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Nueva Política del Libro sin derechos de autor

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Diego Matte

Abogado en www.matteycia.cl Ex director, Sociedad de Derechos Literarios (SADEL)

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Regina Rodríguez

Secretaria ejecutiva, Consejo del Libro y la Lectura (CNCA)

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Carta de Diego Matte

07 julio 2015

Estimada Sra. Rodríguez:

La nueva Política Nacional del Libro y la Lectura, estrenada hace un mes atrás por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), establece un conjunto de acciones que el propio Estado deberá asumir en los próximos años con el fin de impulsar nuestra industria editorial, aumentar los índices de lectura y mejorar la calidad de comprensión de los chilenos.

Si bien se reconoce un fundamento claro y bien elaborado del diagnóstico que el CNCA ha hecho de nuestra realidad editorial y de acceso al libro, llama la atención que ciertos temas, al momento de llevarlos a medidas concretas, se hayan omitido por completo, dejando vacíos de relevancia. Por ejemplo, resulta sorprendente que en este documento no se hable prácticamente de los derechos de propiedad intelectual de autores y editoriales.

El derecho de autor es la piedra angular sobre la que se sostiene cualquier industria cultural en los países desarrollados, desde donde curiosamente proviene gran parte de los bienes culturales de excelencia que consumimos (cine, televisión, literatura, música, cine, etc.). No es posible pensar en el desarrollo de cualquier industria cultural, y menos editorial, si no partimos del supuesto de que los creadores, es decir los escritores, deben poder vivir de su trabajo, recibiendo el pago que corresponde producto de la venta y comercialización de sus obras.

Menciono lo anterior porque, por ejemplo, en Chile existe una cultura generalizada de reproducir, sea por fotocopias o digitalmente, de forma totalmente indiscriminada cuanto texto existe y es utilizado en universidades y centros de formación técnica, no asumiendo los pagos por derechos de autor de miles de escritores, generando un perjuicio millonario. También resulta criticable la falta de regulación de la producción intelectual en universidades del Estado, en las que por ley se expropia a los académicos e investigadores toda producción intelectual, independientemente de sus condiciones laborales.

Asimismo, si no existen mecanismos de respecto, certeza e incentivo de los derechos de autor, la movilidad e intercambio de los bienes culturales se hace más costoso y difícil.

Aunque parezca obvio, e imagino que usted lo comparte, si queremos autores profesionales, escritores que se dediquen a pensar y escribir, debemos asegurarles que el fruto de su trabajo les será proporcionalmente provechoso económicamente. Es por eso que se echa mucho de menos una propuesta que busque precisamente mejorar la protección de los derechos de autor de escritores y editores, avanzando en generar las condiciones culturales y legales de pleno respeto por parte de los consumidores, pero sobre todo de los intermediarios, como las propias editoriales, distribuidoras, universidades, etc.

En países como Francia, cuna del derecho de autor, poseen una industria editorial muy sofisticada, acompañada de un respeto irrestricto a sus creadores, lo mismo en Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. Esa es la forma de hacer sustentable la creación y de mejorar la creación. Y no es una forma de poner barreras al acceso, es una forma de asegurar que sigan existiendo creadores profesionales y no terminemos leyendo textos de mala calidad.

Es de esperar que el Consejo del Libro y la Lectura pueda enmendar el rumbo y observe detenidamente la realidad y relevancia del derecho de autor de aquellas industrias editoriales que admiramos y de las que nos nutrimos. Finalmente, cabe preguntarse: ¿Existe de parte de las autoridades del Consejo del Libro y la Lectura una aversión a fortalecer los derechos de propiedad intelectual de escritores y editores? ¿Acaso consideran el fortalecimiento de la propiedad intelectual una barrera al acceso del conocimiento?

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Carta de Regina Rodríguez

08 julio 2015

Estimado señor Matte:

En primer lugar, agradezco sus palabras en relación a la “Política Nacional de la Lectura y el Libro 2015-2020”, presentada recientemente por el CNCA a través del Consejo del Libro.

El CNCA, en conjunto con otras instituciones y organizaciones ciudadanas, ha iniciado el proceso de implementación de la Política poniendo en marcha el “Plan Nacional de la Lectura”. Complementariamente, hemos modificado las bases de concurso para reflejar en ella los objetivos de la Política. Ambos hechos manifiestan la voluntad de avanzar en los grandes objetivos que define la Política, muchos de los cuales tienen directa relación con el mundo de la creación y los escritores.

En ese contexto, nos parece importante establecer una nueva agenda de continuidad que pueda nutrirse de nuevas propuestas ciudadanas que no hayan sido contempladas en esta política. Hemos iniciado un proceso consultivo de diseño de política pública que requiere retroalimentación permanente por parte de los distintos actores del ecosistema de la lectura y el libro, dentro del cual los tópicos por usted planteados constituyen un elemento a considerar en esta etapa.

Me permito invitarlo a participar en la implementación de la actual “Política Nacional de la Lectura y el Libro 2015-20020” y a construir en conjunto la agenda de futuro que incluya los temas que se hagan cargo de las nuevas realidades y contextos en una sociedad en permanente cambio.

Atentamente,

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Carta de Diego Matte

13 julio 2015

El Sr. Matte desistió de continuar participando en el presente debate, el que se da por concluido.

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