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La indolencia del PRO

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Axel Abarzúa

Licenciado en Historia. Militante del PRO, @AxAbarzua

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Daniel Flores

Doctor en Sociología, Antropólogo y Magister en Ciencia Política. Miembro de la Fundación Progresa

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Carta de Axel Abarzúa

05 enero 2017

Estimado Daniel:
Dirijo esta carta ante tu respuesta La cueca en Proleta: otra vuelta y final, sobre el Frente Amplio, justificando principalmente las mala practicas dentro del Partido donde yo también milito y que al igual que otros compañeros de militancia, no compartimos la visión que expones y aquí doy mis por qué:

Es verdad que la política se construye en una parte significativa desde los liderazgos, vale decir desde las características de ciertos sujetos destacados que marcan su sello en los procesos históricos; pero homologar estos procesos a prácticas políticas de corte personalista y caudillista es otra cosa muy distinta.

Si se asume que un proyecto de cambio se condiciona por el rol que desea jugar un individuo y que no existe opción de cambio sino se concreta el rol dirigente que este aspira jugar, el argumento se está llevando demasiado lejos, especialmente en un país como el nuestro, en que la tradición histórica de la izquierda chilena, ha estado siempre mucho más cerca de estrategias institucionales que personalistas.

Las candidaturas presidenciales sin duda marcan momentos claves en los procesos políticos y democráticos. Los liderazgos sin duda se legitiman cuando un dirigente es electo en algún cargo de elección popular, sin embargo una característica de los proceso democráticos modernos es la existencia de los Partidos Políticos (con su dirigencia, su militancia y sus estructuras de participación) que son quienes construyen una parte esencial del éxito de dichos líderes y que proyectan el futuro político y los resultados electorales del conglomerado. Por eso es que se sostiene que no hay democracia sin partidos y que la decadencia y corrupción de estos debe ser un llamado a refundarlos y redefinirlos y no a sustituirlos por un caudillo iluminado.

Cuestionar o desvalorar la transparencia en el quehacer político, como lo haces en tu artículo, es una posición oportunista. Quizás no leíste bien a Yung-Chul Han. Sostener que “hacer de la transparencia el centro de lo político” equivale a “desintegrar la esfera pública porque te niegas a discutir con quién piense distinto, y con quién valore las cosas de un modo diferente” añadiendo que la centralidad de la transparencia implica reducirla a lo que “simple y llanamente… decida filtrar -descontextualizadamente- un fiscal, y promocionar luego un periodista”, muestra no solo que respiras por la herida, me parece sin duda un acto de increíble oportunismo. Primero porque reduces al absurdo la noción de “transparencia” antes de descalificarla y luego porque ese juicio proviene de una persona que es militante de un Partido que se vanagloria en su propaganda de ser el más transparente de Chile.

Después de atacar mañosamente la necesidad de Transparencia que el PRO ha defendido desde sus inicios como parte sus principios, las emprendes contra quienes critican las relaciones, que poco a poco se han ido revelando y que existían entre el PRO y los grandes grupos económicos del país. Es verdad que lo sano en Democracia es hablar con todos para llegar a acuerdos ¿pero no es a la política de los acuerdos entre los dueños del país y quienes decían aspirar a sustituir el modelo tras el retorno de la Democracia, aquello que nos llevó a los progresistas a constituirnos como un partido independiente? ¿No es esa misma política de los acuerdos la que ha mantenido y consolidado el proyecto neoliberal en Chile por 27 años? Parece que esa no es tu visión, que además defiendes el que dichos acuerdos no pueden sino ser poco transparentes, puesto que “otra de las trampas de la híper-transparencia, es creer que en política no tienen que haber secretos”.

El empresariado chileno se compone de casi un millón de Pymes de un lado y 32 grupos económicos de otro. Dado esto, es cierto que es necesario hablar con el empresariado, pero ¿Eso es lo mismo que hablar con el Gran Empresariado, vale decir con las 32 familias dueñas de Chile, para pedirles apoyo económico para nuestro candidato presidencial?

En el mundo no hay “Free Lunch”, por eso no podemos caer la ingenuidad de asumir que aun cuando nosotros mismos somos quienes cuestionamos a los Grupos Económicos por el abuso que provocan a la ciudadanía y al Duopolio por negociar con ellos la consolidación de un Capitalismo Salvaje donde solo el 1% captura los beneficios de este modelo; a la hora de los quiubos resulta que vamos tras ellos para que nos proporcionen los recursos necesarios para primero ganar las elecciones y luego para conformar un Gobierno “Progresista” dentro de los límites que ellos fijen.

En definitiva nos propones a los progresistas darnos la vuelta del perro, para terminar abrazando lo que ayer criticamos y levantando perspectivas política que son aún más retrasadas que las de la Nueva Mayoría, lo que ya es mucho decir.

Si los progresistas buscamos un cambio real en Chile debe haber coherencia entre lo que decimos y hacemos, y eso es lo que espera el pueblo de nosotros. Por ello generar un debate en torno a quién recibió más dinero para jugar al empate resulta un ejercicio tendencioso. Más aun, lo que despliegas es un argumento que insulta la inteligencia de cualquier lector, primero, se guarda silencio sobre el financiamiento recibido por MEO, luego dirigentes como Patricia Morales dicen no estar dispuestos a tolerar dentro de su mismo Partido insinuaciones de los recursos de SQM que se canalizaron para la campaña de Marco y luego pareces asumirlo sosteniendo que la transparencia es un mito peligroso, que hay otros que desarrollaron conductas parecidas y que aunque recibieran menos dinero el empate moral existe. En suma primero negar los hechos para luego asumirlos de modo indirecto, para terminar justificándolo. Es cierto que una campaña presidencial cuesta millones y que cuando el Estado no se hace cargo de esos gastos el dinero debe provenir de alguna parte pero ¿De cualquier parte? Cuando se fundó el Partido Progresista muchos nos vimos llamados por una nueva forma de hacer política, fuera del duopolio y sobretodo marcada por valores y principios donde no solo importaba el fin sino que también el medio, valores que últimamente se han visto cuestionados. ¿Entonces se puede sostener una propuesta de nacionalizar el litio cuando se sabe que es SQM quien te financia parte de la Campaña? ¿Aun sabiendo que son estos mismos financistas quienes posteriormente levantan las propuestas de ley que necesitan aprobar?

No nos hagamos los inocentes entre nosotros diciendo que aquello no nos hubiera sucedido y que en el PRO nos diferenciamos de los parlamentarios de la derecha y la nueva mayoría que están en las nóminas de los grupos económicos porque ellos tienen manija sobre las leyes y nosotros no.

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