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Grupos de estudio Fondecyt y evaluación de proyectos: Lo urgente es el financiamiento

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Antonia Larraín

Académica Universidad Alberto Hurtado. Miembro Grupo de Estudio de Educación FONDECYT

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Natalia Muñoz

Coordinadora Nacional Ciencia Con Contrato

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Carta de Antonia Larraín

05 mayo 2016

A Natalia Muñoz:

Mucho se ha discutido en las últimas semanas acerca de Fondecyt, a propósito del estudio de Alberto Mayol y Javiera Araya. Mi intención no es referirme a ese estudio aquí, sino solo y brevemente aclarar la tarea que tienen los grupos de estudio en la evaluación de los proyectos Fondecyt.  Natalia Muñoz Barrera afirma en su columna Los vicios de Fondecyt que los grupos de estudio evalúan y asignan puntaje a los proyectos Fondecyt.

Es importante aclarar que los proyectos Fondecyt de Iniciación y Regular NO son evaluados por los grupos de estudio. ¿Cuál es el rol que tienen los grupos de estudio entonces en su evaluación? La gestión de la evaluación: Los grupos de estudio reciben los proyectos, los revisan, y eligen 6 evaluadores para cada proyecto, los que son escogidos por su experiencia académica y trayectoria investigativa en el tema. Los proyectos son enviados a evaluar a aquellos pares que acceden a realizar la evaluación.

Los grupos de estudio luego reciben las evaluaciones de los pares, las revisan en orden de llegada (las tres primeras), realizan las evaluaciones curriculares de los investigadores responsables (de acuerdo a los criterios que ha fijado cada grupo de estudio y son públicos al momento de la postulación) y cierra las evaluaciones. Ningún miembro del grupo de estudio que tiene alguna relación con el o la postulante (o que está postulando) está presente en ninguna etapa de discusión del proyecto (elección de evaluadores ni revisión de evaluaciones), ni accede por sistema a información relacionada con el proyecto en ninguna etapa.

¿Quiere decir esto que el proceso carezca de problemas? No. Dos son los problemas más importantes que existen en esta etapa. El primero es la escasez de evaluadores.
Un porcentaje altísimo de los pares no acepta evaluar proyectos. La evaluación no involucra remuneración e involucra una dedicación altísima de tiempo. En muchas ocasiones pares muy idóneos para realizar la evaluación se excusan de manera sistemática y repetida de evaluar, aún cuando sus propios proyectos han debido ser evaluados por otros investigadores que si se han dado el tiempo, para que ellos puedan estar tan ocupados ejecutándolos. Segundo, las evaluaciones no están exenta de sesgos. Toda evaluación inevitablemente involucra sesgos políticos, ideológicos, teóricos, metodológicos, epistemológicos, entre otros. Cuando Mayol y Araya hablan de la no neutralidad de las asignaciones, es aquí, en la evaluación de pares, donde se juega de manera más importante la inevitable falta de neutralidad. La diferencia es que probablemente no se trata de que opere una política partidista, sino una política académica: opera el ejercicio del poder de quien está en posición de ejercerlo y puede micro decidir cómo y qué se investigará en el campo de su experticia en el corto plazo.  ¿Qué hace el Grupo de Estudio ante esto? Revisa colegiadamente (sin la presencia de quienes se han vetado por cercanía a los postulantes) las evaluaciones para revisar que los puntajes están justificados y los comentarios sean justos con el proyecto y correspondan al tipo de observaciones realizadas. En el caso de haber sospecha de una evaluación sesgada, el grupo de estudio decide acerca de su omisión de manera justificada y por escrito (escrito que es revisado por los Consejos), e incluye la próxima evaluación que recibió el sistema (si la hay) que hasta ahora ha permanecido desconocida para los miembros del grupo de estudio. En resumen, el grupo de estudio conoce y revisa las primeras tres evaluaciones de pares que llegan al sistema (el resto permanece oculta). En caso de sospechar de evaluación injusta o sesgo, omite esa evaluación (sin posibilidad de volver a atrás) y accede a una nueva evaluación (la cuarta en orden de llegada). En resumen, más que evaluar y asignar puntaje discrecionalmente, el grupo de estudio escoge a los pares y revisa las evaluaciones cuidando la minimización de sesgos en el proceso de evaluación de pares. Todo este proceso es cautelado con extremo rigor y profesionalismo por un actor que es esencial y casi invisible: los coordinadores de los grupos de estudio, funcionarios de Conicyt que lideran paso a paso las distintas etapas del proceso imponiendo criterios y resguardando que el procedimiento ocurra como debe ocurrir.

Fondecyt es una institución que está gestionada de manera muy importante por investigadores, y esa es una gran fortaleza que creo debemos cuidar. Esto permite minimizar la burocratización y mantener un criterio académico en contra de un criterio político-partidista. Es entendible, entonces, que miembros de grupos de estudio y consejos superiores se adjudiquen fondos en los años que realizan estas tareas. Estas tareas las realizan académicos que son investigadores Fondecyt activos y que, justamente por su experiencia y trayectoria, son llamados a realizarlas. No se trata de que se adjudiquen proyectos por primera vez porque son miembros del grupo de estudio; están ahí porque ya tienen proyectos Fondecyt adjudicados anteriormente. ¿Es una situación ideal? No. ¿Sería mejor que no pudiesen adjudicarse proyectos mientras ejerciesen esas funciones? Sí. Pero yo me pregunto: ¿Qué investigador activo suspendería su carrera académica, es decir, la posibilidad de postular a Fondecyt, por ser parte de la gestión de Fondecyt? Si impedimos a los miembros del Grupo de Estudio o Consejo Superior la posibilidad de postular a Fondecyt la salida es burocratizar Fondecyt y entregar su gestión a personas que no están ligadas a la investigación, que pueden no estar interesadas en ella, y que pueden cambiar con cada cambio de gobierno.

En cualquier caso, es importante tener en cuenta, que si un miembro de un grupo de estudio, igual como cualquier otro investigador, se asigna un proyecto Fondecyt, es porque su proyecto es muy bueno. Ningún proyecto que no sea muy bueno se adjudica financiamiento, independiente de quién sea el autor. Sin embargo, sí hay proyectos muy buenos que quedan sin financiamiento. Esto ocurre ya sea porque el currículum del investigador, según los estándares que fijan los grupos de estudio siguiendo criterios disciplinares y convenciones internacionales (todos abiertos a discusión), no es suficientemente competitivo; o porque no alcanza el presupuesto y se corta justo antes del puntaje que obtuvo el proyecto. Este último es uno de los principales problemas y riesgos vigentes y urgentes que toda esta discusión reciente ha pasado por alto: la caída dramática en el financiamiento de Fondecyt el año 2016, aún cuando el porcentaje de doctores y la cantidad de universidades que los contrata va en aumento, producto esperado de una política pública reciente del país. Esto no es solo un riesgo para el financiamiento de esos muy buenos proyectos que pueden quedar sin ejecutarse porque, habiendo obtenido un puntaje menor que otros proyectos, cayeron fuera del presupuesto disponible. También pone en riesgo la continuidad de los pilares del proceso: los coordinadores de los Grupos de Estudio, y otros funcionarios fundamentales de Fondecyt, que trabajan en condiciones de altísima precariedad e inestabilidad.

La política de gratuidad es un paso fundamental en el acceso equitativo de los jóvenes a, -y mantenimiento en-, la educación superior del país. Pero no podemos correr el riesgo de apoyar el financiamiento de la matrícula a costa del financiamiento de la investigación en las universidades: ¿Qué tipo de profesionales se formarán en universidades cuya investigación decae o está en riesgo? ¿Para qué financiar la formación de gran cantidad de doctores y postdoctores para luego no estar disponible para financiar sus muy buenos proyectos? El principal problema de Fondecyt es su falta de financiamiento; la precariedad laboral de los funcionarios, y del personal técnico y de apoyo de los proyectos, y la caída abismante en la cantidad de proyectos que podrán ser adjudicados.

La mayoría de quienes somos parte de los grupos de estudio tenemos o hemos tenidos proyectos Fondecyt a nuestro cargo, pero también hemos perdido proyectos. No todos los proyectos que hemos perdido han sido muy buenos. Quedan fuera proyectos muy buenos por falta de financiamiento, pero también quedan fuera proyectos mediocres que no deben ser financiados. Es importante que como investigadores mantengamos una actitud crítica ante nuestras propias producciones que nos permitan mirarlas y mejorarlas, y no atribuir la falta de éxito en la asignación a la conspiración universal. Es urgente que contemos con más financiamiento, pero financiamiento para financiar solo muy buenos proyectos.

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Carta de Natalia Muñoz

16 mayo 2016

“No es bueno para Chile concentrar casi todo su presupuesto de investigación en un único instrumento manejado de manera exclusiva por académicos que han demostrado una resistencia enorme al cambio y a la evaluación con criterios más amplios que el número de publicaciones generadas por proyecto (“productividad”).”

Gracias Antonia por hacer un aporte a la discusión desde tu perspectiva de investigadora, académica y miembro de un Grupo de Estudio en el programa Fondecyt. Para comenzar, me hago cargo de la crítica que haces en cuanto a la aparente imprecisión con la cual describí la labor de los Grupos de Estudio en la columna “Los vicios de Fondecyt”. Es necesario aclarar que es prácticamente imposible relatar en detalle el funcionamiento del sistema de evaluación de proyectos en los 25 Grupos de Estudio que participan de este proceso en un espacio limitado y accesible al público general. Si bien es efectivo que en la mayoría de los Grupos de Estudio el sistema de evaluación funciona como describes, no todos siguen el mismo criterio. Algunos grupos que revisan un número importante de postulaciones (Agronomía, Biología 1, Biología 2, Biología 3 y Medicina G1) han adoptado de manera intermitente un sistema de “evaluación por panel”, donde sí existe participación directa de sus miembros. Sin embargo, me parece que esa discusión de forma nos desvía del fondo del asunto. Nuestra crítica al funcionamiento de los Grupos de Estudio apuntó únicamente a la poca transparencia del proceso evaluador, lo cual no es un ataque a las personas que los integran sino más bien una observación que apunta a mejorar los estándares del sistema, por ejemplo, con la elaboración de actas públicas donde se declaren conflictos de interés y su mecanismo de resolución.

El caso de los Consejos Superiores es, creo, mucho más serio. Los Consejeros tienen conflictos de interés evidentes e insolubles dado el marco legal que creó el programa Fondecyt. No es una teoría conspirativa señalar que los Consejeros Superiores: manejan información privilegiada al participar en la redacción de las bases de los concursos (conocen sus contenidos y cambios antes que el resto de los participantes), tienen acceso preferente a información sobre materias presupuestarias y administrativas de Conicyt que afectan directamente a Fondecyt, son los responsables finales del fallo de los concursos, son quienes definen la asignación de recursos incluyendo recortes presupuestarios a proyectos, tienen el deber de velar por el uso adecuado de los fondos en cada proyecto adjudicado, son los responsables últimos de la evaluación de informes académicos de avance y finales, resuelven las apelaciones al fallo de los concursos, y todo esto sin formar parte de la planta funcionaria de CONICYT (fuentes: DFL 33/81 y bases concursales de Fondecyt regular). Las facultades y autonomía de los Consejeros son tan amplias, su mecanismo de designación tan estrecho y su número tan reducido que resulta obvio que su participación en el concurso Fondecyt es incompatible con los principios que deben regir los concursos públicos. Probablemente esta materia no va a ser resuelta en un debate por los medios sino que en un pronunciamiento de la Contraloría General de la República, no obstante cumplo con manifestar que esta situación nos parece un síntoma más del diseño deficiente de una política pública que es posible que haya servido para la realidad del país y su comunidad científica en 1981, pero que requiere una revisión y reforma urgente. No hay que olvidar que el marco regulatorio y la gobernanza de los instrumentos públicos de financiamiento a la investigación determinan en gran parte su impacto para el país, por lo que es una obligación del Estado evaluarlos periódicamente. En esta evaluación se deben revisar y actualizar tanto los objetivos del programa como los efectos positivos y negativos que derivan de su funcionamiento. Entre estos últimos podemos mencionar la precarización laboral, la endogamia académica y métricas de impacto insuficientes.

En este contexto, no es bueno para Chile concentrar casi todo su presupuesto de investigación en un único instrumento manejado de manera exclusiva por académicos que han demostrado una resistencia enorme al cambio y a la evaluación con criterios más amplios que el número de publicaciones generadas por proyecto (“productividad”). De hecho, es casi imposible encontrar una situación análoga de concentración y gestión de recursos en países con políticas de desarrollo científico y tecnológico exitosas. Aprovecho de aclarar que nunca hemos planteado la eliminación de los fondos concursables ni una reducción de su presupuesto, entendemos que la situación actual es crítica, pero nos cuesta entender que se pida una inyección importante de recursos a un programa que ha abandonado aspectos regulatorios básicos en materia laboral y de buenas prácticas institucionales. El mayor financiamiento debe ir de la mano de una reforma que corrija los actuales vicios.

Me parece que es el momento de abrir la discusión pública sobre alternativas para mejorar nuestro insuficiente sistema nacional de investigación porque no es razonable que, pese a la escasez de recursos, se persiga una alta productividad a costa del trabajo precario de muchos. Cuando eso se produzca y podamos convencer a la sociedad de que contamos con un sistema de investigación sano, que opera en función de las necesidades de desarrollo del país, y que garantiza la seguridad y el trabajo decente de todos los miembros de la comunidad que se dedica a investigar, incluyendo a los funcionarios que nos apoyan desde CONICYT, probablemente van a existir niveles de cohesión que darán fuerza natural a las demandas de los investigadores por mayor financiamiento público a su labor.

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Carta de Antonia Larraín

19 mayo 2016

“No me parece un argumento válido justificar la crítica a Fondecyt por su origen en la dictadura cívico-militar. Creo que los problemas también tienen que ver con la propia comunidad científica (como ya argumenté); con la dificultad de contar con un presupuesto adecuado a los desafíos que enfrenta que permita no solo financiar los muy buenos proyectos, sino retribuir el trabajo de funcionarios y personal técnico de manera justa y adecuada a la ley vigente; y con la dificultad de adecuarse al grado de dinamismo de la producción científica, tanto en términos de la configuración de áreas del saber, como de los estándares de calidad.”

Estimada Natalia:

No estamos de acuerdo en la mirada que tenemos de Fondecyt, y es esperable. Creo y valoro los desacuerdos especialmente en su rol para avanzar. Pero creo que compartimos la convicción de que es urgente una política científica que sea capaz de dar una institucionalidad adecuada para hacernos cargo de las complejidades que enfrenta actualmente la investigación científica y producción artística en todos los ámbitos del saber y producción cultural.

No me parece un argumento válido justificar la crítica a Fondecyt por su origen en la dictadura cívico-militar. Creo que los problemas también tienen que ver con la propia comunidad científica (como ya argumenté); con la dificultad de contar con un presupuesto adecuado a los desafíos que enfrenta que permita no solo financiar los muy buenos proyectos, sino retribuir el trabajo de funcionarios y personal técnico de manera justa y adecuada a la ley vigente; y con la dificultad de adecuarse al grado de dinamismo de la producción científica, tanto en términos de la configuración de áreas del saber, como de los estándares de calidad. Y en este punto creo que si bien se puede hacer mejor y hay que hacerlo mejor, Fondecyt hasta ahora lo ha hecho bastante bien.

Pero Fondecyt no puede solo. Requiere ser parte de una orgánica que en su conjunto se haga cargo de una complejidad cambiante y en evolución, y que permita darle un valor y lugar a la investigación científica y producción cultural en el diseño de lo que queremos que este país sea en el corto, mediano y largo plazo.

Creo que es urgente que como comunidad científica sostengamos un debate justo con el trabajo ya realizado, serio en miras al futuro y razonable. Este debate debe sostenerse en un (o unos) diagnóstico(s) en base a evidencia de distinto tipo pero de calidad, y no en base a slogan generales y argumentos ideológicos. De lo contrario corremos el riesgo de perder el foco y abogar por cambios que suenan bien, son altamente persuasivos por su poder estético y retórico, pero pueden ser poco relevantes y no asegurarán un avance real y de fondo. Es lo menos que le podemos entregar al país hoy como comunidad científica. Sostener y demandar un debate responsable que nos permita poner nuestros desacuerdos en función de lo que ya no puede esperar más: conseguir un compromiso del estado con la producción científica y cultural para el desarrollo social del país.

Antonia Larrain, académica Universidad Alberto Hurtado, miembro Grupo de Estudio de Educación y de la Sociedad Científica de Psicología de Chile.

6 Comentarios

  1. Participo del sistema FONDECYT, eso es lo que ha mantenido mi laboratorio desde que comenzó mi carrera independiente y he participado de los grupos de estudio FONDECYT. Coincido en que “Ningún proyecto que no sea muy bueno se adjudica financiamiento”. Coincido también en que a veces no se financian proyectos buenos por falta de recursos. Sin embargo personalmente creo que si se incrementa el presupuesto para FONDECYT, el porcentaje de aprobación se debería mantener bajo el 30 %. Esto asegura que solo los mas capaces sean financiados, aumentaría el monto asignado, los haría internacionalmente mas competitivos y permitiría mejorar los sueldos del personal.

    1. Estimado,

      Según entiendo de tu comentario, en lo que respecta a proyectos Fondecyt propones aumentar los fondos pero a una cantidad equivalente de proyectos a los que se financian actualmente con tal de mantener el 30% de aprobación.
      Según mi parecer, esta medida restringe severamente la diversidad en cuanto a temáticas de investigación si ese porcentaje se piensa en cuanto al total de postulación sin discernimiento de las disciplinas ni áreas de investigación.
      Por ejemplo, se podría financiar el 30% de mejores proyectos de cáncer o 30% de los mejores de antropología étnica, algo así. Pero no el 30% del total son una pura lógica competitiva sin definir objetivos nacionales de CyT

  2. Creo que muchos comentarios sobre el programa Fondecyt se hacen sin conocer la realidad. Fondecyt es el programa que mas a contrubuido al desarrollo de la ciencia en Chile. No hay dudas que es posible mejorarlo, pero ha sido la columna vertebral de la ciencia. Lo mas importante es aumentar el escualido presupuesto para a ciencia en nuestro pais.

  3. Simplemente aumentar el financiamiento no solucionará el problema de fondo…. la propia sra Larrain reconoce que los vicios de Fondecyt existen…. perpetuar el mismo sistema solo concentrará los fondos disponibles en un reducido grupo de investigadores consolidados sin cabida para nuevos investigadores con ideas frescas, lo cual atenta contra la innovación en investigación, creo que no podemos seguir con un modelo de estado subsidiario que le entrega los fondos a los mismos investigadores que compiten por ellos es un conflicto de interes evidente y que genera este debate…. quizás la implementación del ministerio de C y T traerá una mejora al sistema de reparto de fondos.

  4. Es cierto, que es urgente que contemos con más financiamiento, pero financiamiento para financiar solo muy buenos proyectos. Pero hay buenos proyectos que son vetados sólo por el CV del investigador. Generalmente son asignados a investigadores que año tras año se ganan proyectos Fondecyt cerrando la puerta a buenos proyectos sólo por el hecho que el investigador no tiene 50 publicaciones. Cómo entonces abriremos las puertas a financiar buenos proyectos para aquellos que emergen como nuevos promisorios líderes de ciencia. Parece que Fondecyt quiere perpetuar a los mismos de siempre en una competencia injusta que parece favorecer la métrica de la imprenta en vez de ideas brillantes.

    1. Para el caso de los Fondecyt Regular sólo se evalúan hasta 10 publicaciones del investigador responsable (IR). Para los investigadores juniors, este criterio (10 publicaciones) no existe aunque es deseable contar con 1-2 publicaciones de impacto (según criterios del grupo de estudio). Tal vez para mejorar la imparcialidad en los grupos de estudio, sus integrantes no debieran adjudicarse fondos como IR mientras cumplen esta función. Sí podrían hacerlo como co-investigadores o bien cuando ya se hayan adjudicado un Fondecyt como IR en convocatorias anteriores. Lo anterior no paralizaría la carrera académica aunque implicaría mayor rotación de integrantes del grupo de estudio.

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