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Proceso constituyente: ¿Reposición del voto obligatorio?

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Claudio Faúndez Becerra

Abogado

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Mario Waissbluth

Fundador de Educación 2020

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Carta de Claudio Faúndez Becerra

20 junio 2016

“Concuerdo en que existe y ha existido en el último tiempo un exacerbado tono de reclamo por los más diversos derechos: a la educación, a la salud, al libre tránsito, etc. Parece que la ciudadanía se ha acostumbrado a reclamar derechos, sin reparar que, en principio, frente a estos siempre existe una obligación. Entonces, y qué duda cabe, el ciudadano de a pie clama y reclama por un aumento en la gama de derechos, pero se abstiene de declarar que está dispuesto a asumir la obligación correlativa.”

Estimado Mario:

He leído tu libro “Tejado de Vidrio” con mucho interés; debo decir que concuerdo con el diagnóstico y con la gran mayoría de las propuestas formuladas. Me parece que se hace urgente atraer a la actividad política a la mayor cantidad de personas posibles, en tanto estén interesadas en erradicar las malas prácticas que hemos conocido, con escándalo, a través de la prensa.

Sin embargo, no pude pasar por alto una propuesta en la que el libro no ahonda: la obligatoriedad del voto. Indicas ahí que te parece que el ciudadano debe tener ciertas cargas u obligaciones frente a la Democracia; en específico, que el voto debe ser obligatorio. Es este punto el que me interesa debatir, porque debo decir que no lo comparto en absoluto.

Partamos por señalar que sí concuerdo en que existe y ha existido en el último tiempo un exacerbado tono de reclamo por los más diversos derechos: a la educación, a la salud, al libre tránsito, etc. Parece que la ciudadanía se ha acostumbrado a reclamar derechos, sin reparar que, en principio, frente a estos siempre existe una obligación. Entonces, y qué duda cabe, el ciudadano de a pie clama y reclama por un aumento en la gama de derechos, pero se abstiene de declarar que está dispuesto a asumir la obligación correlativa.

No me cabe duda que en muchos lugares la gran mayoría de las personas piensa que la Democracia chilena está en peligro, cooptada por grupos de poder que han actuado sin el menor escrúpulo; la famosa “elite” política y empresarial. El dinero ha corrido de allá para acá de manera copiosa y los políticos han pagado el favor hecho por los empresarios, votando al gusto de estos últimos. Así, el incentivo para ir a votar por los mismos es prácticamente nulo.

No obstante, creo firmemente que una obligación cívica de este tipo, precisamente por la importancia que tiene, debe ser ejercida exclusivamente desde la voluntariedad; ya sé que la expresión “obligación cívica” puede sonar contradictoria con lo que planteo, pero dejemos establecido que existen obligaciones que se ejercen por la gran mayoría sin que exista norma legal que la exija o que, exigiéndola, no fija sanciones para el infractor, de modo que en definitiva se ejerce por mera voluntad.

Así las cosas, debo señalar, estimado Mario, que la evidencia empírica demuestra que ni siquiera un largo periodo de obligatoriedad jurídica del voto ha sembrado en la ciudadanía la convicción de tener que votar en cada elección. Recordemos que la obligatoriedad en Chile existió desde la recuperación de la democracia, es decir, estuvimos obligados a votar por alrededor de 20 años y ni aun así cambiamos el chip; a la primera que se pudo, los que no estaban ni ahí con votar dejaron de hacerlo. Diversos estudios dan cuenta de esta realidad, distinguiendo comunas, edad, condición socioeconómica, etc.; todos concluyen lo mismo: el número de votantes bajó ostensiblemente. Ni los años de dictadura (donde no se votaba y uno pudiera presumir que existía algún tipo de ansiedad por hacerlo), ni los más de 20 años con voto obligatorio produjeron en la ciudadanía el efecto de incorporar en la cultura de las personas la necesidad de acudir a las urnas a emitir el voto ¿Cómo hacerlo entonces?

A mi parecer existe una multiplicidad de factores que inciden en la actualidad en la apatía electoral de nuestro país. Entre ellos está, indudablemente, el desprestigio de los políticos; estos son percibidos como delincuentes, dispuestos a cualquier cosa para resultar electos, incluso a acudir a los esbirros de Pinochet para conseguir financiamiento. Producto de esto, también se encuentra instalada la sensación de que por más que votemos, las cosas no van a cambiar (claro, si los candidatos son los mismos, qué cambio va a haber). Y esto es, a su vez, consecuencia del sistema binominal al que nos dejó amarrados el dictador, donde la mayoría se encontraba sometida a la minoría, toda vez que resultaban electos uno y uno (uno de derecha y uno de izquierda). Y como hoy sabemos todo lo que sabemos producto de los escándalos, entendemos por qué no fue posible avanzar en perfeccionar la Democracia durante todos estos años: ellos (los políticos), estaban distraídos haciendo plata…

El camino para salir de este atolladero electoral no es otro que la Educación (con mayúscula, igual que la Democracia). Esto es lo mismo que la ecología, la higiene, los hábitos, etc., donde se incorpora a la cultura individual la importancia de respetar, por ejemplo, el medio ambiente. Hace 30 años la mirada ambiental era diferente a la que tenemos hoy; hace 40 años la gente fumaba en cualquier parte, incluso en el auto con los niños adentro. Hoy eso no ocurre ¿por qué? Por la Educación. Me imagino, Mario, quizá pretenciosamente, que en este punto piensas que pueden ser acertados los ejemplos que doy, pero que la Educación en torno a esos temas surtió efecto luego de años de machacar la importancia de lavarse las manos, en circunstancias que resulta urgente que la ciudadanía participe en las elecciones, en aras de la legitimidad, de las certezas y de la estabilidad. Creo firmemente que hoy tenemos que salvar este desinterés de otra manera.

Lanzo, pues, la primera piedra; te invito a este debate. Se viene una nueva constitución y sin duda habrá que discutir variados temas. Este es uno de ellos y, qué duda cabe (como diría Lagos), debemos hacerlo con tiempo.

Un abrazo.

Claudio A. Faúndez Becerra, Abogado

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Carta de Mario Waissbluth

12 mayo 2016

“Mi propuesta de voto obligatorio se inscribe en un contexto sistémico mucho mayor. Creo que, si los ciudadanos comenzamos a presionar por este conjunto de reformas, tenemos maneras de recuperar la confianza en Chile. Pero esto exige participación ciudadana a todo nivel, y no sólo en cabildos (donde la participación ha sido minúscula). Requiere participar en lo cotidiano, en ONGs y actividades comunitarias, requiere incorporarse a nuevos y viejos partidos y pelear estas propuestas desde la base. Y requiere ir a votar… aunque sea nulo para dar señales efectivas.”

Estimado Claudio:

Agradezco tus conceptos sobre “Tejado de Vidrio: Cómo recuperar la confianza en Chile”. Destaco el subtítulo porque este tiene mucho que ver con mi respuesta a tu planteamiento.

No cabe duda, y así lo expongo en el ensayo, que el desprestigio de la clase política está en su peor momento desde que recuperamos la democracia. El desprestigio del Congreso ha llegado a límites extremos.

​Según la reciente encuesta CERC Mori, el ex Presidente Piñera aparece como el político con más futuro con ​apenas ​un 14%. Detrás figura Marco Enríquez-Ominami, con un 13%.​ ​En tercera posición sigue el ex Presidente Lagos, con un 9%, mientras que cierran el top five, los diputados Boric y Jackson, ambos con un 8%. Estos últimos dos no tienen edad suficiente para ser candidatos (lamentablemente). Como puede verse,​ el ganado está flaco​, cuestionado por muchos, y añejo​.​ ​Ninguno de los políticos de, digamos, 40 a 60 años, que está en el Congreso o el gobierno despierta entusiasmo ni confianza.
Por otro lado, Chile es el país de América Latina (según Latinobarómetro 2015) que tiene la menor participación electoral y la mayor caída en participación de los últimos 20 años.

​ ​En este contexto, el planteamiento que hago sobre voto obligatorio no puede verse desconectado del resto de las propuestas del ensayo:

La primera es sanear un sistema de partidos políticos que ya está esencialmente corrupto, en el sentido de tener caciques cuyo norte principal es seguir agarrados al poder, sin propuestas ni visiones de futuro​, y que han destruido deliberadamente el que debiera ser el principal canal de participación ciudadana: la democracia interna al interior de sus partidos, desde la base. Es más, los viejos dinosaurios degollaron a la generación de recambio y a los nuevos liderazgos regionales, para evitarse competencia.

También planteo en el ensayo indispensables reformas al Código Penal, que sancionen efectivamente los robos de cuello y corbata, para terminar con el hecho de que en Chile es más fácil ir a la cárcel por robar una gallina que por coludirse, usar información privilegiada, abusar del consumidor masivamente, cohechar o corromper con costos de cientos de millones de dólares para los ciudadanos.

Otras reformas que propongo, en este planteamiento sistémico, incluyen algunos cambios constitucionales indispensables y urgentes (como régimen semi-parlamentario y descentralización efectiva); reformas clave del estado; una nueva oleada de reformas educativas que lleguen efectivamente al aula; y propuestas de largo plazo para un desarrollo económico más visionario y sustentable.

En fin, mi propuesta de voto obligatorio se inscribe en un contexto sistémico mucho mayor. Creo que, si los ciudadanos comenzamos a presionar por este conjunto de reformas, tenemos maneras de recuperar la confianza en Chile. Pero esto exige participación ciudadana a todo nivel, y no sólo en cabildos (donde la participación ha sido minúscula). Requiere participar en lo cotidiano, en ONGs y actividades comunitarias, requiere incorporarse a nuevos y viejos partidos y pelear estas propuestas desde la base. Y requiere ir a votar… aunque sea nulo para dar señales efectivas.

Si más adelante logramos recuperar verdaderamente la democracia, si tenemos un país que disminuye sus niveles de crispación y desconfianza, con un sistema de partidos verdaderamente democratizado, no tendré ningún problema en que tengamos voto voluntario. Por ahora, creo urgente salir de esta pendiente del “no estoy ni ahí” que no nos va a llevar a ninguna parte, o más bien, nos va a llevar por el despeñadero. Desde que escribí este ensayo a hoy, mi preocupación se ha acrecentado.

Saludos cordiales y te agradezco el debate. Ojalá haya muchos más debates de esta naturaleza

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Carta de Claudio Faúndez Becerra

17 mayo 2016

“Si la oferta electoral sigue siendo la misma, no hay posibilidad alguna de entusiasmar a un electorado que, hoy por hoy, accede a abundante información. Además, la vuelta al voto obligatorio implica un dilema no menor, puesto que los que redactarán y aprobarán el texto legal correspondiente serán los que hoy están cuestionados, y ya sabemos cómo redactan las leyes…”

Estimado Mario:

Agradezco tu respuesta a mi primera carta invitándote a debatir. Parto haciendo un mea culpa: “Tejado de Vidrio. Cómo recuperar la confianza en Chile”; las propuestas contenidas a lo largo de tu excelente libro están estrechamente vinculadas y es necesario hacer la cita como corresponde.

Asumida la culpa entonces, debo decir que no logro apreciar la necesidad de restablecer el voto obligatorio para que tus propuestas puedan tener éxito. Al contrario, estimo que el hecho de volver al voto obligatorio no será bien acogido por la ciudadanía. No cuento con datos precisos al respecto, pero el 13 de mayo veo que la encuesta Adimark indica que el porcentaje de personas interesadas en participar del proceso constituyente supera el 60%. Es decir, la ciudadanía quiere participar, por lo menos en un porcentaje relevante.

Entonces, creo yo, debemos avocarnos a develar la razón de la evidente baja de participación en las elecciones de nuestro país (aunque es un fenómeno que se da en varios países). No me cabe duda que la razón se encuentra en lo que ambos mencionamos en nuestras primeras cartas: la desconfianza en los personajes que hoy participan de la vida política. Si la oferta electoral sigue siendo la misma, no hay posibilidad alguna de entusiasmar a un electorado que, hoy por hoy, accede a abundante información. Además, la vuelta al voto obligatorio implica un dilema no menor, puesto que los que redactarán y aprobarán el texto legal correspondiente serán los que hoy están cuestionados, y ya sabemos cómo redactan las leyes… A esto se debe agregar que los incumbentes interesados en volver al voto obligatorio, al aprobar el voto voluntario incurrieron en un error de cálculo, puesto que no creyeron que los niveles de participación bajarían de manera tan ostensible. Y recuerda, estimado Mario, que por cada voto existe un reembolso en dinero; es decir, por parte de los incumbentes interesados en restablecer el voto obligatorio hay un interés económico evidente.

Entonces, el dilema está en entusiasmar al electorado para que asista a votar ¿Cómo? Como dije antes, la ciudadanía está interesada en participar, pero no está interesada en votar por los mismos. Notable es el interés despertado por las propuestas de Boric y Jackson, a las que habría que agregar las de Waissbluth… El punto está en que los ciudadanos no le creen a los que ya están por las razones que todos conocemos. Estoy seguro que es este factor el que incide de manera determinante. Si los candidatos vuelven a ser los mismos, al amparo de los partidos que ya conocemos y respecto de los cuales ya se saben las prácticas que han desarrollado a través de los años para enriquecerse, el porcentaje de votantes seguirá siendo bajo. Agreguemos a esto el discurso que se viene venir si se restablece el voto obligatorio y más del 90% acude a votar: “el porcentaje de participación ciudadana nos legitima…”

Me resisto a la obligatoriedad; me produce un sentimiento de rebeldía ¿Para qué me obligan a votar? – se pregunta cada persona mayor de 18 años en Chile. ¿No es esta una democracia donde las libertades se deben poder ejercer conforme las creencias particulares de cada uno? ¿Y si no creo en la oferta que se me ha venido haciendo durante más de 25 años?

Animémonos, estimado Mario, a que nuestra Democracia se fortalezca. Animémonos a que los proyectos sean colectivos; entusiasmemos a la ciudadanía; tengo la convicción de que las personas están más interesadas de lo que parece. Y están interesadas en un cambio, quieren un proyecto viable, pacífico y colectivo. Y, por cierto, democrático. Un abrazo.

 

3 Comentarios

  1. Estoy en total desacuerdo con aquellos que plantaen la reposición del voto obligatorio.
    Creo, en cambio, que lo que debe desarrollar el Estado es la mejora en el proceso electoral, permitiendo, por ejemplo, el voto electrónico. En un país como el nuestro, en el cual existe un número identificador único (el Rol Único Nacional), dicho sistema no es difícil de instalar.
    Saludos cordiales.

  2. Dos normas que jamás debieron ser patrocinadas y aprobadas: el voto voluntario y la extensión de período presidencial. Respecto al primero, cada vez que un presidente sea elegido, la oposición lo acusará de falta de legitimidad por la baja participación en las elecciones. La participación en las elecciones se irá haciendo cada más exigua. Con respecto al periodo presidencial lo práctico es un período único de seis años o uno de cuatro con posibilidad de reelección.

  3. No se puede reponer el voto obilgatorio cuando existe una crisis de legitimidad, y la casta política es corrupta y protectora del actual modelo, mientras no haya una Carta Magna generada desde la ciudadanía, es decir de una Asamblea Constituyente y que termine con las desigualdades e injusticias. Lo que existe ahora es una farsa de cabildos y procesos constituyente que no tiene ningún efecto vinculante y que finalmente son los desacreditados parlamentarios los que moldearán la constitución amañada a sus intereses mezquinos. Si se repone el voto obligatorio las organizaciones llamarán a anular el voto decisión a la cual me sumaré para no legitimar el modelo político, económico y social.

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