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Incendios forestales: ¿Es posible la recuperación de los bosques?

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Helios Murialdo

Ph. D. Profesor emérito de Genética Molecular, Universidad de Toronto, Canadá. Miembro del Directorio de la Fundación Ciencia para la Vida, Presidente de la Corporación Altos de Cantillana

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Jorge Morales Gamboni

Ingeniero Forestal, ex Director Regional CONAF Biobío

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Carta de Helios Murialdo

23 enero 2017

Estimado Jorge:

Aunque lo expresado en su columna: “Los incendios forestales: las catástrofes que se nos vienen”, me parece acertado, discrepo totalmente con su aseveración “cuando se trata de vegetación nativa apenas producido el incendio el ecosistema comienza a recuperarse. En muchas ocasiones un observador inadvertido que vea el paisaje 2 o 3 años después de un incendio forestal en bosques o matorrales nativos no notará rastros porque el ecosistema simplemente cicatrizó.”

Realmente me impresiona su ignorancia, especialmente viniendo de un ingeniero forestal.

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En esta fotografía se puede observar cerros que en un tiempo estuvieron cubiertos de vegetación: litre, quillay, peumo, colliguay, retamo de cordillera, bollén, boldo y de arbustos como romerillo, palqui, y otras variadas especies. Aproximadamente 280 hectáreas fueron arrasadas por un incendio los días 17 a 21 de marzo de 2001. Seis años después, los cerros lucen como se muestra en la foto, obtenida el 5 de mayo de 2007. Se podría trazar en ella, con un lápiz, el borde entre la parte quemada y la ilesa.

Han pasado otros 8 años y lo único que ha crecido, ha sido algunos litres, cuya parte subterránea resistió el calor. La mayoría del bosque anterior ha sido reemplazado por quila (Chusquea quila), una especie de caña chilena. Esa es la “cicatriz”. Es nuestra apreciación, que este tipo de bosque no se recupera jamás en su forma original después de un incendio (con el consiguiente cambio en la fauna).

En los cerros de esta región predomina el bosque esclerófilo, el que se mantiene por el efecto “sombra” que provee la Cordillera de la Costa (Altos de Cantillana), que en esta latitud, es la más alta de Chile, con una precipitación anual promedio de 586 mm.

Pero la ausencia de recuperación no es una característica única del bosque esclerófilo. Se estima que el bosque patagónico que sufrió el incendio en las Torres del Paine en el año 2011demorará siglos en recuperarse y que tal vez no se recupere a su estado original jamás. Por algo Conaf (y otras instituciones) continúan reforestando el lugar del siniestro.

Por último, no hay que olvidarse de los 3,5 millones de hectáreas que se quemaron intencionalmente durante la colonización de la Patagonia chilena con el objeto de proveer tierras para la ganadería. No sólo no se recuperó el bosque, sino que además, se perdió la capa vegetal, de tal forma que en millones de hectáreas no crece hoy absolutamente nada, con la consecuente erosión.

Decir que los bosques se recuperan en un par de años después de un incendio es de una irresponsabilidad sin límites. Aseverar tal cosa, contribuye a desinformar a la gente y a desincentivar el cuidado de los pocos bosques que nos van quedando.

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Carta de Jorge Morales Gamboni

23 enero 2017

Estimado Helios:

Ud. Acertó ya que devasto permanentemente mi piedra bruta con el objeto de correr el velo de la ignorancia. Me abrumo… me siento en efecto cada vez más ignorante. Empero, desde  los conocimientos de mi profesión de  Ingeniero Forestal de la Universidad de Chile, voy a intentar construir, junto a sus argumentos, una respuesta adecuada a sus notables inquietudes.

Cuando hablo de cicatrización de los ecosistemas aludo a conceptos de mi querido profesor de ecología Don Juan Gastó. Luego que un ecosistema sufre una catástrofe como una corta masiva por cosecha o un incendio, comienza a operar la memoria de los mismos. Esta memoria se manifiesta en raíces gemíferas, capacidad vegetativa de los tocones o ramas quemadas y  semillas. Cuando comienza la revegetación es que está cicatrizando con memoria ya que no se instala allí un ecosistema distinto. Esto es así, estimado Helios, aunque ud, tal como lo muestra su fotografía, vea otra cosa.

Permítame explicárselo apelando ahora a otro querido profesor mío, el Dr. Harald Shmidt, mi tutor de tesis, quien tuvo el tesón de transmitirnos sus conocimientos sobre dinámica de bosques.  En efecto, el complejo bosque que ahí había no puede, por arte de magia, reaparecer, no me refería a eso cuando escribí lo que Ud. Señala. Pasa exactamente lo que Ud ve al día de hoy, es decir se desencadena una sucesión de vegetación   que comienza con especies de luz (Chusquea y otras), que van haciendo propicio el ambiente, creando condición de bosque en temperatura y luminosidad,  para que otras especies,  más requirentes de suelo, se abran camino en el bosque, es decir el bosque esclerófilo que Ud. acertadamente describe.

Por otro lado, los bosques patagónicos, poseen una altísima capacidad de cicatrización. La Lenga, especie en la que realicé mi tesis de grado, regenera como una alfombra vegetal a razón de varios miles de plantas por ha. Es la dimensión temporal, el inmediatismo, la presión turística, los voluntarios que quieren honestamente ayudar a plantar, la multa que le cobraron al responsable, la presión de los conglomerados empresariales que hicieron campaña para recuperar la zona quemada, loa que lleva al Estado de Chile, a realizar un esfuerzo titánico para plantar lengas donde, hoy no hay condiciones y, se debieran desarrollar, nuevamente hago uso de la dinámica de los bosques, las condiciones para que se desarrollen los lengantos típicos de esos ecosistemas.

Helios ¡ el fuego no es más que tiempo acelerado¡ A ese resultado se llegará tarde o temprano: a la mineralización de  los troncos y hojas y estos se incorporarán al perfil del suelo. El fuego hace que ocurra aquí y ahora. Lo más seguro es que ni ud. ni yo veremos quillayes y peumos en Colliguay y tal vez nuestros nietos tampoco vean Lengas, no plantadas, en Torres del Paine.

Bueno, ya que le inquietan los bosques patagónicos de la Región de Aysén, donde tuve que trabajar,  quisiera recordarle que esos incendios intencionales, de origen estatal, se hicieron para habilitar tierras para la ganadería. Por ello, con ovinos sobre ecosistemas con memoria de bosque dando cuenta de la regeneración del bosque evidentemente no podrá desarrollarse. Pierda cuidado que, al momento que vayan desapareciendo los herbívoros de mercado, el bosque volverá con fuerza y vigor, tal como la ha hecho en otros ecosistemas mediterráneos fríos como Francia, Italia, y Alemania.

Finalmente compartimos, Ud. y yo, la preocupación por los incendios forestales y el tenor de la columna que este diario me publicó en días pasados,  está en la antípoda de la desinformación que no es más que transmitir una idea subrepticiamente para que la gente, que lee poco y entiende menos, la repita  y la cite como verdad. Me refiero por ejemplo estimado, a la última aseveración que Ud hace, … es de los pocos bosques que nos van quedando…dice ud. Con mucho orgullo de Ingeniero Forestal chileno me permito informarle que según fuentes internacionales (la FAO en sus estudios FRA), resaltan a Chile y Uruguay como los únicos dos países en América Latina  que ven crecer anualmente su superficie de bosques nativos. En  nuestro país, el bosque nativo crece, en superficie, a tasas de  17 canchas de futbol al año. Evidentemente uso la expresión futbolística para aumentar la comprensión del mensaje, no para desinformar.

Yo me permito felicitarlo por lo atento y vigilante sobre el destino de nuestros recursos naturales que vislumbro por sus palabras. Si tiene alguna duda o no he sido suficientemente claro en mis explicaciones no dude en contactarme   a mi mail jmorales.gamboni@gmail.com

Reciba la expresión de mis más atentos saludos,

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