1

Médicos públicos y privados

Foto de perfil Jaime Mañalich

Jaime Mañalich

Director, IPSUSS

cargando votos....
Foto de perfil Juan Luis Castro

Juan Luis Castro

Médico. Diputado, Partido Socialista

cargando votos....

Carta de Jaime Mañalich

26 mayo 2015

Estimado diputado y doctor Castro:

He tenido la oportunidad de leer recientemente un artículo del Dr. John Dean, en la revista British Medical Journal, titulado: “La práctica privada (de la Medicina) es contraria a la ética; y los médicos deberían abandonarla”. La referencia es BMJ 2015; 350: h2299. Si bien el título resulta algo desproporcionado para el contenido, este cardiólogo británico insiste en que la práctica simultánea en el sector público y privado es dañina para los enfermos y que como mínimo, los profesionales deberían elegir solo uno de estos sectores para su desempeño.

Tengo que reconocer que coincido con este planteamiento. Los médicos de hospital o clínica deberían tener dedicación exclusiva solo a una institución. Que entre las 12 y 14 se posterguen pabellones o aumente la lista de espera en el Policlínico es grave y daña. Que los hospitales públicos queden sin actividad médica programada a partir del mediodía es una fuente de gran ineficiencia, sino la más seria. Y un intento de resolver el problema resultó en el peor de los híbridos, como es la práctica mixta en un mismo recinto. Vale decir, actuar como funcionario en la mañana y como médico privado en la tarde. Esto produce una tremenda inequidad con el resto del personal que labora en el hospital, a jornada completa, y problemas de administración inmanejables.

En mi opinión, una verdadera reforma del sector prestador debe partir por una reformulación del trabajo médico, dado que son estos profesionales los que en definitiva deciden cómo optimizar los recursos siempre escasos en el mundo de la salud. Y dentro de esta reforma, la pertenencia a una sola institución parece uno de los puntos más relevantes.

Si uno calcula las jornadas completas equivalentes con la suma de jornadas parciales de 11, 22 o 33 horas, se encuentra en la mayoría de los hospitales públicos de Chile con una sorpresa: al multiplicar estas jornadas completas por la actividad que debería darse para cada una, en una estimación muy conservadora, se encuentra inmediatamente con que la actividad potencial para ese recurso humano es muy superior a la real. Vale decir, se trata un número significativamente menor de enfermos que la capacidad asistencial. Paradójico: en algunos hospitales públicos hay un número de cirujanos que opera menos de dos veces por mes. Asimismo, el hospital como centro docente pierde su sentido si los alumnos no tienen modelos a los que imitar o con quienes compartir en muchas horas de la jornada.

¿Es financieramente posible un desafío como el propuesto por el Dr. Dean? Si se suman las rentas totales de las jornadas parciales, se obtiene que la renta promedio para cada médico resulta atractiva, si se dividiera el total de remuneraciones brutas por el número de jornadas completas equivalentes necesarias para un volumen de actividad predefinido, como es hoy en la Ley de Presupuestos.

El planteamiento es complejo, por cuanto se puede argumentar que al pedir dedicación completa, se produciría una migración masiva al sector privado. La verdad, no existen los cupos en las clínicas privadas para tal movimiento, salvo en algunas especialidades muy contadas. Insistiendo en la visión que un trabajo mixto es fuente de gran pérdida de recursos, en la medida que nos acercamos a un estándar aceptable de número de profesionales para la población y considerando que se ha hecho un incremento tan notable de los especialistas financiados por el Estado, la garantía de contar con suficientes especialistas para el mundo público y privado parece cercana.

Por otra parte, el mundo avanza hacia el abandono del pago por cada servicio médico prestado, y en pos de un financiamiento por soluciones globales o por diagnóstico; lo que representa para el mundo financiado de la antigua forma un desafío enorme y para los hospitales públicos una gran oportunidad.

Dr. Castro, considerando su trayectoria como dirigente gremial y actual parlamentario, quisiera conocer su opinión acerca de estas reflexiones, saber si Ud. cree que es posible avanzar hacia una reforma del trabajo médico, y en particular, si cree posible generar una fórmula de financiamiento del trabajo que mantenga a destacados profesionales en el servicio público.

Le saludo atentamente.

2

Carta de Juan Luis Castro

26 mayo 2015

Estimado doctor Mañalich:

Tras leer su carta y el artículo “La práctica privada (de la Medicina) es contraria a la ética; y los médicos debieran abandonarla” de nuestro colega John Dean, que fuera publicado en la revista British Medical Journal al que usted hace alusión, reconozco que coincido parcialmente con lo que dicho cardiólogo británico plantea.

Comparto con él que en la práctica privada se puede pasar más tiempo con el paciente y compartir diagnósticos o experiencias con un equipo. También en la ventaja que ofrece el sector privado sobre las menores listas de espera, los tipos de tratamientos que se pueden brindar, los tiempos de aplicación de los mismos y en la diferencia en el ámbito de los ingresos económicos.

No es posible negarlo en un país que, usted bien lo sabe, adolece de varias falencias en materia de salud. Nuestros enfermos marchan, los trabajadores de la salud protestan, las listas de espera marcan la desesperanza y las filas de quienes aguardan por un número de atención se extienden desde la madrugada en recintos asistenciales cuya capacidad, en ocasiones de estructura y en ocasiones de recursos humanos, no da abasto. En Chile, el remedio es más caro que la enfermedad y los eventos de beneficencia se han transformado en una bofetada a la conciencia. Estamos avanzando en soluciones para ello.

No dudo que cada Gobierno ha buscado resolver estas problemáticas, además de otras como el desarrollo y mantención en el sector público de profesionales de la salud, o las mejoras de las infraestructuras existentes y la creación de nuevas. Algunas experiencias han sido exitosas, otras se están desarrollando y otras más no lo fueron; el caso de las concesiones para la construcción de recintos hospitalarios es una prueba de estas últimas.

En relación a la atracción de médicos y su mantención en el mundo de la salud pública existe todavía una labor por realizar. No sólo en lo que implica mejorar las remuneraciones modificando el sistema de horas de trabajo o la cantidad de profesionales —y no me refiero sólo a los médicos, sino también a todos aquellos que son parte del sistema de atención pública de salud— para la población, temas en los que usted se centra y que reconozco importantes; sino también en potenciar el desarrollo profesional de los mismos, en asegurar que los capacitados “devuelvan” el beneficio que se les otorgó ejerciendo en donde son más requeridos. Además, se debe avanzar en el ingreso per cápita para los recintos asistenciales en base a registros reales de inscritos.

La metodología para obtener todos estos logros ha de ser analizada y aplicada de acuerdo a la realidad de nuestro propio país.

No obstante, quisiera hacer el alcance de que más allá del escenario en que se ejerza la profesión de médico, es la vocación de la práctica la que debe imperar en el trato con el paciente y no el mayor ingreso que se pueda obtener, tema que motiva el cuestionamiento del citado médico y su posterior decisión por laborar sólo en el ámbito público.

Personalmente, estoy en desacuerdo con Dean cuando sostiene que le habría resultado más fácil tomar una decisión si no se le hubiese permitido ejercer la profesión en ambos escenarios.

Usted, como médico y otrora ministro de Salud, debería comprender que si bien el ideal es que en el sistema público ejerzan médicos especialistas con dedicación exclusiva, la realidad nos lleva a adaptarnos para ofrecer a la ciudadanía la mejor atención posible y, en ese contexto, se espera que los médicos sean capaces de tener el mismo grado de profesionalismo en el sector público y en el privado, porque trabajamos con y para personas cuyos derechos deben ser iguales independientemente de su capacidad de pago y a las que se les debe garantizar un trato digno.

Al menos, así lo comprendo yo, como médico y como político.

Finalmente, recalco que creo en la posibilidad de avanzar en una reforma del trabajo médico y buscar una fórmula que mantenga en el servicio público a profesionales destacados, no sólo por su experticia, sino también por su humanidad.

3

Carta de Jaime Mañalich

17 junio 2015

El Sr. Mañalich desistió de continuar participando en el presente debate, el que se da por concluido.

1 Comentario

  1. Aunque políticamente me siento distante de Mañalich, creo que tiene razón. La dicotomía público-privado afecta seriamente la medicina pública. Muchos médicos aceptarían la exclusividad pública con una remuneración adecuada, pero algunos destacados la rechazarían. Quizá limitar la jornada pública a 30 horas, sin turnos de urgencia, igualar los salarios con los de urgencia y permitir la práctica privada libre después de esa jornada podría ser atractivo. Pero eso requiere la voluntad de no ofrecer jornadas parciales, sobre todo las de 11 horas, pero tampoco las de 22 y, además, no permitir contratos solo de urgencia, aunque se igualen las remuneraciones. Es muy atractivo contratarse por urgencia y tener todo el tiempo restante para la actividad privada.

Para poder comentar en este debate, debes ingresar con tu cuenta.