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¿Puede una persona LGBTI votar por Piñera?

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Valentina Verbal

Historiadora, militante de Evópoli

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Alessia Injoque

Ingeniera Industrial, mujer transgénero, en Twitter @ale_injoque

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Carta de Valentina Verbal

06 diciembre 2017

Santiago, 6 de diciembre de 2017

Estimada Alessia,

Abro esta discusión a causa de tu reciente columna en otra sección de este mismo medio, en la que sostienes de modo categórico que una persona LGBTI no debería votar por Sebastián Piñera. Y la abro porque, pese a sentirme, por razones obvias, identificada con tu situación personal, no puedo sino discrepar —de modo también categórico— de tu propia postura que es, también, la de muchas otras personas pertenecientes a nuestro colectivo.

Y no puedo estar de acuerdo porque, más allá de las experiencias personales, me parece que tu posición, por una parte, descansa en premisas falsas y, por otra, no da cuenta del proyecto político que te inspiraría.

A tu situación personal no me referiré en este lugar; no sólo por respeto a una experiencia que, en sus detalles, desconozco sino, sobre todo, porque lo que más puedo hacer en este caso es solidarizar, considerando que, al igual que tú, soy yo también una persona trans. Tuve también grandes dificultades para modificar mi partida de nacimiento y ejercer derechos civiles y políticos en base a mi identidad de género.

Solamente, diré que, tal como yo lo veo, por muy dramáticas que todas estas circunstancias personales puedan ser, ellas son en último término insuficientes a la hora de expresar públicamente la adhesión a una determinada opción política, aun cuando esa adhesión se refiera concretamente a la persona de un candidato presidencial. La razón salta a la vista: ni se vota (o no se debería, al menos, votar) pensando únicamente en el propio interés personal (por legítimo que éste sea), ni tampoco simplemente por una persona particular; tampoco por tal o cual medida de un programa de gobierno, sino por un proyecto político global.

Y en este caso, creo que las circunstancias históricas hacen aconsejable votar por Sebastián Piñera y apoyar, así, el proyecto político que él lidera. Dicho de otro modo: pienso que, a la hora de votar por un proyecto político, nuestras experiencias personales deben ponerse en perspectiva. En la perspectiva del país en su conjunto y del contexto histórico que hoy vivimos. Aunque creo que las demandas y las vicisitudes de la población LGBTI son muy importantes, y merecen reconocimiento, no considero que sean (o que debieran ser) determinantes a la hora de definir nuestros votos, ni los de nadie. Me parece, por lo demás, que para la izquierda tampoco lo son. Históricamente, no lo fueron.

Pero dejaré a un lado esta cuestión para referirme a algunas de las razones que das en tu columna. Sostienes que lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex (y cualquier persona que pertenezca a alguna identidad sexual “alternativa”) no deberían en ningún caso votar por Piñera en la segunda vuelta presidencial. Para justificar tu postura señalas tajantemente que “los sueños y libertades de la diversidad son postergados porque tenemos una derecha que obstruye cualquier avance para reconocernos como iguales y si fuera posible para muchos de ellos mejor si retrocedemos”. Y más adelante agregas que se trataría “una derecha que nos mira con desidia y que no tiene ningún problema en insultarnos, diciendo que somos aberrantes o que una ley que nos reconozca destruiría a la sociedad”.

Y dado que pareces reconocer que existe en la derecha chilena un sector liberal, representado especialmente por Evópoli (partido que hoy cuenta con una bancada de seis diputados y dos senadores), te apresuras a concluir, sin ningún argumento probatorio, que “Felipe Kast y Evópoli se han olvidado de los valores liberales que dicen defender, dejando que avance una agenda ‘valórica’ conservadora, de la mano de una agenda religiosa que ataca a las libertades individuales y al Estado laico, dos principios que se supone deberían defender con energía, pero que parecen irrelevantes para ellos de cara a la campaña”.

Todas las afirmaciones precedentes, pero especialmente la última, me temo, son inexactas o abiertamente falsas. Y esto lo digo, además, con conocimiento de causa, pues soy militante de Evópoli.

En primer lugar, no es cierto que el programa de Sebastián Piñera sea conservador en materia valórica, en términos de, en particular, contener propuestas contrarias a los derechos de las personas LGBTI. Aunque sea efectivo que su programa no apoya el matrimonio igualitario o el derecho a la identidad de género de las personas trans, tampoco se pronuncia en contra de ellas o a favor de paralizar estos proyectos de ley. ¡No lo hace! Muy por el contrario: da libertad de acción a los partidos de Chile Vamos en estas materias. Esto es muy importante de considerar y creo que debe ser subrayado, pues de otro modo no podría explicarse el apoyo de Evópoli a la candidatura del abanderado de la centroderecha. Tampoco el de tantos líderes de opinión que son liberales y partidarios de la igualdad de derechos para las personas LGBTI.

A este respecto conviene no olvidar que Evópoli es un partido que, ya en su Declaración de Principios (documento fundacional que, supongo, habrás leído), apoya la igualdad de derechos de la diversidad sexual y, concretamente, el reconocimiento de todas las formas de familia en Chile. Considerando esta situación, pareces tú insinuar que Evópoli estaría traicionando sus principios.

Por este motivo, me parece que sería justo que aclares exactamente cuál ha sido la agenda valórica conservadora que Felipe Kast y Evópoli han tolerando o promovido por omisión. Dado que he elegido este medio para discutir contigo, espero que en la respuesta a esta carta te refieras a este punto de manera precisa, y no en base a afirmaciones generales sin mayor sustento en la realidad.

Dicho lo anterior, hay un tema mucho más importante que quiero aquí tocar. Dado que, según se deduce de tu columna, has decidido apoyar a Alejandro Guillier en la segunda vuelta presidencial, sería bueno que abundaras en razones más de fondo para justificar esta adhesión. Me refiero a razones que trasciendan no sólo tu situación personal, sino sobre todo las demandas políticas (y, en particular, de carácter legislativo) de la comunidad LGBTI en nuestro país. (Por otra parte, todo el terrible episodio del juez Calvo ¿no debería ser suficiente para desacreditarlo ante nuestro colectivo?; dejo este tema en suspenso para una probable réplica de mi parte).

En este sentido, y aunque sea cierto que Guillier (a diferencia de Piñera), sí apoya dichas demandas, me gustaría saber cuáles son los motivos a partir de los cuáles te sumas a su proyecto político. ¿Apoyas a Guillier sólo porque él escucharía las demandas en materia de diversidad sexual o, asimismo, porque contiene un ideario político y económico-social que estimas mejor para el país?

Responder a la pregunta anterior no resulta trivial, precisamente porque la acción política consiste en tomar decisiones difíciles a partir de principios ideológicos mucho más profundos que tal o cual medida de algún programa de gobierno. En este sentido, y como orgullosa integrante de la comunidad LGTBTI, a la hora de actuar en la vida política pienso en el proyecto ideológico global de cada candidato, en la medida en que genere (o no) las mejores condiciones de posibilidad en favor del orden social por el que lucho. Y no tengo dudas que Piñera favorece este orden social.

Además, es importante considerar que la lucha en favor de un determinado orden social no debe, en la acción política, ser dogmática o purista. En algunas ocasiones (la mayoría de las veces, de hecho) hay que llegar a acuerdos, hacer concesiones o, incluso, dejar que algunas causas propias pierdan protagonismo o se vean postergadas. Y todo eso debe hacerse, si es que con ello ese orden social deseado tiene mayores posibilidades de consolidarse.

Lo cierto, Alessia, y ahora aterrizando las cosas al Chile actual, es que lo que efectivamente está en juego hoy no son los derechos de las personas LGBTI, sino en particular el modelo económico-social que tantas décadas le ha costado a este país construir. Un modelo de libertad económica que, pese a sus imperfecciones concretas, permite que las personas cooperen provechosa y pacíficamente entre sí. ¿Por qué? Porque, gracias a él, pueden ellas buscar su propio destino, asociarse o colaborar, aun cuando sus fines y sus concepciones globales de la vida difieran entre sí. De hecho, es inestimable el papel que el hoy tan vilipendiado mercado ha desempeñado en la proliferación de la diversidad de proyectos de vida en la sociedad chilena actual.

En cambio, el eje del proyecto político de Guillier —y de manera más extrema del Frente Amplio, coalición con la que de alguna u otra manera cogobernará, en caso de triunfar en las urnas— no es otro que la superación del orden de mercado vigente hoy en Chile.

¿Estás tú de acuerdo con transitar hacia una sociedad socialista, como proponen Fernando Atria (por el lado de la Nueva Mayoría) o Carlos Ruiz Encina (por el del Frente Amplio)? Señalo estos nombres porque se trata, sin lugar a dudas, de dos de los principales ideólogos de ambas coaliciones de izquierda. Y precisamente su carácter de ideólogos, hace que en torno a ellos (y en base a sus escritos) pueda apreciarse de manera nítida el proyecto ideológico de la izquierda chilena de hoy.

Mi gran pregunta para ti es la siguiente: ¿por qué, más allá de tú situación personal y de la inclusión de las demandas LGBTI por parte de su programa de gobierno, votarás por Alejandro Guillier en la segunda vuelta presidencial? Espero atentamente tu respuesta.

Saludos cordiales,

Valentina Verbal

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Carta de Alessia Injoque

07 diciembre 2017

Santiago, 7 de diciembre de 2017

Estimada Valentina,

Me uno a este intercambio de ideas con mucho gusto.

Mi columna no se enfocaba en Sebastián Piñera pero es razonable la conclusión que sacas, en efecto, yo voto por Alejandro Guillier.

Partiré refiriéndome a Evópoli. La mejor aclaración de mi posición fue amablemente provista por el mismo Felipe Kast en Tolerancia Cero, cuando le preguntaron por los motivos para que una persona homosexual vote por Piñera se limitó a divagar un rato sin dar ninguna razón. Como decía en mi columna, “Los liberales de derecha le han fallado a sus principios y a la diversidad, se han vuelto invisibles en su coalición y para su candidato, no niego que tengan a la diversidad en su declaración de principios, lo que digo es que esa parte de la declaración la leen en voz bien bajita para no incomodar. Es tan limitada la influencia que han tenido en este aspecto que muestras como logro la libertad de acción ¿es eso un logro? yo lo entiendo como lo mínimo esperable dentro de una coalición que respeta a sus miembros.

Con actitud pasiva que los ha caracterizado en lo que refiere a diversidad esta campaña ¿tengo que creer que van a desarrollar personalidad y una voz fuerte para influir en Piñera después de elecciones? No lo creo.

Respecto a las posiciones de Piñera en lo valórico, que no haya una declaración oficial no implica que no existan conductas y posiciones de las que se pueda entender una visión del mundo y lo concreto es que Sebastián Piñera se ha declarado en contra del matrimonio igualitario, va a visitar religiosos de la mano de José Antonio Kast y lo deja hablar de principios conservadores en su nombre sin corregirlo ¿se debería ignorar las señales que da un candidato a los grupos conservadores porque no tiene expresamente en su plan de gobierno que es conservador? No lo creo.

Luego, si revisamos lo que ha ocurrido con las leyes de la diversidad, el AVP de Sebastián Piñera no avanzó ni un trámite legislativo por falta de voluntad de su propio sector, a pesar de ser un compromiso de campaña. Por otro lado el gobierno de Michelle Bachelet sacó la ley en un año.

Si Sebastián Piñera no cumplió con una promesa de campaña ¿por qué debería creer que va a avanzar el matrimonio igualitario al que se opone?

Es evidente que de cara a las leyes de la diversidad Alejandro Guiller es una mejor alternativa, por lo que no voy a ahondar en esto.

Luego en lo económico mencionas amenazas al modelo que parecerían encarnar el espíritu de Chilezuela ¿Me equivoco? Honestamente no creo que estemos en ese escenario ni veo cómo se puede deducir un cogobierno con el Frente Amplio de la situación actual. Tampoco creo que sea productivo alejarnos del foco de la discusión.

Habiendo puesto estos matices, voy a asumir que tu argumento estaría más relacionado a que, si alguien cree que Sebastián Piñera es mejor en otros aspectos, en ese caso debería dejar de lado las leyes que le afectan directamente sacrificando su bienestar e intereses por el bienestar del país en general y eso tiene varios problemas.

Si la diversidad no vota por los temas que le afectan ¿cómo exigimos que aprueben nuestras leyes? Es cierto que se puede salir a la calle y otros varios para intentar presionar pero la forma más directa y la que cambia las posiciones de los políticos es con el voto, es decir, si están contra mis leyes voto por ellos ¿Qué motivo tendrían para cambiar en una próxima campaña?

A pesar de que creo que lo anterior es motivo suficiente, imaginemos que nos sacrificamos ¿cuándo deberíamos dejar de sacrificarnos? Y es que este argumento me suena a un autoinflingido “son muy poquitos”, que minimiza el impacto que tienen estas leyes a la vida cotidiana y la sociedad, y es que si las leyes de la diversidad fueran realmente secundarias y sin impacto ¿por qué no se apuró la derecha para aprobarlas, en lugar de entorpecerlas, para eliminar el tema de la campaña? Es evidente que el tema es importante, por lo mismo los conservadores lo ponen tan alto en prioridad en su discurso.

La ley de identidad de género y el matrimonio igualitario son importantes, no sólo cambian las vidas que tocan directamente, sino que cambian la forma en que nos vemos en la sociedad.

En lo que respecta a la ley de identidad de género sabemos que hay un impacto en empleo, sólo eso es motivo suficiente para priorizarla, pero también está el mensaje fuerte y contundente que da el estado aclarando que no reconoce mi libertad de definir quién soy –yo sería Alejandro y no Alessia– y de paso le da una palmadita en la espalda a quien quiera tratarme como hombre.

Por otro lado, comenzando esta semana un congresista gay le pidió matrimonio a su novio en el hemiciclo, la noticia dio la vuelta al mundo rápidamente generando emociones y empatía por quienes veíamos las imágenes y es que somos seres sociales, la cultura afecta nuestra vida cotidiana y hoy nuestro amor está excluido de este espacio de reconocimiento tan importante que es el matrimonio. La imagen de petición de matrimonio es un símbolo de amor y compromiso inconfundible, la ceremonia, la fiesta, la renovación de votos, son cosas de las que estamos excluidos y que tienen mucha relevancia en cómo nos vemos y cómo nos ven. Me pregunto ¿qué pareja heterosexual votaría por alguien que se opone a que se casen? y es evidente que muchos en la diversidad nos hemos acostumbrado a que nuestro amor sea mirado de menos, es una costumbre que tenemos que romper para cambiar las cosas.

Hay un choque de visiones del que no debemos estar ajenas. Por una lado tenemos una visión conservadora que define al matrimonio y la familia como centro de la sociedad, considerándonos ciudadanos de segunda categoría de quienes deben cuidar estas sagradas instituciones por miedo a que las contaminemos, contaminemos a los niños y se destruya la sociedad. Yo voto por Alejandro Guiller porque creo que una sociedad en la que no hay amores de segunda categoría, donde no hay personas de segunda categoría y donde todos podemos mirarnos a los ojos como iguales, esa es una sociedad mejor para la diversidad y para todos.

Saludos cordiales,

Alessia Injoque

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Carta de Valentina Verbal

08 diciembre 2017

Estimada Alessia:

Me alegra que hayas decidido responder a la carta a partir de la cual “abrí los fuegos” en este intercambio epistolar. Agradezco, en particular, que hayas respondido de manera directa sobre las razones que te llevan a apoyar la candidatura de Alejandro Guillier para la segunda vuelta presidencial.

Sin embargo, debo decirte que tu respuesta no me resulta satisfactoria. Esto por varias razones.

En primer lugar, pienso que tergiversas las palabras que Felipe Kast emitió en el programa Tolerancia Cero de Chilevisión (domingo 3 de diciembre pasado). Señalas que “cuando le preguntaron por los motivos para que una persona homosexual vote por Piñera, se limitó a divagar un rato sin dar ninguna razón”. Esto no es empíricamente cierto.

Después de señalar, de un modo explícito, que el proyecto político que él representa (Evópoli) es muy distinto del de su tío, José Antonio Kast, agregó que “parte de lo que tiene que aprender la centroderecha es que todavía la diversidad que tenemos, dentro de Chile Vamos, es muy poca”, y que esta coalición debería abrirse mucho más hacia el centro político; en concreto, hacia quienes se sienten decepcionados por la actual Nueva Mayoría.

Pero, justamente frente a la pregunta que tú indicas, lo que menos hace Felipe Kast es divagar. Muy por el contrario, señala algo muy importante en términos políticos: “La invitación a ese mundo liberal [que adhiere a las causas de la comunidad LGBTI, como el matrimonio igualitario] donde si antiguamente el 95 % de la centroderecha era conservadora, eso vaya cambiando, nos vayamos moviendo a una lógica de un 50-50, o por qué no de mayoría”. De esta manera, lo que Kast quiso decir —cuestión que comparto— es que los liberales pueden (y deben) abrir la cancha de la centroderecha. En esto precisamente consiste el proyecto político de Evópoli, “a veinte años plazo”, como suelen decir sus militantes y dirigentes.

¿Te parecería sensato que los liberales de derecha abandonasen su sector político sólo porque su candidato presidencial no representa la totalidad de las causas a las que ellos adhieren? ¿Te parecería mejor que se unieran a la Nueva Mayoría, apoyando de paso a Guillier, y que, en vez de existir (aunque siendo todavía una minoría) un núcleo liberal en la centroderecha, que está creciendo de manera gradual (de un parlamentario acaba de pasar a ocho), este sector político terminase poblado por un 100 % de conservadores?

Y poniendo ahora un ejemplo referido a la Nueva Mayoría, ¿acaso crees que el Partido Comunista estuvo plenamente de acuerdo con el programa de Michelle Bachelet e, incluso ahora, con el de Alejandro Guillier? No es necesario ser muy perspicaz para concluir que la respuesta a esta pregunta es negativa, porque, tal como te dije en mi carta inicial, así es la política: se basa en concesiones, siempre y cuando estas concesiones se vayan acercando al proyecto político que se quiere construir.   

En segundo término, y yendo al tema de fondo de mi carta original, debo aclararte que yo nunca he dicho que la agenda en favor de la diversidad sexual tenga mejores posibilidades de avanzar en un gobierno de derecha. Probablemente, esta agenda (aunque no sé hasta qué punto) avance mucho más en un gobierno de centroizquierda. Esto es así, me temo, por la composición de Chile Vamos, en la que conviven liberales y conservadores.

Y esta convicción significa para mí, como trans, una decepción, evidentemente. Pues que yo esté dispuesta a pagar los costos de ese eventual estancamiento no implica que dicha agenda no me parezca importante. Me parece importante, muy importante, y me afecta profundamente en lo personal. Sin embargo, no me parece se trate de lo único o lo más importante, sobre todo considerando el contexto histórico actual de nuestro país.

Hagamos un poco de autocrítica y pongamos nuestras demandas (y las de todo el mundo) en perspectiva. Después de todo, un proyecto político debe conciliar los intereses, expectativas y problemas de muchos sectores y alinearlos, hasta donde eso es posible, bajo ciertos principios. Así, junto a las demandas de la diversidad sexual existen simultáneamente otros asuntos, como la educación, la salud, la vivienda, el medio ambiente, la pobreza, la economía, las relaciones internacionales, la defensa, etc.

De toda esa lista (que no pretende ser exhaustiva, por cierto), me parece que para el país y la sociedad en su conjunto lo más importante es superar, de una buena vez, la pobreza. Como además creo —y la evidencia empírica me apoya de modo abrumador en este punto— que ese fin prioritario no es posible sin crecimiento y prosperidad; que, más aún, ese crecimiento es el que en último término proporciona los medios tanto a los privados como al Estado para alcanzar ese fin (o cualquier otro), voto por la derecha. ¡Y no me pierdo en este punto!

La derecha —con todas sus imperfecciones y defectos— sabe hacer eso mucho mejor que la izquierda, sobre todo ahora que esa izquierda ya no es la Concertación y que, por el contrario, reniega de su legado histórico; sobre todo, ahora que se trata de una izquierda que apenas entiende la importancia que tiene el mercado, tanto en la creación de riqueza y en la superación de la pobreza, como en la ampliación de espacios de expresión de los gustos y de la subjetividad personal. ¿O crees tú que el hecho de que, por ejemplo, ahora haya artículos, ofertas o programas de vacaciones para gays o lesbianas no incide, a fin de cuentas, en la “normalización” social de las personas de la diversidad sexual?

No me referiré ahora a los éxitos del mercado en el mejoramiento de las condiciones de vida de los chilenos en las últimas décadas. Saltan a la vista, y no creo sinceramente que puedan negarse de buena fe o sin fanatismo intelectual. Tampoco me referiré a tu insinuación en cuanto a que yo creo que se viene “Chilezuela”. Yo nunca he dicho eso, y así lo puede apreciar cualquier lector ecuánime. Quizás tú necesitas que yo hubiera dicho eso, porque eso te hubiera facilitado las cosas: es más fácil discutir con un votante histérico que hace campaña del terror. Pero la verdad es que, para el punto que a mí me interesa hacer, no es necesario que la Nueva Mayoría lo haga tan mal, de modo que el próximo gobierno de Chile termine imitando la senda de los populismos latinoamericanos.

Basta con que lo haga, como lo viene haciendo, de modo cada vez más mediocre, cada vez más mal; basta con que siga reduciendo el potencial de desarrollo de este país, comprometiendo gasto, desaprovechando las oportunidades, etc. Porque lo cierto es que el tren de gasto que proyectos como los que propugnan la Nueva Mayoría o el Frente Amplio no son sostenibles en el largo plazo. ¿Les dirán a sus votantes cuando ya no haya dinero que estaban, tal vez, equivocados en lo que respecta a su economía política? O si, de tener éxito, cuando en unos años más los partidarios de No+AFP comprueben que, como en España, la “hucha de las pensiones” se acabó porque los diversos gobiernos (de todos los signos) la gastaron para afrontar compromisos inmediatos y solventar promesas electorales ¿reconocerán que el sistema privado de pensiones al menos tenía el mérito de dar a cada cotizante el derecho sobre sus propios fondos? Y todo esto puede pasar sin necesidad de llegar a imitar a Maduro. A España, que es (o era) un país rico le está sucediendo ahora.

De todos modos, y sin perjuicio de lo anterior, no entiendo por qué los votantes de Guillier no se toman en serio lo que han dicho los ideólogos de ambas coaliciones políticas, la Nueva Mayoría y el Frente Amplio: ellos no quieren simplemente rectificar o corregir el modelo; ellos quieren desmantelarlo; ellos son los que han deslegitimado el mercado y prometido el fin del modelo “neoliberal”; ellos son los que, en su ingenuidad, prometen un socialismo dorado, que nunca ha existido en la historia de la humanidad.     

Pero como fuere, el desmantelamiento del modelo neoliberal —y no el reconocimiento de las personas LGTBI— es el meollo de su programa. De hecho, en la Nueva Mayoría ha escogido como abanderado a un tipo que insiste en hacer asociaciones infames entre homosexualidad y pedofilia cada vez que tiene que salir a justificar la canallada que le hizo al juez Calvo. ¿Por qué no le resulta esto escandaloso a la comunidad LGTBI? Para mí, esto es un misterio. Pero seguro que sí se armaría una enorme batahola si un candidato de derecha hiciera esa asociación (esto, por lo demás, ha ocurrido). O quizás no es tanto un misterio, porque probablemente la razón es que, a diferencia de mí, la mayoría de los activistas LGBTI son de izquierda y no soportan, principalmente por esta misma razón, votar por un candidato de derecha.

Pero, además, mi preocupación por el mercado no se agota en las razones más generales acerca de la prosperidad y la superación de la pobreza. No son razones meramente utilitaristas, como podría darle esta impresión a algún lector distraído. El mercado es, para mí, un espacio fundamental de libertad individual y de cooperación voluntaria. Sería absurdo, por ejemplo, decir que yo, una persona trans, se inmola por el mercado como si éste fuera una mera abstracción. Todas las transacciones que nosotros realizamos diariamente, la colaboración general que los individuos se prestan cotidianamente al intercambiar bienes y servicios, las oportunidades de trabajo o para comprar y vender, todas esas actividades, son el mercado. Defender el mercado es defender las posibilidades generales que tiene la gente normal y corriente de realizar sus actividades, buscar mejorar sus condiciones de vida, dar curso a su creatividad, etc. Recortar el mercado es recortar esos espacios. Y aunque el mercado no sea perfecto (nada lo es en el mundo real), es mejor que cualquiera de las alternativas centralizadas que conocemos.   

En resumen, voto por la derecha —por mucho que le sorprenda al votante de izquierda— por consideraciones acerca de lo que estimo será mejor para el conjunto del país, más allá del colectivo al que orgullosamente pertenezco. No creo que las demandas políticas del mundo de la diversidad sexual sean las únicas ni las más importantes de la agenda pública (lo que no significa que yo crea que no son importantes; por eso empleo el adverbio “más”) en el contexto actual del país, en el que hay democracia, libertad de expresión, la sodomía no es un delito y existe el acuerdo de unión civil (gracias al actual gobierno, lo reconozco), etc.

Sí me preocupa sobremanera la necesidad de aprobar una ley de identidad de género, que ayude precisamente a sacar a una importante mayoría de personas trans de la marginalidad. Sé y tengo claro que la falta de una cédula nacional de identidad, que no represente la verdadera identidad de género de las personas constituye un problema grave que es necesario subsanar. Y puedo decir que estoy en un partido que apoya oficialmente este tipo de normativa. Trabajaré con fuerza para que la bancada de Evópoli entienda y apoye la necesidad de aprobar este proyecto de ley. Pero, para lograr este objetivo, no me siento obligada a adherir a un proyecto político de izquierda, que se propone la superación del libre mercado como sistema de cooperación social.

Sin pretender ser autoreferente, no puedo dejar de decir que llevo años luchando, a mi manera y en los espacios en los que me he sentido acogida, por la aprobación de dicho proyecto de ley. La manera principal en que lo he hecho, dado que a esto me dedico, es por la vía de las palabras. He escrito una gran cantidad de columnas de opinión, he dado muchas entrevistas, he publicado papers académicos, he dictado (y dicto) clases universitarias, participo con frecuencia en foros y seminarios. Todo esto lo hago (y lo seguiré haciendo) con el fin de educar, difundir y promover el derecho de las personas trans a autodefinir su propia identidad.

Tengo muy claro que la posición que defiendo en este intercambio epistolar les resultará chocante a muchos de los que se encuentran más comprometidos con la causa LGBTI, especialmente a sus activistas. Sin embargo, no deberían ellos escandalizarse. Seguramente les parecería un profundo error que, por ejemplo, los agricultores votaran por un candidato exclusivamente por una ley o que los transportistas o los mineros o los bailarines hicieran otro tanto por la misma razón. Después de todo, la idea precisamente de la democracia es que los ciudadanos decidan no únicamente a partir de sus intereses o situaciones particulares, sino pensando en el bien común.

Y ojo que, por mi parte, no entiendo el concepto de bien común de manera sustantiva, es decir, como el establecimiento de una concepción de la vida buena desde el Estado, al que deban subordinarse los fines individuales. Pero creo, sinceramente, que la superación del mercado como sistema de cooperación social resultaría mucho más perniciosa, incluso para la misma población LGBTI, especialmente para las más vulnerable, que sin duda es la trans.

¿O tú crees, Alessia, que siendo las personas trans las que tienen un menor acceso al mercado de trabajo, se encuentran ellas mejor que antes, en mejores condiciones materiales que bajo el gobierno anterior? Resulta evidente que, considerando además su mayor precariedad, se encuentran hoy mucho peor. ¿Qué dicen los activistas LGBTI frente a esto? Dicen poco o nada, amén de que la mayoría de ellos tiende a privilegiar la causa del matrimonio igualitario en vez de la ley de identidad de género.

Soy partidaria de luchar en favor de un orden social en el que las personas puedan perseguir sus propios fines en todos los ámbitos. Seguiré con fuerza en esta lucha, pero lo seguiré haciendo desde la filosofía política a la que adhiero: el liberalismo. Y no sumándome al carro de un socialismo interventor sobre la vida cotidiana de la gente, que se expresa en los intercambios que pacíficamente las personas realizan en el mercado. 

Como diría Rousseau, lo que debe hacer el ciudadano es buscar la “voluntad general”. Y como, lamentablemente, esta voluntad a veces se dispersa por el espectro político y no se concentran en una sola posición o partido político, uno tiene que decidir cuál combinación programática se acerca más a esa voluntad. En este caso, y en la particular situación que hoy vive Chile, creo que ambas cosas se encuentran, pese a todo, más bien en la coalición de centroderecha. A esto me referí en mi carta inicial cuando aludí al contexto histórico, necesario de considerar a la hora de decidir, desde un proyecto político global, en favor de tal o cual candidatura presidencial.

Esperando haya quedado ahora mucho más clara mi postura, se despide cordialmente,

Valentina Verbal

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Carta de Alessia Injoque

10 diciembre 2017

Estimada Valentina,

Me alegra que el intercambio continúe, siempre es interesante escuchar otros puntos de vista, pero como imaginarás tus razones tampoco me convencen.

Quiero partir tomándome la libertad de acotar el enfoque, es claro que para alguien LGBTI socialista Guillier es la mejor alternativa, es evidente que si hubiera alguno conservador que cree que no debe casarse va a estar con Piñera. La pregunta realmente es:

¿Puede un liberal LGBTI votar por Piñera?

Partamos por los motivos para que un homosexual vote por Piñera según lo que propuso Felipe Kast. Asumo que como no trabajo en política sino en ingeniería, un entorno en que las conclusiones tienen que desprenderse de las premisas, desde donde lo veo no dio ninguna razón. Es decir, que exista un partido como Evópoli en su agrupación ¿Es un motivo para votar por Piñera como candidato? no cuando Piñera no comparte su visión en lo que refiere a diversidad y Evópoli no ha podido influir en ese aspecto en la campaña.

Luego, votar por un Piñera conservador ¿es una forma de fortalecer a los liberales? Me encantaría que algún momento los liberales reemplacen a los conservadores pero la conclusión nuevamente no se desprende de las premisas, de hecho creo que es más fácil de deducir que un triunfo de un candidato conservador es una invitación para repetir la fórmula mientras que una derrota fuerza a repensar si un enfoque tan conservador fue el correcto dando la posibilidad a liberales de tomar la posta.

Eso es divagar, Felipe Kast no menciona a ninguna característica o parte del discurso del candidato –porque claramente no hay– que lo haga una buena elección para alguien homosexual.

Pasando a la siguiente parte entiendo que tú como liberal discrepes de la política económica de Guillier, no es el objetivo de esta discusión cambiar visiones económicas así que  me limitaré a decir que no encuentro relación entre las políticas de Guillier y un “Chile que termine imitando la senda de populismos americanos” y hasta me parece deshonesto que mezcles el movimiento No+AFP considerando que Guillier tiene una propuesta que no los considera ¿Hay claridad de que estamos hablando de Alejandro Guillier y no de Beatriz Sanchez? Sería como culpar a Piñera de ser un pro-dictadura autoritario por su cercanía con José Antonio Kast pero peor, porque Beatriz Sanchez no es parte del comando de Guillier ni de su partido mientras José Antonio Kast es vocero de Piñera en esta campaña, comparten posiciones, discursos y van a reuniones de ultraconservadores de la mano.

Entonces pasaré a enfocarme en los temas de la diversidad y partiré con una cita del liberalismo, postura tuya y de Evópoli, que tomo prestada de Axel Kayser que asumo es un autor cuyas posturas compartes:

“Los liberales rechazamos la actitud paternalista conservadora o socialista que pretende imponer conductas a los demás para orientarlos a su propio bien o al llamado bien común”.

Y tomo esto en referencia a tu frase sobre no sumarte a “un socialismo interventor sobre la vida cotidiana de la gente”. Lamento decirte que estás adhiriendo a un conservadurismo interventor de la vida cotidiana de le gente que nos predefine ciudadanos de segunda, restringe nuestras libertades y estructura una sociedad en base a esas restricciones, así que me enfocaré en el daño que hacen las visiones conservadoras.

En el último debate le preguntaron a Piñera por la circular que protege hoy a los niños trans en el colegio y no confirmó un compromiso con esa ley,  por el contrario, en lo que refiere a los niños trans Piñera repitió el discurso casi calcado del bus “de la libertad” y José Antonio Kast, indicando su oposición a que los niños puedan cambiar su sexo sin consultar a sus padres (cosa que la circulara no hace), que el estado le arrebata el derecho a los padres de educar a sus hijos en estos temas (mentira) y que el género no es una camiseta que alguien se pone y se saca todos los días (mentira que repiten los conservadores en nuestra contra), que en muchos casos estos niños se “corrigen” con la edad y sólo le faltó mencionar la “ideología de género”.

La protección actual a los niños trans es una circular que el ejecutivo puede revertir así como Trump revirtió la ley que permitía a las personas trans ir al baño de su género y no al de su sexo biológico (y eso que Trump, a diferencia de Piñera, nunca fue directo en esa postura). Ante la evidente señal de que Piñera se opone a la circular ¿Es razonable votar por Piñera sacrificando a los niños trans? y sabes bien que ese sacrificio no sólo algo simbólico referido a un malestar sino que el suicidio es algo lamentablemente frecuente en jóvenes de la diversidad sometidos al bullying y acoso en los colegios donde, si Piñera revierte esta circular, las niñas trans podrían ser obligadas a usar el baño de hombres y los niños al de mujeres ¿te imaginas el efecto que tiene eso en la integración de esos menores con sus compañeros de clases? En esta parte no hablamos sólo de matices, es algo grave y lo cierto es que con estas posiciones del Piñera de hoy, tratar de igualarlo a Guillier por lo que ocurrió el 2003 con el juez Calvo parece un intento desesperado por jugar al empate.

Otra cosa a considerar es que hay retrocesos como Trump con los baños y exclusión de militares trans, los evangélicos en Brasil que lograron que un juez diera un fallo a favor de las terapias de reconversión sexual y por todos lados tenemos campañas ultraconservadoras como “con mis hijos no te metas”, los buses “de la libertad” o el alto porcentaje de votos que obtuvo José Antonio Kast. Siento que creyeras que el camino a reconocernos como iguales ya está ganado y es en una sola dirección, para lo que es razonable aguantar conservadores que nos miran de menos con paciencia porque el día ya llegará. No comparto esa visión, nuestras libertades y derechos no están asegurados, hay una contraofensiva conservadora que no se puede ignorar.

Entiendo la batalla interna que debe sucitar la situación actual a alguien LGBTI liberal. Por un lado dejaría de ser un ciudadano de segunda categoría y sacrificaría su posición económica si vota por un socialista, por otro tiene que sacrificarse a sí mismo en favor de su visión económica si es por un conservador.

Y acá lo que creo es que si LGBTIs liberales agachan la cabeza y votan por un candidato que nos considera ciudadanos de segunda le estarían dando un “me gusta” a la derecha cavernaria, invitándola a repetir la fórmula y consolidándola como principal fuerza dentro de Chile Vamos en desmedro de fuerzas liberales como Evópoli. De hecho lo haría más extensivo, si no votamos considerando quienes somos estamos dando un permiso a todas las fuerzas políticas para ignorarnos permanentemente.

Finalmente creo que entiendes mal o minimizas lo que son los cambios de cultura ¿El fin de la segregación era sobre una minoría negra o era sobre cómo nos miramos entre razas y en la sociedad? Este cercano domingo 17 yo no voto sólo por mi identidad ni mi matrimonio, yo voto por Guillier porque reconocer legalmente que este es un país donde no hay ciudadanos de segunda tiene un impacto mucho más extenso, cambia el cómo nos vemos los unos a los otros, cambia nuestra identidad como nación, nos hace mejores y sería un gran motivo para sentir orgullo por ser parte de este Chile que tanto quiero.

Un cordial saludo,

Alessia Injoque

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Carta de Valentina Verbal

14 diciembre 2017

Estimada Alessia:

Te respondo con el objeto de cerrar mi intervención en este interesante y (espero, además) constructivo debate.

En primer lugar, creo que tergiversas el proyecto político de Evópoli y, concretamente, su posición en materia de diversidad sexual. Pienso que, a diferencia de cómo debería hacerse, no presentas (permíteme esta analogía) la “película completa”, sino sólo algunas escenas aisladas, sacadas de su necesario contexto.

Insistes que Felipe Kast no dio (en el programa Tolerancia Cero del 3 de diciembre pasado) ninguna razón para que un homosexual decida votar por Piñera. No es cierto que no dio ninguna razón, dio una muy importante (que referí en mi carta anterior); lo que sucede es que esa respuesta no te satisface, porque para ti la única razón válida es que los programas presidenciales acojan de manera explícita las demandas de las organizaciones LGBTI.

Me llama la atención tu fuerte crítica hacia Evópoli, considerando que hace muy poco tiempo, en el contexto de tu “salida del closet” como trans ante los medios de comunicación y, a su vez, en la misma época de las primarias presidenciales, manifestaste abiertamente tu cercanía con el proyecto político de Evópoli y con la candidatura de Felipe Kast. Tus palabras, en el sitio Pousta, fueron las siguientes: “Yo, personalmente, tiendo un poco más a la derecha que a la izquierda, o mejor dicho estoy más en el centro tirando hacia Felipe Kast” (9 de agosto de 2017).

Todos podemos cambiar de opinión, naturalmente. De todos modos, resulta extraño hacerlo completamente en algo así como un mes, sobre todo cuando la discusión se ha polarizado y de lo que se trata es de la continuación o no de lo que queda del modelo neoliberal. ¿En quince días te convenciste de las propuestas de Fernando Atria y del Otro modelo?

Utilizas como argumento en tu favor las desafortunadas palabras de Sebastián Piñera en el debate presidencial de la ARCHI del jueves 7 de diciembre pasado. Aquí seré sincera y contaré una infidencia: me molestaron sobremanera las palabras de mi candidato presidencial, y así lo hice ver en su comando, contando en esta gestión con el solidario apoyo de mi partido. Mi impresión es que Piñera simplemente pecó de ignorancia y de desidia en conocer la realidad de los niños y niñas trans de manera más profunda y cercana. Desde Evópoli, en caso de triunfar Piñera en las urnas este domingo, buscaremos incidir para que esto sea posible.

Tienes, creo, el derecho a tratarme de ingenua por pensar lo anterior, pero a lo que no tienes derecho —en el marco de un debate de ideas, que se precie de serio—, es a construir silogismos carentes de toda lógica (no sólo en tu carrera es importante la lógica; en todas lo es, por eso deberías aplicarla también en otras áreas). En ninguna parte de sus desafortunadas palabras, el ex Presidente dijo que quiere “sacrificar” a los niños trans, en el sentido de negarles el derecho a estudiar, de acuerdo a su identidad de género, cuando sean apoyados por sus padres. Pero, me temo, es lo que tú quisieras que hubiera dicho.

Por último, insisto que la justificación de tu voto en favor de Guillier resulta insuficiente en la medida en que no se hace cargo del significado político de su candidatura. En términos generales, el cambio de ciclo que Chile experimenta desde el año 2011, no se expresa únicamente en la demanda de educación gratuita, basada en un sistema de derechos sociales universales, sino de manera mucho más profunda en la idea de que es necesario superar el modelo neoliberal, mediante su desmantelamiento y consiguiente reemplazo por “otro modelo” de corte socialista. Y aunque no se trate de la estatización de los medios de producción, como sí lo propuso el socialismo del siglo XX, sí se trata de aumentar las esferas de control del Estado a través de la sistemática restricción o limitación de los intercambios voluntarios que las personas realizan en el mercado. Y cuando hablo de “socialismo interventor sobre la vida cotidiana de la gente”, me refiero precisamente a la participación de ellas en el mercado.

Hay dos puntos clave en el proyecto político de Guillier. El primero es que la desigualdad material sí es un problema que debería ser resuelto. La segunda es la necesidad de una nueva Constitución como la vía para, precisamente, superar el modelo neoliberal. Con respecto al primero, ¿eres partidaria de un orden social que persiga la igualdad material, de oportunidades o ante la ley? Esta pregunta es clave, porque Guillier ha dicho que le va a meter la mano al bolsillo a los ricos, para así redistribuir la riqueza en favor del conjunto de la población, aunque no preferentemente para aliviar las condiciones de vida de los más necesitados.

Con relación al segundo punto, ¿eres partidaria de una nueva Carta Fundamental para Chile o sólo de reformas que apunten a perfeccionarla? ¿Qué piensas de los derechos sociales universales como la gran herramienta para construir un Estado de bienestar en Chile? Y aunque sea cierto que Guillier no se ha pronunciado abiertamente a favor de una Asamblea Constituyente (AC), sí ha insinuado la idea de convocar a un plebiscito para consultar al pueblo sobre el mecanismo a utilizar. ¿Adhieres al mecanismo de una AC o prefieres la vía institucional, es decir, el Congreso? ¿Qué opinas, más en general, de la democracia plebiscitaria que propone Guillier para Chile, quien ha dicho que todas “las grandes reformas deben plebiscitarse”?

No te hago estas preguntas con el objeto de “sacarte al pizarrón”, sino porque pienso que ellas —y no la agenda LGTBI— constituyen el núcleo central del proyecto político del candidato que, desde muy poco tiempo, vienes defendiendo de manera apasionada. No basta sólo con criticar de manera furibunda a la derecha, a Sebastián Piñera, e incluso a la derecha liberal, representada por Evópoli, por la que hasta hace pocos meses sentías cercanía. Llegó la hora, me parece, que des cuenta del proyecto político al que te has sumado de manera fervorosa.

Un abrazo cordial,

Valentina Verbal

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Carta de Alessia Injoque

16 diciembre 2017

Estimada Valentina:

Me ha dado gusto participar en este intercambio, siento que ha sido constructivo.

Quisiera partir atendiendo la parte en la que me refiero a Sebastián Piñera y los niños trans. Cuando le preguntan por la circular que protege a los niños trans, las dos veces que trata el tema lo que dice es:

  • Que el género no es “una camisa que se puede cambiar todos los días”, cosa que nadie propone, es un hombre de paja conservador para oponerse a las personas trans.
  • “Muchos casos se corrigen con la edad” cosa que además de la palabra corregir, que no creo que se le haya escapado sin creerlo, es una mentira cuya fuente “científica” es el American College of Pediatricians, grupo de posverdad y odio que defiende la abstinencia, golpear a los niños para generar disciplina y las terapias de reconversión.
  • Se opone a que menores de edad, sin consultar a sus padres, “puedan cambiar su sexo prácticamente sin ningún trámite”. Llama la atención que sostenga esto a pesar de que la circular indica literalmente que “toda medida deberá ser adoptada con el consentimiento previo de la niña, niño o estudiante, y su padre, madre, tutor legal o apoderado”
  • Afirma que “El estado está arrebatando a los padres el derecho a ser los principales responsables de la educación de sus hijos” o “cuando el estado pretende reemplazar a los padres estamos cometiendo un gravísimo error”

Lo curioso es que acá tenemos cuatro mentiras de Piñera sobre los niños trans que coinciden perfectamente con la posición del bus “de la libertad” y José Antonio Kast, quienes también dicen oponerse a la discriminación tratando de que omitamos todo lo que dijeron previamente ¿Hay que asumir que sólo son coincidencias? No lo creo, sólo le faltó mencionar la ideología de género. Era muy fácil para Piñera despejar estas dudas, pero prefirió no hacerlo y más bien dar un mensaje que puede ser leído rápidamente por los más conservadores que repiten constantemente lo mismo como argumento de posverdad en nuestra contra.

Sobre mis posiciones políticas soy una centrista moderada, pragmática y aburrida, mis posiciones se resumen en estos dos puntos:

  • El mercado y el estado son herramientas que debemos usar para generar bienestar. No es el mejor camino obsesionarse con usar sólo una para encontrar todas las soluciones.
  • El progreso individual es el principal motor de desarrollo y si no hay igualdad de oportunidades para que cada quién con libertad desarrolle sus proyectos de vida estamos desperdiciando potencial de crecimiento.

Dicho esto tengo cierta cercanía ideológica con Evópoli y reconozco su visión sobre diversidad, pero el punto es sobre esta campaña en la que no hicieron ningún esfuerzo por posicionar su visión sobre diversidad mientras por otro lado los conservadores si nos dedicaron un gran espacio en su agenda en sentido contrario. Tuvimos un Piñera conservador en primera vuelta que se oponía a que nos casemos y se volvió aún más conservador en segunda vuelta hablando contra los niños trans y con un José Antonio Kast en su comando que lo acompañaba a reuniones con pastores evangélicos a hablarles sobre la defensa de la vida y la familia, cosa que sabemos que para los evangélicos significa oponerse al aborto y proteger la familia de que la diversidad –el matrimonio igualitario– la destruya. La decisión para este domingo es por qué candidato a presidente votar y, siendo Piñera un conservador que ha sido impermeable a la visión de diversidad de Evópoli, la existencia de Evópoli como argumento para votar por Piñera es como creer que Beatriz Sanchez era candidata de centro porque el partido liberal era parte de su agrupación ¿Hay alguna base para creer que Piñera va a ser menos conservador cuando entre a gobernar? No, no hay ninguna. Desearía poder cruzar los dedos, asumir que le mintió a los evangélicos, que es un liberal encubierto y esperar lo mejor, pero creo que eso sería pecar de inocente, omitir información para hacer la realidad más digerible nunca es una buena forma de llegar a la verdad.

Dicho esto, y tomando en cuenta cómo te preocupan las intervenciones del socialismo en la libertad, me llama la atención que no hicieras mayores comentarios sobre los impactos de tener un conservadurismo interventor gobernando en Chile y es que hay dos consideraciones que yo tomo para priorizar a Guillier como mi candidato y por las que creo que es una mejor alternativa para alguien liberal que le da la respectiva relevancia al intervencionismo conservador:

  • Existen muchos ejemplos de países a los que les va bien con economías más socialistas que la Chilena, no sólo existen Venezuela, Argentina o España, también están Uruguay, Canadá, Noruega y Suecia mientras por otro lado existen países con posiciones más liberales a los que les va bien y mal. Así el socialismo no te parezca el mejor sistema, lo que es legítimo, hay que reconocer que es un sistema viable.
  • No existe ningún país en que visiones conservadoras hayan ayudado a construir una mejor sociedad para la diversidad ni para nadie, estas visiones y las imposiciones valóricas que se desprenden de ellas son siempre negativas e impactan más allá de la diversidad.

Sé que para alguien liberal y devota de esa ideología debe ser poco digerible el socialismo, por más que sea en su versión light, pero pareciera que desde tu visión liberal la base es la libertad económica y la libertad individual es un deseable sacrificable para preservar la primera. Estoy en desacuerdo, el conservadurismo nos hace más daño a la sociedad y en especial a la diversidad.

Es importante revisar los efectos del conservadurismo en la sociedad, por ejemplo ¿Cómo afecta a las relaciones interpresonales que al conocer a alguien pienses que es inmoral o inferior por algún prejuicio muy difundido (o que piensen eso de nosotras)? ¿Cómo afecta eso al buscar un trabajo? ¿Cómo afecta las relaciones familiares que se difundan mentiras sobre la diversidad y cómo influye en el miedo que da salir del closet? ¿Cuál es el precio de que el estado defina que hay personas de primera y segunda categoría? Si quieres ir a otros ámbitos que no se relacionan directamente a la diversidad ¿cuál es el costo para una menor que no quiere ser madre y es forzada a parir? ¿Cuál es el costo de no enseñar educación sexual en los colegios, anticoncepción y planificación familiar? ¿Cuál es el costo de la xenofobia que logró instalar la bajísima inmigración a Chile como preocupación nacional? Hoy parece distante pero los conservadores están peleando en Perú que no se enseñe que los hombres y las mujeres son iguales porque sería ideología de género. La sociedad no es sólo economía sino también cultura y constantemente has omitido analizar los efectos que un gobierno conservador tiene sobre esta y sus ciudadanos.

Reconozco que cambiar la ley no cambia la sociedad completa, pero que el estado deje de discriminar es una fuerte señal y un paso importante en el camino a que el resto deje de hacerlo. Hoy quienes nos tratan como hombres para insultarlos, quienes dicen que los niños trans son enfermos que hay que corregir y quienes gritan “maricón” en la calle tienen al estado que les da una palmadita en la espalda diciéndoles que tienen razón y el problema somos nosotras. No debemos acostumbrarnos a que el estado nos discrimine, eso tiene que cambiar y la forma de que esto cambie es votando por quienes nos acompañan en el camino a la igualdad ante la ley, haciendo entender a quienes nos consideran ciudadanos de segunda que, mientras sigan fomentando prejuicios en nuestra contra para ganar adherencia de quienes nos desprecian, no tienen nuestro voto y no ganarán elecciones.

Finalmente, como cualquiera con pensamiento crítico no tengo una total adherencia a ningún candidato, mis  ideas no podrían ser identificadas en un único movimiento político o persona, pero yo voto por Guillier porque antes de tener ideologías soy, soy lesbiana, soy trans, orgullosa de serlo y no puedo votar por alguien que me considera ciudadana de segunda categoría, sería reconocerle que lo soy.

Un abrazo cordial,

Alessia

2 Comentarios

  1. Valentina erra al dicotomizar el reconocimiento de la población LGBTI de la que dice ser activista y su militancia en EVOPOLI. Si bien es cierto que la política demanda la necesidad de tranzar puntos y programas, existe un límite para qué tanto se tranza puesto que se corre el riesgo de perder la identidad de uno u otro lado, terminando por ir en contra de uno de los principios que se decía sostener en primer lugar.
    En el caso de Valentina ella se tira muy hacia su ideología centro derechista liberal, dejando de lado aspectos fundamentales del reconocimiento de la población LGBTI. Una cosa son los tiempos y formas, otra es sentarse con quienes escupen en la cara de la población LGBTI.

  2. Documento fundacional que se pasan por buena parte al arrimarse a la sombra de un candidato conservador y una bancada que cuenta con pastores entre sus diputados electos, quienes de hecho se reunirán mañana a junto a J.A.Kast y S.Piñera en el Hotel Fundador en Stgo. en un “Encuentro evangélico por la defensa de la vida y la familia”.
    Seguro hablarán bondades sobre las familias LGBTI+.

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