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¿Quién me vende Mentix?

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Gonzalo Escalona Caviedes

Secretario de Comunicaciones Centro de Estudiantes de Ing. Comercial – Universidad de Chile

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Patricio Paredes

Coordinador externo CES – Universidad de Chile

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Carta de Gonzalo Escalona Caviedes

08 agosto 2017

Estimado Patricio Paredes Ortiz
Coordinador Externo CES Universidad de Chile
Presente,

Según el ranking QS del 2016, nuestra Universidad es la sexta mejor de América Latina, siendo la segunda a nivel nacional. En las ferias realizadas en colegios y en las Semanas del Postulante, la U se enorgullece de su excelencia, liderazgo y de “estudiar con los mejores”.

Qué es la excelencia y cómo se mide, de seguro da para mucho más que una carta. A lo que quiero llegar con esto es, ¿a qué costo se logra la excelencia de los y las estudiantes de pregrado en la Universidad de Chile?

No es desconocido para nosotros que carreras como Medicina e Ingeniería Comercial en la U. de Chile destacan por su excelencia a nivel nacional, son altamente demandadas y sus puntajes de ingreso son de los más altos en el país. El ingreso a estos programas es un orgullo para las familias y un privilegio para quienes estamos acá, pero una vez adentro vamos palpando las duras condiciones y rutinas de estudio para “rendir” en la Chile. 

Tareas, trabajos y pruebas son parte de toda carrera universitaria, supongo, en cualquier lugar del mundo. De alguna forma debemos garantizar que cumplimos los requerimientos mínimos para obtener una licenciatura y/o título profesional. Sin embargo, desde que ingresé a la FEN el 2014 y especialmente este año al formar parte del Centro de Estudiantes, me han llamado la atención los excesos que mis compañeros realizan para certificar la excelencia. Estudiantes que se desempeñan descansando poco, incluso sin dormir, para finalizar un informe o ejercitar para un examen, recurriendo a sustancias energizantes y/o que colaboran con la concentración, provocando distintos riesgos a la salud

En línea con lo anterior, hay una escasez notoria de espacios de descanso en la Facultad, la biblioteca no da abasto a medida que avanza el semestre y nuestro bloque de almuerzo dura 40 minutos. Con una fila que fácilmente toma entre 10 y 15 minutos en un casino saturado, ¿cómo lograr un rendimiento de excelencia con 25 minutos para almorzar?

En particular, durante este año hemos observado entre nuestros compañeros y compañeras ansiedad, estrés y agobio a nivel transversal en las generaciones. Desde los y las mechonas adaptándose al cambio, hasta quienes están por egresar con un notorio cansancio y no disfrutando el paso por la Universidad. La sobrecarga académica, la falta de flexibilidad y la competencia están mermando gravemente la calidad de vida universitaria.

Finalmente, me gustaría apuntar a que en la base del análisis económico está el “costo-beneficio”, es decir, que para conseguir una cosa debo “entregar” o “sacrificar” otra. Sin embargo, me cuesta creer que todas las medidas adoptadas por amigos y compañeras para lograr pasar los ramos sean necesarias en pos de conseguir la tan alabada excelencia que promueve la Universidad.

Esperando un debate fructífero para nuestra comunidad universitaria, se despide

Gonzalo Escalona Caviedes
Estudiante de Ingeniería Comercial, mención Economía
Secretario de Comunicaciones Centro de Estudiantes de Ing. Comercial
Universidad de Chile

P.S.: Al envío de esta carta, llegó a mis manos la Revista Bello Público de este mes. No es casual que en ella se encuentre el reportaje “Depresión estudiantil, el secreto que enferma la Casa de Bello”.

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Carta de Patricio Paredes

10 agosto 2017

Estimado Gonzalo Escalona Caviedes
Secretario de Comunicaciones – Centro de Estudiantes de Ingeniería Comercial
Presente

Agradezco tu carta, me parece necesaria, entendiendo que Chile es un país con serios problemas en el área de salud mental (que se podría abordar en otra carta). Ahora bien, es necesario realizar algunos alcances, ya que se generalizan ciertas cosas que podrían nublar ciertos aspectos que son importantes para lograr un abordaje práctico.

En primer lugar, referente a las medidas que un estudiante puede llegar a tomar para potenciar su rendimiento académico, no es algo solo de nuestra universidad, hoy en día en la gran mayoría de las instituciones de educación superior, los y las estudiantes deben recurrir a métodos de diversas categorías y efectos. Un ejemplo, es el consumo de neuroestimulantes (como Metilfenidato y Modafinilo). La literatura arroja que en general en las instituciones existe un alto índice de consumo, sin prescripción médica y de fácil acceso. Las causas en las que uno podría escarbar para comprender porqué se tiene que recurrir a sustancias como esas para mejorar nuestro rendimiento académico no solo son la carga académica, es decir, ser estudiante y compartir una facultad con determinada malla o condiciones de estudio no significa que terminarás consumiendo sustancias o teniendo un pésimo nivel de vida, también existen otros determinantes de la salud que predisponen esto: nivel socioeconómico, calidad de la educación primaria y secundaria (manejar metodologías de estudio efectivas o formas de organización del tiempo eficientes), entorno familiar, condiciones de la vivienda, acceso a herramientas (por ejemplo computadores, espacios de estudio adecuados, etc) o si él o la estudiante trabaja en paralelo a sus estudios. Es decir, hay determinantes estructurales que van más allá de la Universidad.

En segundo lugar, podríamos apuntar al diseño de nuestras mallas curriculares: la Universidad de Chile, a mediados de los 2000 comenzó a implementar un nuevo sistema curricular basado en competencias, enmarcados en el plan Bolonia y el Proyecto Tunning. Esto, sumado a la sobre-especialización, ha derivado en la construcción de mallas curriculares que condensan su contenido, para que los y las estudiantes puedan hacerse parte del mercado laboral lo antes posible (ejemplo, Medicina en la PUC), dejando de lado el desarrollo humano integral y poniendo la competencia del mercado como elemento guía. Las consecuencias que mencionas en tu carta son efectos directos de éstas políticas: estrés, condiciones de estudio paupérrimas y una vida universitaria deteriorada, enfocada en el producto (el titulo) y no en el proceso.

En tercer lugar, se agrega la necesidad de las instituciones de validarse a través de algo que mencionas al inicio: los famosos rankings internacionales. Hoy nuestras casas de estudio toman estos indicadores como elementos centrales a la hora de la planificación estratégica y conformación de proyectos educativos, porque son un potente elemento de marketing que permite posicionar tu ‘’marca’’ dentro del mercado educativo. El llamado es a no confiar en este concepto de la ‘’excelencia’’ que ha sido impuesto por la tecnocracia nacional ni en quienes están de acuerdo con un sistema educativo deshumanizado, que responde más a estándares internacionales, que a las necesidades de su propio país.

Por último, reiterar el agradecimiento por posicionar este tema nuevamente. En nuestra facultad se han hecho diagnósticos para identificar niveles de estrés y consultas a la Unidad de Psicología. Debemos trabajar desde nuestras facultades, disputar las mallas curriculares, mejorar espacios de infraestructura u otras demandas que son vitales y que deben ser una preocupación permanente de las organizaciones estudiantiles. Pero no podemos dejar de lado la disputa al modelo de sociedad en el que nos encontramos, ya que nos seguiremos condenados a repetir estos diagnósticos con los mismos resultados cada cierto tiempo.

Patricio Paredes Ortiz
Coordinador Externo CES
Estudiante de Medicina
Universidad de Chile

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Carta de Gonzalo Escalona Caviedes

16 agosto 2017

Estimado Patricio Paredes,

En tu carta consideras ciertos puntos que leí también en Facebook al momento en que inicié el debate. Un par de comentarios, al igual que tú, apuntaban a que no sólo en la U. de Chile existe uso y abuso de sustancias para potenciar el rendimiento académico, sino que es transversal a las instituciones de educación superior. Me hago cargo de eso, sin embargo, no apunté a la generalidad pues no conozco las dinámicas de otros espacios diferentes a la FEN.

Me pareció irresponsable hablar por quienes no represento ni conozco, dado que tampoco soy un estudioso de la literatura relacionada.

Es por lo anterior que decidí iniciar este debate contigo, pues podremos analizar el problema desde la perspectiva de la salud, así como desde el punto de vista económico. Los economistas, y quienes lo seremos, pecamos muchas veces de analizar los problemas exclusivamente desde nuestro limitado punto de vista, por lo que este espacio nos nutrirá en el análisis, como espero que siga siendo.

Ahora, a lo que vinimos.

No puedo estar más de acuerdo en tu primer punto sobre los determinantes estructurales a la salud mental. Para todo problema existen complejas interrelaciones que permitirían entender el porqué de las situaciones y, en este caso, las causas del abuso de sustancias. Pero, ¿podemos pedirles a los centros educacionales que se hagan cargo de todo esto?, ¿o les decimos que no hagan nada pues la problemática va más allá de su campo de acción?

Creo que todos, en cada espacio, tenemos algo que aportar. Si en las Universidades podemos hacer mejor las cosas, dando un poco más de tiempo para almorzar, bajando la cantidad de ramos por semestre para aprender mejor, adecuando espacios de descanso y distensión, entre otras cosas, te aseguro que sería un aporte. Cada unidad debe pensar y conversar sobre las falencias que tiene para corregirlas.

Factores externos que afectan a la salud, tal como planteas, hay muchos, pero se pueden aglutinar en la desigualdad económica existente en nuestro país. Tu nivel socioeconómico está altamente correlacionado con la estimulación temprana, con el colegio/escuela al que fuiste, los libros que leíste cuando pequeño, el acceso a computador e internet y con la necesidad de trabajar para costear los estudios. Abordar esta problemática es fundamental para poder ir cerrando brechas de acceso y desempeño en la educación superior (y tantas otras brechas derivadas de la inequidad).

Desde mi vereda, puedo apuntar que la falta de proyectos de largo plazo en el modelo productivo chileno nos recuerda cada cierto tiempo que las lógicas de enseñanza y las mallas curriculares responden, como apuntas, a los rankings más que a otras cosas. Pero, ¿cómo enfocar las carreras hacia cierto sector productivo, hacia zonas geográficas, hacia necesidades del país… si éstas no están claras? Seguimos exportando materias primas, nuestra producción tiene un escaso valor agregado y en el proceso el nivel de tecnología utilizado es bastante bajo.

En los comentarios de Facebook a nuestras cartas una persona dijo: “las maravillas que haría con 25 minutos para almorzar”. ¡Y precisamente de eso se trata! De lo que concebimos como sociedad, de lo que queremos lograr en nuestro día a día. Si seguimos normalizando el comer en el escritorio mientras trabajas, el comer un completo a la pasada para seguir con tus trámites y el tragarse una ensalada para luego entrar a una reunión, jamás dejaremos de lado el estrés, el cansancio y por qué no decirlo, la baja productividad de los trabajadores en Chile.

Te cuento que en la FEN levantamos una mesa de trabajo por el tema de bienestar y calidad de vida universitaria, en pos de lograr ajustes y cambios en el corto plazo para mejorar. Sin embargo y como mencionas, está el desafío de nunca olvidar que, en el largo plazo, está en juego lo que soñamos como país.

Gonzalo Escalona Caviedes
Secretario de Comunicaciones CEIC
Estudiante Ing. Comercial, mención Economía
Universidad de Chile

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