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Desarrollo Profesional Docente: Temas pendientes

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Danilo Olivares

Investigador de Política Educativa, Fundación Educación 2020

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Camila Vallejo

Diputada, Partido Comunista

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Carta de Danilo Olivares

25 mayo 2015

Estimada diputada Vallejo:

El proyecto sobre el nuevo Desarrollo Profesional Docente es un hito dentro de la reforma educativa, para muchos el “corazón de la reforma”. En este proyecto se elevan los requisitos de ingreso y la formación inicial de los estudiantes de pedagogía; se crea un sistema de desarrollo profesional a través de etapas (tres de ellas obligatorias y dos voluntarias) que busca reconocer tanto la trayectoria como el desempeño de los docentes; se establecen procesos de profesionalización continua, otorgando elementos contextuales para la formación en servicio; y finalmente, se mejora las condiciones del ejercicio de la profesión, aumentando salarios, mejorando la proporción de horas lectivas y no lectivas, y optimizando el trabajo colectivo con la comunidad.

El proyecto se hace cargo de la urgente necesidad de instaurar una profesión docente valorada, con altos estándares de formación que permita un buen desempeño en los diversos contextos del país. Nuestro sistema educativo es el más segregado del mundo y por eso resulta fundamental tomar posturas y hacerse cargo.

No obstante y pese a los grandes avances plasmados en el proyecto de Ley, se establece una serie de ausencias que son primordiales para conjugar y asegurar un sistema de desarrollo profesional docente constante, equitativo y que responda a la totalidad de profesores y profesoras.

El dicho: “Debemos atraer a los mejores a la profesión docente” pasa por un proceso de mejorar y elevar las condiciones de ingreso anteriormente nombradas, sin embargo, el solo hecho de nombrar los procesos de selección y no brindar pisos mínimos (porcentajes) en cada mecanismo, deja abierta la posibilidad para que cada casa de estudios pueda preferir uno u otro sistema de ingreso, evitando la ponderación de mecanismo que conjuntamente son altamente predictivos en la labor docente a futuro.

A nivel de acreditación, se establece la norma obligatoria para instituciones, carreras y programas de pedagogía sin abordar los planes de formación inicial en universidades, no hay mención a nuevos estándares de orientación para carreras de pedagogía que relacionen los conocimientos disciplinares y didácticos de sus estudiantes.

Los planes de inducción habituados y enfocados para docentes principiantes se transforman en un elemento esencial para la inserción en la comunidad educativa y la puesta en marcha de habilidades adquiridas en la formación de pregrado. Dejar el sistema de inducción a la disponibilidad de mentores, no asegura una buena inserción profesional, esta debe ser asegurada como un derecho por parte del Estado.

Hay una necesidad y vitalidad de mejorar las condiciones del ejercicio. Esta variable va muy de la mano con atraer a los mejores estudiantes a la profesión docente, por ello, la condición de ampliar la proporción de horas lectivas y no lectivas existente, mejorar y clarificar las remuneraciones y extender el trabajo colectivo se transforma en uno de los pilares en la profesión.

Finalmente, existe un elemento de preocupación referente a la entrada y vigencia del título actual para educadoras de párvulos. El proyecto de Ley no estipula su entrada al desarrollo profesional; esta facultad quedará a virtud de la presidenta de la República a través de un decreto con fuerza de Ley; establecida esa posibilidad, su ingreso al sistema queda relegado para el año 2020, ejecutando los planes de inducción para el año 2021 y siendo su régimen el año 2025. Sumado a este factor, la condición salarial es dispar a profesionales de otros niveles educativos, generando con esto espacios de conflicto que podrían producir estas diferencias salariales.

Estos antecedes han sido presentados de manera amplia y contundente ante la Comisión que usted preside, hoy son ustedes quienes tienen la gran posibilidad de ingresar las mejoras necesarias, con el objetivo de robustecer un proyecto que se transforma en esencial para articular la reforma educativa en curso. Un profesor o profesora durante su vida profesional puede impactar en los aprendizajes de miles de niños y niñas, por ende lo que hoy se trabaje y salga como Ley no solo se transformará en un elemento legal, sino que repercutirá en la construcción de sociedad que hemos pensado y demandando en este nuevo ciclo.

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Carta de Camila Vallejo

26 mayo 2015

Estimado Danilo:

Tal como usted señala, el proyecto de Ley que crea el Sistema Nacional de Desarrollo Profesional Docente es uno de los pilares fundamentales de la reforma educacional. Y esto no es una afirmación antojadiza: Cientos de estudios demuestran la importancia de legislar sobre la materia, pues existe una relación directa entre el desarrollo profesional de la docencia y los estándares de calidad de la educación.

Por lo mismo, uno de los objetivos explícitos del proyecto de Ley (que actualmente está en trámite en la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados) es la aspiración de reconvertir la profesión docente en una alternativa atractiva para los egresados más talentosos de la educación secundaria.

Como es evidente, el hecho de que sea un objetivo explícito no implica necesariamente que la alternativa por la que opta el proyecto corresponda a una opción compartida por todos. Justamente, lo que ha quedado de manifiesto en las audiencias públicas de la Comisión de Educación que me ha correspondido presidir es una discrepancia de diversos actores, con diferentes orientaciones pedagógicas e ideológicas, respecto de algunas soluciones institucionales que el proyecto propone. En su carta, pude identificar algunas objeciones de las que daré cuenta:

1. Usted afirma: “El solo hecho de nombrar los procesos de selección y no brindar pisos mínimos (porcentajes) en cada mecanismo, deja abierta la posibilidad para que cada casa de estudios pueda preferir uno u otro sistema de ingreso, evitando la ponderación de mecanismo que conjuntamente son altamente predictivos en la labor docente a futuro”.

Lo que usted dice es cierto. El proyecto no da cuenta de una especificidad respecto a la ponderación de los porcentajes que se asigna a los diferentes mecanismos de selección al ingreso de carreras pedagógicas. Por cierto, razones para explicar esta omisión podríamos encontrarlas a partir de conceptos tales como “autonomía universitaria” o “perfil de estudiante”, por ejemplo. Sin embargo, comparto su inquietud y me gustaría que pudiese profundizar su planteamiento: ¿Qué ponderaciones máximas propondría usted? ¿Qué criterios aplicaría para justificar tales ponderaciones?

2. También señala: “A nivel de acreditación, se establece la norma obligatoria para instituciones, carreras y programas de pedagogía sin abordar los planes de formación inicial en universidades, no hay mención a nuevos estándares de orientación para carreras de pedagogía que relacionen los conocimientos disciplinares y didácticos de sus estudiantes”.

Nuevamente, lo que usted afirma es cierto. Pero este punto me parece más sensible que el anterior, pues su preocupación, al menos como usted la expresó, sólo avizora una solución que me parece inadecuada.

Comparto con usted la necesidad de relevar la importancia de los estándares de orientación de las carreras de pedagogías. Pero, creo que no corresponde debatir legislativamente el currículum académico de las universidades, respecto de ninguna carrera. Por lo mismo, considero que los estándares generales propuestos en el proyecto de Ley son suficientes para asegurar un mínimo de calidad en la formación de los futuros profesores del país: universidades acreditadas, con programas y carreras acreditadas, bajo las reglas de un Nuevo Sistema de Acreditación de Educación Superior, que supere todas las deficiencias del actualmente vigente.

3. Más adelante indica: “Dejar el sistema de inducción a la disponibilidad de mentores, no asegura una buena inserción profesional, esta debe ser asegurada como un derecho por parte del Estado”.

Comparto que existe un problema con la cantidad de profesores mentores disponibles en el sistema que el proyecto supone. La inserción profesional de los docentes es una etapa fundamental en el desarrollo de los/as pedagogos/as.

Al respecto, la introducción de un reportaje que la revista Docencia publicó en su Nº 33, en diciembre de 2007, decía: “Enfrentarse a la cultura escolar del establecimiento donde al profesor le toca insertarse es uno de los primeros desafíos. No sólo tendrán un curso con alumnos diversos a quienes atender, también deben conocer a sus nuevos colegas, los procedimientos administrativos, la infraestructura del colegio, las costumbres y “mañas” con que se manejarán diariamente. No hay patrones preestablecidos, sino más bien depende de diversos factores humanos y organizacionales, que pueden pasar por el tipo de liderazgo de los directivos, la relación que existe entre los profesores, las condiciones laborales, el proyecto educativo, entre otras cosas”.

Asegurar un profesor mentor para los profesores principiantes es fundamental para el éxito del Sistema de Desarrollo Profesional Docente que estamos creando.

4. Y concluye: “Finalmente, existe un elemento de preocupación referente a la entrada y vigencia del título actual para educadoras de párvulos”.

Esta debe ser la demanda más ampliamente compartida en la Comisión de Educación. Estamos de acuerdo con la urgente necesidad de mejorar las condiciones laborales (no sólo las remuneraciones) de la educación parvularia financiada por el Estado. Lamentablemente, esto se escapa de nuestras manos parlamentarias, porque disponer de recursos públicos es una facultad que nos es restringida constitucionalmente.

Una solución para adelantar el ingreso de las/os educadoras/es de párvulos debiese venir de una modificación al Informe Financiero del Proyecto, lo que es atribución exclusiva del Poder Ejecutivo.

Cordialmente,

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Carta de Danilo Olivares

26 junio 2015

El Sr. Olivares desistió de continuar participando en el presente debate, el que se da por concluido.

2 Comentarios

  1. Estimada Camila:

    Quien no imparte clases no entiende la carga social que los docentes deben asumir como propios, y esto que es tan primario pesa a la hora de decidir en el aula el tipo de metodología a aplicar y el grado de aprendizaje de los alumnos ante esta variable. Dicho esto, aún no nos ponemos de acuerdo en qué entendemos por calidad educativa, porque no podemos en una sociedad neoliberal como la nuestra sustraernos a la inmensa diferencia que hay entre unos y otros. La actual reforma sólo apunta a que los profesores son derechamente mediocres, ¿se han preguntado si realmente la preparación de un profesor contempla hacerse cargo del problema social que tiene el 60% de los alumnos de este país? Creo que no. Una reforma educacional no se construye a partir de un panel de expertos, que parten solo de supuestos teóricos donde “suponen” a todos los alumnos como iguales, esta se debe construir con profesores que son, en definitiva, los profesionales de la educación. Yo creo que nadie en este país sería capaz de armar una reforma de salud sin los médicos y sin la participación del Colegio Médico. Sin embargo, sí son capaces de ningunear al profesor como en los mejores días de la dictadura. Si vamos a conversar de educación para el futuro de este nuevo ciclo del Estado de Chile, debemos hacerlo a partir de un congreso de profesionales de la pedagogía. Cualquier otro intento es mirar la educación con los ojos de un economista-economicista.
    Atentamente,

    Luis Paredes Bustamante
    Administrador Educacional
    Magister en Ciencias de la Educación, ULS

  2. Esta es una carrera docente hecha a la espalda de los profesores, y que por rebote nos afecta a quienes hoy estamos en formación. Solo trae incertidumbre, porque terminando 5 años de estudios, con preprácticas, práctica finales y exámenes de grado, más encima estaremos un año más en evaluación, ¡para ver si somos capaces de enfrentar un curso! Parece un chiste, perdonen la expresión, un mal chiste, ya que después de endeudar a miles de familias, nuestras profesiones dependerán de 10 meses de evaluación, ¿por qué mejor no nos evalúan desde un inicio y así nos ahorran tiempo y dinero?

    Ahora, por ningún lado se habla de la cantidad de alumnos por sala, me gustaría verlos enfrentar a 40 niños y niñas, con distintas necesidades educativas, pero para el sistema es fácil, si aplican el Simce como instrumento de medición estándar, es porque piensan que ¡todos los niños son iguales y aprenden de la misma forma! La educación en Chile se hace con el mismo molde para todos.

    No sé si el ministro de Educación se dé el tiempo de leer este artículo, lo dudo. Como economista debe estar pensando en números más que en lo que ocurre de verdad en la vida de un profesor: sin tiempo para la familia, porque debemos planificar, revisar pruebas, etc., maltrato recibido por los sostenedores, el no pago de nuestras imposiciones, pagos atrasados de nuestras remuneraciones, desprestigio como profesional y, por ende, cero aprecio por nuestra labor, bueno, así podría seguir.

    No creo que el ministro conozca de nuestras vidas, está claro, no lo creo.

    Saludos.
    Luis Rencoret A.
    Coordinador de Estudiantes de Pedagogía G. Básica
    Universidad de Las Américas, Santiago Centro

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