1

Mala calidad del aire en Santiago

Foto de perfil Franco Zautzik

Franco Zautzik

Alumno de 4° Medio, The Grange School

cargando votos....
Foto de perfil Pablo Badenier

Pablo Badenier

Ministro de Medio Ambiente

cargando votos....

Carta de Franco Zautzik

06 mayo 2015

Estimado ministro Badenier:

Junto con saludarlo, extiendo esta carta para expresar mi preocupación por la mala calidad del aire en Santiago durante estas últimas semanas. De acuerdo con lo informado por los medios de comunicación, en lo que va del año se han decretado doce alertas sanitarias ambientales en la región Metropolitana. Según informa el diario El Mercurio (2 de junio de 2015), una de las razones de este alto número de episodios críticos se debería a la nueva forma de medición de estos. Sin menospreciar este dato, es interesante llamar la atención sobre un aspecto que, desde mi punto de vista, resulta sumamente relevante para disminuir la contaminación en la capital: las medidas del plan de prevención y descontaminación atmosférica que actualmente rigen en nuestra ciudad.

Por lo que se desprende de estas medidas, tres son las principales fuentes de contaminación del aire: los automóviles, la industria y la calefacción. En este sentido, quisiera exponer mis consideraciones respecto del actual sistema.

Sobre la primera fuente contaminante —los automóviles— llama la atención el funcionamiento de la restricción vehicular en Santiago. De acuerdo con cifras del INE (2011), solo el 4,9% de los vehículos motorizados que circulan en la ciudad son no catalíticos, por lo que cabe preguntarse qué tan importante es el efecto que tiene la restricción a este tipo de vehículos. Si se considera, por un lado, que Santiago es una ciudad cuyas calles están saturadas por el tráfico vehicular y, por otro, que gran parte de los autos que circulan no sufren restricción, ¿no sería conveniente ampliar la restricción vehicular regular a los automóviles catalíticos? Con ello, no solo se podrían despejar las vías de la ciudad, sino que, más aún, se estaría contribuyendo a la descontaminación. Lo anterior tendría como consecuencia que la restricción vehicular en casos de alerta, preemergencia y emergencia ambiental se volviera una medida más efectiva, puesto que la cantidad de autos que saldría de circulación sería mayor. Además, una disposición así ayudaría a desincentivar el uso de automóviles particulares a favor del transporte público. Si a esto se sumaran campañas que motivaran al uso de otros medios de transporte, como la bicicleta, el aporte de la población a la descontaminación de la ciudad sería notable. Por otro lado, en el caso de las preemergencias y emergencias ambientales, la disminución del parque automotriz producto de una restricción ampliada facilitaría la implementación de vías exclusivas para el Transantiago.

Respecto de las emisiones contaminantes de la industria, las medidas actualmente tomadas también parecen ser insuficientes, pues solo comienzan a regir a partir de la preemergencia. En este sentido, resulta poco comprensible que en regiones como la Metropolitana, que por condiciones geográficas y meteorológicas están más expuestas a la contaminación, esté permitido la existencia de industrias catalogadas como “muy contaminantes”. A ello debemos agregar que muchas de estas se encuentran en el poniente de Santiago, justamente la zona más afectada por la contaminación. Sería interesante, además, saber si en Chile se les exige a las industrias un estándar mínimo de calidad de emisiones contaminantes y, si así fuera, si tales estándares son diferenciados según el lugar donde se encuentran.

En cuanto a la calefacción, hasta el momento el problema no parece del todo resuelto. De hecho, las medidas existentes solo prohíben el uso de estufas a leña o similares (puesto que estas son fuertes emisoras de contaminantes), pero no se ve en el horizonte una medida que tienda a erradicar gradualmente este tipo de calefacción. Además, la sola prohibición del uso de calefactores de este tipo no asegura su cumplimiento si no va acompañada por una adecuada y efectiva fiscalización por parte de las autoridades competentes, lo que claramente es complejo, debido a la cantidad de inspectores que se necesitan. Por otro lado, existe un porcentaje de la población que no cuenta con los recursos económicos para financiar medios de calefacción menos contaminantes, por lo que sería conveniente que el Estado incentivara —a través bonos, por ejemplo— la adquisición de medios de calefacción menos contaminantes o entregar mayor cantidad de subsidios para aislación térmica de viviendas.

Por último, creo que frente a un problema tan grave como el de la contaminación ambiental es necesario tener una visión a largo plazo, con medidas que tengan efectos permanentes que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos. Actualmente, según datos del Ministerio de Salud, hasta 4 mil muertes se producen al año por el material particulado fino que está en el aire. En este sentido, el costo de perfeccionar las medidas existentes probablemente se vea compensado por el descenso en los problemas de salud que las personas sufren todos los años por la contaminación. Para terminar, llama la atención que el nuevo plan de descontaminación tenga que seguir esperando, cuando la ciudad y su población requieren mejoras urgentes del actual sistema.

Saluda atentamente,

2

Carta de Pablo Badenier

10 junio 2015

Estimado Franco:

En primer lugar, muchas gracias por tu carta y por el interés demostrado en la problemática de la contaminación atmosférica que afecta a la región Metropolitana.

Responderé tus inquietudes: Preguntaste por la conveniencia de ampliar la restricción vehicular regular a los automóviles catalíticos. Aunque solo el 4.9% de los vehículos motorizados que circulan en la ciudad no son catalíticos, esta medida continúa porque forma parte del Plan de Descontaminación Atmosférica vigente para Santiago por MP10. Pero también hay restricciones a vehículos con sello verde —no solo automóviles—, aunque acotadas a los días de contaminación más críticos, es decir, preemergencias y emergencias.

Sabemos que los autos no catalíticos representan un porcentaje bajo del parque. Sin embargo, cuando se implementó esta restricción, fue una de las medidas más eficientes en avanzar hacia tecnologías menos contaminantes, ya que incentivó rápidamente el cambio a vehículos catalíticos. Y ese es su objetivo principal y la razón de que se mantenga hasta ahora.

Hoy estamos trabajando en un nuevo plan de descontaminación para Santiago, esta vez, por material particulado fino (MP2,5), el más peligroso para la salud de las personas. En este plan, la nueva restricción vehicular deberá tener un objetivo similar: incentivar el uso de vehículos más limpios.

Si generamos una restricción vehicular permanente, esto provocará un aumento del parque vehicular, algo que pasó en ciudades como Bogotá y Ciudad de México; pero si impulsamos una restricción contingente a los días de mala calidad del aire —algo que estamos haciendo este 2015 con las alertas sanitarias ambientales—, o una restricción acotada a los automóviles más sucios, generaremos un parque automotriz sustentable.

Se ha comprobado que una restricción vehicular sin apellido y exenciones impulsa un crecimiento del parque vehicular, lo que se llama “el efecto cobra”. En India, durante la Colonia inglesa, había un gran número de cobras y para reducir su población se empezó a pagar por cola de cobra cazada. Sin embargo, pasó un tiempo y las autoridades observaron que había muchísimas colas de cobra recolectadas, pero que no disminuía su población. La razón detrás de este fenómeno es que existían criaderos de cobras. Finalmente, se liberaron las cobras de criadero y la medida no logró disminuir la población de este tipo de serpiente. Como ya mencioné, no queremos aumentar el parque automotriz, sino hacerlo más eficiente.

Lo que está haciendo hoy el Gobierno con las alertas sanitarias ambientales es una transición hacia el nuevo Plan de Descontaminación, y entre las medidas que se determinaron para ello hay algunas muestras de alternativas a futuro.

Por ejemplo, el Ministerio de Transportes ha implementado vías ambientales para los días de preemergencia y emergencia. En la primera preemergencia del año, la medida fue capaz de reducir los tiempos de trayecto de los buses en torno al 40% en estas rutas. Así se fomenta el uso del transporte público. Hay que considerar que el espacio en las ciudades es limitado, y cuando uno impulsa el transporte masivo es una medida más equitativa y que genera mayor sustentabilidad.

La restricción vehicular hace que se reduzca en torno a un 15-20% el flujo vehicular, pero también hay que involucrar a las personas en la solución: que compartan el auto, que usen el transporte público, que se incremente el uso de la bicicleta. Estas medidas incentivan medios de transporte y formas de transportarnos más eficientes.

Sobre las normas para las industrias, en la región Metropolitana estas son exigentes. No cualquiera puede operar en Santiago, ya que las industrias tienen que emitir menos de 90 miligramos de material particulado por metro cúbico. Las emisiones deben ser declaradas al Ministerio de Salud anualmente, y además son fiscalizadas. Este año, con la implementación de las alertas sanitarias ambientales, generamos un incentivo a las industrias para emitir menos contaminantes: si se quieren eximir de las preemergencias, deben emitir menos de 32 miligramos por metro cúbico; y si se quieren eximir de medidas en la emergencia, deben emitir menos de 28 miligramos por metro cúbico. Es un estándar exigente.

Si bien siempre hay mejoras posibles en el sector industrial, este es el sector que quizás ha logrado una mayor reducción en los veinticinco años que llevamos trabajando por mejorar la calidad del aire de la región Metropolitana.

La calefacción en invierno es una parte importante de las emisiones. Cerca del 3% de los domicilios urbanos ocupan leña, pero casi la mitad de los hogares de comunas más rurales ocupan leña dentro de la región Metropolitana.

En este ámbito también hemos tomado medidas. Desde noviembre de 2014 los calefactores a leña no certificados están prohibidos en el área urbana de la región Metropolitana y, por lo tanto, hoy día, en la práctica, gran parte de la calefacción a leña debería reducirse.

Sobre la fiscalización, se está realizando y estamos trabajando con los municipios, para delegar también en ellos las capacidades de fiscalización.

El Gobierno de Chile tiene una sensación de urgencia respecto de la contaminación atmosférica y, por eso, mientras avanzamos en la elaboración de los planes de descontaminación, hemos decretado las alertas sanitarias ambientales para las ciudades más contaminadas entre Santiago y Coyhaique, que nos permiten adelantar las medidas de gestión de episodios críticos.

El resultado inicial de este ejercicio es auspicioso. El año 2014, de acuerdo al Ministerio de Salud, se declararon 25 mil consultas médicas de urgencia menos por enfermedades respiratorias en las ciudades en las que se aplicó esta medida.

Las medidas estructurales están diseñándose, y para 2018 esperamos tener 14 Planes de Descontaminación Atmosférica en plena operación. A corto plazo, tenemos las medidas paliativas que buscan proteger a las personas.

Saluda atentamente,

0 Comentarios

Para poder comentar en este debate, debes ingresar con tu cuenta.