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Del futbol y otros demonios

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Nathalie Moreno

Escritora

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Roberto Rabi

Autor de #Malparidos y #Santiaguinos, @Rabigonz

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Carta de Nathalie Moreno

04 octubre 2016

Estimado Roberto:

Advertencia: esta carta no tiene pies ni cabeza, empezando porque ni siquiera logro dar con la fórmula para dirigirme a ustedes. Si les digo “Estimados señores” suena fatal, como si fuera a iniciar un reclamo a la Superintendencia de no sé qué. Y ni hablar si apelo a vuestras profesiones: Señores Periodistas, Señor Fiscal (esta última me pone a temblar ¿No ven que vengo de una época oscura, de cuando existía un inquietante Fiscal Torres Silva?… Nada que hacer, moretones que deja el vivir no más. De hecho, residuos de aquella época es también el que cada vez que me para un carabinero de tránsito, uno cualquiera, un veinteañero con uniforme recién estrenado, yo pongo cara de estar viendo a Voldemort). También podría llamarlos por sus nombres, “¿qué tal Roberto, Felipe, José Antonio?, les quería comentar y bla bla bla”. Pero me repugna el tuteo mal habido, esa formulita de pseudo cercanía impuesta por el marketing de moda y que padezco cada vez que voy a esa cafetería de tan cómodos sillones y pésimo café, donde un cristiano que no he visto en mi vida me dice “Hola Nathalie, ¿qué vas a tomar hoy?” No, no, no… El tuteo es una medalla que se gana en las lides de la amistad, en las pruebas del diario vivir, en llorar y emborracharse juntos, en descubrir que no estamos solos… Por otro lado, si dejara fluir mi espontaneidad (algo por lo general muy contraproducente) les diría “Chiquillos lindos” como le decía mi abuelita a cualquiera que fuera menor que ella, aunque el sujeto en cuestión compitiera con la edad de una momia. En fin, después de diez minutos tratando de zafar el encabezado, me rindo y sigo no más. Espero me perdonarán la falta de diplomacia, pero estoy tan vieja que ya no puedo permitirme perder más tiempo (ni en esto ni en nada). Hagamos de cuenta que supe llamarlos como deseaban y a otra cosa, mariposa.

Han de saber que acabo de descubrir el futbol. Sí, ya sé que suena al hilo negro o la rueda, pero qué le vamos a hacer. Para mí, hasta hace muy poco, los ires y venires de las noticias relacionadas con el futbol y con todos los deportes, me resultaban indiferentes. Que Pepito chocó su auto de valor obsceno y se dio el gusto de insultar al carabinero que lo detuvo, paso. Que Juanito se involucró con la esposa de su compañero de camiseta, paso. Que el entrenador de no sé dónde agarró a patadas una máquina dispensadora de bebidas, paso de largo una vez más.

Debo reconocer que en medio de la chatarra periodística, alguna vez me encontré con una noticia que me conmovió y que me hizo sentirme cerca: en una ocasión iba de camino al trabajo y para acortar camino, crucé por el Mercado Central. Entonces vi una aglomeración en torno a un televisor y a varios dependientes y clientes que corrían hacia él gracias a los gritos de una mujer de brazos enormes que repetía “Ahora le toca, ahora le toca”. Se trataba del gimnasta Tomás González en los anteriores Juegos Olímpicos. No puedo transmitirles lo que sentí. Una multitud, desordenada a más no poder, de un minuto a otro guardó un silencio sepulcral para luego de que el muchacho terminara su rutina, estallar en una ovación. Por si fuera poco, al momento siguiente en el mismo televisor transmitieron desde distintos lugares de Santiago las impresiones de la gente y llegaron hasta una escuelita de una población callampa donde el sabio director había dispuesto que todos los niños detuvieran sus clases para ir a ver la presentación del gimnasta. Y ahí estaban cientos de mocosos felices, gritando y aplaudiendo, y todos, absolutamente todos los niños y niñas, tenían un bigotito dibujado sobre los labios, igual al de Tomás…

De eso ya hace bastante tiempo. Entonces, me pasó hace poco aquello de tropezar con el futbol gracias a un amigo que posee anticuerpos contra el merengue farandulero y que de dos manotazos me despejó la vista para mostrarme cómo, debajo del envoltorio de crispis y decorados artificiosos, un partido de futbol pone en juego más que a una tropa persiguiendo una pelota; me mostró cómo en esa loca carrera se juegan bastantes cosas más que los millones de dólares que esa misma pasión mueve. En fin, me mostró cómo por un partido de futbol puede detenerse, nada menos, que una guerra (http://e-pistolas.org/debate/como-un-dolor-de-muelas/).

Apasionada como soy, tamaño misterio no me deja indiferente y estoy de cabeza explorando ese mundo. Para mi fortuna -tan esquiva en otras materias-, he encontrado en este camino generosos compañeros que han destinado tiempo y, sobre todo paciencia, a explicarme lo que no entiendo. Uno de estos guías (dice una máxima oriental que cuando el discípulo está listo, aparece el maestro…y habrá que creerla dado lo inaudito de cómo nos conocimos) me llevó hasta ustedes, a ese Conversatorio de Literatura Deportiva en la IV Fiesta del Libro de La Reina. Les confieso que mientras iba de camino al evento pensé “¿Qué hago aquí? ¿Quién me manda a bancarme un taco fenomenal por cruzar Santiago en plena hora peak?” Llegué a estar convencida de perder mi tiempo. Y me equivoqué rotundamente (lo que me puso de muy buen humor…Ya sé que suena raro, debo ser la única pelagata que celebra sus errores, pero en fin sigamos). Me senté en ese pequeño auditorio y ustedes comenzaron su charla. Y en la siguiente media hora, sus palabras refrescaron el ambiente; en media hora, pacientemente, separaron la paja del trigo y sacaron a la luz una veintena de ejemplos deportivos brillantes, rescataron de la mala memoria, vidas que merecen ser contadas. Como dice el refrán, no sé tocar el piano, pero sé cuándo lo tocan bien. Pese a las desilusiones y las abundantes dificultades que han debido enfrentar, ustedes lo hacen.

¿Y qué es eso que hacen, me pregunto yo? ¿Por qué escucharlos me transportó al recuerdo del Mercado Central que me emociona hasta las lágrimas? ¿Por qué, relatado por ustedes, las aventuras de las desconocidas Marcianitas me hace correr a contarle a mi hija la anécdota, obligándola a que deje de estudiar porque estoy convencida de que es más importante que sepa de ellas a que memorice la Tabla Periódica? ¿Por qué, luego de saber de sus bocas detalles de las hazañas de La Crespa Rodríguez o de las maratones que ha corrido y ganado, en la pista y en la vida, Erika Olivera, me parece urgente e impostergable tener un altoparlante para que todas las muchachas hostigadas y abusadas, sepan que al destino se le puede doblar la mano con guantes de box y zapatillas de clavo? ¿Qué no se hable de esto, se deberá a un error inocente, algo que, de tan sabido, se calla, y por callado, se olvida? ¿O será una omisión planificada por quienes no hacen el trabajo que deberían? ¿O será, simple y tristemente, que a estas alturas es imposible sacar al deporte de las fauces del espectáculo, que todo lo engulle y pervierte?

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Carta de Roberto Rabi

05 octubre 2016

Estimada Nathalie:

Todos recordamos hasta el cansancio que el pequeño David le ganó al gigante Goliat a través de una vistosa jugada, al filo del reglamento, en que sacó a relucir toda su habilidad. Por estos días el Celta de Vigo venció al Barcelona, Islandia a Inglaterra y Palestino a Flamengo. Con estos ejemplos queremos darte argumentos para concluir que no hay rival invencible ni tarea inabordable. Ni siquiera enfrentando a “las fauces del espectáculo, que todo lo engulle y pervierte” a que haces referencia. El solo hecho de que intentemos ensayar una respuesta a tus inquietudes por esta vía es de alguna manera un logro. Un logro chiquito y sin embargo muy significativo, en cuanto lo entendemos como una piedra más en nuestra construcción de letras deportivas independientes; una edificación humilde  pero ambiciosa a la vez, en la medida que su norte es enaltecer el alma de los distintos géneros literarios asociados a los deportes: a todos, no solo a la pelotita, que como nos cuentas acabas de descubrir; esa gorda acaparadora, ambiciosa, bella; tan segura de su hermosura que nos hace difícil evadir su narcisismo. Por cierto, nos hemos propuesto distanciarnos del plástico de los cotidianos devenires que saturan los medios de comunicación con el rumor fácil, la anécdota vistosa y el ánimo exitista de tomar por asalto todo carro de la victoria que parezca en marcha aunque, tras unos metros de camino, dicho carro termine viniéndose abajo por el sobrepeso de los oportunistas. Y tu carta nos ayuda a no sentirnos solos al caminar sin mucha compañía en dirección opuesta a la que llevan esos carros.  Quizás orientando nuestros pasos hacia la sencilla escuelita de que nos has hablado.

Como has visto, el desafío del colectivo es peculiar y queremos invitarte a acompañarnos en dicho emprendimiento. Hace más de un año decidimos juntarnos en torno a nuestros libros y realizar coloquios gratuitos en los más diversos lugares para decir con energía lo que queremos decir. A pesar de que llevamos bastante tiempo en esto, la mayoría de los medios establecidos nos han preterido (y siguen haciéndolo, por eso es que estas letras son de alguna manera un logro) sin embargo sentimos que tenemos mucho que contarles a nuestros lectores y al público en general y por ende insistiremos en jugar más partidos. En organizar más conversatorios.

Todo comenzó el martes 28 de abril de 2015 en el bar “La Catedral del Fútbol”. Siguieron la FILSA, la Biblioteca Nacional y la Biblioteca de Santiago. En dichos lugares nos sorprendimos gratamente con la heterogeneidad de los asistentes, la atención que nos prestaban y el entusiasmo con que han interactuado con nosotros. Asimismo, nos sentimos privilegiados con el recibimiento de prestigiosas casas de estudios como la Universidad de Los Lagos, la Universidad La República y la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Consecuente con nuestra propuesta descentralizadora, nuestras plumas pretenden volar de norte a sur y de sur a norte. Al menos ya estuvimos en Valparaíso y pronto nos presentaremos en Osorno[1]. Y por qué no traspasar las fronteras e ir por el mundo contando esas ricas historias que esconde nuestro país.

Hemos dicho lo que otros no quieren o no pueden decir, con la fluidez propia de quién tiene demasiadas ganas de hacerlo y nada que perder. A pesar de la escasa cobertura mediática, insistiremos una y otra vez con nuestras presentaciones. Y consideraremos un triunfo cada oportunidad de llevar nuestras historias a lugares como la Vega Central, donde, entre pregones de frutas y verduras, fue más lo que recibimos que lo que entregamos. Porque en definitiva son esas las historias que más vale la pena contar y esos lugares a los que más queremos llegar.

Nuestros textos tienen un corte investigativo, histórico y documental que los aleja completamente de la literatura comercial o de la que se engancha del fenómeno que está de moda. Nuestros libros los vendemos mayoritariamente mano a mano y están en muy pocas librerías, porque nos parece importante acercarnos a nuestros lectores y porque no nos interesa que los libreros, editoriales y librerías ganen plata a costa de nuestras creaciones. Nuestras obras no aparecen en los medios de comunicación masivos, porque no tenemos amigos en esos lugares y porque nuestra literatura crítica, autónoma e independiente no tiene ninguna relación con otras publicaciones del género que se sirven del momento o que se deben a ciertos compromisos. En un año y medio hemos abierto nuestros propios espacios y los seguiremos abriendo.

Queremos que nuestros jóvenes se interesen por leer no sólo sobre los ganadores, no sólo sobre los portentos, no sólo sobre los hombres. Hay mucho más romanticismo en relatos menos obvios, cruelmente arrinconados por el poder. Detrás de cada historia que contamos, detrás de cada personaje que evocamos, detrás de cada victoria que festejamos, detrás cada derrota que lloramos está ese deseo compulsivo por sacarlas de aquellos escondrijos. Y es precisamente eso lo que nos interesa compartir en cada conversatorio.

Pretendemos abrir las puertas de par en par a los valores asociados a la convivencia, al compañerismo y el sacrificio. Hemos tenido suficiente de ídolos que nos confunden y terminan sacándonos de la magia del deporte e invitándonos a afiliarnos a cierta AFP o endeudarnos con cierto banco. También, queremos conocer la cara tierna de la derrota, su nobleza invisible, su lamento enriquecedor; que sin duda no sirven de trama para ningún tipo de aviso publicitario.

Queremos que nuestros lectores no califiquen a los deportistas como ganadores o perdedores, sino que vibren con el desarrollo de cada una de las vidas que hemos ido plasmando en nuestras páginas. Que la magia que hay en las pequeñas historias embruje a los que sólo muestran interés en la biografía de aquel que logró embriagarse con el dulce vino de la victoria y consecuencialmente hizo suyos la fama y los millones. En las historias de luces y fortuna muchas veces ni siquiera es simple hedonismo el que impera, sino la motivación codiciosa  de prevalecer sobre nuestros semejantes. No nos parece sana.

No, si somos consecuentes, lo que queremos es que sean nuestras historias las que trasciendan. Aunque sea de la mano de otros. Esas historias sobre chicas esforzadas, como por ejemplo esas que surjan ahora en el entorno de la derrota de las Marcianitas. En la casa y el barrio del joven cuya carrera promisoria fracasó. La entrevista a aquel deportista que lo entregó todo y ya nadie recuerda. De aquel que se equivocó, jugó sucio, fue despreciado, castigado y pagó por ello.

Porque las letras y el cariño a ellas van más allá del dinero, las luminarias y el triunfo. Así como todas las formas genuinas de amar.

 

 

 Roberto Rabi, José Lizana y Felipe Risco Cataldo

 

 

[1] El 14 de octubre nuestro conversatorio será a la Feria del Libro y las Artes de Osorno.

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