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Ley de donación de órganos: ¿Apropiación indebida o correcta medida de salud pública?

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Sofía Salas Ibarra

Profesora titular, Facultad de Medicina, Universidad Diego Portales

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Juan Luis Castro

Médico. Diputado, Partido Socialista

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Carta de Sofía Salas Ibarra

24 febrero 2016

Estimado Juan Luis:

Como médico, comparto tu deseo de que en Chile implementemos medidas que permitan aumentar el número de donantes de órganos y así disminuir las listas de espera. Desgraciadamente, las últimas medidas legislativas han tenido un efecto contrario. Mediante esta e-pistola, te presentaré mis argumentos contrarios a la nueva propuesta que acaban de presentar (Boletín N° 10453-11).

En primer lugar, esta propuesta considera que toda persona mayor de 18 años podrá manifestar su voluntad afirmativa a la donación de órganos frente a un funcionario del Servicio de Registro Civil (por ejemplo, al momento de renovar la cédula de identidad), lo que es razonable. No obstante, expresamente señala que la opción contraria (es decir, la negativa a ser donante) no podrá ser consignada de la misma manera, sino que requiere ser manifestada ante un notario público, quien transmitirá la información al Registro Nacional de No Donantes. Me parece que si se quiere respetar la voluntad de las personas al respecto, ya sea para ser donante como para no serlo, se debieran dar facilidades similares para consignar dicho deseo. En nuestra realidad, poner como requisito para que se respete la voluntad de no donar el hacer un trámite notarial produce discriminación de acceso, puesto que no todos los ciudadanos tienen las mismas posibilidades de acceder a dicho servicio. Me parece que si el oficial del Registro Civil puede consignar el deseo de ser donante, con la misma fidelidad puede hacerlo si no lo es.

En segundo término, si bien en otras culturas existe el principio de donante universal (todos somos donantes a menos que expresamente hayamos manifestado lo contrario), en nuestro país aún no tenemos la cultura de dejar establecida nuestra voluntad anticipada, en esta y en otras situaciones delicadas de salud. Habitualmente es la familia la que termina tomando la decisión. Quisiera detenerme un poco en este punto, para hacer ver cuán ajena a la realidad chilena es esta propuesta legislativa. En un estudio que realizamos en la UDP sobre la opinión de los chilenos respecto a la donación de órganos, demostramos que casi la mitad de las personas que estaban en desacuerdo con donar lo hacían por sus creencias religiosas asociadas a no alterar el cuerpo después de la muerte; la otra mitad argumentaba temas de inequidad, falta de transparencia y desconfianza en el sistema de donación y trasplante. Esto era más evidente en personas de bajo nivel socioeconómico, quienes suelen temer que si llegan a estar en riesgo de morir, podrían no darles todos los cuidados necesarios para así tener órganos disponibles. Como médicos, sabemos que el sistema de procuramiento y asignación de órganos se hace en Chile siguiendo estrictos criterios médicos, pero no hemos logrado transmitir esta seguridad al público en general.

En tercer lugar, nuestros propios datos muestran que para los chilenos es más adecuada una legislación que promueva la donación como algo positivo, voluntario, altruista, y no una ley que obligue, especialmente si puede percibirse que será un segmento de la población la que estaría más expuesta a “esta obligación”.

Espero, Juan Luis, que vuelvan a mirar la propuesta legislativa y logren una redacción que esté en sintonía fina con lo que es el sentir de los chilenos. Por mucho que deseemos que aumente la donación de órganos, dudo que el equipo médico esté dispuesto a arrebatarlos en oposición a los deseos de las familias.

Espero tus comentarios.

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Carta de Juan Luis Castro

25 febrero 2016

Estimada Sofía:

En primer lugar, agradezco que te intereses por este tema y que tengamos la oportunidad de compartir nuestras posturas.

Como médico, pero ante todo como ser humano, no puedo ignorar la necesidad de avanzar en la donación de órganos y tejidos en nuestro país, por ello y porque las últimas medidas legislativas no habían logrado el aumento de donaciones esperado, me hice parte de la última propuesta de ley que busca principalmente que se respete la voluntad de quienes optan en vida por ser donantes una vez que han muerto, no de “arrebatarlos en oposición a los deseos de las familias”.

Comparto contigo que nos hace falta lograr que las personas comprendan la importancia de la donación y cómo el proceso de trasplantes se lleva a cabo, pero debemos ser realistas y reconocer que esa enseñanza no se llevará a acabo de la noche a la mañana y depende de todos.

Existen temores y dudas sobre este proceso que hacen que las donaciones disminuyan, pero si bien como doctores compartimos en lo profesional el dolor de quienes esperan por un órgano y la crudeza del momento de la pérdida de un ser amado, lo que personalmente he vivido, también como médicos podemos dar fe de que el proceso se hace respetando el dolor de los deudos y la dignidad del cuerpo de quien ha fallecido.

También concuerdo en que la donación es algo positivo, altruista y voluntario. Esto se plasma en la misma propuesta, que sostiene que se puede manifestar la voluntad de no ser donante en una notaría pública, generando una opción, no una obligación, como tú dices. Además, soy partidario de que las creencias religiosas de cada uno no deben criticarse y el no querer ser donante por la fe debe ser respetado, igual que la negativa por otras causas.

En cuanto a tu crítica a dejar dicha constancia en notarías y no en otras instituciones, es vital precisar que ello se propone por las falencias que otros organismos, como el Registro Civil con que ejemplificas, han demostrado a la fecha para poder hacerse cargo, lo que se explica detalladamente en el boletín Nº 10453-11.

A grandes rasgos, actualmente se puede optar por ser o no donante al efectuar la tramitación de la cédula de identidad o de la licencia de conducir. Sin embargo, los funcionarios que realizan dichos procesos no siempre cuentan con las competencias técnicas para llevarlos a cabo, y ambos trámites se realizan cada largos períodos de tiempo, condicionando a dichos plazos la manifestación de la voluntad de donar.

Como puedes notar, Sofía, lo que se ha buscado es facilitar el proceso y respetar la decisión de las personas, puesto que el objetivo principal de esta propuesta es que se respete la voluntad del donante cuando fallece. Hoy, esto no siempre ocurre, menos trasplantes se hacen y disminuye la opción de vida o de mejor calidad de vida de otros.

Finalmente, espero que estas cartas permitan que quienes nos lean conversen sobre este tema, porque todos moriremos algún día y, en ese momento, podremos evitar que otras personas deban enfrentar el mismo destino o sufran por una pérdida como lo harán quienes nos han amado y dejemos atrás.

Yo soy donante y espero en mi muerte poder dar a otros la esperanza de vida. Es el mejor legado que puedo dejar.

7 Comentarios

  1. Creo que los trasplantes de órganos sólo favorecen a los sectores socioeconómicos acomodados, que pueden pagar el costo de los procedimientos y honorarios médicos para extender la vida de una persona. No hay equidad en Chile en el acceso a la salud y a la vida. ¿Por qué razón, entonces, favorecer la vida de unos y la muerte de otros para lograr la obtención de órganos? Los argumentos esgrimidos en el artículo, a mi juicio, sólo constituyen un sofisma que pretende ocultar los fines de lucro involucrados en ese tipo de procedimientos médicos. A mi juicio, todo ello no es más que otra muestra del mercantilismo de la medicina chilena.

  2. ¡Así no hay salud en Chile! Chile no existe como nación, es decir, hay dos o más Chiles dentro de Chile. Eso sólo redundará en que algún día, uno de esos Chile se sobrepondrá a los otros, a través de las ideas políticas o por la fuerza de las armas. Ese sino que nosotros tenemos como país fue predicho por el historiador Gonzalo Vial Correa, y creo firmemente que ya estamos en marcha a ese trágico destino.

  3. … les imposibilita a los doctores prestar un servicio óptimo a los pacientes de la salud pública. Esa es la razón por la cual es absolutamente distinta la atención de un médico de un hospital público de Argentina (no se demoran 5, 10 o 15 minutos y paciente para fuera, que pase el siguiente), comparada con la atención de un médico de un hospital público de Chile. ¿Cuál es la diferencia o la razón para ello? Argentina (país que estoy usando de ejemplo) invierte en sus doctores, es decir, les otorga educación gratuita. Esa gratuidad, costo de su formación, les deja sólo una “deuda moral” con la sociedad o Estado que financió su formación.

  4. Si tomamos en cuenta que ese doctor debe financiar su vida, recuperar su inversión, mantener a su familia, pagar la educación de sus hijos y asegurar un fondo de dinero para su vejez, sin ver disminuida su dignidad y calidad de vida, pasa a ser absolutamente comprensible que no quieran trabajar en la salud pública, debido a que la única manera de poder financiar un nivel de vida “digno” a su juicio, sólo es posible de lograr a través de la prestación de servicios en la salud privada. Todo esto sin dejar de lado el tema de las listas de espera en la salud pública y la falta de insumos médicos (en muchas ocasiones, birlados por funcionarios de rangos menores de la salud pública)…

  5. Los temores y dudas no son infundadas. Los médicos de hoy, en su gran mayoría, no tienen ética y no cumplen con el juramento hipocrático, dado que “el mercado” les exige transformarse en mercaderes de la vida y de la salud. Pero créanme que también los entiendo. Nuestro Estado o sociedad no invierte mucho dinero en su formación (a diferencia de nuestros países vecinos, que tienen educación universitaria gratuita), razón por la cual los padres de estos alumnos de pregrado, o ellos mismos, deben endeudarse en sumas que ascienden fácilmente a los 60 o 70 millones para pagar su formación como doctores, y a todo ese costo además hay que agregarle el costo de adquirir una especialidad médica.

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