capitalism Magazine. Versión en línea: http://goo.gl/CqL8eb

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Carta de Jaime Vieyra-Poseck

14 octubre 2015

Señora Andrea Balboltín:

Ante todo, quiero darle las gracias por su carta. Es un aporte, sin duda, al debate sobre el aborto. Y eso se valora en toda su dimensión.

Lo que quisiera aclarar, antes de contestar su carta, es que lo planteado en el artículo que usted refuta no necesariamente es proabortista, sino que recojo la plasmación de la perspectiva científica sobre el desarrollo del embrión en los nueve meses del embarazo basándome rigurosamente en conclusiones científicas ya consolidadas después de más de cuarenta años de investigación. No hay que olvidar que la ciencia tiene eso que tanto inquieta a los dogmas: las llamadas “verdades científicas”.

Cuando se logra una verdad científica es porque la teoría que lo originó puede ser verificada por otros científicos usando el mismo método original para llegar al mismo resultado. La investigación del desarrollo del embrión cumple esa normativa científica que es la base del desarrollo del conocimiento humano. Doy un ejemplo concreto: el descubrimiento de Galileo Galilei (1564-1642), en pleno Renacimiento, basándose en los trabajos de Nicolás Copérnico (1473-1543), a saber, que la Tierra y el ser humano no eran el centro del universo como afirmaba la Iglesia católica, sino que rotaba alrededor del Sol junto a otros planetas. Galileo fue sentenciado por la Inquisición a morir en la hoguera por esta conclusión científica. Su única salvación fue la abjuración, retractarse de su doctrina y salvar así su vida, pero no logró evitar la cárcel para el resto de su vida. Sin embargo, esta abjuración fue una decisión estratégica, ya que permaneció fiel a su doctrina y continuó trabajando hasta dejarnos su teoría desarrollada, que se transformó en una verdad científica: es la Tierra la que gira alrededor del Sol, y no la Tierra y el ser humano el centro del universo, como sostenía la Iglesia católica.

Después de 359 años, 4 meses y 9 días de esa sentencia, Juan Pablo II rehabilita al filósofo y matemático de Pisa y le pide perdón, declarando que afirmar que la Tierra gira alrededor del Sol no es blasfemia. Un tiempo demasiado eterno para reconocer una verdad científica. Qué lentos e injustos son los tiempos del Señor.

Recuerdo este caso ya emblemático del error histórico de los dogmas religiosos frente a los descubrimientos científico que se convierten en verdades científicas. La investigación del desarrollo del embrión desde el primer instante de la fecundación hasta los nueve meses ya está consolidada como una verdad científica, es decir, el investigador que quiera podrá hacer nuevamente la investigación y llegará a las mismas conclusiones. Son verdades científicas ya para siempre irrefutables.

Dicho esto, paso a comentar su carta.

Usted parte prometiendo que su refutación a lo planteado en mi artículo no se basará en postulados teológicos, sino científicos. Me produjo una gran alegría ese inicio, porque en Chile el debate sobre el aborto no pasa los límites de la especulación, el tremendismo, el terror y el planteamiento dogmático religioso, un escenario dantesco ya conocido por todos, y que cierra a priori cualquier debate medianamente eficaz que nos ayude a razonar mejor en torno a este tema.

Grande fue mi anonadamiento cuando leo que el científico con el cual fundamentará su refutación es un ultra religioso. Keith Moore se convirtió al Islam y, según sus propias palabras, leyendo el Corán descubrió las bases científicas de la embriología, su especialidad. El islamismo y el catolicismo tienen postulados casi idénticos sobre el aborto; pero, si me apuran, diría que el Islam está aún bajo parámetros medievales con respecto al catolicismo, que superó, en parte, el oscurantismo medieval con la llegada del Renacimiento —pero no así su institución represiva, la Inquisición española (1184-1821), que duró varios siglos más. La que condenó a Galileo fue la Inquisición romana (1542-1965). A partir de esa fecha, el papa Pablo VI la reemplazó por la Congregación para la Doctrina de la Fe—.

El otro científico que pone como “aval” de su refutación científica y no, como usted afirma, basada en el dogma religioso, es Jerome Lejeune. En 1974, Jerome Lejeune se integra a la Academia Pontificia de las Ciencias con el objetivo de conciliar la moral cristiana y las directrices del Magisterio de la Iglesia en relación con los descubrimientos de la biomedicina y el derecho y, además, con la misión de informar su problemática con relación a la defensa de la vida. El profesor Jerome Lejeune tuvo la bendición de la curia para que, desde el 28 de junio de 2007, comenzara su beatificación y canonización. El proceso concluyó el 11 de abril de 2012, en la catedral de Notre Dame de París.

Lo prometido en su refutación —que se basaría en la ciencia para fundamentarla— no se cumple, sin duda, y toda la estructura de sus postulados descansa en un dogma religioso. No obstante, y a pesar de esta frustración, comentaré algunos planteamientos de su carta.

En el entretítulo “Vida humana”

Usted plantea que “(…) si analizamos la reproducción in vitro como método de reproducción artificial, el que así sea no exime al embrión en lo más mínimo de su naturaleza biológica, como tampoco de su identidad humana”. Aquí repito lo expuesto en mi artículo: la reproducción in vitro son células con el genoma humano completo, pero carecen, obviamente, de corteza cerebral y del sistema nervioso central completos, con lo cual se pueda afirmar científicamente que carecen de capacidad para experimentar dolor y/o gozo, lo que implica que esas células no logran calificarse como un ser humano. Ya lo dije en el artículo que usted refuta desde el punto de vista teológico y no científico, como había prometido: células con el genoma humano completo están también, por ejemplo, en órganos cancerígenos que son eliminados del cuerpo, células que deben ser eliminadas para que el ser humano enfermo de cáncer, con corteza cerebral y sistema nervioso completos, capaz entonces de percibir estímulos sensoriales, pueda seguir vivo; pero esas células, separadas del ser humano enfermo, no son seres humanos. O viceversa, si usted quiere, es decir, si es una célula con el genoma humano completo, para llegar a ser humano debe tener lo que tiene el paciente al que acaban de extraerle el tumor cancerígeno: corteza cerebral y sistema nervioso central completos; antes, es sólo una célula con el genoma humano completo incapacitada de tener respuesta sensorial alguna por carecer de corteza cerebral y sistema nervioso central.

En el entretítulo “¿Forma o tamaño?”

Usted califica de “burdo” medir el tamaño del embrión a medida que va creciendo en los nueve meses del embarazo. El tamaño del embrión se otorga para dimensionar el trabajo científico y determinar sobre qué, en tamaño, se está estudiando. En este dato no hay una lectura ni ideológica y menos moral o ética, como usted lo plantea: es un dato científico más que ayuda a entender y precisar mejor lo que se está explorando. Y nada más. Darle a este dato un valor moral o ético o ideológico, es no entender la metodología y el proceso de rigor científicos o estar bloqueado por un esquema ideológico-religioso impermeable y dogmático que no entiende —o se niega a entender— la metodología rigurosa que emplea la ciencia.

En el entretítulo “¿Pre-embrión?”

Aquí pone como un ejemplo “diabólico” (para seguir con la terminología del dogma religioso con el cual usted basa su refutación) los postulados del filósofo utilitarista Peter Albert David Singer, que usted explícitamente presenta como científico y, como sabemos, la filosofía no es una ciencia exacta. Y, además, usted plantea que este filósofo defiende el homicidio de niños de hasta dos años de edad, presentándolo como parte de la monstruosidad de los/las proaborto. Hasta lo que yo entiendo, este filósofo que, por cierto, abarca otras materias, como la defensa a los animales, la eutanasia, la pobreza y la distribución igualitaria del ingreso, tiene una posición multifacética sobre el aborto, más en contra que a favor, llegando a crear hasta un silogismo:

  • Está mal matar a un ser humano inocente.
  • El feto humano es un ser humano inocente.
  • Entonces, está mal matar a un feto humano.

Pero esto está muy matizado con postulados que justifican el aborto como una elección utilitaria de la madre, y que esté dentro de las 18 semanas de embarazo, ya que plantea que hasta ese tiempo el embrión es incapaz de sufrir o gozar (por lo que ya hemos indicado más arriba), lo que no lo capacita a poseer preferencia alguna, y esto determina, según el cálculo de la filosofía utilitaria, que no hay nada que sopesar entre el embrión y la madre que decide abortar. Este razonamiento de su filosofía utilitaria hace que Peter Albert David Singer determine que el aborto sea moralmente permitido.

Al tratar la eutanasia en su libro Repensar la vida y la muerte, plantea que es posible otorgar a los padres la elección para quitar la vida de un hijo con malformaciones y/o discapacidades irreversibles que no le permiten percibirse como seres humanos ni experimentar dolor/gozo alguno. Pero al plantear esta posibilidad de filosofía utilitaria (que no de ciencia, insisto), exige que este tipo de eutanasia esté totalmente controlada con un aparato legal. Nunca Peter Albert David Singer ha defendido la eliminación de niños “incluso hasta los dos años de edad”, como usted plantea.

Concluye usted su refutación citando al beatificado y canonizado Jerome Lejeune. No lo comento porque ya es archiconocido el planteamiento dogmático de la Iglesia católica y de (casi) todas las religiones.

Y ya que continuamos dentro del marco religioso para debatir sobre el aborto, una muy escueta historia de la posición de la Iglesia sobre esto: la Iglesia católica se volvió antiabortista sólo desde 1869. Antes, hubo diversas posiciones sobre el aborto. Por ejemplo, San Agustín lo defendía y negaba que fuese un homicidio. La mayoría de la curia sostenía que antes de que el embrión se convirtiera en un ser humano, el aborto no era homicidio. Hasta establecieron tiempos: para el niño, cuarenta días; para la niña, noventa días. Y esto lo postuló nada menos que Tomás de Aquino, santo de la Iglesia católica.

Pero, en 1864, fue el teólogo Jean Gury quien estableció que abortar es matar a un ser humano real. Esta fue la base para que, en 1869, el papa Pío IX determinara que el aborto es un homicidio. Y en 1917 se establece que existe vida humana desde la concepción y que la célula es ya un ser humano, recibiendo el respaldo del nuevo Código de Ley Canónica. La conclusión es que la postura antiabortista de la Iglesia católica y, en rigor, de casi todas las religiones, es histórica: tiene tiempo y lugar, y ha cambiado según la época y sus características.

Volviendo a nuestro debate y para finalizar mi respuesta a su refutación de mis planteamientos, usted prometió inscribirlo dentro de los parámetros científicos. Lamentablemente, no se ha cumplido esa promesa, privándonos una vez más la evidencia científica y quedando sólo en la órbita especulativa de la teología. Discriminar e ignorar aquellas verdades científicas, premeditada o instintivamente, es restarse al conocimiento que se han dado los seres humanos. Excluir u ocultar la verdad científica con el solo afán de imponer la desinformación y la ignorancia, y así manipular a la gente y ponerla a favor de los postulados absolutistas y dogmáticos religiosos, es un ejercicio deplorable por violentar el desarrollo humano y agredir la inteligencia de la gente. Y eso no tiene perdón.

15 Comentarios

  1. En mi opinión, el problema radica en la falta de seriedad al dar argumentos de las ciencias sociales a las naturales. El argumento social tiene falencias para este caso, por ser dependiente del constructo cultural donde es aplicado, valedero para todo discurso, sea este ético, político, legal, moral, o de libre albedrío. Mientras que el argumento natural, se sirve de la lógica para dar explicaciones tangibles a fenómenos físicos y bioquímicos, en este caso el desarrollo de las células que se fusionan en la meiosis 1 (que a mi parecer es cuando realmente se define al individuo), hecho tan experimental a nivel microscópico como echar coca-cola a un vaso y que este reaccione soltando espuma.

  2. ¡Gracias por participar! La rigurosidad en la recogida de datos es la base del periodismo científico, no ser científico. Yo recogí una verdad científica ya irrefutable. Según la neurobiología, sentir dolor/goce implica que el sistema nervioso y la corteza cerebral están desarrollados y el cigoto ya es un ser humano. Esta verdad científica es la base de la legalización del aborto en los países desarrollados. Las Iglesias monopolizan este debate. Balboltín recoge sus postulados; por eso las menciono. La palabra vida es multifacética, como el aborto terapéutico para salvar a la madre de la muerte. La verdad científica de la penicilina, da vida, pero las Iglesias tampoco la aceptaron. Un saludo.

    1. “Verdad científica” es un termino contradictorio, no existe la irrefutabilidad en la ciencia. Eso solo existe en los dogmas. Y ya que usted entendio en forma concienzuda la literatura, le pregunto en específico: ¿Cuál fue el método de marcaje para observar el desarrollo de la corteza cerebral? ¿Es su sensibilidad absoluta? ¿Cuántas neuronas diferenciadas como corteza se requieren para sentir dolor/gozo? ¿Cuál fue el número de individuos testeados en su desarrollo cortical? (Le recuerdo que los humanos somos 7 mil millones. Por ejemplo, para verificar un medicamento se requieren al menos miles).

      1. Gracias, Pablo, por participar. Tienes razón al afirmar que la ciencia no es un dogma (como sí lo son las religiones). La ciencia no cree en nada hasta que no pruebe la hipótesis.
        Los pasos son: 1. Observación; 2. Ley; 3. Hipótesis; 4. Experimentos o más observación; y 5. Teoría.
        Y se puede definir como “una disciplina que utiliza el método científico con la finalidad de hallar estructuras generales (leyes o ‘verdades científicas’)” (BUNGE, M. La investigación. O.C., págs. 31-32. En: http://www.monografias.com/trabajos75/metodos-ciencias/metodos-ciencias2.shtml#elmetodoca#ixzz3pyBh1iZb).
        Te invito a leer la literatura en que cimento mi artículo. Allí están las respuestas a tus inquietudes.
        Un saludo.

    2. Si usted fuese un científico, entendería que la interpretación de los resultados tiene cierta subjetividad, y depende mucho de los métodos utilizados. También entendería que dolor=humano no es una conclusión científica, sino filosófica. Independiente de que los trabajos que revisó sean buenos, comprendiendo las limitantes de la ciencia experimental, ¿usted cree que estos son buenos argumentos para asignar o no a alguien el estatus de “ser humano”? Por ejemplo, para asignar el estatus de “medicamento” hacemos miles de pruebas con decenas de miles de individuos. ¿No le parece que el estatus de “humano” merece un análisis un poco mayor?

  3. El desarrollo embrionario, desde el punto fe vista científico, es un continuum. No se detiene desde que comienza con la fecundación hasta la muerte. Es un auge y una caída que sobreviene inexorable e imperceptible. Intentar encontrar un acontecimiento que marque el comienzo de la humanidad es, simplemente, una ficción jurídica. Un ser humano se forma y “desforma” simultáneamente desde su origen hasta su muerte.

  4. Desgraciadamente, se nota la falta de formacion biologica de Vieyra-Poseck, ante una respuesta eminentemente biologica de Balbontín. Por una parte, en lugar de refutar biologicamente, se embarca en un debate de religión, que Balbontín ni siquiera ha tocado. Y, por otro lado, afirma que existen “verdades científicas” invariables, cuando cualquier biólogo experimentado sabe que toda verdad científica es refutable, particularmente en la biología, en donde la metodología es fundamental para el resultado y en donde, año a año, surgen metodologías mas sensibles y robustas.

  5. Afirmar que un argumento en contra del aborto es “teológico” simplemente porque lo formula un creyente es, a todas luces, una falacia (ad hominem). El carácter teológico o no de un argumento depende de la presencia o no de una premisa de este tipo en su construcción, y no de quién lo enuncia. En este sentido, es perfectamente posible que un ateo, por ejemplo, asienta racionalmente a argumentos en contra del aborto como los que esgrime aquí Andrea. Este es, de hecho, mi propio caso.

  6. La capacidad de sentir dolor y/o placer como criterio para decidir acerca de la humanidad del embrión no es, como tal, un criterio científico, como pretende hacer creer el Sr. Vieyra-Poseck, sino filosófico, concretamente hedonista, adoptado, por ejemplo, por el utilitarismo, línea de pensamiento muy en boga en países anglosajones. Dicho de otro modo, considerar como ser humano al embrión recién a partir de los 3 meses, ya que es entonces cuando comienza a desarrollarse en él el sistema nervioso central, es una opción precientífica, que guarda relación con el concepto de humanidad adoptado.

  7. Estoy en desacuerdo con Jaime Vieyra-Poseck (lo que no implica que esté de acuerdo con Andrea Balbontín). La perspectiva científica que él identifica parte de la base, según leo, de que es ser humano aquello que experimenta dolor o placer. Y entonces lo que la ciencia hace a partir de esa premisa es identificar cuándo el embrión comienza a sentir dolor o placer, cuestión que puede fijar de manera relativamente certera. Lo único que eso prueba es que el embrión siente desde tal o cual momento, pero la premisa inicial nunca se prueba. La afirmación de que “ser humano” es tener capacidad de dolor y gozo no es verificable empíricamente.

  8. Planteamiento de Vieyra-Poseck suena más a un reproche a la Iglesia, que a un análisis del problema en cuestión. El punto es cuándo comienza una “vida” que se hace titular de derechos humanos básicos, y cuál es el límite, si lo hay, de esos derechos titulares, especialmente cuando entra en conflicto con los de otros. Es un debate que debiera enriquecer nuestro concepto de “vida”, incorporando perspectivas cientificas, psicologicas, prácticas, y por supuesto religiosas en cuanto a las creencias que cada uno sostiene. No es un debate para “atacar”, es un debate para aprender a valorar y aceptar, en este complejo viaje que se llama vida.

  9. Concuerdo con el señor Vieyra-Poseck, me parece que el país debe legislar no en base a fundamentos teológicos, sino en base a verdades científicas. Reconozcamos las recomendaciones que nos han hecho organismos como la ONU. Creo que si el aborto atenta contra su fe, entonces no aborte, así de simple. Pero muchos de esos abortos pertenecen a esa misma clase de defensores de la “moral” y la “ética”, que se escandalizan desde la puerta de la casa hacia afuera, pero sus niñas no casadas son escondidas del ojo público en clínicas privadas, donde cuentan con una oportunidad segura de seguir guardando silencio inmaculado. Esto es un tema de salud. Yo no abortaría, pero creo que el derecho debe estar.

  10. Hay que leer el planteamiento que propone Jaime Vieyra-Poseck, la perspectiva científica, y su respuesta a esta carta para poder hacerse un cuadro completo y así poder opinar. Los postulados en esta carta ya se conocen, son los antiabortistas; no hay nada nuevo que pueda enriquecer el debate. La perspectiva científica (tan premeditadamente silenciada en Chile) es el valor del artículo.

    1. Perdone, Pablo, pero su carta original es tremendamente dogmática. Se nota la falta de formación biológica y el entendimiento profundo de que cualquier hallazgo científico depende de la metodología y de la interpretación de los resultados. Si la filosofía “dolor=humano” fuese tan robusta, seria legal matar a alguien luego de haberlo anestesiado.

      1. No se entiende tu planteamiento. Dogmática la ciencia no puede ser, sí lo son las religiones. La ciencia crea lo que se llama “leyes científicas”, que son teorías irrefutables, como la lectura del genoma humano. Ya se han interpretado antes de ser una teoría, en su etapa de hipótesis. Y la filosofía no es una ciencia. El artículo no está basado en una filosofía, está basado en un teoría científica.

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