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Muerte del rey, viruela e inoculación

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María Antonieta de Austria

Reina de Francia

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María Teresa de Austria

Emperatriz de Austria, Hungría y Bohemia

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Carta de María Antonieta de Austria

01 agosto 2017

Choisy, 14 de mayo de 1774

Señora y querida madre,

Mercy ya te habrá comunicado las circunstancias de nuestra desdicha, la muerte de Luis XV. Felizmente la cruel enfermedad mantuvo la cabeza lúcida del rey hasta el último momento, y su final fue muy edificante. El nuevo rey parece contar con el corazón de sus pueblos. Dos días antes de la muerte de su abuelo hizo distribuir doscientos mil francos entre los pobres, lo cual ha causado un gran efecto. Desde la muerte, no hace más que trabajar y contestar documentos manuscritos a los ministros que todavía no puede ver, y a muchas otras cartas. Lo seguro es que tiene el gusto por la economía y el mayor deseo de hacer felices a sus pueblos. A la vez tiene deseo y necesidad de instruirse, y espero que Dios bendiga su buena voluntad.

El público espera ahora muchos cambios. El rey se limitó a enviar al convento a la criatura, o sea a la señora Du Barry, y a expulsar de la corte a todo lo que lleve su escandaloso nombre. El mismo rey debía este ejemplo al pueblo de Versalles, el cual, en el momento mismo del accidente mortal, agobiaba a la señora de Mazarino, una de las sirvientas más fieles de la favorita. Recibo una cuantas exhortaciones para que consiga la clemencia del rey a favor de unas almas corrompidas, que tanto mal han hecho desde hace unos cuantos años. Me siento inclinada a ello pero, en medio de estas ideas, no puedo dejar de pensar en la suerte de Esterhazy. Creo que se ha indispuesto contigo por unos informes falsos, de una parte, y exagerados, de otra. Es verdad que ha cometido unos cuantos errores pero, en medio de todo eso, sólo existe una opinión unánime sobre su honor y su probidad y cabe esperar que, alejado de las ocaciones de aquel peligroso país y viviendo en el seno de su familia, pueda convertirse en un hombre correcto. Por lo contrario temo que, si se le tratara con toda la severidad que merece, su cabeza no se pondría en orden lo suficiente como para que no cometiese una nueva tontería. Espero que tú, querida mamá, no me juzgues tan insensata como para querer darte consejos. Creo que estando a cargo del gobierno, estás también obligada a ser justa. Sólo deseo que no te vuelvas completamente contra Esterhazy.

En este momento llegan para decirme que me prohíben ir a las habitaciones de mi tía Adelaida, enferma de los riñones y febril. Se teme que sea la viruela. Tiemblo y no me atrevo a pensar en las consecuencias. Es horrible que deba pagar tan pronto el sacrificio que hizo. Estoy encantada de que el mariscal Lacy esté contento de mí. Te confieso, querida mamá, que lamenté su partida porque pensé que raramente veo a gente de mi país, en especial los que tienen la suerte de vivir cerca de ti.

El rey me deja elegir libremente a los nuevos empleados de mi casa, ya en calidad de reina. He tenido el placer de distinguir a los loreneses, designando como primer limosnero al abate de Sabran, hombre de buena conducta, de alta cuna y nombrado para el obispado que se organiza en Nancy. A pesar de que Dios me ha hecho nacer en el rango que hoy ocupo, no puedo dejar de admirar los acomodos de la Providencia, que me ha elegido, a mí, la menor de tus hijas, para el más bello reino de Europa. Siento como nunca lo que debo a la ternura de mi augusta madre, que tantos trabajos y cuidados se dio para procurarme esta hermosa instalación. Nunca he deseado tanto postrarme a tu pies, abrazarte, mostrarte toda mi alma y hacerte ver que estás llena de mi respeto, mi ternura y mi reconocimiento.

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Carta de María Teresa de Austria

01 agosto 2017

Schönbrunn, 16 de junio de 1774

Señora y querida hija,

No sabría expresarte todo el consuelo y la alegría particulares por todo lo que se escucha decir sobre vosotros; el universo entero está en éxtasis. Y hay por qué: un rey de veinte años y una reina de diecinueve, todas cuyas acciones están llenas de humanidad, generosidad, prudencia y buen juicio. La religión y las costumbres, tan necesarias para atraer la bendición de Dios y para contener a los pueblos, no han sido olvidadas, en fin que mi corazón se regocija y ruego a Dios que te conserve así para bien de vuestros pueblos, del universo, de tu familia y de tu vieja madre, a la cual has hecho revivir.  Nada te digo sobre la elección de los ministros, que todo el mundo juzga conveniente. Los que han sido jubilados lo fueron sin carta sellada de prisión o destierro, un método duro y muy habitual en Francia hasta ahora. Me gusta, queridos hijos, veros siempre estimados y amados y llenos de bondad. ¡Qué dulzura proporciona el hacer felices a los pueblos, aunque más no sea fugazmente! ¡Cuánto amo en estos instantes a los franceses! ¡Cuánta riqueza en una nación capaz de sentimientos tan vivos! Hay que anhelar que sean más constantes y menos leves Rectificando sus costumbres esto se conseguirá. La generosidad del rey por el Trianon, que se dice es la más agradable de las moradas, me da un gran placer y lo que me señalas de su testamento me parece muy bien. Se cuenta con los millones que ha dejado en su petaca, que facilitarán las generosas intenciones de su sucesor. La renuncia a la donación y al chapín, es digna de ambos príncipes. Asimismo me complace que la reina haya eliminado el uso del chapín regio. La convalecencia de tus tres tías interesa al universo entero después de la hermosa acción de no haber abandonado al difunto rey a riesgo de contagiarse su enfermedad, como efectivamente ocurrió, pero no puedo callar esta recomendación: no dejes que se acerquen al rey antes de diez semanas. Ya conoces las precauciones que el gran Van Swieten tomó cuando tus hermanos enfermaron y él me prohibió acercarme a ellos. Desde luego, no hay comparación con el caso actual: el rey es un objeto demasiado interesante, demasiado caro como para no tomar precauciones, aún las más superfluas. Esta especie de viruela parece peor en Francia que entre nosotros y la casa de Borbón cuenta con demasiadas desgracias debidas a ella, así que todo cuidado es poco. Añade mis oraciones a las tuyas para tranquilizarme al respecto. Es lo único que ensombrece mi felicidad en este momento, dadas vuestras buenas acciones, que son incontables, y de las que me entero por todas partes y que me place escuchar. Además, leo en todas las gacetas las noticias de París. Emplea tu autoridad para impedir que se acerque al rey cualquiera que haya podido infectarse de viruela, al menos durante diez semanas.

No contesto al rey para no incomodarlo al exigirle una respuesta. Si me quiere escribir a menudo,  sin que ello lo incomode, trata de que lo haga como tú, sin el menor ceremonial. Haré lo mismo. Recuerda lo que te recomendé en mi correo anterior: ser la amiga y confidente del rey, pues todo depende de ello, su dicha y la tuya. Has sabido tan bien conciliarlo con el amor del pueblo y volverlo tan afable; debes continuar haciéndolo. Si he exagerado en mis recomendaciones es por el peligro en que te veía, dada la bondad de tu corazón y, como tú misma lo dices, por negligencia o pereza eres capaz de dejar sorprenderte por los demás. Ahora que la decisión ha sido tomada y el rey tiene su consejo, mi inquietud ha cesado y harías mal en mostrarte indiferente y contraria a sus intenciones. Has escogido tan bien, con el permiso del rey, tu mansión, que lo mejor será continuar en lo mismo. En Francia todo es muy diferente que aquí y sería un error abstenerte allí como mezclarte aquí. Es algo que me importa enormemente porque se trata de la felicidad de tus días, que yo trataré de procurarte en lo posible, aun a expensas de los míos.

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Carta de María Antonieta de Austria

01 agosto 2017

Marly, 27 de junio de 1774

Señora y querida madre,

El viernes harán ocho días que estamos aquí; el rey, mis hermanos y la condesa de Artois fueron inoculados el sábado; desde ese momento no han cesado de pasearse al menos dos veces por día. El rey tuvo una fiebre bastante fuerte por tres días; desde anteayer la erupción está haciendo crisis y la fiebre cayó tanto que ahora no la tiene. No tendrá muchos granos, en la nariz tiene algunos muy notables, y también en las muñecas y en el pecho. Ya empiezan a blanquearse, Le habían hecho cuatro pequeñas incisiones, heridillas que supuran bien, lo cual asegura a los médicos que la inoculación es un completo éxito. Los otros tres están menos avanzados. No obstante, la erupción ya ha comenzado y ellos están muy bien.

La carta de mi querida mamá ha traído la alegría a mi alma; sólo estoy feliz si ella está contenta. Aquí todo sigue bien y mis tías han llegado a la noche. Como la erupción está perfectamente establecida, los médicos no hallan ningún inconveniente. La petaca del difunto rey ha resultado mucho más modesta de lo que se creía. No contenía más de cincuenta mil francos, lo cual equivale a veinte mil florines. He transmitido al rey tu bondad y él se mostró conmovido y reconocido. Nada escapa a tu ternura para mí. Tu recuerdo por mi cumpleaños me ha colmado de alegría. Descuento que Mercy despachará un correo esta semana, Aunque no tenemos ninguna inquietud por el rey, estaré más tranquila si te doy noticias.

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Carta de María Teresa de Austria

01 agosto 2017

Schönbrunn, 1 de julio de 1774

Señora y querida hija mía,

Puedes imaginarte mi inquietud por la situación del rey. Soy partidaria de la inoculación, que me ha salvado a tres hijos y a siete nietos, pero tengo en cuenta el calor de la estación y el hecho de que se inoculó a tres hermanos a la vez. Quiera Dios que no hayas contribuido a la decisión, aunque la mayor parte de las cartas de la atribuyen. Que estabas encantada, por descontado, más también que tus inquietudes debieron ser grandes. Esta decisión honra al carácter personal del rey al tiempo que hace temblar por lo precioso de sus días, que prometen a Francia y a Europa un príncipe del cual se espera la felicidad universal. Ahora estáis pasando los días críticos y yo cuento las horas. Terminan, si no hay ningún accidente, en una quincena; pero empiezo a dudar si se aplicó el día 18 porque no tenemos ninguna noticia, ni siquiera por la posta, que debía haber llegado hoy, La espera y la lejanía son crueles en tales instantes. He reconocido tu buen corazón al rogarme que no haga caso de ninguna novedad que tú no me envies, pero ¿somos los dueños de nuestros sentimiento, cuando amamos mucho y hemos soportado tantos reveses? La gracia de Choiseul me produjo un sensible placer en relación con el rey, a ti y hasta con la alianza. Me halaga que aquellos que no piensan como tú han considerado muy conveniente y pertinente ese retorno.

Nada te digo de aquí. Mi cabeza y mi corazón están repletos de vacunas. Recurro a los pobres que ruegan a Dios en los Capuchinos y en el convento de la Reina donde cuento celebrar un Te Deum si el buen Dios nos acuerda el restablecimiento unseres werthen Königs [de nuestro apreciado rey]. Un poco de alemán para que no lo olvides. Te abrazo.

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