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Rebajar la edad para votar

Jorge Muñoz

Psicólogo – Universidad de Chile

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Camilo Sánchez

Sociólogo – Presidente de las Juventudes Comunistas de Chile (JJ. CC.)

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Carta de Jorge Muñoz

25 mayo 2017

Estimado Sr. Camilo Sánchez,

Le escribo en su condición de principal proponente de una rebaja a 16 años en la edad para votar. Por extensión, me dirijo también al candidato presidencial Alejandro Guillier quien, se dice, “habría recogido la idea para integrarla, eventualmente, a su programa de gobierno.”

El principal argumento que usted ofrece es que “En Chile, a los 16 años los jóvenes ya tienen discernimiento para responder ante la ley, pero no así para participar plenamente en la política. (…) y que “…se deben equiparar derechos y deberes…”

Permítame que discrepe de su idea de “equiparar discernimiento para responder ante la ley y participar plenamente en política”. Una cosa es la capacidad de discernir si los actos propios se ajustan o no a la Ley y otra muy distinta es la capacidad para votar. En el primer caso, las consecuencias son individuales. En cambio, en el segundo, las consecuencias son colectivas y, por serlo, las exigencias en cuanto a capacidades (conocimiento, información, cultura) son ─o debieran ser─ mucho más complejas.

A continuación, usted argumenta que “rebajar a los 16 años la edad para votar estimularía la participación mediante educación cívica.” Por su parte, el Sr. Guillier opina que “Los jóvenes de hoy son más maduros, tienen mayor educación, tienen mayor capacidad de tomar sus propias decisiones y, además, tienen bastante más personalidad y carácter.”

Se evidencia aquí que su propósito y el del Sr. Guillier no es otro que captar el voto juvenil.

Sin embargo, me temo que la opinión del Sr. Guillier ─sin duda usted las comparte─ se asienta más en una necesidad de adular a nuestra juventud que en la realidad. Recuérdese de paso que Aristóteles definía al demagogo como “adulador del pueblo”.

Si bien en el último Informe Pisa Chile es el representante latinoamericano más destacado, se posicionó en el puesto 44 a nivel intercontinental con 49 unidades abajo del registro OCDE de 492 puntos y a 50 del índice de la Unión Europea. ¿Es que el Sr. Guillier no ha leído este Informe? Con el insuficiente nivel de comprensión lectora de nuestros jóvenes, ¿se puede afirmar que “tienen mayor educación”? Y yo agregaría como interrogante clave, ¿tienen cultura e información política contrastada? Los tuits y los eslóganes, ¿son información suficiente para votar?

Está archi demostrado mundialmente que, cuanto más joven el individuo, más vulnerable es al adoctrinamiento (político en este caso). No otra cosa han hecho los totalitarismos que en el mundo han sido y todavía son.

Es probable que esta necesidad de captar el voto juvenil obedezca más bien a su preocupación ─¿o debiera decir miedo?─ por el evidente fin de ciclo que se vive en el planeta: En Europa, la socialdemocracia está en plena debacle; los Partidos Socialistas (léase Pasok, PSF, PSE) se encaminan a la irrelevancia o a las fracturas internas. Los PCs en general no pasan del 10%. Y, en nuestro país, las recientes noticias acerca de los manejos financieros de los partidos Socialista y Comunista ─aún si se demostrara su legalidad, de dudosa ética─ no son precisamente tranquilizadoras ni optimistas. En mi opinión, muy preocupados y asustados han de estar en la Nueva Mayoría para buscar en nuestros niños la ampliación de su base electoral.

Desde una óptica más realista, yo propondría más bien que se aumentara la edad mínima para votar; volver, por ejemplo, a los 21 años. Quizá así nuestros jóvenes tendrían más tiempo para adquirir la necesaria madurez intelectual que requiere un votante bien informado, que no adoctrinado. Pero, claro, eso sería muy incorrecto políticamente hablando.

Atentamente,

Jorge Muñoz Palacios
Psicólogo U. de Chile.

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Carta de Camilo Sánchez

31 mayo 2017

Estimado Jorge Muñoz,

Al parecer, vivimos en un Chile muy diferente del que intentas describir. La juventud, compuesta en gran parte por menores de 18 años, ha sido un actor protagonista de los movimientos sociales en el país donde vivo; movimiento por la educación, medio ambientales, de género y diversidades sexuales, entre otros. El “mochilazo” de los estudiantes secundarios durante el 2001, la “revolución pingüina” en el año 2006 y las masivas movilizaciones durante el año 2011, las cuales instalaron la necesidad de una educación pública, gratuita y de calidad, con una fuerte responsabilidad del Estado, son ejemplo, a propósito de la masiva participación de estudiantes secundarios, de que los jóvenes se involucran en política antes de los 18 años.

Desde las Juventudes Comunistas, en reunión con nuestro candidato a la Presidencia, el Senador Alejandro Guillier, le hemos presentado un conjunto de propuestas, entre las cuales destacan: la creación de una Subsecretaria y un Servicio Nacional de la Juventud, un nuevo sistema de financiamiento para la educación escolar pública, eliminar el impuesto al libro y la creación de una editorial del Estado, fortalecer la institucionalidad anti-discriminación y una reforma constitucional para reducir a 16 años la edad mínima para ejercer el derecho a voto en todas las elecciones (Presidenciales, Parlamentarias, Consejeros Regionales y Municipales).

 Algunos países de Latinoamérica ya se puede ejercer el derecho a voto a los 16 años; Brasil, Argentina, Ecuador, Nicaragua y Cuba. En Chile, nuestra legislación reconoce a una edad menor que 18 años el ejercicio de derechos y deberes relevantes. El consentimiento para tener relaciones sexuales a los 14 años; a los 16 años se puede contraer matrimonio; con 14 años se puede obtener una cuenta vista RUT en Banco Estado; desde lo 15 años se puede tener contrato de trabajo para labores ligeras; y se establece desde los 14 años de edad la responsabilidad penal. ¿Cuál es el argumento lógico para que menores de 18 años tengan estos derechos/deberes y no derecho a ejercer el voto para elegir sus autoridades? Los jóvenes – incluidos, evidentemente, los jóvenes de 16 años – tenemos derecho a que nuestra perspectiva sobre aspectos sociales y políticos sean considerados; esto debe necesariamente complementarse con educación cívica en nuestro sistema educacional, ya que consideramos la política como un instrumento para las transformaciones y el fortalecimiento de la democracia.

Si bien la participación en los procesos eleccionarios ha disminuido durante las últimas décadas (como todos los demás grupos etarios), de forma paralela hay un aumento de otras formas de participación política que, según indica la 8º Encuesta de la Juventud que elaboró INJUV, “(…) se han visto facilitadas a su vez por un incremento de la confianza en las capacidades de acción colectiva para influir directa y activamente en los procesos sociopolíticos”.

Este es el Chile real, los jóvenes buscan involucrarse con la política exigiendo mecanismos de participación activa, directa y vinculante, lo demás, es simplemente una caricatura excluyente.

Atentamente,

Camilo Sánchez Pizarro
Presidente
Juventudes Comunistas de Chile

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Carta de Jorge Muñoz

01 junio 2017

Estimado Camilo Sánchez:

Al parecer, vivimos en un planeta cuya historia reciente usted no ha tenido tiempo de estudiar a fondo. Los movimientos juveniles chilenos no son especiales; ocurren desde hace décadas y en todas partes. Los conocí en España desde antes del nacimiento de Podemos, movimiento teledirigido desde Venezuela, por cierto.

Muy astutamente, se escabulle usted de discutir las ideas centrales de mi carta. Se las reitero a la espera de su réplica: Necesidad de captar el voto juvenil mediante la adulación (demagogia). Adoctrinamiento político de los más vulnerables al mismo. Retroceso planetario de las izquierdas en general y la consecuente preocupación.

Como Presidente de las JJCC, habrá usted asumido plenamente su condición de “vanguardia revolucionaria”. Históricamente, dichas vanguardias han encabezado diversas revoluciones ─soviética, nazional-socialista (sic), fascista, maoísta, peronista, etc.─. Donde han tenido éxito y pasando por alto los millones de muertos, han terminado siendo élites privilegiadas, nomenklaturas, cuando no dinastías familiares como la cubana o la de Corea del Norte.

Cuando usted habla de “la juventud” ─acaso por deformación profesional─ parece aludir a un ente unívoco y consciente, dotado de una voluntad espontánea, siendo que, en realidad se trata de “las masas”. Según la doctrina leninista (que usted no desconocerá) dichas masas “necesitan ser movilizadas, estimuladas y dirigidas mediante la agit-prop, implementada por la correspondiente vanguardia revolucionaria. De manera que los movimientos juveniles que usted describe no han hecho más que apoyar con su número masivo las consignas políticas de sus vanguardias, en la medida en que han sido adoctrinados para ello.

Entiéndame bien: No quiero decir que todas sus reclamaciones y propuestas sean intrínsecamente negativas, injustas o indeseables. De ahí que hiciera una fundamental distinción, en cuanto a equiparar derechos y deberes, entre lo que son las consecuencias individuales y las colectivas. Utilizo un par de ejemplos suyos; dice usted “…consentimiento para tener relaciones sexuales a los 14 años;”. Le aseguro que no soy en absoluto puritano pero, ¿negará usted el aumento de embarazos no deseados, de abortos, de enfermedades de transmisión sexual y de abandono de la embarazada por su pareja con las consecuentes secuelas psicológicas personales y familiares? Dice también: “…a los 16 años se puede contraer matrimonio;”. ¿Qué perspectivas de estabilidad e independencia pueden tener estos matrimonios? De ahí que plantease en mi carta que cuando “las consecuencias son colectivas, las exigencias en cuanto a capacidades (conocimiento, información, cultura), aquí agregaría madurez psicológica, son ─o debieran ser─ mucho más complejas.”

Reconoce usted que este derecho al voto “…debe necesariamente complementarse con educación cívica en nuestro sistema educacional…”.  Pongamos entonces clases de educación cívica desde los 12 a los 16 años. ¿Cree usted, de veras, que con lo poco que se lee en la actualidad y con el déficit de comprensión lectora (Pisa), estos votantes estarían capacitados para emitir un voto independiente y en conciencia? Conste que ni siquiera menciono que los Centros de Alumnos son en su mayoría de izquierdas y adoctrinan en consecuencia.

Por último, y recordando la presunta “superioridad moral” de la que hace gala la izquierda universal, nada dice usted de las operaciones financieras de su partido, el PC, y del PS, calificadas como mínimo de flagrante incoherencia con los principios de los respectivos idearios. Según las encuestas, todo apunta a que, por segunda vez, Bachelet entregará el gobierno a la derecha y este será el Chile real y no el que usted imagina en su wishful thinking.

Atentamente,

Jorge Muñoz Palacios
Psicólogo U. de Chile

4 Comentarios

  1. Gracias Sr. Toledo. No deberían sorprenderle los votos del Sr. Sánchez puesto que, como dirigente de las JJCC, ha de tener seguidores. Lástima que se escabullera del debate en serio y se limitara a repetir eslóganes. Interesante hubiera sido discutir con él que los “movimientos de indignados” (especialmente juveniles) españoles y chilenos, son producto de cuidados diseños de ingeniería social y psicológica.

  2. Bueno el Señor Jorge Muñoz no lo pone muy fácil para un debate fructífero, si a fin de cuentas, todo es una excusa para tratar de defener que “muy preocupados y asustados han de estar en la Nueva Mayoría para buscar en nuestros niños la ampliación de su base electoral.” Por lo demás, la respuesta de Camilo fue bastante contundente: datos y demostraciones de ámbitos en los que los jóvenes sí son considerados legítimamente sostenedores de derechos.

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