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¿Para qué piden más recursos nuestros científicos?

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Claudio Pérez M

Doctor en Química y Magíster en Gestión y Políticas Públicas, Universidad de Chile. Ex-presidente de la Asociación Nacional de Investigadores en Postgrado (ANIP)

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Dora Altbir

Presidenta de los Consejos Superiores de Ciencia y Desarrollo Tecnológico de Fondecyt

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Carta de Claudio Pérez M

24 mayo 2016

“Las preguntas que caben hacerse, antes de realizar una defensa corporativa y férrea de FONDECYT y de cualquier otro programa es, considerando el contexto actual de la investigación en CTI y las necesidades de desarrollo del país, ¿Están los programas de financiamiento, en su conjunto, respondiendo a la necesidad, imperiosa, de vincular el progreso científico con las necesidades de desarrollo integral que el país requiere? ¿Han sido capaces, los distintos Consejeros Superiores de FONDECYT, así como la comunidad científica nacional, de pensar, discutir, acordar y diseñar propuestas concretas que no solo apunten al crecimiento de la actividad científica per se, sino que también aborden, además, el desarrollo integral del país?”.

Estimada Dora:

Varias han sido las columnas de opinión, interpelaciones cruzadas y reportajes que han aparecido en la prensa en las últimas semanas, respecto al estado general de la Ciencia y la Tecnología en Chile y, en particular, al programa FONDECYT. En varios de estos artículos se ha hecho una defensa rotunda a este programa, el cual, según sus autores, corresponde a uno de los programas de financiamiento a la investigación más importante del país. El corolario de esta defensa casi corporativa ha llegado de la mano de los Consejos Superiores de Ciencia y Desarrollo Tecnológico, quienes han desarrollado el documento “¿Por qué se requiere mayor presupuesto para FONDECYT?” [REF1]

Los Consejos Superiores están compuestos por investigadores con importantes trayectorias académicas. Sin embargo, en cuanto a las propuestas para el mejoramiento de la investigación científica en el país y su vinculación con el desarrollo del mismo, estas adolecen de desconocimiento o de una  ingenuidad, a lo menos, llamativa. En ese sentido, en el documento mencionado, los integrantes de los Consejos Superiores entregan una serie de datos y razones para respaldar el argumento de incrementar los recursos para el programa FONDECYT. Entre tales razones se encuentran las siguientes:

  • Bajas tasas de adjudicación para cada uno de los instrumentos de FONDECYT.
  • Incremento de los costos promedios de los proyectos FONDECYT.
  • Incremento significativo del número de investigadores compitiendo por proyectos FONDECYT.
  • Múltiples impactos positivos de la inversión social en el programa FONDECYT.

Respecto a la disminución en las tasas de adjudicación del programa FONDECYT, es cierto lo que mencionan los integrantes de los Consejos, esto es, las tasas han bajado respecto de  años precedentes. Sin embargo, este escenario estaba completamente predicho desde hace más de 4 años. En ese entonces, una investigación encargada por la DIPRES [REF2] concluyó que las tasas de adjudicación del periodo 2009 a 2012, eran insostenibles en el tiempo y, además, estaban fuera del marco internacional. Por lo tanto, si el problema era conocido desde hace mas de 4 años, ¿Por qué no se diseñaron medidas que permitieran hacer frente a lo que ocurriría 3 ó 4 años después? Además, la disminución de las tasas de adjudicación, ¿es razón suficiente para sostener que es necesario incrementar los recursos de un programa que: financia sólo la investigación individual, que se mide, ex–post, sólo en función del número de publicaciones y que en el periodo 2010 a 2015 ejecutó anualmente, en promedio, el 33% de los recursos totales de CONICYT? [REF3]

En cuanto al incremento de los costos promedios de los proyectos FONDECYT, el documento emanado por los Consejos Superiores, menciona que estos han pasado desde 115 millones a 152 millones, en promedio, desde el año 2010 al 2015. En ese sentido, es cierto que los proyectos puedan haber sufrido incrementos debido a la inflación en la compra de materiales y/o equipamiento. Sin embargo, lo que deja de mencionar el documento es que el mayor incremento se ha producido en el ítem honorarios de los investigadores responsables. En ese sentido, desde el concurso 2009 al 2016, los honorarios de estos investigadores (establecidos en las bases) se han incrementado un 50%, lo cual contrasta con el inexistente incremento que han tenido los honorarios del personal de apoyo, quienes ni siquiera tienen un monto mínimo establecido en las bases del mismo periodo. Sabiendo que mejorar las condiciones laborales, impacta directamente en el desarrollo del país, ¿Qué han hecho los Consejos Superiores para resolver la precariedad laboral de cientos de colaboradores de investigación?

Interesante es el análisis que hacen los Consejos Superiores respecto al incremento en el número de investigadores que actualmente existe en Chile. En ese sentido, el documento menciona: “Durante la última década, se ha hecho un fuerte gasto en la formación de capital humano avanzado en el extranjero. Como consecuencia de dicho esfuerzo, el número de científicos en Chile ha aumentado y continuará aumentando fuertemente. En el actual escenario, las posibilidades de re-inserción efectiva en el sistema de financiamiento de investigadores jóvenes se reducen sustancialmente generando su emigración a otros países en busca de trabajo”. Es interesante este análisis, por que a todas luces se podría concluir que los Consejos Superiores están preocupados por el devenir de los cientos de investigadores jóvenes que no solo están fuera en el extranjero sino que también dentro del país realizando sus programas de postgrado o investigación.

No obstante, parte de la solución a esta problemática es posible concretarla sin incrementar los recursos sustancialmente. Dadas las restricciones presupuestarias actuales, llama la atención como los Consejeros sólo consideran el incremento presupuestario como la solución, sin considerar la redistribución. Según cifras oficiales de CONICYT, desde el año 2010 al 2015, el monto total adjudicado para honorarios de investigadores responsables y co-investigadores de proyectos FONDECYT Regular fue, en promedio, de $12.335 millones de pesos anuales. Ahora bien, durante el mismo periodo, el monto total adjudicado al Programa de Inserción en la Academia y en la Industria (PAI) fue, en promedio, de $2.560 millones de pesos anuales. Es decir, el presupuesto asignado sólo a honorarios de investigadores contratados en Universidades y Centros de Investigación del país fue, en promedio, 4,8 veces el presupuesto completo adjudicado al programa para insertar laboralmente a investigadores jóvenes. Eso implica que, en el periodo en cuestión, si se hubiese utilizado sólo el 50% de los honorarios adjudicados a los proyectos FONDECYT Regular, se hubiese casi triplicado el número de investigadores insertos en la academia o en el sector privado. Por lo tanto y considerando toda la evidencia, ¿existe un real interés de los Consejos Superiores para trabajar en conjunto con el Consejo de CONICYT (y con su nuevo Presidente) con el fin de diseñar propuestas para insertar efectivamente (y decentemente) a investigadores jóvenes que están en Chile y en el extranjero?

Notable es la mención que hacen los Consejeros respecto a “los múltiples impactos positivos de la inversión social en el programa FONDECYT”. Es notable, en primer lugar, porque en Chile hasta la fecha no existen estudios profundos, de largo plazo, que hayan analizado los “múltiples impactos positivos” de la Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) en la sociedad. Esto debido a que en Chile la “Evaluación de Impacto” es un área que no se ha explotado mayormente, menos en el ámbito de la CTI. El informe solicitado por la DIPRES hace hincapié en que “FONDECYT ha sido eficaz en aumentar la cantidad de conocimiento que producen los  investigadores  que  financia  aumentando  el  número  de  publicaciones  de  corriente  principal  recogidas en Scopus, y que la calidad se ha mantenido proporcionalmente  alta”. Claramente, la calidad, como lo detalla el mismo informe, solo se mide a partir de los rankings de las revistas en donde publican los investigadores nacionales. Ahora bien, se han realizado algunos esfuerzos por evaluar el “retorno social de la inversión pública en CTI” o, como a veces se dice, el “impacto” de la investigación en el desarrollo de Chile. En ese sentido, por ejemplo, resalta una publicación del año 2014, la cual establece que de las referencias científicas utilizadas para generar las 82 Guías clínicas para el régimen de Garantías en Salud (GES), solo un 2,8% correspondía a investigaciones nacionales y, del total de referencias usadas, solo un 0,08% fueron  investigaciones realizadas con financiamiento estatal. Es decir, la contribución de la investigación financiada por el Estado, a un tema de relevancia nacional como la Salud, es  mínimo. [REF4]. Considerando la evidencia mostrada y entendiendo que los Consejeros tienen baja capacidad para cambiar el enfoque del programa FONDECYT [REF5], ¿no es momento para reformar un sistema que no está respondiendo a las necesidades del país?

Por otro lado, los Consejeros Superiores omiten u olvidan elementos que son sustanciales para el desarrollo, como las políticas de género. En ese sentido, poco ha sido lo que se ha realizado en cuanto a acortar las brechas de género en la investigación en Chile. A modo de ejemplo, la evidencia indica que durante el año 2014 en el programa FONDECYT Regular, el número de proyectos adjudicados a hombres triplicaba el de las mujeres. Frente a esto, ¿Qué han realizado los Consejos Superiores para reducir estas brechas y, con ello, efectivamente impactar en el desarrollo integral del país a través de los instrumentos de financiamiento de CTI que están a su cargo?

Finalmente, las preguntas que caben hacerse, antes de realizar una defensa corporativa y férrea de FONDECYT y de cualquier otro programa es, considerando el contexto actual de la investigación en CTI y las necesidades de desarrollo del país, ¿Están los programas de financiamiento, en su conjunto, respondiendo a la necesidad, imperiosa, de vincular el progreso científico con las necesidades de desarrollo integral que el país requiere? ¿Han sido capaces, los distintos Consejeros Superiores de FONDECYT, así como la comunidad científica nacional, de pensar, discutir, acordar y diseñar propuestas concretas que no solo apunten al crecimiento de la actividad científica per se, sino que también aborden, además, el desarrollo integral del país?

Como se ha mostrado en múltiples informes, el fomento y el progreso de la CTI claramente son elementos necesarios para el desarrollo integral de los países. No obstante, el solo fortalecimiento y avance de la CTI en Chile, no ha garantizado ni garantizará un mayor impacto y desarrollo del país. Para ello es necesario que el fomento se realice a través de políticas y que el financiamiento tenga un correlato claro y concreto con los objetivos de desarrollo integral. Esto último solo será posible, si quienes realizamos labores ligadas con la CTI nos quitamos la venda de los ojos y asumimos que el problema actual, no se resuelve solamente con incrementos presupuestarios o más proyectos FONDECYT. Y en este tema, claramente, nuestros Consejos Superiores podrían hacer un poco más.

[REF1].

https://es.scribd.com/doc/313443278/Mas-Presupuesto-Para-Fondecyt

 

[REF2].

http://www.dipres.gob.cl/595/w3-article-141217.html

 

[REF3]

http://www.dipres.gob.cl/595/articles-142240_doc_pdf.pdf

 

[REF4]

http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0034-98872014001200007&script=sci_arttext

 

[REF5]

http://w1.fondecyt.cl/578/articles-27484_DFL_33.pdf

 

 

4 Comentarios

  1. Sin datos esta conversación puede degenerar en competencia de barras, gana el que grita más. Personalmente, pienso que antes que más recursos necesitamos una evaluación sistemática del aporte de la ciencia chilena a nuestra sociedad. Mi intuición es que el aporte es grande y valioso, pero mientras no contemos con la suficiente información respecto del impacto, resulta muy poco razonable justificar su incremento basados en la fe simplemente, más todavía en el escenario económico actual.

  2. Creo que la generación de conocimiento se justifica por si misma. Quiero justificar esta idea con un ejemplo empírico: Toda la innovación tecnológica que a diarios nos facilitan la vida, en el ámbito comunicacional, educacional, salud, transporte, etcétera, tiene, en gran parte, su origen en los resultados de los estudio científico de Maxwell en 1861 y de Hertz en 1885. A ellos se sumaron muchos científicos e ingenieros que desarrollaron aplicaciones basados en ese nuevo conocimiento. Así queda claro que la ciencia es la semilla de la innovación a corto, a mediano y a largo plazo. Querer que la ciencia esté al servicio de la economía es incorrecto y peligroso.

  3. Aunque plantea algunos aspectos específicos que comparto sería bueno abordar para buscar cambios, hay en la carta de C. Pérez un problema de enfoque respecto de la declaración de los Consejos Superiores. La declaración fue hecha sólo en relación a Fondecyt, no a toda la actividad de CTI del país. El presupuesto nacional en CTI es del orden de los US1.000 millones (0,3% del PIB aprox.). Dentro de este presupuesto Fondecyt representa alrededor del 15% y hay otros ámbitos que apuntan más a TI que a ciencias troncales. De la declaración de los Consejos no se desprende que deseen un incremento en el presupuesto de Fondecyt en desmedro de esos otros ámbitos.

  4. El artículo plantea un punto interesante e importante de fondo (cual es la relevancia de la investigación para el desarrollo de Chile), pero solo llega hasta ahí. No esboza ninguna posible respuesta. Otra debilidad es el uso solo de comparaciones relativas, no mencionando ninguna cifra absoluta, por ejemplo, del monto en pesos de los honorarios de los investigadores y co-investigadores de proyectos Fondecyt Regular (aproximadamente 400 mil al mes) ni del débil diseño del programa de inserción en la academia. Dado el caracter relativista de la argumentación, hubiera sido “justo” que se comparara el “impacto” de la investigación chilena con el de países mas avanzados.

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