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La jornada completa y el exceso de tareas escolares

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María Elena Montt

Psicóloga infantil y de adolescentes

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Alejandra Arratia

Coordinadora nacional, Unidad de Currículum y Evaluación, Mineduc

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Carta de María Elena Montt

11 agosto 2015

Estimada Alejandra:

La educación es esencial para la formación y desarrollo de los seres humanos, en la que participan distintos sistemas sociales a lo largo de la vida que, para ser funcionales, requieren diferenciación de roles y límites entre estos.

Los sistemas más importantes que participan en el proceso educativo son la familia y la escuela, en la cual las instituciones educacionales han ido adquiriendo, en forma progresiva, un rol preponderante en la formación de las personas, lo que se ha traducido en un aumento de los años de escolaridad y de las horas de permanencia diaria en estos establecimientos, disminuyendo el tiempo compartido con la familia.

En Chile, en los años 90, se comenzó a implementar la jornada escolar completa, que inicialmente propuso que en su currículo se incluyeran talleres que permitieran desarrollar habilidades que la educación más tradicional no consideraba, tales como actividades artísticas, deportivas, científicas, etc., además de realizar las tareas en la escuela y protegerlos mientras los padres estuvieran en sus trabajos.

Sin embargo, la realidad no se ha ajustado a las ideas que inspiraron la extensión de la jornada escolar. La competencia por rendimientos entre las escuelas por obtener mejores puntajes en el Simce, PSU, etc., ha centrado los esfuerzos en el logro académico, en desmedro de la formación integral de sus alumnos y, más aún, como el aumento de las horas de clases no ha sido suficiente para obtener los rendimientos buscados, se ha recurrido a extender la jornada escolar aún más, a través de extenuantes tareas que llevan los menores a sus hogares.

Así, los límites y diferenciación con el sistema escolar se están confundiendo, ya que los padres tienen que cumplir roles de padre-profesor para reforzar o enseñar las materias que no pudieron ser aprendidas en la ya larga jornada escolar.

Padres e hijos, cansados ya de una larga jornada en el trabajo, comienzan con una “batalla” agotadora por terminar con las tareas, preparar trabajos, estudiar para las pruebas, etc., lo que suele darse en un contexto relacional de molestia recíproca y sobrecarga de exigencias, tensionando los vínculos familiares. Se descuidan otras áreas de la vida necesarias para un desarrollo infanto-juvenil saludable tales como el cultivo de los vínculos más cercanos con la familia y amigos, el juego, los intereses personales, conocerse, descubrirse, entenderse; incluso por ciertos períodos de mayor exigencia se descuidan los hábitos de sueño y de alimentación.

Según lo señalado, es necesario enfatizar que estas actividades son de vital importancia para la formación de los menores. Así, el juego facilita compartir con otros, aprender a tolerar las frustraciones, aprender a ganar y perder, canalizar la energía en forma constructiva, enfrentar desafíos y problemas, regular las emociones, distender el estrés, entrenar roles que se desempeñarán posteriormente. El juego es una poderosa herramienta que estimula el desarrollo cognitivo, social, moral y psicomotor. Actualmente, los niños tienen poco tiempo para jugar.

Los vínculos cercanos son fundamentales para la autoestima, la alegría de vivir y el bienestar psicológico, siendo muy importante que padres e hijos tengan espacios para conocerse y compartir en un ambiente relajado, amoroso y gratificante para todos. Esto promueve la salud mental de las personas, permite el desarrollo de la confianza básica y de la autonomía, necesarias para desempeñarse posteriormente en la adultez. Los menores están con poco tiempo para entablar relaciones gratificantes con sus padres y también con amigos.

El exceso de exigencias y deberes escolares están transformándose en un obstáculo o un factor de riesgo para los menores y sus familias en general. Con esta “estrategia” educativa se está amenazando la calidad de la relación parento-filial, y el bienestar psicológico de toda la familia.

La sobrecarga de exigencias en la familia aumenta el estrés, poniendo en riesgo su calidad de vida, que al ser mantenido en el tiempo, constituye un promotor de enfermedades físicas y mentales. Además, cabe señalar que no hay evidencia en estudios científicos que avalen los beneficios del exceso de tareas sobre el aprendizaje y rendimiento escolar.

La excesiva extensión de la jornada escolar, al continuar las tareas en el hogar, rompe los límites entre la familia y la escuela, confunde los roles de padre-hijo, maestro-alumno, e interfiere en el desarrollo sano, constituyendo un potencial peligro para la salud mental.

Las cifras sobre la salud mental en Chile muestran una alta prevalencia de trastornos mentales, de violencia familiar y un aumento progresivo de los suicidios de jóvenes en nuestro país, todo lo cual requiere de un abordaje integral en la sociedad. En este contexto es necesario que la escuela enfatice, en sus objetivos, la calidad de vida y salud mental de sus estudiantes.

Los últimos informes nacionales sobre de los resultados en el Simce, en las escuelas, han mostrado que la calidad de las relaciones en el aula facilita el aprendizaje y el desempeño escolar, poniendo de manifiesto que para mejorar la calidad de la educación se requiere de la percepción de un soporte social, no de más tareas para el hogar.

Es importante que “miremos” a los niños y a los alumnos, como seres humanos completos y complejos, que además de aprender las materias del colegio, requieren crecer en un ambiente saludable, en el que se respeten sus ritmos, diferencias, intereses, sus necesidades de afecto, estima, realización y construcción de un sentido de vida e identidad.

Elena Montt

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Carta de Alejandra Arratia

13 agosto 2015

Estimada Elena:

En primer lugar, valoramos su preocupación por un tema tan relevante para el desarrollo de los y las estudiantes, como es la calidad de su tiempo intra y extraescolar. Como Mineduc no solamente compartimos el valor que usted atribuye a una formación integral de los niños, niñas, jóvenes y adultos de nuestro país, sino que concordamos con su visión respecto de los desafíos que enfrenta la realidad escolar en este tema, algunas de las consecuencias no deseadas que esto podría tener para el desarrollo y bienestar de los y las estudiantes, y la necesidad de adoptar acciones que den cuenta de una visión amplia de la calidad de la educación, en los cuales —como Mineduc— estamos profundamente comprometidos.

Respecto del tiempo escolar, en efecto, la jornada escolar completa busca brindar un espacio para el desarrollo integral de las y los estudiantes que, en toda escuela y liceo, tienen una enorme diversidad de necesidades e intereses. Así, los Planes de Estudio cuentan con horas de libre disposición que pueden ser usadas por los establecimientos para potenciar el desarrollo y los aprendizajes de los estudiantes, considerando tanto el currículum nacional como el diagnóstico del contexto en que se encuentran, las necesidades e intereses de los y las estudiantes, y los énfasis formativos explicitados en sus Proyectos Educativos Institucionales (PEI).

Sin embargo, es sabido que, en la práctica, algunos establecimientos escolares destinan este tiempo a actividades que apuntan a reforzar aquellos conocimientos que son evaluados por el Simce, estrechando la noción de una formación de calidad y reduciendo el currículum y el quehacer escolar. Esto puede estar sucediendo por diversos motivos.

Preocupados por esta situación, el año 2014 el Mineduc convocó una mesa de expertos que elaboró recomendaciones para el Sistema de Evaluación de Aprendizajes y que, entre otras cosas, destacó que si bien una evaluación censal de logros de aprendizaje favorece políticas educacionales mejor informadas, focalizar excesivamente la atención en los resultados en mediciones externas tipo Simce restringe la visión sobre la calidad de la educación.

A partir de este informe, este año el Mineduc anunció los cambios a corto y largo plazo que llevará adelante para dotar a nuestro sistema educacional de una mirada más integral de lo que es calidad de la educación. Entre las medidas anunciadas se encuentra el desarrollo, en conjunto con la Agencia de Calidad, de un nuevo Plan Nacional de Evaluaciones para el período 2016-2020, que propondrá al Consejo Nacional de Educación (CNED) reducir el número de pruebas censales y potenciará la realización de estudios o pruebas muestrales en áreas del currículum no evaluadas hasta ahora. Además, como Ministerio nos comprometimos a generar una política de fortalecimiento de la evaluación de aprendizajes que se realiza al interior de los establecimientos, con un fuerte foco en desarrollar capacidades para robustecer su uso formativo o pedagógico. Orientaciones para un uso pedagógico de las tareas es algo que se incluirá en las directrices que emanen de esta política.

Asimismo, junto a la Agencia de la Calidad, estamos trabajando decididamente en entregar información más completa e integral sobre la calidad de los establecimientos educacionales.

Respecto del tiempo extraescolar de los y las estudiantes, coincidimos en la importancia de que este tiempo se dedique a profundizar los vínculos con la familia y las amistades, a explorar autónomamente otros intereses, a jugar y a descansar. Compartimos que todas estas acciones son necesarias para el mejor desarrollo y bienestar de las y los estudiantes. Asimismo, reconocemos que la sobrecarga de tareas puede generar dinámicas familiares de molestia, tensión y conflicto, tanto porque padres, madres o apoderados en ocasiones toman un rol de “supervisor” del cumplimiento de estas, como por aquellas situaciones en que deben intentar situarse como “profesores”, a veces de cosas que aprendieron de otras formas.

En este sentido, desde la Unidad de Currículum y Evaluación del Mineduc se respeta la autonomía de las instituciones escolares y la de los docentes para definir las mejores estrategias para fortalecer los aprendizajes de los y las estudiantes. No obstante, se pueden establecer algunas orientaciones para el uso pedagógico de las tareas.

Como principio fundamental, se debe cuidar el tiempo personal y familiar de los y las estudiantes. Para esto, se sugiere, como criterio general, reducir al mínimo posible la cantidad de tiempo extraescolar que los estudiantes deben utilizar para actividades o tareas académicas. Se puede ir aumentando el tiempo de dedicación diaria a medida que aumente la edad de los y las estudiantes.

De estimarse necesario enviar tareas para la casa, se recomienda que las actividades que se les pida realizar a los y las estudiantes en su tiempo personal extraescolar sean pertinentes a su contexto, edad y curso, y relevantes y beneficiosas para su aprendizaje. Desde esta perspectiva, se sugiere utilizar las tareas para promover la motivación de los y las estudiantes por seguir aprendiendo.

Existe evidencia (Marzano y Pickering, 2007; entre otros) que indica que los tipos de actividades que se envían de tarea difieren en su efectividad para propiciar aprendizajes. Las tareas pueden ser particularmente útiles como práctica de ciertas habilidades (por ejemplo, tocar un instrumento, afianzar procedimientos aritméticos, practicar algún deporte, leer, entre otros), para explorar temas que son de interés para el o la estudiante, y para fomentar reflexiones en torno a temas tratados o por tratar. Las tareas son menos efectivas para lograr aprendizajes cuando son proyectos o trabajos de mayor envergadura y, menos aún, cuando son una forma de terminar algo que no se alcanzó a trabajar en clase, por lo que se sugiere reducir este último tipo de tareas al mínimo posible.

También debe cuidarse que la dificultad de las tareas sea apropiada a los aprendizajes que se buscan favorecer. Las actividades no deben ser demasiado difíciles ni demasiado fáciles, sino suficientemente desafiantes como para apoyar el desarrollo del aprendizaje. Se recomienda focalizar las tareas en las necesidades específicas de cada estudiante para diseñar así actividades ajustadas a ellas.

Las tareas deben ser diseñadas para que los y las estudiantes las puedan realizar autónomamente, sin la ayuda de sus apoderados. Para esto, se debe tomar en consideración el contexto familiar de los y las estudiantes, y el grado de autonomía desarrollado. Tareas que requieren ayuda de otros pueden reforzar las brechas socioculturales, dado que hay familias que no tienen las herramientas o recursos para poder ayudarle a sus hijas e hijos a completar las actividades que se envían al hogar. Si es imprescindible el apoyo de un adulto, se recomienda enviar indicaciones claras respecto del rol que debe cumplir para apoyar a la o el estudiante, evitando que el apoderado deba enseñarle, sino que promoviendo que le haga preguntas para que él o ella explique y reflexione. De esta forma, las tareas pueden ser un espacio valioso para promover una interacción positiva entre los y las estudiantes y sus familias. Por ejemplo, actividades en que se entreviste a los apoderados respecto de sus experiencias u opiniones pueden ser formas de fomentar conversaciones agradables y enriquecedoras en el hogar que permitan profundizar los aprendizajes.

Por último, se sugiere a los profesores estar constantemente monitoreando los efectos que tienen las tareas para los y las estudiantes y sus familias, de forma de ir ajustando los tipos de actividades y el tiempo que toma realizarlas en el hogar.

6 Comentarios

  1. Alguien del Ministerio indicó que los niños en educación parvularia debían iniciar los procesos de lectoescritura. Se llega a la abrumadora estupidez de niños que terminan leyendo. Ya en 5° básico están saturados y, muchos, faltos de madurez.
    6. Los directores aumentan la exigencia a los profesores por resultados, pues eso les significa lograr metas y su correspondiente y jugoso bono como premio a su gestión.
    7 Es sabido que los padres han delegado sus obligaciones a la escuela y también sus responsabilidades. Han abandonado su función educadora justificándose en que trabajan y llegan “cansados”. Es una realidad.
    8. La jornada completa es un fracaso. Nace para “cuidar” niños.

  2. Me permito unas observaciones emanadas de la realidad:
    1. Los programas de estudio elaborados por el Ministerio son demasiado extensos.
    2. Al sobrevalorizar los resultados Simce y la competencia se perdió el sentido de la educación y se dio paso a establecer mas horas de Lenguaje, Matemáticas y a la preparación del Simce.
    3. El nivel de estrés y sobrecarga académica comienza en la educación parvularia, al que el sistema le hizo perder el sentido y el espíritu. Hoy, los niños juegan menos, socializan menos, carecen de los hábitos esenciales que deben formarse en el hogar y que las educadoras deben asumir porque la familia o el hogar dejó de hacerlo.

  3. Respecto a la carta de la señora Arratia, se agradece el trabajo que realiza Mineduc. El problema es que es en vano, pues sus planificaciones no llegan a los colegios, las tareas son pan de cada día y somos los padres los que terminamos haciendo los famosos trabajos, los que, bajo estas circunstancias, no le sirven en nada a los niños para el aprendizaje. Lamentablemente, el trabajo de escritorio no tiene nada que ver con lo que en realidad sucede en terreno.

  4. Me parece un planteamiento muy necesario. En broma digo que haré una marcha de abuelas en favor de los derechos de los niños a jugar, a descansar y a regalonear. Los padres, angustiados, tampoco descansan, pero como lo plantea la autora es un tema serio.

  5. Recomiendo leer a la Dra. Judy Willis (http://www.radteach.com/), neuróloga infantil que después de ver en su practica clínica el efecto que tenía el estrés en la vida académica de sus pacientes, estudió para ser profesora y enseñó en colegios durante mas de 10 años, ahora se dedica a investigar sobre formas de enseñanza que favorecen el aprendizaje “sin estresar”. Básicamente, un cerebro estresado es un cerebro que no aprende. Un niño lleno de tareas que no son las indicadas se frustrará, tendrá conflictos con sus padres, etc. El tema de las tareas debe ser tomado en cuenta con mayor seriedad. Gracias por poner el tema sobre la mesa.

  6. Estoy de acuerdo con lo que plantea María Elena Montt. Si se cumplieran las orientaciones que indican desde el MINEDUC quizás el panorama sería distinto, pero la realidad muestra que las tareas escolares, especialmente para los más pequeños, en la mayoría de los casos suponen una “carga extra” para el niños y para sus padres. También no hay que olvidar el efecto que tiene el estrés sobre el aprendizaje. ¿Realmente las tareas están siendo una fuente de motivación por expandir y generalizar el aprendizaje o una fuente de estrés para niños y sus padres?

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