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Perspectivas sobre el proyecto de reforma laboral

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Jorge Riveros Sudy

Académico y coordinador, Escuelas de Formación Sindical, Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad Austral de Chile

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Bárbara Figueroa

Presidenta, Central Unitaria de Trabajadores

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Carta de Jorge Riveros Sudy

21 enero 2016

Estimada señora Figueroa:

Una de las iniciativas emblemáticas del gobierno de la presidenta Bachelet ha sido el proyecto que moderniza el sistema de relaciones laborales. Sin embargo, éste ha levantado controversia y entre los temas más polémicos de su articulado aparecen el reemplazo en huelga, la titularidad sindical, los pactos de adaptabilidad, entre otros. El ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés afirmó que se necesita una reforma equilibrada que genere relaciones justas, entre trabajadores y empleadores.

Lo anterior me remite a un fragmento del discurso del profesor Jorge Díaz Castro, Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la UACh, que el pasado 4 de julio, en la inauguración del Programa Escuela de Formación Sindical, dijo: “Desconocer la importancia que hoy representa el mundo sindical en el desarrollo de las organizaciones, sería absurdo. El significativo aporte de los sindicatos en el establecimiento de relaciones de equilibrio, fundamentales para balancear el peso de los factores capital y trabajo, es absolutamente imprescindible en una economía capitalista o de mercado. La historia nos ha enseñado que los denominados ‘logros’ de las organizaciones de trabajadores han estado siempre vinculados a determinadas realidades sociales, económicas y culturales, y por qué no decirlo, también ideológicas, considerando que lo que resulta válido y legítimo en una determinada sociedad, corresponde también a su propia concepción del mundo en un momento determinado”.

Los desafíos actuales para el mundo del trabajo son variados, partiendo por la incorporación creciente de nuevos grupos al mercado (mujeres, jóvenes, inmigrantes, etc.), con nuevas exigencias y necesidades; la profundización de conflictos sociales (cesantía, marginalidad, corrupción, etc.); el aumento de formas de empleo precario (de baja estabilidad y con escasa protección social) como los denomina habitualmente la OIT, que promueve permanentemente el “trabajo decente”; y, finalmente, el aumento de la competencia y la complejidad al interior de las empresas. Ante esta situación se debe generar una nueva cultura del trabajo (postindustrial, enfatizada en los servicios y en la calidad) con una nueva dimensión cultural para el desarrollo, donde el sindicalismo debe jugar un rol como actor de cambio, con nuevas conductas y estrategias (creando mayores espacios de negociación). Sin embargo, no existen modelos estables de referencia, lo que implica la necesidad urgente de construirlos.

El Decano Díaz Castro es claro también en este punto: “Pero si las relaciones laborales responden a ciertos patrones que se repiten, ¿cuál es el sentido o dirección que se advierte hoy en las mejores compañías? ¿Qué caracteriza las relaciones del trabajo en aquellas empresas que son elegidas como modelos de relaciones virtuosas y estimulantes para desarrollarse? La respuesta parece centrarse en enfoques colaborativos, relaciones de confianza, propósito común e involucramiento conjunto. Acá, la palabra clave es confianza de unos en otros, sin excepción. Pues bien, ¿qué sucede en nuestro país, en que estas relaciones siguen siendo escasas en el mundo empresarial? Por cierto, existen muchos problemas asociados, dado que siempre estos fenómenos son multicausales; sin embargo, Chile se encuentra hoy en una situación especial donde todas las relaciones de confianza se ven deterioradas. ¿Cómo se soluciona el problema? Solo hay una solución de fondo, duradera y profunda: se necesita ‘confiar en (restituir) la confianza’, es decir, un acto de fe en los demás. Pero el problema que ello representa es que, en una sociedad que ha roto sus parámetros de confianza, el acto generoso de volver a entregar plena confianza al otro no puede ser nuevamente quebrantada por quien es beneficiario de ella. Es decir, se requieren respuestas consistentes a la confianza entregada”.

Durante estos últimos años se han planteado varias iniciativas que apuntan a fortalecer la acción sindical (las escuelas de formación son fruto de ello), asegurando el acceso a la información y participación de los trabajadores, ampliando de este modo las posibilidades de éxito de la negociación colectiva. En la actualidad, las principales preocupaciones de los sindicatos se centran mayoritariamente en el aumento de remuneraciones y en la estabilidad laboral. En la Doctrina Social de la Iglesia este tema ha sido abordado en variadas oportunidades, prueba de ello es la siguiente cita de S.S. Juan Pablo II en la Encíclica Laborem Exercens, de 1981: “El salario justo se convierte en la verificación concreta de la justicia de todo el sistema socio-económico y de su justo funcionamiento”.

Creemos que se empieza a perfilar un nuevo tipo de sindicalismo marcado por la descentralización y diversificación de la estructura sindical, manteniendo una relativa articulación a nivel de base, de rama y a nivel nacional. Se requieren sindicatos más capacitados, más tecnificados y menos politizados. Un sindicalismo moderno y participativo que se perciba como coparticipe y cogestor de un desarrollo económico y social, equitativo y democrático y que se transforme en un importante actor nacional, con gran capacidad de trabajo y de convocatoria, modificando estilos y orientaciones tradicionales por nuevos aprendizajes. En su relación con el sector empresarial, creemos que los sindicatos deben combatir las prácticas desleales, resolviendo la falta de confianza y comunicación, y desarrollando con ello, un tipo de empresa más participativa. Esperamos que este proyecto que se ha presentado fortalezca efectivamente el Sistema de Relaciones Laborales y vaya en las direcciones que hemos señalado. La pregunta que nos gustaría dejar en la palestra es si realmente el proyecto presentado recoge estas orientaciones. Esperamos sus comentarios.

Cordialmente,

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Carta de Bárbara Figueroa

25 enero 2016

La señora Bárbara Figueroa prefirió no responder a este debate.

3 Comentarios

  1. Desde el aula es relativamente fácil opinar, es diferente estar en el zapato del trabajador abusado constantemente por buena parte del empresariado (afortunadamente, no todos). Basta de la defensa de una libertad mal entendida en que se pretende que unos pocos hagan el esfuerzo y se beneficien los que estuvieron en la galería mirando sin una gota de sudor. Las leyes deben ser equitativas y no hay equidad cuando sólo una parte tiene la sartén por el mango.

  2. Estimado: Todo lo que dice es cierto, pero falaz en el contexto de Chile. Nuestra legislación y Constitución ha malinterpretado la libertad sindical, haciéndola un especie de libertad personal individual o libertad de asociación, formar un sindicato no es lo mismo que formar un club deportivo, junta de vecinos o centro de apoderados. La forma en que los trabajadores participan de la sociedad civil es por medio de los sindicatos, no por medio de think tank, fundaciones o centros de estudios. Esta reforma dice lo obvio, que para negociar colectivamente se debe hacer a través de una organización colectiva. Lamentablemente, también reduce las atribuciones y capacidad negociadora del mismo.

  3. Para que todas estas condiciones de confianza y entendimiento se den naturalmente debe existir una asimetria de poder, lo que permite acuerdos reciprocos. Con la actual legislación es el empresario quien tiene la capacidad de defender sus intereses, sin embargo, los trabajadores y organizaciones tienen escasos y muy limitados espacios para plantear sus aspiraciones creando una injusticia social tremenda. El proyecto de reforma laboral no subsana esto, solo impone más número al sindicalizado, pero no le entrega las herramientas legales para que efectivamente se siente a negociar en igualdad de condiciones.

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