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La perspectiva de género en el futuro Ministerio de Ciencia y Tecnología

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Vania Figueroa Ipinza

Directora, Corporación Mujeres Líderes para Chile

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Gonzalo Rivas

Presidente, CNID

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Carta de Vania Figueroa Ipinza

23 julio 2015

Estimado Gonzalo Rivas:

Cuando asistí el pasado miércoles 10 de junio al seminario de la Comisión Presidencial “Ciencia para el Desarrollo de Chile” en el ex Congreso Nacional, iba con grandes expectativas, puesto que desde el retorno a la democracia han existido nueve comisiones asesoras presidenciales en materia de Ciencia y Tecnología (C y T), pero esta es la única que ha sido convocada con el objetivo explícito de sentar las bases para la creación de una nueva institucionalidad de C y T de origen ministerial.

Confieso que cuando escuche decir que una de las propuestas de esta comisión es triplicar el número de investigadores me sentí confundida, porque en nuestro afán de mejorar los vergonzosos indicadores de la OCDE que nuestro país ostenta, nos hemos embarcado en una vertiginosa carrera que nos conduce peligrosamente a repetir los sucedido en países como EE.UU. y España, donde existe un alto contingente de capital humano avanzado sin expectativas laborales. Pero, sobre todo, me sentí frustrada, porque entre los anuncios de aquel seminario no se habló de incrementar el número de investigadores fomentando la equidad género. Más aún si consideramos que la participación de mujeres en C y T en Chile alcanza solo el 32%, según cifras de la Unesco, muy por debajo del promedio de nuestros vecinos Argentina, Bolivia o Uruguay, que ya alcanzaron la paridad.

Más de tres décadas de investigación han revelado que el sesgo de género es perjudicial en todos los ámbitos de la sociedad. La mayoría de estas investigaciones han sido conducidas en países desarrollados y, por ello, nuestro país presenta un retraso significativo y enfrenta un reto mayor en la incorporación de estas investigaciones en las políticas públicas.

El futuro Ministerio no solo responderá a la prolongada demandada de la comunidad científica y a las necesidades de nuestro país en materia de C y T, también deberá enfrentar el desafío de incorporar más mujeres en este campo. La Comunidad Europea se ha planteado el ambicioso objetivo de que en 2030 la mitad de los científicos y los responsables de la política científica, en todos los campos y en todos los niveles, sean mujeres. Chile deberá redoblar sus esfuerzos y actuar con celeridad, para no quedarse atrás una vez más.

En febrero del presente año, la presidenta de la República inauguraba el evento ONU de alto nivel “Las mujeres en el poder y la toma de decisiones: Construyendo un mundo diferente”, ratificando la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing. Sin embargo, solo unas semanas antes anunciaba la conformación de una comisión asesora presidencial de C y T no paritaria, en el que solo siete de sus treinta y seis miembros son mujeres, en contradicción con los compromisos adquiridos para combatir la desigualdad de género, más aun considerando que este y otros organismos internacionales han señalado que la escasa participación de mujeres en cargos de relevancia en la toma de decisiones es uno de los factores que contribuye a la subrrepresentación de mujeres en todo ámbito.

A pesar de que esta comisión no es paritaria, entre sus miembros cuenta con científicas que han realizado grandes esfuerzos por combatir la desigualdad de género en sus campos de acción y sin duda aplicarán esta perspectiva en el trabajo de la comisión. Pero en un mundo dominado por hombres, que requieren cambios profundos, la responsabilidad de liderar estos cambios no solo radica en las mujeres, sino también en los hombres. En este sentido, la agencia ONU Mujeres lanzó en Chile hace pocas semanas la iniciativa “He for she”, campaña que busca incentivar la participación de hombres en la promoción de la igualdad de género, sobre todo en aquellos que se encuentran en una posición de liderazgo.

Por ello, no pude sino pensar que el presidente de la Comisión Presidencial “Ciencia para el Desarrollo de Chile” se encuentra en una posición única para llamar al progreso y promover la participación de mujeres en las carreras científicas e ingenierías, situando la equidad de género como eje transversal de las políticas de C y T de nuestro país. Qué bonito desafío y que gran responsabilidad, ¿no cree usted?

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Carta de Gonzalo Rivas

29 julio 2015

Estimada Vania:

Efectivamente, hoy nos encontramos frente a un hermoso desafío y a una gran responsabilidad, cual es la de sentar las bases de una institucionalidad en materia de ciencia, tecnología e innovación que permita avanzar hacia un desarrollo sostenible e inclusivo.

Al explicitar su visión para el Chile de 2030, la Comisión “Ciencia para el Desarrollo”, la plantea como “(…) disruptiva, creativa, atractiva, valorada, descentralizada, inclusiva en género y etnia, fuertemente conectada con la sociedad, con recursos económicos y desarrollos tecnológicos que le permiten reflejarse como un real aporte al desarrollo global del país” (p. 16 del informe “Un sueño compartido para el futuro de Chile”).

Por su parte, el informe de la Subcomisión de Fortalecimiento de la Ciencia enfatiza en atributos transversales “(…) entre ellos, la excelencia, la internacionalización, la equidad (como la eliminación de sesgos de género y el acceso equitativo a la formación científica), las condiciones laborales justas (acordes a las leyes laborales) y el reconocimiento del valor de las condiciones particulares y diversas de nuestras regiones y territorios” (p. 101).

Tal como señala en su carta, estamos en una posición privilegiada para promover la participación femenina e incluso para ir más allá e impulsar la equidad de género en todas las ciencias naturales, sociales, ingenierías y humanidades, de forma que la propia diversidad de género agregue valor al quehacer de cada una de estas disciplinas. Es decir, que al mismo tiempo que, por ejemplo, aumenten las mujeres en las ingenierías, haya más hombres en la docencia escolar, de forma que ninguno tenga menos de un 30 o 40% de representación en una especialidad.

Este ideal debiera ser acogido por todas las entidades vinculadas al tema, ya sea universidades, centros de investigación, empresas, agencias, entre otros. En los últimos años, hemos podido apreciar con satisfacción un avance significativo en materia de equidad de género en el acceso a la educación superior. Pero aún hay disciplinas donde prevalece la participación femenina, con un 78% promedio en áreas de salud, servicios sociales y educación, y con no más del 18% en las ciencias e ingenierías. Estos datos son tomados de un estudio de participación femenina de Conicyt de 2014, el que también muestra cómo a medida que se avanza en la carrera de investigación las brechas aumentan.

En los últimos años ha habido esfuerzos importantes, tales como el reconocimiento de las licencias maternales en programas de Conicyt, instrumentos de financiamiento del emprendimiento femenino en Corfo, el programa de equidad de género de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. Sin embargo, aún quedan muchos espacios para avanzar, como el fomento del interés en la ciencia y la tecnología en niñas y niños, para que puedan seguir sus vocaciones sin distinción de sexo y evitando sesgos culturales que no son sólo propios de las comunidades escolares, sino también de las familias y la sociedad en general. Asimismo, los fondos públicos pueden promover la disminución de brechas de género en la carrera científica, por ejemplo, a través de criterios de evaluación que premien la equidad en la conformación de equipos de investigación. También las universidades y centros pueden dar facilidades para que el rol parental sea compatible con la carrera científica y académica, evitando que las mujeres deban abandonar su carrera.

Es cierto que nos falta bastante camino por recorrer, por lo que quienes lleven adelante el nuevo Ministerio están frente a una oportunidad concreta de avanzar en equidad de género, tanto en educación como en la trayectoria de investigación que puedan desarrollar los titulados en enseñanza superior.

La inclusividad es un anhelo que comparte la comunidad de la ciencia, tecnología e innovación y es un requisito básico para avanzar hacia el desarrollo que queremos.

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Carta de Vania Figueroa Ipinza

04 agosto 2015

Estimado Gonzalo:

Agradezco su respuesta y poder debatir este importante tema. Como señala, el informe “Un sueño compartido para el futuro de Chile”, contiene la perspectiva de género en las páginas citadas. Sin embargo, vemos con preocupación que esta sea abordada en sólo dos párrafos dentro de las 158 páginas que componen el informe.

Creemos que este informe adolece no sólo de un leguaje inclusivo, sino también de propuestas y acciones concretas para combatir la desigualdad en el campo de la C y T, que trasciendan a las declaraciones de buenas intenciones porque, como la historia ha demostrado, y no sólo en Chile, las buenas intenciones no se traducen en cambios reales.

Aplicando esta lógica, por ejemplo, durante décadas no existió un mecanismo efectivo para incrementar la participación política de las mujeres en Chile, a pesar de que ejemplos en el mundo sobraban y había declaraciones de buena voluntad de todos los sectores. Finalmente, en 2014, en el marco de la reforma al sistema electoral binominal y a partir de la incidencia de los movimientos sociales, se logró instalar una cuota de género que incrementará en forma efectiva la participación de mujeres en política.

Por lo anterior, creemos que no basta con “la visión de la ciencia inclusiva del futuro” plasmada en este informe, se necesitan acciones concretas que apunten a incrementar la participación de mujeres en C y T. Por citar un ejemplo, en el apartado de propuestas específicas se propone: “Aumentar el número de académicos con doctorado a través de incentivos y criterios de acreditación y fomentar la renovación de plantas académicas, especialmente en universidades estatales” (pág. 48). En esta propuesta, se pierde la oportunidad concreta de recomendar una acción afirmativa, para que este incremento sea efectuado con paridad, más aun considerando que en las universidades chilenas las mujeres se concentran, mayoritariamente, en los niveles inferiores de la jerarquía académica.

Las acciones afirmativas implementadas por Conicyt han reducido la brecha del postgrado, probando su efectividad. Hoy, mujeres y hombres están casi en igualdad numérica a nivel de magíster y doctorado. Sin embargo, la brecha es abismante al llegar a los puestos de mayor jerarquía académica, como los de profesor(a) asociado(a) y titular.

En las 158 páginas del informe hay numerosos ejemplos donde se pudo recomendar acciones específicas, como en la inserción de profesionales en las empresas (pág. 50), en el Estado (pág. 54), etc., que por razones de especio no detallaremos. Incluso los mismos ejemplos que usted propone en su carta tenían cabida para ser incorporados explícitamente en este informe.

El escaso avance en equidad de género en C y T, y también en otros ámbitos de nuestra sociedad, tiene que ver con el hecho de que supuestamente “se entiende que se debe aplicar perspectiva de género”, pero en la práctica no se establecen acciones afirmativas u otros mecanismos en las políticas públicas que tengan un alcance efectivo. Chile es uno de los países más desiguales de la OCDE y, por ello, no podemos seguir retrasando el cambio, el llamado es a la acción inmediata en todos los niveles.

Compartimos con usted que será menester de quienes lleven adelante el nuevo Ministerio, a través de la articulación de los actores involucrados, avanzar en equidad de género. Este informe será la carta de navegación a utilizar y sus propuestas incidirán directamente en el establecimiento de esta nueva institucionalidad. Por ello, valoramos el enorme esfuerzo y trabajo que ha realizado la Comisión, sin duda con las mejores intenciones para el bien del país, y rescatamos que al menos en la visión general esté incluida la perspectiva de género.

El rol de las organizaciones sociales como la nuestra es la observación de todos los procesos y, a partir de este informe, seguiremos tratando de aportar una mirada sistémica para que finalmente encontremos los mecanismos que conduzcan a nuestro país a los más altos estándares del desarrollo humano.

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