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Renovemos sin temor el debate democrático

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Gabriel Salinas Álvarez

Doctor en Ciencias Sociales U.L.B.

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Francisco Figueroa

Periodista - Director de Comunicaciones Fundación Nodo xxi

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Carta de Gabriel Salinas Álvarez

04 julio 2017

Estimado Francisco,

En la edición de El Mostrador del 29 de Junio de 2017, se reproduce un texto que publicara en su cuenta de Facebook Francisco Figueroa, en el que hace una “descarnada crítica del personalismo de Alberto Mayol” (sic). El bien ganado prestigio y el respeto que me merece la persona de Francisco Figueroa, me obligan a manifestar mi perplejidad y una inequívoca discrepancia con lo expresado por el coordinador de la Izquierda Autónoma.

1. Usted Francisco Figueroa, dice no ser “enemigo” de Alberto Mayol, declaración que se asemeja mucho más a una cláusula de estilo que a una afirmación de orden político. Lo que sí es cierto – dice usted- es “que tengo y tenemos diferencias con él” (léase Mayol), juzgando necesario explicarlas, “para evitar malentendidos y que la prensa siga pauteando nuestro pobre, -hay que decirlo- debate interno”(resic) . Desgraciadamente, la explicitación de “las diferencias” no aparece, lo que me sugiere que lo del “pobre debate interno” no es un eufemismo suyo, sino una muy preocupante falencia en un conglomerado político que aspira a gobernar el país. Curiosamente, la ausencia de un debate interno, es una carencia reiteradamente denunciada por Mayol en sus intervenciones, lo que indica más bien una coincidencia de éste con usted, que va más allá de las palabras de buena crianza, pues Mayol, además de haber defendido indefectiblemente la necesidad de ir a primarias, precisamente para incentivar el intercambio de ideas, ya no intra muros, sino frente a la ciudadanía, elaboró y ha difundido un proyecto de programa suficientemente extenso y detallado, con el que alimentar la discusión y enriquecer el debate al interior y al exterior del F.A.

2. En los comentarios que usted confía a su Facebook, no hallamos nada que nos informe acerca de las inevitables, necesarias y saludables divergencias políticas propias de la democracia en un colectivo que se propone cambiar la sociedad, salvo una vaga y demasiado genérica alusión acerca de las alianzas posibles o deseables con las que el F.A. debería contar para dirigir el país.

3. En cambio, la nitidez de la descalificación de la persona de Alberto Mayol que usted comete no se presta a equívocos. Usted, Francisco Figueroa, no ignora, ciertamente, que descalificar la persona del adversario, en lugar de desplegar argumentos y oponerlos a los de un contrincante político, suele ser eficaz, a condición de omitir u ocultar porciones variables de la realidad; para algunos ello es ”aceptable”, “políticamente correcto”, pero no porque se le disfrace de “pragmatismo” deja de ser indecente. Vieja confusión entre medios y fines, quizá tan vieja y perniciosa como el “hilo negro” al que alude usted en su texto. No Francisco, usted es una persona valiosa y respetable que no necesita acudir a esas malas prácticas que la Concertación, y luego la Nueva Mayoría, han utilizado con tanta prodigalidad.

4. Pero hay más: en lugar de debatir acerca de lo bien o mal fundado de las opiniones de Mayol, usted le imputa el poner su talento al servicio de su ego, y usted lo hace afirmando: “En política, el talento individual en sí mismo es inútil. Especialmente cuando está puesto al servicio de impresionar y llamar la atención sobre uno mismo y no de construir claridades y voluntades colectivas”. Es de agradecerle Francisco, su capacidad de síntesis, pues en tan pocas líneas usted reúne tres tópicos centrales de la miseria cultural y política de nuestro Chile neoliberal:

a) Me resisto a creer que usted habla en serio, cuando afirma la “inutilidad del talento en la política”, si así fuere, vuestra declaración vendría a legitimar, confirmando hasta la saciedad el carácter asombroso del abismo de ignorancia en el que se avinagra la cultura en Chile. Lo que va mejor con la política, sería entonces la opaca mediocridad de los espíritus irrelevantes; serían entonces más “útiles” en política los disciplinados y previsibles individuos desprovistos de la inteligencia crítica que inhibe los tropismos gregarios; en fin, según esta miserabilista visión, los habitantes del Mejor de los Mundos, los personajes de 1984, los “hombrecillos” de W. Reich, los unidimensionales ciudadanos de Marcuse y otros Homos sovieticus servirían mejor los objetivos de la política.

Lo que acabo de decirle Francisco es sólo parcialmente cierto, pues dejaba en el tintero el que los individuos a quienes no se les puede considerar como portadores de “talento” poseen en cambio una capacidad de acción inmensa, que puede pasar de su estado virtual al movimiento real con consecuencias insospechadas, cuando un “jefe carismático” detentor de talento político se muestra capaz de organizar y dirigir a las masas hacia destinos apoteósicos. Y de ello el siglo XX nos ha dado formidables, patéticos y siniestros ejemplos.

La cuestión es pues, Francisco, que en política siempre es más eficaz el talento que la necedad, e igualmente cierto es que hay talentos virtuosos y también bellacos talentosos. Los tiranos de todo pelo, los “Jefes Máximos”, los “Grandes Timoneles”, los “Padres de los Pueblos” y otros autócratas no siempre han sido desprovistos de la inteligencia necesaria para manipular hasta los espíritus más refinados.

b)  El segundo dogma subyacente a sus afirmaciones Francisco, reduce toda acción humana, y con mayor razón todo aquello que se relaciona con el poder, a una insoslayable pulsión narcisista que impone a la práctica de los individuos, sea cual fuere el dominio de su actividad, la imperativa necesidad de “llevar agua a su molino”.

El echar mano con impúdica ligereza a algunos tópicos displicentemente extraídos de la vulgata sicologizante, es propio de las chapucerías de los matinales de TV; chapucerías que no por insubstanciales, carecen de poder de convicción sobre el público televidente. Entre otras muchas razones, porque ese reduccionismo sicologizante cuadra bien con el tipo ideal del ciudadano forjado por esta pseudomodernidad neoliberal. Me sorprende grandemente que usted que ha tenido un rol importante en el movimiento social y el acontecer político al que dicho movimiento ha dado lugar, haga suyo dicho reduccionismo, pues usted mejor que yo, sabe cómo los individuos y las multitudes, pueden abandonar todo narcisismo y retraimiento sobre sí mismo, para dar prueba de solidaridad, de generosidad, de creatividad colectiva, echando por la borda las payasadas con las que la mayoría de los medios de comunicación alimentan el cretinismo ambiente.

c)  Veamos el tercer “núcleo duro” de su argumentación. Usted Francisco, establece una relación causal entre la acción práctica y teórica de Mayol y el hecho de no “construir claridades y voluntades colectivas”. Debo constatar aquí, que su talento de dirigente estudiantil y actor político no prolonga sus bondades al terreno de la conceptualización. ¿Qué es para usted la construcción de claridades y de una voluntad colectiva? Si la elaboración de un proyecto de programa en el que se ha repertoriado un conjunto de temáticas fundamentales, poniendo en evidencia las relaciones entre ellas y las necesarias estrategias de intervención destinadas a transformar la realidad que esas temáticas engloban, no constituye un trabajo de esclarecimiento, de dilucidación de lo que está enjuego en el terreno político de nuestro país hoy día, si ello no corresponde a la poco afortunada expresión de “construir claridades”, ya me dirá usted lo que en buen romance significa su afirmación. Ahora bien, lo de la “construcción de una voluntad colectiva” nos conduce a uno de los problemas centrales (quizá el problema central) de toda la reflexión filosófica y sociológica desde, por lo menos el siglo XVI. Por ello, no me aventuro a abordar la cuestión, y por la misma razón, me parece pueril atribuir a un individuo de carne y hueso, por muy talentoso que fuere, la capacidad de crear una voluntad colectiva.

Hay aquí, falta de rigor en las ideas, fragilidad conceptual compensada con un poco de mitología, de ingenuidad y de las lesivas consecuencias del “desarme político” de la izquierda, como usted lo señala.

Quedan pendientes varias otras cosas que merecerían discusión, pero quiero pensar que este tipo de debate no desaparecerá tan pronto.

Le saludo fraternalmente,

Gabriel Salinas Álvarez
Doctor en Ciencias Sociales, U.L.B.