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La lucha de género y las máscaras de la administración UC

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Camila Ossandón Smith

Coordinadora Interna Secretaría de Género y Sexualidades UC (SEGEX)

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Maria Elena Pimstein

Abogada – Secretaria General Pontificia Universidad Católica de Chile

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Carta de Camila Ossandón Smith

25 mayo 2017

Estimada María Elena Pimstein,

Durante el mes de mayo, la contingencia en la Universidad Católica nos ha demostrado que existe una contradicción, una doble cara entre lo que las autoridades quieren que creamos que hacen y lo que de verdad piensan: la lucha por terminar con la violencia de género no es algo que está dentro de sus planes y sin tapujos, así lo demuestran.

La censura de la feria de organizaciones de género planteada por la FEUC para el día viernes 19 de mayo no fue una coincidencia, un error de comunicación ni menos una decisión tomada en base a un argumento legítimo. A la feria estaban invitadas organizaciones como Iguales, fundación para combatir la homofobia a través de difusión y educación, también la Secretaría de Género y Sexualidades UC, que además del acompañamiento de víctimas de abuso y acoso sexual vela por la concientización de la comunidad respecto a temáticas de género.

Observamos la primera contradicción: la UC dice que quiere educar en temas de género en el documento oficial, pero en la práctica, no lo permite. La respuesta de la administración a la solicitud fue que la feria “no cabía dentro de la categoría de actividades académicas”, siendo que en el informe de la Comisión de Prevención y Apoyo a Víctimas de Violencia Sexual del Honorable Consejo Superior presentado en octubre de 2016, consigna que la sensibilidad sobre los temas de abuso y violencia será realizada “mediante centros de estudiantes, otras organizaciones estudiantiles, programas de inducción, ferias saludables o zonas de encuentro saludables”.

El mismo informe consigna algunos párrafos más abajo y en negrita: “Los recintos de la Universidad no podrán ser destinados ni utilizados para actos tendientes a realizar o propagar actividades perturbadoras para las labores universitarias y contrarias a los principios de la Iglesia o de la Universidad”. Nos preguntamos entonces, ¿de qué sensibilización respecto a los temas de género y abuso estamos hablando? ¿Es acaso, de aquella que una realidad fragmentada de la Iglesia quiere mostrar?

Podemos observar que la despreocupación por hacer visibles los temas de género no solo se queda en la censura de ferias de difusión, sino que tampoco lo incluyen dentro de sus estudios sobre políticas públicas: El 6 de junio se estrena el libro “Compromiso Público de la UC”, que habla sobre distintas iniciativas “de cara a la comunidad” dentro de la universidad que se clasifican por su aporte. No se abordan iniciativas específicas de género y diversidad sexual, aunque dentro de la universidad, existan al menos 5 secretarías y vocalías organizadas por la lucha de género. Una vez más, el compromiso con la violencia de género se queda solo en las palabras.

Luego tenemos el caso de profesores que discriminan a mujeres, homosexuales y transexuales en carreras que han pertenecido a una intelectualidad machista y patriarcal durante la historia, como Derecho. La universidad no combate la discriminación y el mal trato que docentes realizan en sus clases o a través de las redes sociales aunque aseguren estar consciente de que la violencia sexual existe, pues en los principios que inspiran el protocolo contra los abusos y acosos afirman: “La Universidad reconoce que la “violencia sexual” es un problema actualmente presente en la sociedad y en los contextos universitarios y, por tanto, la considera inaceptable en la medida que atenta contra la integridad y la dignidad de las personas, rechazándola en todas sus formas”.

La contradicción se refleja en la contratación, poca fiscalización y sanción a profesores y profesoras que hacen comentarios machistas en sus clases y que atentan contra la expresión LGBT. Lejos de ser un síntoma, las siguientes declaraciones son consecuencia de la falta de fiscalización por parte de las autoridades de la UC para que ésta sea una universidad que se compromete con una comunidad diversa y afectada por la violencia de género y el abuso.

El ejemplo es la reacción que se obtuvo de distintos profesores tras la celebración del día contra la homofobia con una bandera LGBT en la entrada de la Facultad de Derecho. “¿Me van a decir que ningún alumno de Derecho fue capaz de sacar la bandera de colores de debajo del nombre de la Facultad, antes de que la retirara la administración? Todos se quejan en privado, pero luego nadie se atreve a defender su Universidad”, argumenta uno de los docentes de la carrera en una publicación dirigida a los alumnos en Facebook. “Los defensores de la teoría de género y LGBT son igual que los comunistas, lo declaran algo patológico y enfermedad mental. No pueden entender que hay una moral cristiana (…) la conducta homosexual es un accidente, no de la esencia y naturaleza del hombre. Es objetivamente mala”, agrega un egresado de la carrera en apoyo al profesor.

Respecto a las denuncias de abuso y acoso hechas por miembros de la comunidad a la Secretaría General, la ayuda que ésta ha ofrecido se manifestó a través de la creación de un protocolo de acción pero no en la práctica misma. Si la UC te invita a seguir un protocolo y a firmar códigos de honor, no se esmera en entregar un acompañamiento real a las víctimas, esto ejemplificado con los casos de denuncias por abuso sexual cuyas resoluciones nunca son informadas a las víctimas, sumarios de los cuales nunca se obtiene respuesta y un trato poco personalizado. Hemos decidido guardar la identidad de las denunciantes, quienes dicen que lo que han obtenido denunciando no es más que un obstáculo para obtener justicia.

Cuando en los principios de la Universidad Católica se consagra que debe existir “una necesaria actitud de respeto y apertura hacia los principios que informan a la universidad y hacia la misión que ella ha recibido de la Iglesia” y también que “quien combatiere esos principios no puede formar parte de esta Universidad”, asumir que el respeto por las personas de cualquier género o sexo es real se hace difícil, pues la evidencia demuestra lo contrario.

La Universidad Católica no salvaguarda la dignidad de todos sus integrantes, católicos o no. La pregunta que nos hacemos es: ¿Corresponde que la UC se adjudique  “la orientación de bien público sin pertenecer al Estado, comprometidas con el desarrollo del país”, como señaló el rector Ignacio Sánchez en una columna a La Tercera, si no está dispuesta a guiar ese desarrollo hacia una sociedad pluralista y justa para aquellos que no se identifican con el catolicismo, o peor, con los que son discriminados por sus principios?

Atentamente,

Camila Ossandón Smith
Coordinadora Interna Secretaría de Género y Sexualidades UC.

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