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Ministerio de Ciencia y Tecnología: Los desafíos de las humanidades y las artes

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Juan Manuel Garrido Wainer

Profesor, Departamento de Filosofía, Universidad Alberto Hurtado

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Gonzalo Rivas

Presidente, CNID

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Carta de Juan Manuel Garrido Wainer

25 agosto 2015

Estimado Gonzalo Rivas:

Me preocupa que el Informe de la Comisión Presidencial “Ciencia Para el Desarrollo de Chile” omita analizar la naturaleza y los desafíos de las humanidades y las artes. No es extraño que el informe las haya incluido desde el inicio en la definición de “ciencia”. En efecto, estas disciplinas han acompañado al quehacer científico, tecnológico y de innovación desde antiguo, y basta revisar la web de los principales institutos tecnológicos y universidades del mundo para constatar que la percepción de su importancia sigue intacta hasta el día de hoy. Lo extraño es que no hayan sido consideradas a la hora de generar los diagnósticos y propuestas presentados por el informe.

La evidencia indica que los seres humanos asignamos sentido a la realidad con independencia de las ciencias naturales y sociales. Es decir, no esperamos a que éstas la objetiven para nosotros interpretarla y enunciarla. Las cosas —y esto incluye a los objetos de las ciencias y a las ciencias como objeto— encarnan significaciones generadas en función de concepciones globales complejas que la cultura se hace de sí misma. Estas concepciones no se pueden objetivar ni someter a verificación empírica o deductiva. La vida humana está poblada de entidades portadoras de ese tipo de concepciones. Las ideas de “crecimiento” y “desarrollo” son ejemplos elocuentes. Cualquier intento de especificarlas y de medirlas (por ejemplo, a través de encuestas) supone elaborar definiciones que las simplifiquen y purifiquen de los elementos simbólicos que entorpecen su adecuada manipulación.

La filosofía, las humanidades y las artes ponen de manifiesto y someten a crítica los horizontes de sentido a partir de los cuales elaboramos las concepciones de la cultura. Por ejemplo, ayudan a preguntar (no sólo en papers) si queremos o si podemos seguir confiando la representación de lo que somos y queremos a las ideas regulativas de “crecimiento” y “desarrollo”. Bien podría ser que los actuales efectos de la globalización, el cambio climático, el resquebrajamiento de proyectos políticos transcontinentales producido por las recientes crisis económicas, el fenómeno de las migraciones masivas, entre otros, estén sugiriendo que dichas ideas regulativas pertenecen a una época que dejó de ser la presente. Quizás lo nuestro sea aprender a crear un mundo sin confiar en ideas de ningún tipo.

Poner de manifiesto y someter a crítica horizontes de sentido para la autocomprensión de la cultura constituye el aporte principal que la filosofía, las humanidades y las artes hacen al país. Esas disciplinas no se dedican a derrumbar falsas creencias para promover nuevas. Más bien, revelan y transforman los criterios necesarios para discutir con sentido sobre preguntas fundamentales similares a las que el informe plantea en su primera página y con las que justifica el trabajo de la Comisión (“¿Cómo queremos convivir? ¿Cuáles son las cuestiones fundamentales que le dan sentido a nuestra convivencia?”). Concomitantemente, desarrollan los instrumentos y las habilidades necesarias para estudiar los límites, fundamentos y alcances de las actividades científicas mismas. En ese sentido, engloban a estas desde el punto de vista de la reflexión, aunque en ningún caso las reemplazan desde el punto de vista de la práctica.

La institucionalidad adecuada para la filosofía, las humanidades y las artes no se deduce necesariamente del diagnóstico y de los desafíos que el informe detalla. La reflexión debe tomar en cuenta la experiencia que se ha acumulado en diversos programas de Conicyt, aunque sigue pendiente diseñar políticas de financiamiento que se adecuen mejor a los requerimientos intelectuales específicos de nuestras disciplinas. Desde luego, no es posible ni aconsejable asumir la proyección industrial como criterio para desarrollar y priorizar programas y áreas de investigación en filosofía, artes y humanidades. Además, se debe considerar que el horizonte profesional de los investigadores en nuestras disciplinas se limita, en general, a la universidad. Por último, aunque no veo ningún obstáculo de principio para alojar estas disciplinas en un futuro Ministerio de Ciencias, Tecnología e Innovación, me inquieta que no se indiquen las bases que asegurarán el respeto a su especificidad y autonomía.

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Carta de Gonzalo Rivas

26 agosto 2015

Estimado Juan Manuel:

Durante el trabajo de la Comisión Presidencial “Ciencia Para el Desarrollo de Chile”, se abordó permanentemente la discusión mirando los aportes que puedan hacer las ciencias en su sentido amplio, reconociendo que su impacto en el desarrollo de la sociedad requiere el concurso de las humanidades y las artes.

Esta visión no sólo obedece a la importancia de alinearse con las definiciones compartidas en el mundo, sino especialmente a la profunda convicción de que esta es imprescindible para enfrentar la complejidad de los desafíos de los tiempos actuales. Y cito: “En este escenario de mayor complejidad que compartimos con el resto del mundo, las ciencias y las tecnologías pueden ser rutas que nos ayuden a ser capaces como sociedad de mejorar la calidad de nuestra deliberación sobre el futuro que queremos construir juntos. Profundizar y fortalecer nuestra convivencia democrática requiere de un diálogo donde las ciencias sociales y naturales, las humanidades, las artes, la ingeniería y la tecnología, en forma multidisciplinaria y colaborativa aporten en la identificación de las interrogantes y en la iluminación de los caminos disponibles. Ampliar nuestra capacidad de reflexión crítica, abrir y explorar nuevos espacios para la innovación en todos los ámbitos de nuestra sociedad, es el aporte que esperamos de un mayor desarrollo de nuestras capacidades científicas y tecnológicas” (página 12 del informe).

Tal como usted lo señala en su carta, dada la naturaleza del mandato de la Comisión, así como de las posibilidades a nuestro alcance, no se analizaron los desafíos de las humanidades y las artes en forma específica. Sin embargo, la génesis de la discusión se ancló precisamente en la necesidad de definir —tal como expresa en su carta— “horizontes de sentido”. De ahí, las preguntas que abren la reflexión: ¿De qué queremos vivir y cómo queremos convivir?

Como muestra concreta de esta vocación, en materia de cultura de la innovación ya está en marcha un programa de articulación territorial de la oferta de diferentes áreas del conocimiento, incluyendo las artes y las humanidades.

Asimismo, nuestra impresión es que el Ministerio de Cultura y las Artes acoge en gran medida las manifestaciones y temas asociados al desarrollo en estos ámbitos. Desde luego que el financiamiento de la investigación en materia de artes y humanidades debe incorporarse en el diseño de la nueva institucionalidad, la que desde un comienzo se ha planteado con una mirada integral e integradora de todas las disciplinas mencionadas más arriba.

Cordialmente,

1 Comentario

  1. Ciencia y tecnología son fundamentalmente distintas de artes y humanidades, a quien no lo entienda le sugiero curar un cáncer a punta de sonetos o hacer volar un avión por la fuerza de la música. En el mundo actual la base del desarrollo económico es la ciencia y tecnología, como Chile necesita desarrollarse aún más (para terminar con la pobreza y tener más arte y humanidades) esas son la áreas que el Gobierno quiere estimular. Mezclar las cosas es jugar con las palabras y pérdida de potencia para una prioridad nacional. ¿Más arte y humanidades? Ministerio de Educación.

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