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Premisas sobre educación superior

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Mauricio Rifo

Analista económico y filosófico político, Universidad de Barcelona

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José Joaquín Brunner

Doctor en sociología, profesor titular e investigador de la Universidad Diego Portales

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Carta de Mauricio Rifo

28 julio 2016

“A pesar de esto sorprende que argumentes y te sumes a la supuesta imposibilidad de la gratuidad universal bajo las banderas de la austeridad cuando a través del análisis del Crédito con Aval del Estado (CAE) se establece que el gasto que realiza el Estado en la mantención de este crédito se expande desde el 2006 en que este representaba un 2,4 % del presupuesto de la partida de educación superior y hoy ya supera el 35 % con un gasto de $610.087 millones.”

José Joaquín Brunner:

En el último tiempo, en columnas e intervenciones públicas, hemos leído y escuchado que cuestionas, al menos, tres ideas en educación superior: (1) financiamiento gratuito universal, (2) universidad estatal y (3) gobierno universitario colegiado.

Para la crítica a la gratuidad universal argumentas desde una visión de las tendencias mundiales en los sistemas de educación y otra desde la situación económica nacional. Para las tendencias mundiales estableces que se dirigen a un financiamiento de mayor presencia privada, pero al mismo tiempo se condicionan los recursos públicos que reciben. Por su parte, para la situación económica nacional has oscilado entre posiciones normativas o de regresividad en la política pública para terminar con un argumento presupuestario de inviabilidad por la situación económica de país y los recursos que se necesitan no solo para aranceles sino también para investigación, extensión, etc. Siendo tu propuesta final cambiar de prioridad e invertir en educación pre-escolar.

Por ende, la carga fiscal que representa una expansión “masiva” y con dirección “universal” de las universidades contemporáneas no sería posible de sostener debido al mercado mundial de competencia educativa y económica, como tampoco deseable debido a que la desigualdad se produce en los primeros años de escolaridad.

Para la crítica a la universidad estatal sostienes que su trayectoria ha devenido en un vaciamiento burocrático y utilitarista. Lo burocrático lo asocias a una trayectoria histórica de imbricación trágica con el estado-nación que desvirtuó lo público y lo utilitarista seria un comportamiento oportunista de la universidad estatal para obtener beneficios fiscales. Estas situaciones, estarían en contra de lo que planteas como el nuevo desafío del mundo universitario: la universidad emprendedora.

Y para la crítica al gobierno universitario colegiado estableces que la eficiencia y la calidad que necesita la competencia universitaria contemporánea superaron la posibilidad de un “buen” gobierno universitario sometido a los intereses de sus diversos miembros. Es más bien la necesidad de externalizar las decisiones de gobierno un imperativo para impactar en la eficiencia y la calidad, ya que la universidad emprendedora necesita financiarse e invertir sus ganancias con el fin de ser realmente competitiva.

Pues bien, ¿cuál es el problema con tus ideas en estas materias?

Si bien es bastante más extensa la argumentación necesaria para rebatir cada una de estas posiciones es posible establecer, como panorámica general, que tu proyecto intelectual se sustenta en presunciones de “sistemas” que comienzan a “hacer aguas”.

Como bien conoces y promueves, en las últimas décadas ha reinado el discurso y las investigaciones que apuntan a demostrar el rol central del conocimiento en la economía (Temple, 2014). En este sentido, se ha promovido masivamente el aparente impacto superlativo del desarrollo tecnológico reciente de la revolución digital y su relación en la formación de trabajadores/as altamente especializados, el capital humano avanzado, como un eje central en el crecimiento económico y en el desarrollo de una mayor productividad general (World Bank, 2007). Sin embargo, de acuerdo a las cifras de subempleo y productividad mundial, la promesa de una economía centrada en el conocimiento no es real (Gordon, 2016). En el caso chileno, los trabajadores/as que se desempeñan efectivamente como profesionales o técnicos es de un 37,2%, o sea menos de 4 por cada 10 (Páez, 2013).

En este marco, e incluso sin cuestionar las altas tasas de ganancias empresariales y el endeudamiento de la población juvenil sujeta a educación superior, la promesa de una tendencia mundial de sistemas universitarios altamente especializados o de especialización focalizada, como propones para américa latina, no tiene un sustento productivo real más que el fomentar la “industria” del marketing. Por lo tanto, la creación o mantención de más entidades estatales o privadas bajo estas lógicas de funcionamiento de mercados subsidiados no presentarán resultados productivos ni contribuirán al fortalecimiento investigativo de las universidades.

Así, sobre todo para el caso chileno, el fomento de una política pública universal de gratuidad incorpora, contra lo que comúnmente se dice y como lo ha realizado este gobierno, un punto de racionalización en el conjunto de instituciones de educación superior, en la creación de carreras profesionales y técnicas y en la posibilidad de constituir, realmente, patrimonio personal debido a la posibilidad de emprender proyectos de vida sin la carga de endeudamiento actual.  Este punto de inicio es fundamental para ir realizando reformas en las áreas específicas de la educación superior.

A esta bancarrota de la economía del conocimiento, se suma el argumento de “ausencia de recursos” que es una bofetada a toda la construcción histórica de políticas públicas en el mundo. Como es de sentido común en cualquier parte del mundo, la construcción de políticas públicas se construye estableciendo el objetivo que se persigue para luego construir un modelo de financiamiento que le de sustentabilidad, pero no es primero el modelo de financiamiento y luego el objetivo de política pública. Formas de compresión de este tipo son llamadas en todo el mundo políticas de austeridad, sustentadas por la equivocada teórica economía contemporánea de los equilibrios macroeconómicos que conocemos muy bien en Chile.

A pesar de esto sorprende que argumentes y te sumes a la supuesta imposibilidad de la gratuidad universal bajo las banderas de la austeridad cuando a través del análisis del Crédito con Aval del Estado (CAE) se establece que el gasto que realiza el Estado en la mantención de este crédito se expande desde el 2006 en que este representaba un 2,4 % del presupuesto de la partida de educación superior y hoy ya supera el 35 % con un gasto de $610.087 millones.

En este escenario es necesario y urgente, desde el Estado, comenzar a financiar un programa de gratuidad en educación redirigiendo los exorbitantes fondos que se destinan a bancos como Scotiabank, Corpbanca, Estado, Itaú y BCI y el conjunto de recursos indirectos con el fin de dotar racionalidad a un conjunto de instituciones de educación superior que no pueden ser “reparadas por partes”, como propones, sin cuestionar su lógica de funcionamiento.

De esta forma el argumento de escasez de recursos, como el de fomentar la desigualdad con la gratuidad, se transforma en una excusa para preservar la correa transmisora de fondos estatales para empresarios y banqueros vinculados a la educación y no hacerse cargo del problema productivo nacional, de la constitución patrimonial de los chilenos y de la formación educativa de especialización.

En cuanto a la trayectoria de la universidad estatal, realizas una interpretación ontogénica de la histórica. Este tipo de interpretación, muy recurrente en la sociología educativa contemporánea que prácticas, realiza una homologación del desarrollo biológico a las instituciones humanas. Por ende, toda institución humana tendría una fecundación, una activación y un específico proceso de embriogénesis.

Lo principal de esta visión es que naturaliza las condiciones históricas presentándolas como resultados de un desarrollo evolutivo. De ahí que tú, junto a Martin Trow y otros, comprendan que la masificación de la educación superior es parte de una trayectoria casi filogenética. Lo que resulta confuso, por su condición opuesta, desde tus estudios cercanos al campo de la cultural y la construcción de hegemonías.

Lo cierto es que la constitución de las universidades es más compleja que la identificación de “modelos” o de trayectorias evolutivas. En este sentido, el desarrollo de las universidades estatales es el resultado de una trayectoria específica en cada país. Sin embargo, si es por establecer una dinámica constitutiva del sector universitario estatal nacional, urge decir que este, por su condición de institución republicana, es sometido al uso e inclusión paulatina de sectores sociales diversos de la población a lo largo de la historia y cuya reacción a este proceso de ampliación educativa universitaria es la constitución de un sector privado católico y de élites regionales, que bajo diversos matices operó como un actor menor en el diseño general de la educación superior chilena.

En la historia chilena pre 1973, la educación privada, aunque se haya disfrazado de libertad de enseñanza o como un conflicto regional, es una reacción de “cercamiento” ante la amplitud sostenida que otorgan las diversas instituciones republicanas sometidas a la presión de los movimientos populares que no solo buscan el derecho a la educación, sino también la libertad de reunión, el voto universal, la seguridad social, la salud pública, la vivienda y todas las condiciones de bienestar político y económico que una interpretación falseada de historia política a establecido como “liberales”.

Otro tema es el carácter de la amplitud estatal en educación o las condiciones del mismo, que, como suele suceder, pueden ser desnaturalizadas por los defensores de los mercados “libres abstractos” o de “competencias económicas” pero bajo regímenes monopólicos. Es precisamente esto lo que ocurrió tras las transformaciones ocurridas bajo el régimen cívico-militar y la rápida ofensiva del capital a nivel mundial tras el fin de la guerra fría.

Es así que, durante la dictadura chilena, como tú mismo determinaste por 1982, se impuso una forma específica de mercado en educación con el objetivo de disciplinar, principalmente, a la universidad estatal. Este “disciplinamiento de mercado” se enfocó precisamente en su crecimiento (sedes y acceso) y el aumento de financiamiento. Esta transformación, como sabes mejor que yo, no se dio bajo acabados estudios empíricos sino como una política antojadiza (innovadora le llaman ahora) que iba a contrapelo de todo lo que se hacía en el mundo. Por motivos como estos, resulta bastante extraño que ahora defiendas el “modelo chileno” ante las tendencias mundiales de financiamiento y el crecimiento del sector privado en educación.

Por lo tanto, este desdibujamiento (público-privado) que planteas no es un resultado “natural” o el más “eficiente” del desarrollo de la universidad, sino la imposición de un saqueo de fondos públicos a través de la privatización de la universidad estatal y un ataque a la producción de conocimiento con la promoción masiva de instituciones privadas. Es precisamente por este motivo que bien poco importa la participación colegiada en el gobierno de la universidad cuando lo que importa es hacer buenos negocios.

De esta forma, el proyecto intelectual que propones y su consiguiente modelo de universidad emprendedora tiene muy poco espacio de sobrevida respecto a una “sistema-mercado” global de universidades desacopladas de sus mercados laborales y expandiéndose desde profundas fuerzas de frustración juvenil que no auguran una transición no traumática de “recambio” de la dirección moral e intelectual de la sociedad chilena.

Tal vez, the winter is coming José Joaquín.

 

Mauricio Rifo

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