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Iglesia y pedofilia: El apoyo de la centroderecha

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Alicia Gariazzo

Economista. Miembro del Directorio de Conadecus

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José Antonio Kast

Diputado, Unión Demócrata Independiente

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Carta de Alicia Gariazzo

15 octubre 2015

Honorable diputado Kast:

Me tomo la libertad de dirigirme a usted, inspirada en su participación en el programa Estado Nacional el reciente domingo, donde fue enfático en llamarnos a olvidar el pasado y a pensar en el futuro. Entiendo que no debemos hablar más del estado de bienestar en el que vivíamos en los 60 y tampoco de la dictadura que vivimos en los 70 y 80 y, coincido con usted, pese a tener 70 años, en que el futuro es apasionante, no sólo en el mundo, sino en Chile, que incluso años atrás, en muchos momentos históricos, sirvió como modelo de ideas y utopías. Lo fue de la Revolución en Libertad, de la Vía Pacífica al Socialismo y, luego, de la aplicación ortodoxa del modelo neoliberal. Todo ello muestra que nuestro país es muy especial y que quizás Chile Vamos también tiene un modelo nuevo que aplicar.

En ese contexto, usted nos llamó a apoyar a este nuevo referente y a su precandidatura presidencial. Para ello, aunque acepto no insistir en el pasado, es necesario preguntarle algunas cosas del pasado inmediato. Sus respuestas son fundamentales, especialmente para los que no contamos con todos los elementos que usted cuenta. Por ejemplo, yo pertenezco al perraje, soy atea, pero envidio a los que fueron bendecidos con el don de la fe. Admiro las religiones y me sentiría mucho más protegida y menos sola si fuera seguidora de alguna. Alguien como usted, que pertenece a una élite y que es profundamente católico, debe tener todas las respuestas y, sería de gran ayuda, que las diera al público, a todos nosotros, para convencernos de que Chile Vamos es algo nuevo y que será capaz de satisfacer nuestros sueños y esperanzas tan frustrados en los últimos cuarenta años.

Nos gustaría saber su opinión sobre el caso Karadima. Ha habido una serie de tres capítulos en Chilevisión, los afectados han aparecido haciendo declaraciones públicas, el cardenal Errázuriz parece defender al sacerdote y también el Papa, a través de su apoyo a Juan Barros, obispo de Osorno. Todo ello es muy confuso y al ver la tamaña brutalidad que existió en la iglesia El Bosque de los Sagrados Corazones, la aberrante situación, no sólo de pedofilia y corrupción de jóvenes, sino de ejercicio de la dominación de un ser humano sobre otros, es imposible entender que haya católicos que apoyen a este párroco y a la situación que creó en varias generaciones de jóvenes creyentes.

Al mismo tiempo, ha sido explícita la vinculación de esta iglesia con el pinochetismo y poderosos intereses económicos actuales, no del pasado. También el sacerdote O’Reilly, legionario de Cristo, acusado de acoso sexual contra dos muchachas jóvenes del colegio Cumbres, es conocido por su relación con empresarios. Incluso alguna vez se declaró “feliz de ser amigo de personas maravillosas, que rezan el rosario, tienen sus misas los domingos y son muy generosos con los demás. Ellos pagan impuestos, generan riqueza. Así ayudan a los países a salir de la pobreza”. Su maestro, Marcial Maciel, pese a ser criticado por El Vaticano por sus ilícitos, aún es apoyado por muchos, especialmente por sectores poderosos de México. En Chile, después de conocerse en detalle sus crímenes, nada ocurrió entre los Legionarios de Cristo. Al igual que en el caso Karadima, la orden en Chile tiene fuertes vínculos con los grupos más ricos del mundo en los récords de Forbes, como Guillermo Luksic, Eliodoro Matte, Agustín Edwards, Reinaldo Solari y Alfonso Swett, entre otros. Cuenta en Santiago con colegios de élite, como Cumbres, en Las Condes; Everest, en La Dehesa; Highlands, en Colina. En Buin, dirige el colegio San Isidro; y, en Rancagua, el colegio La Cruz; además de la Universidad Finis Terrae, en Santiago.

Tanto la iglesia El Bosque como Legionarios de Cristo poseen una gran cantidad de propiedades de gran valor en el sector oriente de la capital y otras riquezas gracias a sus millonarios bienhechores. Y los sacerdotes acusados de pedofilia siguen siendo apoyados. No se entiende la razón. Todo esto confunde a las grandes mayorías, a las que Chile Vamos deberá conquistar. Por lo tanto, su respuesta será inmensamente valiosa, no sólo para mí, sino para los miles de chilenos que han observado los últimos hechos en las distintas partes de Chile. Incluso en Osorno hay una seria polémica entre católicos.

Es difícil no preguntarse si tendrá algo que ver la riqueza con la pedofilia. ¿Por qué los líderes de la centroderecha no explican la razón por la que apoyan a estos sacerdotes y a este tipo de congregaciones? ¿Todo será una coincidencia?

Creo, humildemente, que los que están lanzando nuevos referentes para conducirnos en el futuro deberían explicar, a lo menos a los jóvenes, cómo comprender la defensa de la Iglesia de los sacerdotes que han pecado de esta manera y la poderosa relación entre la riqueza y la pedofilia.

Esperando su respuesta, lo saluda respetuosamente, deseándole éxito en el camino que está emprendiendo.

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Carta de José Antonio Kast

16 octubre 2015

Estimada Alicia:

Le agradezco la invitación que me hace —a través de su carta— a dialogar en torno a temas que han generado división en el pasado, pero que debemos enfrentar de manera clara para construir el Chile del futuro, donde prime el sentido común y la verdad.

Agradezco también a la sección e-pístolas de El Mostrador por darnos este espacio de conversación, que nos permite confrontar ideas con respeto. Espacios como este son los que nos han faltado en el último tiempo, en que vemos más ataques en 140 caracteres que argumentos para compartir y contrastar opiniones.

Dicho eso, entremos a lo que usted expone en su carta. Me alegra saber que usted vio mi intervención en el programa Estado Nacional (TVN) y le permitió reflexionar en torno a mi propuesta: ese es el primer llamado con que me gustaría llegar a las personas. El principal objetivo que para mí tiene hoy día el rol que ocupo en la política chilena es llamar a la reflexión de las personas, a que sean los ciudadanos “comunes y corrientes” quienes hablen y puedan expresar cuáles son sus sueños y preocupaciones, y que los políticos nos demos a la tarea de escuchar y actuar.

Mi objetivo, por tanto, no es que las personas apoyen a un nuevo referente o no; valoro el trabajo que hacen los partidos políticos, pero creo que lo principal hoy es abrazar la idea de terminar con el viejo ciclo de la política y comenzar uno nuevo, en donde los ciudadanos sean los protagonistas. No se trata de populismo, sino de sentido común, de preguntarse por qué estamos debatiendo sobre reformas ideológicas en el campo tributario, educativo o constitucional, cuando lo que se debe reformar es la política. Para eso, no podemos seguir haciendo lo mismo y eligiendo siempre a los mismos. Necesitamos un cambio de actitud.

Un nuevo ciclo se refiere a un centro amplio, que permita que el país se una, que deje de lado la polarización que aumenta día a día, que convoque a la juventud, que responda a las preocupaciones de los adultos mayores, que busque ofrecer oportunidades a todos los niños y niñas. Un nuevo ciclo nos involucra a todos e implica vencer el eje derecha-izquierda.

Pero que esto no se preste a equivocaciones. Soy un hombre con ideas de derecha, que tiene una trayectoria política en ese sector, lo que ha significado que siempre se me ubique en la élite del país. Y más allá de que me crié en una familia de esfuerzo y en un entorno de trabajo, me pregunto: ¿Acaso los líderes de izquierda y de centroizquierda no son parte de la élite?

Sí, ellos y yo formamos parte de una élite. Pero tenemos profundas diferencias. Mientras ellos hablan de igualdad, ponen a sus hijos en colegios privados; piden terminar con las Isapres y reclaman contra las clínicas privadas, pero no se atienden por Fonasa; son feroces detractores de “los privilegios”, pero viajan en primera clase. Para qué hablar de aquellos que tienen acceso a créditos de miles de millones de pesos sin respaldo, ubican a sus familiares y amigos en los ministerios, con grandes sueldos. Pero claro, frente a una cámara de televisión, pontifican sobre la igualdad. La hipocresía a la orden del día es la que hay que terminar.

La Iglesia, igual que la política, está terminando un ciclo. Soy un hombre de fe, formado en la espiritualidad católica y con gran cercanía hacia muchas personas que dedicaron su vida al servicio de Dios. Eso no me impide condenar las actitudes de algunos curas, como en el caso Karadima, que abusaron de su posición de poder y han impactado de manera trágica la vida de muchos jóvenes. Es más, justamente mi fe en Dios y en la Iglesia es la que me conmueve frente al dolor ajeno y me impulsa a repugnar los actos deshonestos y derechamente delictuales en los que tantos curas han caído. Como parte de la Iglesia, pido perdón a todos quienes han sufrido en silencio estos atropellos, y valoro a quienes se han atrevido a denunciar, porque están impulsando un cambio y porque han llevado dignamente su dolor diciendo la verdad.

Eso también es parte del nuevo ciclo que iniciamos: debemos ser capaces de pedir perdón, de condenar ciertas actitudes y de buscar que la verdad esté siempre por delante. No debemos dejarnos intimidar por el poder, sino hacer predominar la justicia.

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Carta de Alicia Gariazzo

20 octubre 2015

Honorable diputado Kast:

Agradezco infinitamente su respuesta. Considero una tremenda atención que me haya escrito considerando todas sus ocupaciones y las nuevas tareas que la centroderecha está emprendiendo. También me alegran nuestras coincidencias, empezando por las felicitaciones a El Mostrador que con e-pístolas ha abierto un espacio para que una persona como yo pueda contar con el privilegio de intercambiar ideas con un diputado de nuestra República.

Apoyo con fuerza, como usted, que cambiemos la política, que en el futuro prime la verdad, el sentido común y la justicia y rechazo con fuerza el doble estándar. También, que sepamos pedir perdón y que, políticos o no políticos, actuemos de acuerdo a lo que proclamamos y que cumplamos lo que prometemos. Nada más lejos de lo que se ha descubierto en el último año, y la desazón que ello ha producido en el electorado.

Empiezo por pedirle perdón por haber conferido, sin querer, un carácter peyorativo al término “élite”. Jamás estuvo en mi ánimo, aunque es evidente que un diputado, de cualquier orientación política o religiosa, pertenece a los que dirigen al conjunto de la ciudadanía, a los hombres y mujeres “comunes y corrientes”, y en esa medida, en el buen sentido, constituyen una élite.

Discrepo en que las reformas, que acaba de aprobar la mayoría de los votantes en las elecciones, sean ideológicas. Creo que la reforma laboral pretende dar un lugar más digno al trabajador chileno, una reforma que no alcanza ni al Código Laboral de 1925. La reforma tributaria apenas se acerca a la situación impositiva de los países de la OCDE que pretendemos emular. Que un país sencillo y desprovisto de grandes riquezas, como Chile, tenga a siete familias entre los billonarios más ricos del mundo, y que gran parte de la población viva con ingresos mensuales inferiores a 400 mil pesos, contribuyendo con la mayor parte de los ingresos tributarios a través del IVA, tendría por lo menos que llamarnos la atención. Que las universidades privadas inviertan sus ganancias en el negocio inmobiliario, en vez de mejorar la educación y desarrollar la investigación científica, es por lo menos anticonstitucional. Que haya jóvenes que aún en su vejez no logren salir de las deudas de la educación es muy triste. Que la actual Constitución, como decía Jaime Guzmán, tenga como principal objetivo que los opositores al régimen creado por Pinochet aunque ganen no puedan ganar, no nos garantiza un futuro nuevo, potente ni vital.

Pero eso no era lo que me interesaba saber, ya que conozco las opiniones de Chile Vamos sobre las reformas. Hay algo más importante sobre lo que me interesa insistir, honorable diputado, esperando perdone mi majadería. Valoro que usted rechace, a título personal, la actuación de Karadima y de otros sacerdotes pedófilos, pero mi inquietud era más profunda, quizás más sociológica. Se orientaba a averiguar las razones de la Iglesia para ocultar la pedofilia. Incluso más, creo que se requeriría de un análisis serio sobre las causas de su existencia entre personas piadosas. Para una persona católica en su grado máximo de entrega, como es el sacerdocio, debe ser de una inmensa violencia pervertir a un joven y abordarlo físicamente. ¿Cómo se llega a eso? Al mismo tiempo es imposible no sorprenderse de que estos hechos ocurran en congregaciones pertenecientes a familias vinculadas al poder y a la riqueza que con esta financiaron a los actores principales, como le comentaba en mi carta anterior.

Puede ser todo coincidencia pero, para comenzar de nuevo en un mundo más claro y más feliz, pienso que un nuevo referente como Chile Vamos debe pronunciarse oficialmente en torno a estos hechos. Especialmente, porque la mayoría de los chilenos son católicos y están muy afectados por lo sucedido. En Osorno, ha habido movilizaciones en contra y a favor del obispo Barros.

Me comprometo a no escribirle otra vez preguntando, pero su respuesta va a ser muy bienvenida entre los más de 2 mil lectores que ya empezaron a seguir este intercambio epistolar.

Lo saluda atentamente,

3 Comentarios

  1. El diputado UDI Kast dice: “No se trata de populismo, sino de sentido común, de preguntarse por qué estamos debatiendo sobre reformas ideológicas en el campo tributario, educativo o constitucional, cuando lo que se debe reformar es la política”.
    Respuesta: dicha afirmación es una falacia, típica de la bancada UDI. Acusar a otros de hacer reformas ideológicas, una actitud típica de la derecha. Ellos no son ideológicos. Ellos entienden la ideología neoliberal como algo natural carente de ideología. Kast fue educado en la doctrina que la UDI profesa y ésta parte por negar -en público- el origen de su ideología. El resto es cuento.

  2. Estimados: La derecha, además de eliminar y arrasar toda oposición durante la dictadura, además de ser cómplice activos o pasivos de asesinatos y torturas de su pueblo, además de crear shocks económicos y beneficiarse del Estado y de los recursos de Chile, ha sobornado a los políticos de la Concertación y ahora a los del PC. Y, en esta crisis actual, esto se está mostrando; lo feo y repulsivos que son cuando está llegando los límites de un sistema que no da más y sólo beneficia a ellos, y que cada vez chorrea menos a las mayorías. Pura explotación organizada con hartas lucecitas y faramalla consumista pero con ni un solo beneficio real, profundo y de fondo al ser humano.

  3. Sr. Kast: Usted, como referente de una nueva corriente política, me deja con las mismas interrogantes del principio. Su nuevo referente en casi su totalidad esta de acuerdo con lo expresado por usted, con respecto a los temas en cuestión. La historia se debe escribir y contar con altura de mira, no con tendencia o rasgo social. Gracias.

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