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Estado de vigilancia en sector oriente de Santiago

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Manuela Veloso Dorner

Candidata a diputada, Distrito 11, Movimiento Autonomista, Frente Amplio

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Pablo Terrazas

Secretario General Unión Demócrata Independiente (UDI)

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Carta de Manuela Veloso Dorner

19 junio 2017

Estimado Pablo Terrazas,

Hace algunas semanas la Fundación Datos Protegidos junto con la ONG Derechos Digitales interpusieron un recurso de protección contra la Municipalidad de Las Condes por el uso de drones como sistema de televigilancia. La medida corresponde al plan contra la delincuencia denominado “Ojo de Cóndor”, impulsado por el alcalde Joaquín Lavín, de tu misma colectividad, que la comuna de Las Condes pretende implementar en conjunto con Vitacura y Lo Barnechea.

La utilización de drones supone la posibilidad de observar y registrar desde varios metros de altura el comportamiento y la vida de las personas, incluso al interior de sus propios hogares, sin su consentimiento, vulnerando así el derecho a la intimidad.

La aplicación de esta tecnología, en tanto dispositivo disuasivo, constituye una suerte de estado de excepción normalizado, basado en la vigilancia constante y sistemática de las actividades de las y los ciudadanos. Vigilancia y miedo son las dos caras de un mecanismo instituido a fin de aumentar el control sobre nuestras vidas y libertades.

Esta manera de concebir la seguridad ciudadana -más efectista que efectiva- en los hechos no es nueva. Fue implantada por el propio Lavín en su primera etapa como alcalde de Las Condes en los años 90’, expandiéndose primero en el resto de las comunas del sector oriente de Santiago para luego extenderse a diversas zonas del país.

No es casualidad que, a comienzos de siglo, la entonces alcaldesa de Lo Barnechea, Marta Ehlers -en una medida abiertamente segregadora- haya ordenado la instalación de un muro de tres metros de altura para separar la población Lo Ermita de las viviendas ubicadas en calle Escrivá de Balaguer.

Ante el fracaso de las políticas económicas neoliberales, la derecha en todo el mundo ha radicalizado en los últimos años el discurso antidelincuencia, buscando con ello propagar el miedo en la población y generar en la sociedad una sensación de creciente desprotección. El miedo empuja a las personas a reclamar mano dura, demanda que es congruente con la visión autoritaria de la derecha.

Segregar, atemorizar y encarcelar han sido los pilares de las políticas conservadoras en materia de seguridad. Con todo, los datos dejan en evidencia el fracaso de este tipo de medidas: Chile es el segundo país de la OCDE con mayor tasa de presos por cantidad de habitantes. Sin embargo, uno de cada cuatro hogares declara haber sido víctima de un delito en nuestro país, y esta cifra ha aumentado levemente año tras año. Esto demuestra que las fórmulas basadas en la reclusión y el endurecimiento de las penas no han sido efectivas.

La seguridad no puede basarse en la vigilancia y el miedo al otro. Es totalmente contradictorio intentar proteger a las personas, si esto supone vulnerar su intimidad.

Desde el Frente Amplio promovemos una agenda integral de seguridad pública, basada en la protección real de la ciudadanía y de sus derechos.

Antes que reprimir y encarcelar debemos prevenir los delitos, lo que se logra a través de políticas que mejoren los niveles de equidad e inclusión social.

Los barrios seguros son aquellos en que las vecinas y vecinos no se aíslan, sino que se conocen y se organizan. Porque la verdadera seguridad solo es posible cuando existe comunidad.

Te invito a que aceptes esta invitación a debatir y que conversemos sobre seguridad con responsabilidad y seriedad.

Atentamente,

Manuela Veloso Dörner

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