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El dudoso rol del Consejo de Ciudadanos Observadores

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Nicolás Monckeberg

Diputado, Renovación Nacional

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Patricio Zapata

Abogado. Máster en Derecho y Ciencias Políticas. Decano, Facultad de Derecho, Universidad de las Américas. Presidente, Concejo Ciudadano de Observadores

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Carta de Nicolás Monckeberg

18 diciembre 2015

Estimado Patricio:

Mucho se ha hablado en los últimos días respecto del Consejo de Observadores de la nueva Constitución del país. Hemos leído críticas y defensas al respecto. Sin embargo, nadie sabe con certezas qué rol cumple, a quién representa ni qué podemos esperar de él. Si el propio vicepresidente del PS afirma que no existe claridad sobre el rol y funcionamiento de esta instancia, difícilmente el resto de los ciudadanos podemos tener claro que esperar de este grupo.

Inicialmente se habló de la importancia de constituir un grupo heterogéneo, capaz de asegurar la total representatividad de los ciudadanos; sin embargo, las críticas llegaron de todas partes: que sus integrantes gozan de altos ingresos, que son de la élite, que provienen de colegios pagados, etc. Si el objetivo del Gobierno era la “representatividad” del grupo, es claramente un contrasentido que lo haya conformado a dedo, sin consultarle a nadie y, de paso, excluyendo, sin razón alguna, a las mujeres (solo tres de quince lo son), a los adultos mayores, a los estudiantes, a representantes de regiones, del mundo sindical, de las agrupaciones de distinta orientación sexual, entre otras. Claramente, el primer objetivo no se cumplió.

Por otra parte, la presidenta Bachelet afirmó que la tarea de los integrantes del Consejo de Observadores deberá ser “garantizar la transparencia de los diálogos ciudadanos” durante la elaboración de la nueva Constitución. Cabe entonces preguntarse: los miembros de este Consejo, efectivamente, ¿viajarán a lo largo del país para fiscalizar que los cabildos se lleven a cabo con este propósito y sin caer en proselitismos ni propaganda? ¿Contaran con agenda y tiempo para realizar esta labor? ¿Contaran con recursos y facultades para ello?

Si lo que se buscaba, más que la representatividad, era la facultad fiscalizadora del grupo, ¿no era mejor encomendar esta función a un grupo especial de la Contraloría o el Servel, quienes cuentan con experiencia y recursos específicos en materias de supervigilancia y control?

Una vez más, el Gobierno quedó preso de su ansiedad comunicacional y hace anuncios improvisados con mucha estridencia; sin embargo, no es capaz de definir para qué es el Consejo, cuál es su propósito, cuáles son sus facultades y con qué recursos dispondrá. A las pocas horas ya quedaba en evidencia la improvisación: el grupo de los quince pasó a ser el grupo de los diecisiete y en la puerta del horno debieron modificar el libreto de los primeros spots para la TV.

Con todas estas situaciones ya reiteradas, Bachelet ha demostrado que perdió lo que era su principal activo: la sintonía con los ciudadanos. Su propio slogan de campaña (“Chile cambió”) parece desconocerlo. Hoy, los chilenos no saben para qué sirve el Consejo, aunque sí perciben que a estas alturas el proceso constituyente tiene “mucho ruido y pocas nueces”, y que la Presidenta que prometió la nueva Constitución no ha hecho más que evitar entrar al fondo de la discusión constitucional.

En el país existe un amplio consenso respecto de la necesidad de contar con una nueva Carta Fundamental que nos represente a todos. El ex presidente Lagos, el ex presidente Piñera, nosotros en Renovación Nacional, entre otros partidos, hemos fomentado este debate haciendo propuestas concretas; pero el Gobierno, hasta la fecha, no ha entregado un solo punto de vista, ni una sola propuesta específica de cambio a la Constitución vigente.

La razón parece ser evidente. Mientras el Gobierno evita el debate de fondo, sus autoridades una y otra vez exculpan su mala gestión en la Constitución vigente. Ya lo han dicho: el retraso en los hospitales y las listas de espera son un problema del modelo constitucional actual, la incapacidad del Gobierno de cumplir su promesa de educación de calidad para todos también, y esta semana escuchamos a un parlamentario oficialista decir que hasta la excesiva violencia en los estadios era un problema del modelo constitucional.

Chile cambió. Hoy la ciudadanía espera de quien gobierna y de toda la clase política actuar con más seriedad y responsabilidad, especialmente cuando se trata de un anhelo tan legítimo como una nueva Constitución para nuestro país. No es posible que el cálculo pequeño y la inoperancia de unos pocos terminen trasformando este anhelo en una sola venta de humo.

Cordialmente,

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Carta de Patricio Zapata

08 enero 2016

El señor Patricio Zapata prefirió no responder a este debate.

2 Comentarios

  1. De alvaro.bruna@gmail.com:

    El gran Danton dijo, más o menos, en su oportunidad: las comisiones son los órganos inútiles de las asambleas incompetentes. Solo cambiando términos, no cabe dudas de que en este gobierno y el anterior de la Sra. Bachelet la sentencia se ha cumplido fielmente. No dudo en absoluto de la honestidad de las personas llamadas a integrarlas pero parece que la finalidad no pasa de mantener una publicidad activa respecto de programas “que se están cumpliendo”. Lamentable pues en este caso la Constitución es cosa de expertos muy expertos y no de aficionados como la mayoría de quienes figuran en este grupo…

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