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PUC y los profesores exonerados: Un reconocimiento tardío

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Augusto Varas Fernández

Presidente, Fundación Equitas

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Ignacio Sánchez Díaz

Rector, Universidad Católica

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Carta de Augusto Varas Fernández

27 noviembre 2015

Señor rector:

Agradecí su carta invitando al acto de reencuentro, reconocimiento e integración realizado el 23 de noviembre en el Salón de Honor de la PUC. En ella, valoré sus consideraciones sobre la injusta exoneración de la que junto a muchos otros académicos fui víctima por mis convicciones sobre lo que debía ser la Universidad Católica y su aporte a la construcción de un Chile democrático, justo y solidario. Igualmente, compartí su juicio sobre lo crucial que fue la reforma universitaria para intentar el logro de esos propósitos.

Su disculpa por la tardanza de su carta y reconocimiento de la desazón de la comunidad universitaria que durante veinticinco años de democracia no vio a la Pontificia Universidad Católica reparando adecuadamente el daño infligido a sus académicos expulsados —a diferencia de cómo lo realizaron otras universidades del país largo tiempo atrás—, no avanzó en este sentido. Tampoco lo hizo el rector Juan de Dios Vial, el 27 de agosto de 1990, cuando señaló que mi expulsión por razones políticas en octubre de 1973 no podía “significar prevención alguna en mi contra”, profundizando el problema al no reparar debidamente el daño.

Durante la dictadura, profesores y funcionarios de la universidad fueron detenidos, torturados o asesinados por agentes del Estado. Las autoridades de la PUC demoraron veintitrés años en reconocer estos hechos y, exigidas por la Federación de Estudiantes, solamente permitieron una pequeña placa conmemorativa en el local de esta en el Campus San Joaquín.

Un cuarto de siglo después de recuperada la democracia, usted invitó a reparar esa deuda. Su declaración “oficial y solemne que estas situaciones no pueden volver a repetirse al interior de nuestra universidad”, llegó veinticinco años después del reconocimiento del propio Estado al respecto y doce años más tarde que el “nunca más” del Ejército de Chile.

En su invitación, usted indicaba que esa reparación consistiría en “integrarse de diferente formas a la comunidad de la UC”, y llamaba a interactuar “en conjunto para poder conocer la mejor forma de producir y favorecer esta reintegración a nuestra comunidad”. Fórmula análoga a la del rector Vial en la que señalaba: “Le agradecería que me sugiriera formas de ayudar a cerrar la brecha que fue creada en la familia universitaria por la forma y circunstancias en que usted fue separado de ella”. Señor rector, una verdadera reparación sólo podía expresarse en el acto unilateral de la universidad, previo a cualquier ceremonia, restituyendo las categorías académicas injustamente enajenadas.

Su defensa de la autonomía universitaria para impedir ser “cómplices de una intromisión externa a los valores de la UC en el sentido de resguardar siempre el respeto de las ideas y libertad de cátedra”, nos confundió. La Pontificia Universidad Católica de Chile no se ha distinguido por cultivar el pluralismo ideológico, la libertad de cátedra, la elección democrática de sus autoridades superiores, la participación estudiantil y el respeto de la diversidad en todos sus aspectos, tal como las últimas situaciones al interior de sus facultades aún lo demuestran. La actual PUC es una universidad muy distinta de la que fuimos expulsados. Nos es ajena y extraña.

Lamento que para miles de estudiantes durante estos últimos veinticinco años la PUC no haya sido testimonio, fuente de inspiración democrática ni referente activo en los procesos de verdad, justicia, memoria y reparación en que la sociedad chilena como un todo se ha visto involucrada.

Considerando su compromiso con el respeto a las ideas y la integración de los profesores exonerados, sería importante para la opinión pública informada enterarse de cómo la actual PUC está materializando en cátedra el respeto de todas las ideas, así como las medidas prácticas que adoptará para reintegrar a quienes así lo han deseado.

Atentamente,

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Carta de Ignacio Sánchez Díaz

30 noviembre 2015

El rector Ignacio Sánchez prefirió no responder públicamente a este debate.

5 Comentarios

  1. Es tarde quizás, pero quiero decir que me queda dando vueltas ese párrafo en que el profesor Varas dice en qué momento ocurren las “disculpas” por parte del rector: “llegó veinticinco años después del reconocimiento del propio Estado al respecto y doce años más tarde que el “nunca más” del Ejército de Chile” Pregunto: ¿A un verdadero cristiano le harán falta tantos años para decidirse a pedir perdón con tanta evidencia frente a sus ojos? o ¿Lo de Pontificia es solo un adorno? o ¿Lo de defensor de la “vida” del rector es solo una pantalla? Saludos.

  2. La carta del señor Varas es muy clara. No puede existir perdón sin reparación. Las disculpas son palabras que se las lleva el viento. Lo importante es que los académicos exonerados recuperen sus cátedras y tengan una reparación económica por parte de la PUC. Eso es reconocer una injusticia y repararla. Por lo tanto, el rector Sánchez debe responder con hechos y no palabras.

  3. Agradezco la posibilidad de intercambiar ideas a partir de la carta del profesor Varas respecto al tema sobre qué hacer con decisiones institucionales del pasado y que afectaron la vida de muchos profesores que debieron irse de la Universidad Católica. Independientemente de la decisión personal del actual rector, desde el punto de vista institucional sorprende lo señalado por el profesor Varas respecto al tiempo que se ha tomado esta universidad en comparación con el propio Estado y el Ejército para realizar este acto de reparación. Es de esperar que estas instancias de memoria sirvan para asegurar que la PUC prevenga que estos hechos vuelvan a repetirse.

  4. La postura de Augusto Varas marca un perfil ético, de necesaria transparencia, para recuperar la memoria de acontecimientos que agredieron la dignidad y derechos de los afectados por una conducta de autoridades universitarias que avalaron y se sumaron a la represión dictatorial.

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