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Hidroelectricidad: Potencial energético para Chile

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María Isabel González

Gerente General, Energética Consultores

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Antonio Horvath

Senador independiente

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Carta de María Isabel González

15 junio 2015

Estimado senador Horvath:

Me permito dirigirme a usted, con el convencimiento que lo motivan valores de servicio público y de búsqueda de bienestar social, para tratar de concordar algunos puntos de vista respecto de la utilización de los recursos hidroeléctricos de la Patagonia.

Chile posee un potencial hidroeléctrico importante que se estima en 20.000 megawatts, de los cuales sólo hemos utilizado alrededor de 6.000. Una parte relevante de lo que aún no ha sido utilizado está ubicado en la Patagonia. Las ventajas de la hidroelectricidad son muchas y variadas y particularmente Chile presenta condiciones especialmente buenas para su explotación. Sólo por mencionar algunas, se puede indicar que utiliza un recurso primario que no es dependiente de situaciones de otros países; las centrales tienen rápida respuesta ante variaciones en la demanda o en la generación y, por esto último, pueden constituir un importante complemento a las fuentes renovables no convencionales, como la energía solar fotovoltaica y la eólica; sus impactos ambientales son limitados y en el caso de los embalses, éstos pueden tener usos turísticos que favorecen a un espectro más amplio de usuarios que el turismo aventura de los ríos naturales, entre muchas otras.

Creo que el rechazo al proyecto HidroAysén no puede ni debe representar la paralización de otros proyectos hidroeléctricos en la Patagonia, ya que para Chile no utilizar la hidroelectricidad sería equivalente a que un país petrolero descarte la explotación de este recurso.

Tal como usted ha manifestado, efectivamente también tenemos un gran potencial en recursos hidroeléctricos de menor tamaño para centrales minihidráulicas; sin embargo, muchos de ellos se encuentran en lugares muy alejados de la red de transmisión y de las zonas más pobladas y, por tanto, de mayor consumo. Por ello, para su conexión al sistema eléctrico, se requiere de líneas de longitud considerable, que muchas veces pueden implicar una inversión mayor que la propia central y que, por tanto, resultan económicamente inviables.

Así las cosas, me parece necesario iniciar un amplio debate, considerando no sólo los intereses de los grupos ambientalistas, por quienes siento un profundo respeto, sino también el de aquellos que, junto con cuidar el medio ambiente, velan por el desarrollo armonioso de nuestro país, donde no se pretenda preservar zonas prístinas y puras para que puedan disfrutar de ellas solo grupos privilegiados, sino además que sus recursos contribuyan a mejorar la calidad de vida de la sociedad en su conjunto.

Es indudable que, tal como en otros aspectos de la economía, a quienes nos preocupa el bien común nos interesa que estos recursos sean aprovechados para beneficio de todos los chilenos y no sólo para quienes ostentan los derechos de agua, cuyo sustento legal ha estado en discusión desde hace bastante tiempo.

En este contexto, ¿ve posible iniciar un debate respecto del aprovechamiento de estos recursos que tenga en consideración elementos tales como que los propietarios de los proyectos ofrezcan bloques de energía para abastecer a clientes regulados —no sólo los de Aysén— a precios relacionados con el costo de desarrollo de estos recursos y no con el precio de la energía termoeléctrica, como ha sido hasta ahora, y que las zonas aledañas se puedan transformar en parques nacionales con acceso público?

Esperando haber expresado mis ideas con claridad y respeto, le saluda muy atentamente,

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Carta de Antonio Horvath

17 junio 2015

Estimada María Isabel:

Respecto a la carta que usted me envía con el propósito de acceder a la utilización de los recursos hidroeléctricos de la Patagonia y los antecedentes que señala, me permito responder preliminarmente, a fin de estimular un debate de carácter público en esta materia.

El potencial hidroeléctrico en nuestro país, en pequeñas y medianas centrales hidroeléctricas, aprovechando las diferencias de altura entre la cota 500 y 1.000 msnm, es decir, sin inundar valles, es del orden de los 33.000 megawatts. Esta es una cifra teórica, que se puede incrementar si uno utiliza las diferencias de alturas que tienen los canales de regadío y las posibilidades de centrales hidroeléctricas de pasada, sin tener que afectar a otras actividades y, desde luego, cuidando los caudales ambientales. Para nosotros, en la Patagonia, no tienen mucho sentido los embalses para sus posibles usos turísticos, por la gran cantidad de lagos que tenemos, y sólo se justifican en algunos lugares para usos múltiples de riego y obtención de energía, siendo todos estos de pequeño tamaño.

A HidroAysén lo entendemos como un proyecto también, punta de lanza para otros megaproyectos en los distintos grandes valles de la Patagonia chilena, y es por ello que la señal de su rechazo hay que entenderla ampliada a estos otros proyectos, por cuanto los riesgos de una zona altamente sísmica, volcánica y propensa a los deslizamientos, producto de su reciente formación, conviene tenerlos presente, además de vulnerar mejores opciones de la zona para el interés del país. Las pequeñas y medianas centrales, sumadas a las de pasada, permiten ser utilizadas cerca de los lugares de demanda.

La negativa a los megaproyectos no considera sólo los intereses de grupos ambientalistas, sino que profundos intereses públicos y de otras alternativas de uso del territorio, ya que los megaproyectos afectan el turismo, el uso alternativo para la agricultura, ganadería y las áreas de conservación.

Las áreas naturales, además de ser un atractivo turístico y que afianza la biodiversidad, que es uno de nuestros mayores potenciales para alimentos, medicamentos, cosméticos y múltiples aplicaciones, permiten que no haya grupos privilegiados que la aprovechen y, de hecho, las áreas de conservación le significan al país un valor económico que supera los 2.000 millones de dólares al año.

Para hacer un debate profundo y real en esta materia, tenemos que aprender a armonizar el uso del territorio y del mar a través de Instrumentos de Planificación, como el Ordenamiento Territorial, la Zonificación del Borde Costero y el Manejo Integrado de Cuencas, de manera participativa y vinculante.

Si a lo anterior sumamos los potenciales que tienen las energías eólica y solar, y las nuevas soluciones para su almacenamiento, Chile presenta una condición envidiable en cuanto a su potencial. Una política pública persistente en el tiempo nos permitirá independizarnos de las energías fósiles y de proyectos dañinos que han transformado desgraciadamente a muchas regiones del país en zonas de sacrificio.

Con políticas públicas e incentivos claros para la eficiencia energética, podemos en pocos años producir el equivalente a 2.600 megawatts, y con el potencial en cogeneración podemos agregar otros 2.000 megawatts.

Es por esta razón que en un sistema muy concentrado en lo económico y centralista en lo público, que promueve grandes proyectos, resulta importante abrir un debate amplio, para realizar mejores alternativas que sí tenemos en nuestro país.

Le saluda con la mejor consideración,

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Carta de María Isabel González

22 junio 2015

Estimado senador Horvath:

Agradezco su respuesta a mi carta sobre el aprovechamiento de los recursos hidroeléctricos de la Patagonia y al respecto me permito señalar lo siguiente:

El potencial en pequeñas y medianas centrales hidroeléctricas que usted señala sería del orden de los 33 mil megawatts. Lamentablemente, y tal como lo señalé en la carta anterior, una parte importante de ellos están muy alejados de las líneas eléctricas y, por tanto, requieren de una gran inversión en líneas de conexión al sistema. Más aún, si consideramos un promedio de 10 megawatts por cada pequeña o mediana central y la necesidad de al menos 5 km de línea para su conexión al sistema tendríamos, en un escenario optimista, más de 16 mil kilometros de líneas atravesando todo el sur de nuestro país.

Adicionalmente, se debe tener en cuenta que los costos de inversión y de operación de los proyectos grandes son significativamente menores que los de los más pequeños. Esta diferencia podría alcanzar fácilmente US$/kW 1.000 instalado. Si un 10% de los 33 mil megawatts de pequeñas centrales fueran reemplazables por proyectos mayores en la Patagonia surgiría un beneficio de 3.300 millones de dólares, lo que podría superar los costos que no puedan ser mitigados.

Asimismo, tal como lo planteé en la carta anterior, si la energía proveniente de la Patagonia fuera vendida a un precio relacionado con el costo de los proyectos de la zona y no con su alternativa, los beneficios de menores costos de generación de electricidad irían en directo beneficio de las personas e industrias nacionales que, vale la pena recalcar, han perdido y continuan perdiendo competitividad debido a los altos costos de la energía eléctrica.

Se señala que los proyectos hidroeléctricos afectan a otras alternativas de uso del territorio, como el turismo, la agricultura, ganadería y las áreas de conservación. Al respecto, me permito señalar que estos proyectos sólo utilizarían una ínfima parte de la Patagonia y que el aprovechamiento de los potenciales para alimentos, medicamentos, cosméticos y múltiples aplicaciones que usted indica, cuyo valor económico supera los 2.000 millones de dólares al año, podrían perfectamente coexistir con las centrales hidroeléctricas situadas en las zonas que un adecuado Ordenamiento Territorial establezca.

Políticas públicas e incentivos para la eficiencia energética han estado permanentemente presentes desde el año 1990 y fui partícipe de ellas durante los primeros gobiernos democráticos desde la Comisión Nacional de Energía. Sin embargo, ello constituye un complemento al desarrollo energético y no puede sostener el crecimiento de un país en vías de desarrollo. Valga sólo recordar que el consumo energético de un habitante de cualquier país desarrollado es entre tres y cinco veces superior al de un chileno.

Finalmente, concuerdo plenamente con usted que nuestro mercado eléctrico está muy concentrado y que se requiere un debate amplio al respecto.

Le saluda muy atentamente,

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Carta de Antonio Horvath

08 julio 2015

Estimada señora María Isabel:

Junto con saludarla y respecto a su segunda carta, puedo señalarle que las pequeñas y medianas centrales hidroeléctricas, solo entre el río Aconcagua y Puerto Montt, tienen 18.000 megawatts como potencial, sin considerar las centrales de pasada y las de uso múltiple, todas ellas cerca de líneas de transmisión existentes. Si además consideramos que estas pueden conectarse entre sí y a través de muy pocas líneas, y llegar al eje de transmisión del país, no se produce el efecto de muchas redes como usted señala.

Cuando usted dice que los megaproyectos afectarían una ínfima parte de la Patagonia, olvida que los valles productivos en una zona de montaña son escasos, y que son los que permiten la productividad agrícola y ganadera, justamente las que le dan valor a la biodiversidad, a las ciudades y villorrios. Desgraciadamente, en publicidad se señalan interesadamente como mínimas las áreas afectadas, porque no se cuentan las franjas que se inutilizan con obras de acceso, extracción de áridos, campamentos y áreas para líneas de transmisión de 2.300 km del centro del país.

Si considera los estudios Bloomberg-Valgesta y otros, los megaproyectos hidroeléctricos con líneas de transmisión resultan más caros que las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) a costos nivelados, combinando inversión, mantención, operación, años de construcción y factor de carga como porcentaje de tiempo equivalente de funcionamiento.

Con estas ERNC, eólica, solar e hidroeléctrica, más de pasada, armonizadas con el medio, con ordenamiento territorial, podemos tener los estándares y requerimientos de cualquier parte del mundo, sin tener que dejar un pasivo ambiental y zonas de sacrificio a las actuales y futuras generaciones. Me alegro de que usted concuerde con que nuestro sistema eléctrico está muy concentrado y que pueda ayudarnos a que ingresen nuevos actores con estas energías del siglo XXI.

Le saluda con la mejor consideración,

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Carta de María Isabel González

15 julio 2015

Estimado senador:

Agradezco su respuesta. Al respecto, me permito señalar que de acuerdo al catastro de proyectos hidroeléctricos del Ministerio de Energía, el cual es actualizado permanentemente, existen en la actualidad 130 proyectos de menos de 20 megawatts de capacidad instalada, en distintas etapas de desarrollo, que totalizan alrededor de 730 megawatts. Llama la atención que existiendo la cantidad de proyectos que usted indica sólo se encuentren formulados como tales menos del 5% de ellos. Es probable que la diferencia se deba a que el resto tenga costos muy altos o problemas para su construcción.

Asimismo, el Ministerio de Energía señala como monto de inversión para los 730 megawatts indicados anteriormente un total de 2.500 millones de dólares, lo cual conlleva un costo unitario de inversión promedio del orden de los 3,5 millones de dólares por megawatt instalado, sin incluir los costos de transmisión. Cabe tener presente que éstos debieran corresponder a los mejores proyectos y, por tanto, el costo promedio de inversión de los 18 mil megawatts que usted señala debiera estar por encima de los 3,5 millones de dólares por megawatt de este grupo de 130 proyectos. En diferentes instancias, la Asociación de Pequeñas y Medianas Centrales Hidroeléctricas (Apemec), ha manifestado que una de las principales barreras de entrada para la incorporación de estas centrales al sistema eléctrico es precisamente la conexión a las redes eléctricas, por lo que es fácil suponer que el impedimento para el desarrollo del potencial que usted alude radique precisamente en los altos costos de conexión, debido a la gran distancia que los separa de las redes de transmisión o distribución, y es natural que al menos parte de ese —aun considerando la asociatividad— deba ser considerado como costo propio del proyecto, lo que aumentaría su inversión, con lo cual los 3,5 millones de dólares por megawatt del mejor grupo de hidroeléctricas se acercaría a los 4 millones de dólares por megawatt.

Por otra parte, la Comisión Nacional de Energía señala en el Informe de Precios de Nudo de abril de 2015 que el costo de inversión para las centrales hidráulicas de mayor tamaño es de 2,7 millones de dólares por megawatt. Si este valor se compara con los costos de las pequeñas centrales, la diferencia fácilmente puede alcanzar 1 millón de dólares por megawatt instalado. Esta diferencia, en un esquema de tarifas relacionado con el costo de los proyectos y no con su alternativa actual, iría en directo beneficio de las personas e industrias nacionales, el cual puede estimarse en alrededor de 15 dólares por megawatt/hora, es decir, poco más de un 10% de la tarifa de la energía a nivel industrial. Vale la pena volver a mencionar que nuestra industria ha perdido y continúa perdiendo competitividad debido a los altos costos de la energía eléctrica.

Revisé el estudio al que usted hace referencia y no logré encontrar la conclusión que usted señala relativa a que los megaproyectos hidroeléctricos con líneas de transmisión resultan más caros que las Energías Renovables No Convencionales (ERNC). Comparto plenamente que las ERNC deben constituir una parte relevante de nuestra matriz de generación, no obstante, ello no significa que debamos desaprovechar nuestro importante potencial hidroeléctrico de mayor tamaño.

Por último, debo señalarle que durante casi toda mi vida profesional y muy especialmente cuando tuve el honor de trabajar en la Comisión Nacional de Energía, he contribuido a tratar de mejorar la competencia y el ingreso de nuevos actores al mercado eléctrico. Prueba de ello es, por ejemplo, la preparación del proyecto de ley para imponer patentes a los derechos de agua no utilizados, enviado a trámite legislativo durante el gobierno del presidente Frei, y que lamentablemente fue aprobado por el Senado doce años después de su envío a tramitación.

Le saluda con la mayor consideración,

9 Comentarios

  1. La región de Aysen, así como ninguna otra del país, vive ajena al crecimiento que genera la minería. El sector minero, a través de las utilidades de Codelco y con los impuestos de todas las empresas mineras, financia gran parte de los presupuestos de salud y educación del país. Por cierto, adicionalmente las localidades que alberguen proyectos de beneficio nacional, como los de generación eléctrica, debieran recibir compensaciones justas.
    No se debe olvidar que nuestro gran objetivo como país es erradicar la pobreza y hasta ahora el único camino conocido es el desarrollo económico.

  2. Seria importante definir qué entendemos por “desarrollo armónico” y “calidad de vida en su conjunto”. El proyecto HidroAysen no va de la mano con un plan de desarrollo estratégico que revierta la migración de población rural en busca de mejores condiciones hacia otras regiones. Esta es la realidad que viven hoy comunidades en torno a la cuenca del lago General Carrera, por ejemplo, como: Cerro Castillo, Puerto Tranquilo y Bahía Murta.

    El destino de la energía de este proyecto es ser trasladada más de 2000 km hasta Santiago. Por su parte, Santiago descomprime el SIC (Sistema Interconectado Central) y envía todo ese excedente al SING (Sistema Interconectado del Norte Grande), para alimentar a la minería. La lógica de fomentar el crecimiento a toda costa no ha generado beneficios tangibles en la región de Aysen, entonces, por qué esta región tiene que sacrificar sus cuencas con alto potencial hidroeléctrico en pos de una economía centralizada que basa su chorreo en la explotación de materias primas. Otro escenario sería que los impuestos que paguen estas inversiones mineras a la espera de la inyección de miles de megawatts, se inviertan de modo estratégico en un proyecto regional de valor agregado en torno al turismo, por ejemplo. Esa planificación y presencia del Estado no existe; el crecimiento se deja en manos de las empresas, las cuales no ven en Aysen una región para invertir, ya que los costos de producción y transporte son altísimos.

    Si bien María Isabel González tiene mucha razón cuando dice que el potencial del país en términos energéticos es la hidroelectricidad, no desarrolla a qué modelo económico aspiramos inyectar toda esta energía. Tampoco desarrolla si la región en cuestión se beneficiará de lo que esta energía produzca, porque apelar a que la construcción de la central generará empleo puede ser cierto, pero por un periodo de 10 años, para luego generar un vacío de inversión por el término de la construcción. El mantenimiento de una central requiere poca mano de obra.

    Ampliemos el debate, ¿para qué queremos energía, materias primas, valor agregado, chorreo sin rumbo? Lo prístino de la región es una oportunidad para generar una economía que sustente a pequeñas localidades y, al mismo tiempo, conserve el paisaje, el cual es el recurso para ofrecer un producto turístico de nivel mundial.

    1. Creo que a lo que se refiere María Isabel González es que se generará empleo a nivel global, no sólo en la construcción del proyecto hidroeléctrico. Se debe tomar en cuenta que la producción de energía se utilizará en proyectos que darán empleos a lo largo de todo el país, pues toda industria grande o pequeña necesita de energía para funcionar.

      1. Lo relevante es entender que sin energía eléctrica o con energía eléctrica a altos costos los pequeños y grandes proyectos no son viables de realizar. Esto se traduce en desempleo y problemas económicos a nivel global, afectando tanto al que vive en el norte como al que vive en el sur, pues somos un solo país.

      1. La región de Aysen vive ajena al crecimiento que genera la minería, entonces, por qué los ciudadanos ayseninos deben sacrificar sus cuencas si no perciben una retribución, ya sea en impuestos dirigidos o con un proyecto de desarrollo estratégico que les permita nivelarse con el desarrollo de otras regiones.

  3. María Isabel González: “Creo que el rechazo al proyecto HidroAysén no puede ni debe representar la paralización de otros proyectos hidroeléctricos en la Patagonia, ya que para Chile no utilizar la hidroelectricidad sería equivalente a que un país petrolero descarte la explotación de este recurso”.

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