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Por un Ministerio de Ciencia y Tecnología

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Claudio Toro

Director, Centro de Investigación de Polímeros Avanzados (CIPA)

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Gonzalo Rivas

Presidente, CNID

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Carta de Claudio Toro

01 julio 2015

Estimado Gonzalo Rivas:

Para todos quienes trabajamos por el desarrollo científico de nuestro país, fue un agrado oír que existía al fin voluntad de parte de un Gobierno para institucionalizar aquello que creemos debía estar instaurado hace años.

La creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología será para Chile un paso agigantado en materia de innovación y desarrollo. Sabemos que para impulsarlo la presidenta constituyó la Comisión “Ciencia para el Desarrollo de Chile”, cuyo consejo usted preside.

Si bien en un inicio fuimos muchos quienes criticamos la poca inclusión de representantes regionales, hoy me gustaría valorar las instancias que nos han permitido estar presentes, en mi caso desde el Biobío, mediante encuentros como el que recientemente se desarrolló en la Universidad de Concepción.

En la oportunidad pude apreciar los tres ejes que están desarrollando. El primero de ellos aborda la institucionalidad de la ciencia, que esperamos sea resuelta con la creación de un Ministerio.

Plantearon también la idea de potenciar la formación de capital humano. Pese a que coincido plenamente con que esta es una necesidad, veo prematuro que se piense en formar a 3 mil doctores en quince años, considerando que la inserción actual tiene mucho camino que recorrer. Creo que antes de enfocarse en cifras auspiciosas, se debería estudiar la realidad que viven actualmente las universidades, los centros tecnológicos y la empresa, y evaluar cómo y bajo qué condiciones, podrían adoptar como propio este desafío.

Hoy en día hay muchos doctores recién formados que se encuentran en busca de trabajo, a la espera del próximo llamado a concurso de Conicyt o trabajando como “postdoc” en universidades chilenas, sin posibilidades de ser contratados en dichas instituciones, principalmente porque la inserción está estrechamente relacionada con la docencia y mientras no pensemos en formar “capital humano avanzado”, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas, estos doctores bailarán “el baile de los que sobran”.

Por último —y es la razón por la que le escribo—, plantearon un tercer eje de “valoración de la ciencia”. Pese a que me parece uno de los aspectos más relevantes, pienso que el enfoque que pretenden darle es débil. Concuerdo con que es importante difundir la ciencia a la comunidad, pero, para mí, esta divulgación debiese estar totalmente fundada en el impacto que genere. La ciencia debe sí o sí beneficiar a la comunidad, y si bien estamos claros en que desarrollar conocimiento fundamental es vital, un nuevo Ministerio debería cautelar que gran parte de los esfuerzos que se hacen financiando investigación se manifiesten en soluciones a problemáticas y generen con ello bienestar. Esa es la mejor difusión.

En el Biobío, por ejemplo, la actividad agrícola y forestal de menor tamaño enfrenta serios problemas, debido a diversos factores: cambio climático, falta de recursos hídricos, malas prácticas, grandes extensiones de terreno dedicadas a monocultivos, uso indiscriminado de fertilizantes químicos, microdivisión predial, resistencia a la innovación, falta de acceso logístico, heterogeneidad de criterios en agencias que entregan recursos de apoyo, entre otros. Esto trae como consecuencia que numerosas producciones no se cosechen por falta de precios, que su calidad sea baja, que los jóvenes no encuentren sustento en el campo, y por lo tanto, que parte importante de las actividades ligadas al desarrollo de pequeñas comunidades ya no se lleven a cabo, con las consecuencias que ello implica.

Coincido en que es importante informar a la comunidad sobre estos riesgos, pero me pregunto con qué enfoque debemos hacerlo. A mi juicio, esta difusión debe ir directamente ligada a soluciones que el “capital humano avanzado” debe proveer y monitorear, las cuales, muchas veces, no requieren de desarrollo científico, sino que de conocimiento y articulación con los actores involucrados. Tenemos capacidades y recursos, ¿por qué no usarlos como armas para enfrentar esta crisis?

Extrañé esa discusión en la mesa de conversación que pude presenciar en su visita a Concepción, la cual me parece vital para lograr la valoración de la ciencia, y espero que haya sido un común denominador en el resto del país. Probablemente, el camino inicial es determinar qué temáticas debemos enfrentar con ciencia y cómo distribuimos las responsabilidades. Mi percepción es que, bajo el planteamiento actual, la ciencia no conversa con las comunidades ni con su entorno, por lo que la pertinencia la seguirán determinando los “expertos”.

Nuestro país tiene las capacidades para hacer algo más. Estoy convencido que así como muchos intentamos diariamente, hay otros centros buscando, de acuerdo a sus realidades, provocar este impacto que mejore la calidad de vida de sus comunidades. Sugiero dar una mirada al modelo de centros regionales, creados en el marco del Programa Regional de Conicyt.

Sé que está la voluntad de generar cambios que promuevan el desarrollo científico, soy un fiel seguidor de esta idea. No obstante, veo débil la valorización de la ciencia y la diseminación de la investigación, en una propuesta que por estos días es una luz de esperanza en nuestro camino.

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Carta de Gonzalo Rivas

03 julio 2015

Estimado Claudio:

Muchas gracias por su interés en animar un debate que también considero crucial para el país. Aun cuando centra su comentario en el tema de la valorización de la ciencia, también menciona el tema de la formación e inserción de investigadores, planteando dudas relevantes sobre el sentido de promover un incremento sustantivo en esta área. Quisiera partir por este último tema.

Chile hoy posee cerca de 0,9 investigadores (en jornadas completas equivalentes) por cada mil ocupados. El promedio de la OECD es superior a 7. No hay país en el mundo que piense en desarrollarse sin disponer de capital humano avanzado, pues finalmente las innovaciones y la utilización del conocimiento para resolver problemas o aprovechar oportunidades son realizadas por personas.

La Comisión Presidencial ha considerado que lograremos poco incrementando recursos para innovación o desarrollo científico y tecnológico, si no disponemos de una amplia cantidad de personas que desarrollen estas actividades con excelencia. Ahora bien, para aumentar de manera significativa la cantidad de investigadores activos, necesitamos trabajar tanto a nivel de formación como de inserción del capital humano avanzado.

De esta forma, la propuesta que estamos elaborando propone tener como una de las metas prioritarias de la política de CTI, para los próximos quince años, triplicar el nivel actual de investigadores por mil ocupados: pasar de 0,9 a 2,7. Para ello, se requieren programas que aseguren la incorporación de investigadores no sólo en universidades, sino también en empresas, centros de investigación, institutos tecnológicos (reforzando los actuales y creando nuevos) y el propio sector público.

Formación e inserción constituyen una tarea desafiante, pero no imposible. Países como Turquía o Estonia lo han logrado en plazos similares a los que nos planteamos.
En cuanto a la valorización de la ciencia, con justa razón usted indica que uno de los principales retos es mostrar el aporte de esta a solucionar los problemas que enfrentan las personas en su quehacer cotidiano. Una de nuestra líneas de trabajo es precisamente esa y no en vano la Comisión se llama Ciencia para el Desarrollo.

Sin perjuicio de lo anterior, creo relevante identificar algunos de los retos particulares que enfrenta el traducir este predicamento a la práctica. En primer lugar, no siempre los científicos perciben adecuadamente los problemas reales de las personas en sus actividades. Varios estudios documentan la dificultad para orientar la investigación científica a resolver problemas de la pequeña agricultura, en razón de que los investigadores suelen concentrar su mirada en los ámbitos que ellos conocen y no incorporan las dimensiones de racionalidad propias de los productores.

Asimismo, el intercambio se ve afectado por las limitaciones de los usuarios para expresar con claridad sus demandas (hoy hay una rama de investigación que se ocupa de identificar mejor las necesidades de los usuarios en el campo de la innovación social). En segundo lugar, es importante tener en cuenta que no todo lo que funciona a nivel de laboratorio lo hace luego en escala productiva o terreno. De ahí la importancia de acompañar los esfuerzos desplegados al nivel de la ciencia con capacidades de desarrollo y transferencia tecnológica, las cuales, en preciso reconocer, son muy débiles en Chile. Este es un proceso que requiere de una estrecha colaboración entre las partes involucradas de forma que sus resultados sean pertinentes al desarrollo que buscamos.

Sabemos que este desafío es complejo y para enfrentarlo es imprescindible una dinámica estable de relación permanente entre los diferentes actores. Por lo mismo, me gustaría que avanzáramos en esta línea de reflexión y compartiera cómo ve que se puede impulsar una nueva forma de vincular el conocimiento científico y tecnológico con las necesidades de las personas y los territorios. Tal como señala en su carta, cómo “determinar qué temáticas debemos enfrentar con ciencia y cómo distribuimos responsabilidades”.

Cordialmente,

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Carta de Claudio Toro

07 julio 2015

Estimado Gonzalo:

Agradezco también su respuesta. La ciencia para el desarrollo es parte de nuestro ADN y sabemos que no es un desafío fácil, dada la heterogeneidad de criterios existentes en relación con el alcance y la pertinencia del trabajo de nuestros científicos.

En primer lugar me gustaría abordar el tema de la formación e inserción de investigadores, que tangencialmente se ha integrado al debate, por lo cual creo necesario comentar al respecto. Ciertamente, disponer de capital humano avanzado (yo diría especializado) implica una mayor capacidad para resolver problemas o aprovechar oportunidades en beneficio del desarrollo de las comunidades en diversas materias. Asimismo, considero de gran valor una propuesta que persiga incrementar el número de investigadores con el objetivo de incrementar también el nivel de masa crítica. Mi preocupación apunta a la necesidad de cautelar en el diseño: dónde albergamos y cómo posteriormente gestionamos el conocimiento de esta nueva masa crítica. En ese sentido me anima mucho su respuesta en cuanto al interés de potenciar además la inserción en empresas, centros de investigación, institutos tecnológicos y el sector público. Sin embargo, en este punto, a mi modo de ver, es donde se encienden las primeras alertas y creo necesario revisar el rol, la gobernanza y cómo se distribuyen en los territorios de nuestro país estas instituciones, y de igual forma exigirles indicadores de real impacto sobre las comunidades a las que pertenecen. En relación a la inserción de capital humano en el sector público, este me parece absolutamente necesario y vital también para fortalecer la nueva institucionalidad de la ciencia en Chile. Si nos preocupamos de esto, estoy convencido de que el capital humano avanzado será un aporte al desarrollo de nuestro país.

En relación con la valoración de la ciencia, sin duda concuerdo con su análisis, es una realidad que vivimos diariamente. Las dimensiones de los problemas y la perspectiva desde dónde se enfrentan son diversas y complejas. En este sentido, doy especial énfasis a su comentario que alude a “la importancia de acompañar los esfuerzos desplegados al nivel de la ciencia con capacidades de desarrollo y transferencia tecnológica”, contexto en el cual quisiera referirme especialmente a los centros de investigación e institutos tecnológicos.

En Chile tenemos una amplia variedad de centros del conocimiento, cada uno con diversos objetivos. Algunos con pertinencia territorial, otros creados para el fortalecimiento de capacidades en investigación, otros motivados por la potencialidad del desarrollo de áreas prioritarias y, últimamente, con el fin de incrementar nuestras capacidades a nivel país, se ha apoyado la atracción de Centros de Excelencia Internacional, algo bastante peculiar, dado que la mayoría de los centros creados en Chile aún no tiene financiamiento permanente.

Debido a esta heterogeneidad de centros, el modelo de trabajo de dichas instituciones es “diverso y complejo”, y en este sentido es preciso revisar la gobernanza y las capacidades disponibles de estos, elementos clave para asignar roles en el marco de un gran objetivo: la ciencia para el desarrollo. Por lo tanto, sugiero centrar la atención en hacer una definición menos compleja de los centros del conocimiento, algunos deberán enfocarse en desarrollo de conocimiento y otros en aplicarlo, atendiendo a las necesidades del país y, por supuesto, en el equilibrio que se requiera.

Personalmente, creo que hoy en día la balanza se inclina peligrosamente en buscar excelencia y no pertinencia. Esto se traduce en un punto que usted mismo señala: “los investigadores no perciben adecuadamente los problemas reales de las personas”, pero yo creo que es más grave al revés, las personas no perciben lo que hacen los investigadores (valoración de la ciencia), porque todo su trabajo se referencia en medios poco accesibles, y en el formato de un centro que busca la excelencia habitualmente no se contempla fortalecer equipos de gestión del conocimiento. Algunos sustentan estas labores en OTLs insertas en las universidades, donde la transferencia suele enfocarse en el licenciamiento, muy lejano aún de las personas y los territorios.

Creo que el camino que nos llevará a vincular el conocimiento con las personas y los territorios se ha de sustentar en el fortalecimiento de equipos de gestión del conocimiento, y no me refiero a crear más OTLs y Hub, sino que a integrar a los profesionales que formamos en nuestro país en este proceso. Hacerlos parte de las instituciones de investigación e incentivarlos a mantener estrecho contacto con sectores productivos y sociales, incentivarlos a transferir conocimiento en formatos sencillos a través de la observación permanente del trabajo de investigadores, aludiendo a mi carta anterior, “no todo se debe enfrentar con ciencia”. La integración de estos profesionales nos permitirá precisamente discriminar para poner los énfasis científicos que hagan falta y con una retroalimentación constante, abriendo además espacios para la innovación y el emprendimiento. Lo señalado implica acciones coordinadas y permanentes que ciertamente madurarán en su ejercicio. Si bien actualmente existen algunas iniciativas que tangencialmente cumplen con lo señalado, son puntuales y carecen de proyección futura.

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Carta de Gonzalo Rivas

14 julio 2015

Estimado Claudio:

Ya cerca de la fecha de entrega de la propuesta de la Comisión Ciencia para el Desarrollo de Chile, puedo compartir que el tema de los investigadores, desde su formación hasta su inserción en el sistema de innovación, es uno de los puntos centrales de la propuesta de la Comisión. Sin personas debidamente formadas e insertas en el medio nacional, no es posible avanzar.

Estamos conscientes de que expandir las capacidades en materia de capital humano —no sólo en las universidades o centros de investigación, sino también en el sector público y en las empresas— permite generar un mayor flujo de conocimiento cuya aplicación puede trascender los límites tradicionales, permeando hacia el sector productivo, las políticas públicas y el bienestar de la población, sólo por nombrar algunos ejemplos.

El desafio de formar estas capacidades y atraerlas a los distintos sectores no es sencillo, por eso tiene que haber un convencimiento profundo de los actores involucrados (empresarios, ministros, agencias, líderes políticos, etc.) en que aumentar las capacidades en CTI es un deber inpostergable para el país. De esta forma, la Comisión plantea no sólo aumentar la cantidad de investigadores, sino además propiciar el trabajo asociativo y multidisciplinario, focalizando parte de los esfuerzos en áreas de interés para el desarrollo nacional. Es decir, excelencia con pertinencia.

En relación con la valoración de la ciencia, y con la situación que plantea en torno a los centros de investigación e institutos tecnológicos, estamos conscientes de la diversidad de centros de I+D, innovación, extensionismo, etc., con financiamiento público, distintos modelos de financiamiento y gobernanza, así como diferentes objetivos.

Hoy en día estos centros son financiados por agencias alojadas en diferentes ministerios y no existe un órgano que coordine todos estos esfuerzos hacia una estrategia en ciencia, tecnología e innovación con una visión de país. De ahí que se plantee la necesidad de articular este tipo de programas para alinear lo que ya tenemos y lo que vamos a tener hacia una visión común. En esta línea, la propuesta de la Comisión pone especial énfasis en potenciar el desarrollo de las regiones y los territorios a partir de la CTI, fortaleciendo las capacidades locales —personales, institucionales y productivas— considerando sus condiciones y necesidades propias.

En este esfuerzo, coincidimos en que es necesario generar una cultura en CTI que empape a todos los ciudadanos, que les permita comprender, valorar, participar y apropiarse de la ciencia y la tecnología. Esta tarea es de todos y, por supuesto, los científicos deben ser promotores de esta cultura en la población, por ejemplo, generando instancias en las cuales la ciudadanía pueda encantarse con la ciencia. En esta misma línea, también es necesario fortalecer los espacios de diálogo entre los distintos sectores y actores del sistema, generando las capacidades para “traducir” la CTI desde un lenguaje técnico a uno más práctico, que pueda ser comprendido por todos.

Es por esto que la Comisión plantea la necesidad de construir una institucionalidad fuerte, tanto organizativa como normativa, que fomente y guíe su accionar desde una visión y apuesta comprometidas con el futuro, lo que debiera traducirse en una política de Estado ordenada, estable y clara, ampliamente respaldada, y en diálogo permanente con los distintos servicios públicos y privados del país y la ciudadanía, permitiendo la articulación de esfuerzos, la mirada sistémica y la gestión de la complejidad que los desafíos de hoy reclaman.

Cordialmente,

2 Comentarios

  1. La dicotomía de si la ciencia debe ser utilitaria a la sociedad resolviendo problemas actuales o si debe dedicarse a resolver problemas fundamentales de la comprensión del medio ha existido siempre, pero en un ámbito usualmente superficial. La verdad es que hace mucho que se comprende que se debe tender a una combinación de ambas perspectivas, siendo concientes de las externalidades positivas de los esfuerzos de todo tipo que hace el científico. Sería bueno, para empezar la discusión, clarificar qué es lo que se entiende por ciencia (parece que hay alguna confusión de los foristas) y qué es lo que se espera de ella.

  2. Muy interesante. A Chile le hace mucha falta; debemos articular este tema desde la primera infancia a través de varios programas de asignaturas de ciencias y laboratorios disponibles en las escuelas y liceos públicos (especialmente, las municipales). Comparto plenamente la incorporación de espacios laborales, de estudios e investigaciones en varas áreas doctorales en el corto plazo y en todo el país, ver y optar por regiones.

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