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¿Qué se debe plantar tras los incendios forestales?

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Julio Andrés Torres C

Ingeniero Forestal, Académico, Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza, Universidad de Chile. @julio_tos

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Álvaro Promis

Director Departamento Silvicultura y Conservación de la Naturaleza, Universidad de Chile

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Carta de Julio Andrés Torres C

10 marzo 2017

Estimado Álvaro:

Sobre el debate que se ha generado a raíz de las propuestas de recuperación de los terrenos afectados por el megaincendio en la zona centro sur, planteas una serie de propuestas para apoyar la recuperación del bosque nativo quemado, especialmente en terrenos de pequeños y medianos propietarios, propuestas que son debatibles.

Este desastre ha desnudado una serie de problemas que se presentan en el sector rural en relación a las dinámicas de cambio de uso del suelo. Efectivamente no hay una obligación legal que comprometa al propietario de un terreno afectado por un incendio a darle continuidad de uso a ese suelo. Por lo tanto, pareciera válida tu preocupación por el surgimiento de una presión económica sobre los pequeños y medianos propietarios de terrenos con bosques y matorrales nativos, para cambiar su uso y destinarlos a un fin productivo, ya sea agrícola o forestal. El compromiso que mencionas, por parte del Director Ejecutivo de CONAF de no fomentar la sustitución del bosque, no asegura que los propietarios efectivamente no realicen un cambio de uso.

Sin embargo, la preocupación por una masiva reforestación con especies exóticas en terrenos con bosque nativo afectado por los incendios es infundada. Es poco probable un cambio de uso hacia plantaciones forestales, ya que, en ausencia de un instrumento de fomento como el D.L. 701, estos propietarios difícilmente contarán con recursos para reforestar con especies productivas. Las empresas forestales, por otra parte, se han comprometido voluntariamente a no comprar predios que tengan o hayan tenido bosque nativo para sustituirlos, ni a establecer convenios de forestación con los propietarios de dichos terrenos. De esta manera, los bosques nativos afectados por los incendios, probablemente no sufrirán una presión de cambio de uso y podrán restaurarse en forma natural o asistida. Salvo que los propietarios reciban apoyo de otros instrumentos de fomento (por ejemplo de INDAP) para una reconversión productiva de bosques hacia un uso agrícola.

Por otra parte, haces una serie de recomendaciones para asegurar la mantención del bosque nativo en los terrenos quemados a través de una estrategia que apunte al incremento de su valoración económica con apoyo del Estado (por ejemplo, fomentando la producción de productos forestales madereros y no madereros o desarrollando cadenas productivas). Estas propuestas pecan de un exceso de optimismo. No existe en la actualidad un real aprovechamiento productivo del bosque nativo en mano de pequeños y medianos propietarios y tampoco existe el interés del Estado de incentivar su manejo forestal. La ley de bosque nativo, próxima a cumplir diez años, ha sido un fracaso y el hecho de que los bosques en mano de pequeños propietarios no sean sustituidos por plantaciones se debe a que no está permitido y no a un interés particular de dichos propietarios por mantenerlos. Hay grandes dificultades para manejar el bosque nativo no quemado. Imaginen la dificultad para implementar estrategias exitosas en bosque nativos quemados.

Estamos de hecho en la peor de las situaciones: En Chile ya no se planta ninguna especie forestal, sea esta nativa o introducida, dado que no hay apoyo del Estado para ello (el D.L. 701 expiró en su línea de fomento el año 2012); tampoco se maneja el bosque nativo, ya que los incentivos de la Ley 20.283 son insuficientes; y ahora que se queman grandes superficies tanto de plantaciones como de bosque nativo y no hay instrumentos para apoyar la reforestación, restauración o recuperación, ni obligación legal de hacerlo. Esa es nuestra triste realidad forestal.

Pero además en tu columna de opinión haces otras afirmaciones cuestionables. Señalas que los incendios son la oportunidad para modificar la actual matriz de plantaciones de la zona centro sur de Chile y para ello propone que el Estado “influya” en el cambio productivo de pequeños, medianos y grandes propietarios, llegando incluso a recomendar procesos de compra o expropiación, para poder generar bosques y usos productivos heterogéneos del suelo a través del paisaje, y no favorecer la recuperación de bosques y plantaciones con especies que, según señala, son consideradas como especies exóticas invasoras por el Estado. Sería el caso del pino radiata.

Cometes un error al proponer un diseño centralizado del paisaje productivo forestal de la zona centro sur. Esas aspiraciones siempre han fracasado. Pero además cometes un segundo error al señalar que el Estado a través del Ministerio del Medio Ambiente ha clasificado al pino radiata como una de las 128 especies exóticas invasoras en el país. El estudio al que haces referencia fue realizado por el Centro de Análisis de Políticas Públicas (CAPP) de la Universidad de Chile, en el contexto un proyecto del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y la determinación del listado de especies exóticas invasoras fue realizada mediante un estudio la percepción de los habitantes poblaciones locales en cada región respecto a la presencia de EEI.

Por lo tanto, esta es una información referencial, no existiendo un decreto oficial del Estado designando al pino radiata como una especie exótica invasora y, por lo tanto, tampoco hay contradicción en apoyar desde el Estado a los propietarios que perdieron sus plantaciones forestales con esta especie en el incendio.

Más que el poco probable reemplazo oportunista del bosque nativo por plantaciones a raíz del incendio, el verdadero drama sobre el que hay que pronunciarse son las miles de hectáreas quemadas de plantaciones en manos de pequeños y medianos propietarios, quienes no cuentan con recursos para volverlas a plantar y el boicot que ya plantean distintos grupos ambientalistas ante la posibilidad de que el Estado apoye financieramente a este segmento de propietarios para el establecimiento de nuevas plantaciones de pinos y eucaliptos.

El rechazo de estos grupos a que el Estado apoye la plantación de pinos y eucaliptos a quienes no están en condiciones de replantarlos, se complementa con las declaraciones de estos mismos grupos planteando que este desastre es la oportunidad para reforestar de una vez por todas las plantaciones exóticas quemadas con especies nativas. Esta reconversión productiva, sin embargo, no se extiende a los dueños de las viñas quemadas (que no eran las grandes empresas vitivinícolas, sino emprendimientos familiares), ni a una reconversión productiva de la superficie agrícola afectada. Esta aspiración por una forestación con especies nativas está dirigida exclusivamente a aquellos propietarios que poseían plantaciones forestales de pinos y eucaliptos, lo que parece una clara arbitrariedad.

No resultaría absurdo condicionar la ayuda estatal solo a la reforestación con especies nativas, si junto con esa restricción le aseguráramos a los afectados ingresos o mecanismos para generar dichos ingresos mientras esas especies nativas crecen. De lo contrario, les estamos imponiendo una carga económica y social inaceptable, simplemente porque creemos que el sistema productivo forestal que ellos desarrollan no merece ser apoyado.

Pero no nos engañemos, quienes exigen la reforestación exclusiva con especies nativas no asumirán el costo de esa propuesta. Y al rechazar cualquier ayuda del Estado que apunte a plantar las mismas especies que se quemaron, están condenando esos suelos a permanecer desnudos por un período indefinido, sometidos a la erosión y sus dueños sometidos a la ruina económica.

Y no es que no se deba impulsar una restauración ecológica en base a especies nativas en terrenos afectados por incendios (por ejemplo, en las quebradas y las cabeceras de las cuencas). Sino que esta restauración no puede ser a costa de un perjuicio económico de los propietarios de terrenos privados, demandada por una ciudadanía que no comparte los costos de sus altas exigencias. Una política de restauración ecológica en terrenos privados debe realizarse en acuerdo con los dueños de esos terrenos, consensuando las áreas que potencien la generación de servicios ecosistémicos y no empujando hacia un desmantelamiento de los sistemas productivos regionales, por muy reprochables que éstos les parezcan a algunas personas.

 

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Carta de Álvaro Promis

16 marzo 2017

Estimado Julio:
Junto con saludar, agradezco la carta que has enviado en respuesta a Opinión que se publicó hace un tiempo en El Mostrador, sobre recuperación de bosques en zona siniestrada por incendios de esta temporada.
En esa Opinión yo hago hincapié en siete grandes temas, en los que creo el Estado debería tener un rol protagónico a través de: 1) Inhibir cualquier proyecto o proceso de sustitución de bosque nativo por otro uso de suelo, 2) promover reforestación con especies arbóreas nativas, considerando el establecimiento de nuevos encadenamientos productivos, 3) desarrollar plantaciones con mezcla de especies y no incentivar reforestaciones con pino radiata, por ser considerada especie invasora, 5) promover paisajes heterogéneos, considerando ordenación territorial, 6) recuperar especies Monumentos Naturales que se encuentran en Peligro de Extinción en su estado Natural y 7) desarrollar un proyecto de creación gran Área Silvestre, para mantener a través de conservación y preservación ecosistemas de la Cordillera de la Costa que hoy o no están protegidos o se encuentran muy poco representados en Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas por el Estado (SNASPE).

Mi visión, desde un punto de vista académica, va en dirección de motivar reflexiones, las que tengan una mirada de cómo el Estado de Chile, en su conjunto, quiere desarrollar sus bosques y sistemas productivos forestales hacia el futuro. El bosque y las plantaciones forestales, que se debe tratar de promover hacia el siglo XXI, deben ser proyectados dentro de un contexto de incertidumbre, especialmente por la influencia del cambio climático y de uso del territorio, temas que desde hace mucho tiempo han sido puestos en discusión en otros países.

No es mi interés el que se generen dos polos o posiciones de discusión. Uno en el que se pone énfasis en la libertad de empresa y donde habría libertad del propietario de actuar sobre su tierra, y otro polo en el que se exponen los valores del bosque que tienen relación con la preservación, la mantención de los procesos ecológicos y la belleza del paisaje.

Durante el siglo pasado (s. XX) se presentó la necesidad de contar con profesionales y desarrollo empresarial forestal ligado con la producción sostenible de flujo de madera, para el abastecimiento del aserradero y/o de la planta de celulosa, la simplificación de sistemas de producción y la gestión los bosques a escala de rodal; por ejemplo con monocultivos masivos de una especie, los que son cosechados a tala rasa y vueltos a plantar con individuos de genotipo parecido. De manera secundaria, no cabe duda, que este desarrollo forestal además permitió disminución de procesos de erosión y de uso de bosque nativo. Sin embargo, esto no es suficiente para este siglo XXI.

Desde la academia, los investigadores y docentes, debemos tratar de expandir la frontera del conocimiento. Nuestra investigación y reflexión debe intentar acercarse y sobrepasar el conocimiento adquirido. Para ello debemos ser innovadores, en un sentido de generar conocimiento que nos acerque y, quizás, nos ayude a sobrepasar estas barreras o límites del conocimiento actual, sin dejar de considerar, que ello debe ser integrado en un marco social y ambientalmente permitido.

El conocimiento adquirido a través de proyectos de investigación financiados parcial o totalmente, con fondos públicos o privados, nacionales o internacionales, y que se encuentran publicados en revistas científicas revisadas por pares, nos indica que para este siglo el cambio climático, el cambio de uso de suelo, la invasión de especies, alta concentración de dióxido de carbono en la atmósfera son factores importantes que influirán, y están influyendo, sobre cambios en la biodiversidad, el funcionamiento de los ecosistemas y el bienestar de la humanidad. En este sentido, Chile no está ajeno a esta realidad y ya lo hemos visto y palpado este último tiempo, con el aumento en la ocurrencia, intensidad y severidad de los incendios ocurridos en las últimas décadas.

Estoy de acuerdo contigo en que es una lástima no poder contar con una herramienta legal que fomente el desarrollo de procesos de reforestación y restauración de bosques. En este caso, se debe incentivar al Estado a desarrollar este nuevo marco legal, pero en el que se tome decisión clara, en un marco consensuado con la sociedad, sobre las especies, tipos de bosques, plantaciones forestales productivas y paisajes quiere realmente fomentar.

Respecto a lo anterior, no creo estar cometiendo un error en señalar que pino radiata está siendo considerado una especie invasora. Hay varias publicaciones científicas que han documentado la presión constante de esta especie sobre los fragmentos y remanentes de bosque maulino, a través de la lluvia de semillas y el establecimiento y crecimiento de plantas. Desde un punto de vista nacional, el Ministerio del Medio Ambiente ha dispuesto una página web respecto al Inventario Nacional de Especies en Chile (Revisar aquí ). En esta página se considera que pino radiata tiene una Alta condición de ser invasora. Al mismo tiempo, existe un Listado Global de Especies Introducidas e Invasoras (GRIIS, sigla correspondiente a Global Register of Introduced and Invasive Species), en el que se publica que pino radiata es una especie invasora en Chile. Seguramente el Estado nunca se atreverá a decretar oficialmente la designación de pino radiata como especie invasora, aunque la investigación, muchas veces financiada por él mismo, y revisada por pares, así lo ha considerado. Pero, si el Estado toma la decisión de promocionar nuevamente el establecimiento de plantaciones con pino radiata u otra especie considerada invasora, entonces deberá establecer un procedimiento claro de regulación de los problemas económicos, sociales y ambientales que pueden llegar a generarse, y elaborar protocolos de control de esta especie, tanto en terrenos públicos como en privados, los cuales deberán ser incorporados en los planes de manejo respectivos.

Frente a todas estas situaciones creo que nuestra posición es la de buscar equilibrios, entre visiones proteccionistas y aquellas utilitaristas, en la que el bosque debe cumplir una serie de funciones, tanto a nivel nacional, regional, local y hasta predial; tales como la de provisión de bienes y servicios (por ejemplo madera), así como también la de mantención y regulación de funciones ecosistémicas como lo son la de regulación del agua, clima, mantener hábitat adecuado para fauna y flora, recreación, belleza paisaje, etc.

En el corto plazo, sabemos que hay innumerables problemas en el sector rural y que las necesidades actuales de los pequeños, medianos y grandes propietarios deberían ser cubiertas lo antes posible. Pero, el seguir manteniendo e incrementando la superficie de plantaciones monoespecíficas, conocimiento adquirido durante el siglo pasado, parece a todas luces inconveniente, especialmente considerando los escenarios de incertidumbre indicados. Los incendios y los problemas sanitarios, a través de irrupciones de insectos o ataques por otros patógenos, seguramente seguirán condicionando la vulnerabilidad de estos sistemas forestales. En este sentido la promoción de paisajes heterogéneos, a través del desarrollo de plantaciones mixtas es una alternativa que ya ha sido planteada en el pasado, a nivel nacional e internacional, pero que no se ha implementado productivamente. En este escenario de paisajes heterogéneos, se debería plantear el establecimiento de proyectos de diversificación de especies, edades y estructuras de bosques, y al miso tiempo una diversificación de productos y cadenas productivas, lo que debe ser promovido por parte del Estado, a través de políticas pertinentes, considerando programas de planificación y ordenación territorial.

En este sentido, estoy muy de acuerdo en que este proceso de recuperación debe ser desarrollado a través de la incorporación del actor local y los propietarios de los terrenos. Así como señalé en la Opinión “en la medida que los propietarios no quieran participar, ningún proyecto dará buen resultado”. Pero, para ello, el Estado debe tratar de motivar y hacer extensiva las ventajas de poseer sistemas heterogéneos, considerando puntos de vista económicos, ecológicos y sociales.

Si nuestro interés es avanzar hacia el desarrollo forestal en este siglo, el conocimiento científico adquirido, tanto básico como aplicado, debe ser incorporado por las empresas y profesionales que gestionan los recursos naturales, y por el sistema político público. La necesidad de las empresas y de los profesionales que gestionan estos recursos podría ser respondida por el mundo científico, pero ello implica el llevar a cabo experimentos, los que en sí también generan incertidumbre, pero nos llevará a acercarnos al deseo de querer sobrepasar la barrera de conocimiento adquirido, en el que seguramente se podrá mantener o mejorar niveles de biodiversidad, mejorar el funcionamiento que presentan los bosques y también el bienestar humano.

Me quedan un poco más de 20 años antes de jubilar, el mismo tiempo que pino radiata, y un plantación de esta especie, alcanza edad para temblar y preocuparse ante la presencia de la motosierra. En este tiempo, o a lo largo de este tiempo, a través del Estado se debería impulsar la gestión sustentable de bosques y plantaciones forestales (ojalá mixtas), considerando aspectos económicos, sociales y ambientales, que puedan soportar, adaptarse y quizás mitigar las presiones de los factores del cambio climático, el cambio de uso de suelo, la invasión de especies y la alta concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. Una visión y reflexión que no es de corto, sino más bien de mediano o largo plazo.

Espero de todas maneras que la toma de decisiones por parte del Estado se enmarque en una reflexión general de estos temas, considerando ojalá los siete grandes temas que compartí en la Opinión inicial, y otros que muchos colegas han entregado a través de publicaciones en artículos científicos y en medios de comunicación. Espero que no se cometa el error de dar soluciones rápidas, que no den resultados y posteriormente se tengan que pedir excusas. Espero que podamos avanzar hacia esa frontera y podamos pasar el límite de conocimiento, en lo que respecta a nuestro entender económico, social y ecológico del cuidado, protección, conservación y uso de nuestros bosques y plantaciones forestales.

Atentamente,

Alvaro Promis
Profesor Asociado
Departamento de Silvicultura y Conservación de la Naturaleza
Universidad de Chile

1 Comentario

  1. He aquí las dos formas como se puede pensar un país: una respetuosa, clara, pensando a mediano y largo plazo, inteligente y propositiva (Promis); la otra desarticulada y débil en su argumentación, confrontacional, pensando a corto plazo, quisquillosa y carente de ideas (Torres). Muy interesante, también, es que se trate de dos académicos de la U. de Chile: muestra la clara dicotomía entre un interés creciente por fortalecer el bien común a largo plazo (Promis), y un servicio a grandes empresarios por una ganancia personal, en desmedro del país y su futuro (Torres). Este tema es central para el futuro de Chile y merece mucha atención; y creo que este debate es ejemplar y debería ser más leído

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