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Colegio de Profesores contra la carrera docente

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Felipe Muñoz

Ingeniero comercial

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Jaime Gajardo

Presidente, Colegio de Profesores

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Carta de Felipe Muñoz

26 junio 2015

El proyecto de carrera docente que ha sido enviado al Congreso por el Gobierno está trabado fundamentalmente porque el Colegio de Profesores se ha opuesto y ha ejercido medidas de presión tales como la paralización de actividades de un gran porcentaje de las escuelas públicas.

Existe bastante consenso de que uno de los factores esenciales en el proceso de educación, y que efectivamente puede hacer una diferencia al entregar una mejor educación a los niños, es la calidad de los docentes. Dicho esto, revisemos el proyecto de carrera docente, que se compone básicamente de tres puntos:

• Mejores remuneraciones de entrada para los profesores, luego de un proceso de certificación/acreditación.
• Disminución de horas lectivas.
• Posibilidad de acceder a mejores remuneraciones tras una evaluación por desempeño.

Por lo visto, el Colegio de Profesores que usted preside está de acuerdo con los dos primeros puntos del proyecto —aunque con algunos matices—, pero es el tercer punto el que genera rechazo. Más que por una evaluación por desempeño, el Colegio aboga porque el acceso a mejores remuneraciones esté dado por la antigüedad en el cargo. Uno de los argumentos esgrimidos por la institución sobre este punto es que los años de clase impartidos serían cardinales para un mejor ejercicio por parte de los profesores. Lo curioso de este argumento es que si los años de docencia garantizan calidad, no se entiende el porqué de su negativa a las evaluaciones. Una lógica simple indica que los docentes de mayor antigüedad son los que tendrían mayores posibilidades de ser bien evaluados y, por ende, quienes tendrían más probabilidades de ver aumentadas sus remuneraciones debido a su buen desempeño. Por lo tanto, el argumento esgrimido por el Colegio se cae por sí solo.

Otro argumento escuchado en contra de las evaluaciones es que obligaría a los profesores a competir entre ellos. Es decir, los colocaría en una lógica de competencia “perversa” que no sería favorable ni conveniente para el proceso educativo. En lo personal, aunque no veo un aspecto negativo en la competencia espontánea que pueda darse entre profesionales de cualquier institución, este no sería el caso, puesto que la única competencia aquí sería del profesor consigo mismo, en la búsqueda de ser un mejor profesional y de ver recompensado su esfuerzo con un aumento en sus remuneraciones.

En definitiva, el Colegio de Profesores no ha hecho pública las evidencias que sustenten la argumentación de una supuesta competencia “perversa”; pero sí ha deslizado que este aspecto mercantiliza la educación, lo que en verdad suena bastante hipócrita, por cuanto sus reclamos (mayores remuneraciones y aumento de las mismas por antigüedad) bien pueden entenderse como mercantilistas. Y así pueden entenderse porque el objetivo no es otro que maximizar la utilidad de la operación (mayores remuneraciones ahora y la certeza de dejar amarradas las mejoras continuas para el futuro) sin estar dispuesto a otorgar nada a cambio.
Es decir, aumentar los ingresos, pero entregando la misma calidad de servicio.

¿Qué hace tan particulares a los profesionales de la educación respecto de cientos de compatriotas que son evaluados periódicamente por sus superiores en sus trabajos? Más aun teniendo en cuenta que los profesores tienen el beneficio de la inamovilidad de facto (a causa del Estatuto Docente).

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Carta de Jaime Gajardo

06 julio 2015

El Sr. Jaime Gajardo respondió que no participará en el presente debate, sin dar mayores razones para ello.

6 Comentarios

  1. Es evidente que estos debates sirven para “llamar la atención”, con propósitos que pueden incluir desde lo más altruista a lo más avieso. Ya que el Sr. Muñoz no logró llamar la atención del seguramente muy ocupado, y más claramente mediático, Sr. Gajardo, le advierto con plena certeza que llamaría mucho más la atención de todos nosotros si, por cualquier medio, hiciese público el dossier completo de, digamos, las dos últimas evaluaciones a las que como ingeniero comercial ha sido sometido de parte de sus superiores.

    1. Estimado Miguel:

      Me parece que el que ha intentado llamar la atención con su “provocador” comentario es usted. No veo argumentos de fondo. De todas formas, le debo decir que a lo largo de mi vida laboral he sido evaluado por mis superiores en un sinfín de oportunidades. A veces bien, otras regular y algunas mal. Eso me ha significado promociones y mejoras de remuneración, cuando he sido bien evaluado, y cuando he sido mal evaluado me ha significado en ocasiones perder el trabajo. Ese es el mundo real del 90% de los trabajadores chilenos.

      1. Estimado Felipe:

        Disculpa haber economizado el saludo en mi comentario anterior. Como mero ciudadano preocupado del tema y convencido de que la educación debe someterse a un giro radical, no puedo dejar de sorprenderme de la liviandad y mínima información con que te has permitido entrar en este tema. Precisamente, intentaba mostrar que al magisterio no se le evalúa mediante procesos connaturales a sus desempeños (como los que refieres para tu caso, similar al mío), sino mediante agobiantes instancias paralelas cuya burocracia parece querer compensar la enfermedad de mercado que aqueja a nuestra sociedad. Me reservo entonces los “argumentos de fondo”, no así mis mejores deseos para ti.

        1. Estimado Miguel:

          Creo que estamos de acuerdo en que los profesores deben ser evaluados. Donde podemos tener diferencias es en el instrumento. Estoy abierto a cualquiera que garantice profesores de calidad en el aula. Estoy de acuerdo contigo en no tener mediciones tediosas, pesadas y agobiantes. Pero no estoy de acuerdo (como quiere el Colegio de Profesores) que estas evaluaciones y los consiguientes ascensos en la carrera estén vinculados a antigüedad, cursos de posgrado o las autoevaluaciones (estas autoevaluaciones forman parte principal del sistema actual de portafolio). Ni antigüedad ni cursos de postgrado garantizan calidad en el aula.

  2. Estimado don Benjamín,

    No tenía muchas expectativas sobre una posible respuesta del Sr. Gajardo, sino que más bien quería expresar mi punto de vista en este foro.
    Respecto de los comentarios realizados por usted en su carta, le quiero decir lo siguiente:

    – No pretendo ser sostenedor de la verdad ni plantear mis ideas como verdades irrefutables. No soy fundamentalista, ni de derecha ni de izquierda. No creo en las verdades reveladas, sino en la racionalidad para revisar argumentos y hechos.
    – Aunque usted dice que no es responsabilidad del Colegio que se haya trabado la tramitación del proyecto en el Congreso, y es cierto que formalmente ha sido una decisión de la Comisión, esta ha sido gatillada por la presión (extorsión a estas alturas) de los profesores. No ver eso me parece un acto de ceguera.
    – Se pueden encontrar muchos estudios en contra del proyecto del Gobierno, pero se pueden encontrar muchos más y de expertos de mayor prestigio que dicen que este va en la dirección correcta, sin perjuicio de que se le puedan hacer indicaciones durante el trámite legislativo.
    – Aunque usted plantea que mi supuesta “falacia argumentativa” se cae por sí sola, no veo ningún argumento que sostenga esto más allá de enunciarlo.
    – No está de acuerdo conmigo respecto de la rigidez del estatuto docente. Agradezco que me ponga al día en este tema (y créame que no estoy siendo irónico) y lo celebro.
    – Que este sea el único gremio que haya aceptado ser evaluado en América Latina no me parece sinceramente digno de elogio para un país donde se ha puesto el foco en el mejoramiento de la calidad de la educación.
    – Concuerdo con usted que un porcentaje alto de profesores está siendo evaluado. Al menos eso ocurrió el año 2014. Los resultados son contradictorios. Por un lado, el 78% de los docentes obtuvo un nivel destacado, pero si uno entra al detalle ve que este resultado, que es una ponderación de distintas mediciones, registra una autoevaluación positiva del 89%, es decir, la que los profesores hacen de su propio desempeño, lo que distorsiona a mi juicio el resultado del 78%. En la evaluación del portafolio (desempeño en la sala), los resultados son pobres. Baste decir que en este indicador solo el 0,1% (sí, aunque parezca increíble, solo el 0,1%) aparece como destacado.
    – Entiendo, tras escuchar a su Presidente, que al gremio no le parezca justo el tener una evaluación que acredite su ingreso a la Carrera Docente. Pero, lamentablemente, existe bastante consenso en que existen profesores ejerciendo y profesores que saldrán de las universidades con mala preparación (no por culpa de los docentes, sino por un irracional sistema que permitió la proliferación de carreras de “baquelita” —como decía Eyzaguirre—). Dado esto, me parece de toda racionalidad que se realicen pruebas que certifiquen la calidad de los docentes que van a enseñar a los niños.
    – No soy experto en educación, pero he escuchado de todos los expertos que manteniendo las otras variables constantes, la calidad de los docentes y directivos es el factor crucial. Por supuesto que existen muchas variables asociadas, pero si obligáramos a los expertos de todo el arco ideológico a escoger una que hace la diferencia, esta sería la calidad de docentes y directivos.
    – Estoy de acuerdo con usted en que el proyecto de Carrera Docente es bastante más extenso que la simplificación que hice en tres puntos. Lo hice así porque he notado, al escuchar a su Presidente, que el nudo gordiano está en el manido tema de las evaluaciones periódicas. Si las diferencias son fundamentalmente el tema de la evaluación, debe concederme que su Presidente ha fallado al comunicarlo.
    – Comparto todos los criterios que usted plantea como ejes para una Carrera Docente digna:

    – Formación inicial, ingreso a la carrera y sistemas de apoyo.
    – Dependencia y condiciones básicas de trabajo y salario.
    – Condiciones de desempeño pedagógico.
    – Trayectoria profesional.
    – Egreso y retiro.

    Para pesar suyo, no veo la educación como un bien de consumo. Estoy por que exista una educación pública gratuita y de calidad. Hoy, solo se da mi primera aspiración (gratuita), no la segunda (calidad). El Estado es, desde hace muchos años, proveedor de educación gratuita para el que no pueda o no quiera pagar por ella. Por lo tanto, lo que se debe hacer es seguir ese camino y mejorar la calidad.
    En definitiva, don Benjamín, y para terminar con un mensaje positivo, me parece que lo que está planteando el Gobierno es un “nuevo trato” con los profesores. Esto a través de una política pública que busca hacer una gran inversión en mejorar las condiciones de trabajo y remuneraciones. Y como contraprestación se pide un sistema de evaluación de desempeño que asegure al Estado (y, en definitiva, a todos los chilenos que con sus impuestos financiarán esta inversión) que este gran esfuerzo se traduzca en profesores con mejor desempeño.

  3. Felipe:

    Desconozco si Jaime Gajardo se dará tiempo para responder su interpelación, sin embargo, tal vez por deformación profesional, me siento impelido a responder, con la intención de clarificarle algunas de las ideas que, si ya es preocupante que Ud. las tenga, más lo es que sean planteadas para que alguien las lea, lo que puede inducir a internalizar una concepción sesgada sobre el tema.

    Respeto su derecho a opinar, pero le insto a que revise con más rigor intelectual las afirmaciones que sostiene como verdades irrefutables. Hay que sumergirse un poco más, en vez de quedarse en la superficie, respecto de un tema que requiere ser tratado con la seriedad que corresponde. Es lo mínimo que se le puede pedir a un profesional del nivel de un ingeniero.

    En primer término, Ud. le adjudica al Colegio de Profesores la responsabilidad de que se haya trabado la tramitación del proyecto, sin considerar que la decisión fue de la Comisión y que, sin duda, debieron influir mucho más que la posición del Colegio de Profesores las opiniones fundadas de prestigiosos académicos e investigadores, quienes aportaron sendas presentaciones e informes, que desnudan las debilidades e incoherencias que contiene el proyecto. Le sugiero que visite http://www.opech.cl; también puede buscar información en http://www.nodoxxi.cl, o si desea http://www.filosofia.uchile.cl/estudios-pedagogicos, y ya que le interesa el tema, le invito a que lea la “Encuesta UNESCO de Condiciones de Trabajo y Salud Docente”, de diciembre de 2004. Investigaciones y estudios de académicos como E. Águila, T. Flórez, L. Reyes, R. Cornejo, M. Caro, J. Murillo, B. Avalos, J. Redondo, entre otros, solo por nombrar algunos, con el perdón de los que he omitido por lo extensa que sería la nómina.

    Investigue lo que pasa en países exitosos en educación, respecto de formación inicial y continua, de evaluación docente y remuneraciones, condiciones laborales y de desempeño pedagógico, entre otros aspectos (Finlandia, Cuba, solo por nombrar los ejemplos a los que se recurre siempre), así mejorará sus conocimientos, incrementará su bagaje cultural y podrá contrastar las experiencias comparadas y las investigaciones sistemáticas que se conocen en el mundo académico, con las tesis de hace 50 años de Friedman (“Capitalismo y libertad”), respecto de remuneraciones docentes y del “problema” de la educación, y con los fundamentos ideológicos subyacentes en el modelo educacional chileno, vigente desde la década del 80, el que hasta la fecha no ha sido modificado, muy por el contrario, cada ley que se ha dictado ha avanzado en la misma dirección, pese a que los resultados vienen dejando en evidencia el fracaso del mismo (prueba de ello es que el “problema de la educación” se mantiene sin solución).

    La serie de falacias argumentativas que plantea en su carta “se caen por sí solas”, y demuestran además un desconocimiento incomprensible del tema, verbigracia, cuando afirma que: El Estatuto Docente sería una norma demasiado rígida que impediría sacar a los “malos docentes”. Debo decirle que la Ley 19070 contempla desde el año 95 una modificación (Ley 19410), donde existe un mecanismo para “desvincular” profesores vía PADEM. Luego, la Ley 20248 incorporó nuevas causales de despido, y por último la Ley 20501 agregó facultades expresas a los directores para disponer la salida de profesores del sistema. Tarea para la casa: Repase la normativa docente antes de opinar.

    Replica una majadera afirmación que insistentemente plantean los opinólogos del tema: que los docentes rechazan la evaluación. ¿Sabe Ud. cuál es el único gremio docente en América Latina que aceptó voluntariamente ser evaluados?
    ¿Sabe Ud. cuántos profesores se evalúan anualmente en Chile y cuántos del universo total lo han hecho a la fecha?
    ¿Sabe cuáles han sido los resultados de la misma? ¿Sabe en qué condiciones se realiza el proceso? Nuestras críticas no significan que le temamos a la evaluación, ni tampoco que no queramos ser evaluados y las evidencias están a la vista. Tarea para la casa: investigue cuáles son las críticas que planteamos los docentes respecto de “las evaluaciones” propuestas.

    Más falacias: Argumento Ad populum. Ud. afirma que “existe bastante consenso de que uno de los factores esenciales en el proceso de educación, y que efectivamente puede hacer una diferencia al entregar una mejor educación a los niños, es la calidad de los docentes”. Suponiendo que tuviera base científica esta argumentación, el que exista “bastante consenso”, que por lo demás no dice de quiénes sería ese consenso, ¿es suficiente para declarar válido este planteamiento?

    Aclaro, los profesores tenemos plena conciencia de que somos un factor fundamental (clima de aula, didáctica, etc.) en cuanto al logro de aprendizajes significativos de nuestros alumnos y alumnas, asimilado a las variables internas o “factores internos”, como señala con claridad la investigación educativa sistemática nacional e internacional respecto de eficacia escolar, pero, seamos claros, estamos hablando de los factores al interior del aula, ergo, cabe preguntarse ¿qué factores pesan más, los del interior de la escuela o los de fuera? Tarea para la casa: Averigüe que han detectado las investigaciones sobre eficacia escolar al respecto. Investigue y demuestre si es válida o no la siguiente afirmación: “la variable que más afecta en Chile los resultados educacionales es el nivel socioeconómico”.

    Responda: ¿Cómo se explica la varianza del rendimiento de los alumnos ajustado por su nivel socioeconómico?
    Fuente de información (entre otras): J. Murillo, Cornejo y Redondo, “Variables y factores asociados al aprendizaje escolar. Una discusión desde la investigación actual”, Estudios Pedagógicos XXXIII, N°2, 200; Román y Murillo, La Tercera, 17 de agosto de 2012, p Investiga; Estudio “7 fenómenos sobre educación y desigualdad”.

    En segundo término, señala: “Revisemos el proyecto de Carrera Docente, que se compone básicamente de tres puntos”.

    • Mejores remuneraciones de entrada para los profesores, luego de un proceso de certificación/acreditación.
    • Disminución de horas lectivas.
    • Posibilidad de acceder a mejores remuneraciones tras una evaluación por desempeño.

    De acuerdo, revisémoslo, porque al parecer hemos leído dos proyectos distintos o alguien aquí tiene serios problemas de comprensión lectora (ante lo cual yo tendría que asumir que eso sería culpa de los profesores).
    Nuestra primera crítica tiene que ver con el mensaje que acompaña la presentación, el que denota evidente y fácilmente reconocible incoherencia con el articulado. ¿Se puede hablar seriamente de una “carrera profesional” si esta se compone, según Ud. señala, básicamente de tres puntos?

    Y, más allá de los tres componentes que según Ud. consideraría el proyecto (afirmación que no comparto), el punto es que nuestras críticas al mismo no solo son por su contenido, sino además por sus omisiones y déjeme decirle que el tema de las remuneraciones y las evaluaciones, siendo sin duda importantes, no son nuestras máximas preocupaciones. Sin embargo, no puedo dejar de señalar que, si bien es cierto tenemos fundadas razones para discrepar de lo que plantea el proyecto en ese sentido, nuestra mayor preocupación tiene que ver con razones más profundas, que hincan sus raíces en la convicción de que nuestro sistema educativo y, por ende, nuestra educación, deben enfilarse en otra dirección, para lo cual se requiere de una verdadera carrera profesional, que considere los aspectos fundamentales que están muy bien descritos en el documento “Campaña para una nueva educación: Dignificar la Carrera Docente”, la que debiera contemplar:

    – Universalidad de la carrera, incorporando a ella, desde su aprobación, a todos los niveles y especialidades (Ed. Parvularia, Ed. Especial), incluido el sector particular subvencionado y Dcto. 3166.
    – Formación inicial, ingreso a la carrera y sistemas de apoyo.
    – Dependencia y condiciones básicas de trabajo y salario.
    – Condiciones de desempeño pedagógico.
    – Trayectoria profesional.
    – Egreso y retiro.

    Seguramente Ud. comparte la opinión de Piñera respecto de que la educación es un bien de consumo, que se debe pagar por ella, que es responsabilidad de la familia, que el concepto de libertad de enseñanza garantiza no solo la libertad de escoger la enseñanza que se quiere para los hijos, sino además la de poder crear establecimientos educacionales, etc. y comparte, por lo tanto, el marco ideológico que sustenta esa posición y se la respeto. Pero la inmensa mayoría del país viene hace rato manifestando que es hora de que el Estado recupere su rol de garante del derecho a la educación y desate el amarre constitucional que ha reducido su rol al de Estado subsidiario. Somos conscientes de que un cambio de esa envergadura no puede lograrse de forma abrupta o inmediata, sin embargo, creemos que si al país se le ofreció una reforma profunda, estructural, y eso es lo que respaldó la ciudadanía, se debe caminar en esa dirección.

    Es en ese contexto que se demanda una Carrera Profesional Docente que de verdad dignifique la profesión docente, que coadyuve a generar las mejores condiciones de enseñanza para garantizar y comprometer una buena educación, la que no puede estar cruzada por la desconfianza en sus profesores, ni puede perder de vista la dimensión humana que tiene la educación. Por nuestra parte, no podemos permitir que se nos siga culpabilizando de cuestiones que no han podido, no se han sabido o no se han querido resolver por quienes han gobernado el país las últimas décadas, menos aún, que se pretenda ahora usar como arma en contra nuestra una legítima demanda planteada desde hace años por los docentes, necesaria no solo para los profesores y profesoras, sino porque, además, estamos seguros que impactará en los aprendizajes de nuestros alumnos.

    Benjamín Araneda González
    Profesor rural de Educación General Básica

    Chimbarongo, junio 28 de 2015

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