1

Cartas, cambios y Fondecyt

Foto de perfil Manuel Loyola

Manuel Loyola

Editor IDEA USACH

cargando votos....
Foto de perfil Antonia Larraín

Antonia Larraín

Académica Universidad Alberto Hurtado. Miembro Grupo de Estudio de Educación FONDECYT

cargando votos....

Carta de Manuel Loyola

09 mayo 2016

“Cierto es que accede a reconocer que hay problemas, que las cosas no son las ideales, que debería ser mejor…pero, a fin de cuentas, lo que hay es bueno y, a fin de cuentas, si han de mejorar, será cuando exista más plata. No en vano el título de la propia respuesta de Larraín indica “Lo urgente es el financiamiento”. La postura de la académica de la U. Alberto Hurtado es, por cierto, muy discutible, de partida, por la propia circularidad de su lógica de análisis, además de obviar completamente el carácter privatista y subcontratista del esquema que favorece”.

Con relación a la reciente carta de réplica que Antonia Larraín hizo a la columna de Natalia Muñoz, el énfasis que Larraín hace del problema del financiamiento de Conicyt, si bien pertinente y necesario de incrementar de manera consistente, deja implícito que las actuales dificultades por las que atraviesa la institucionalidad científica del país y sus prácticas de gestión, se resolverían si existieran más fondos para asignar o contratar, lo que no es acertado. Repito: que haya más plata es muy importante, pero sin una renovación en las formas de proceder en temas de gestión de fondos, la cosa no mejorará.

Me explico: Natalia Muñoz coloca el acento en la estructura legal y normativa que rige el sistema, así como en lo referido a cómo se verifican los modos de selección y entrega de recursos, en la constitución de los grupos de trabajo de Fondecyt, el rol de sus consejeros superiores; las incompatibilidades que a todos ellos les asistiría en los procedimientos de postulación y selección de propuestas; la falta de transparencia en todas estas operaciones, además de cuoteos presupuestarios y las condiciones de trabajo del personal asistente y de apoyo.

Sobre ello, Larraín, a propósito de una falta de precisión acometida por su interpelada, abunda en lo que los grupos de estudio realizan y no realizan, realizando una amplia defensa del régimen procedimental en vigencia y la legitimidad de que los componentes de los dichos grupos y mismos  consejeros participen de concursos y se adjudiquen los recursos porque sus proyectos son buenos y, como el modelo de evaluación garantiza la calidad, si los resultados los favorecen, es porque se lo merecen.

Cierto es que accede a reconocer que hay problemas, que las cosas no son las ideales, que debería ser mejor…pero, a fin de cuentas, lo que hay es bueno y, a fin de cuentas, si han de mejorar, será cuando exista más plata. No en vano el título de la propia respuesta de Larraín indica “Lo urgente es el financiamiento”. La postura de la académica de la U. Alberto Hurtado es, por cierto, muy discutible, de partida, por la propia circularidad de su lógica de análisis, además de obviar completamente el carácter privatista y subcontratista del esquema que favorece.

Pero no es sobre ello lo que me interesa ahora apuntar, sino respecto de la nula capacidad de alternativa que ella demuestra al momento de señalar las fallas que afectan al sistema de evaluación de proyectos. Indica que el tema se ve perjudicado por la escasez de evaluadores/as, y ello porque la actividad no es pagada, además de imperar un egoísmo sorprendente toda vez que los muchos/as que se niegan a evaluar, o ya lo han sido o quieren serlo. En consecuencia, pareciera que la llave para esta puerta sería ofrecer dinero.

De otra parte, el modelo de evaluación no está exento de sesgos, algo imposible de evitar. Pero como el régimen es bueno, tiene prevista la solución: de las seis evaluaciones a cada proyecto, las tres primeras son tenidas para cotejar y decidir. De advertirse sesgo en una más de ellas, se echa mano a las evaluaciones guardadas. Como se ve, aquí no se propicia la variable financiera, pero el privatismo, secretismo y la falta de consensos mayores –pues todo queda encerrado en lo que decida por sí y ante sí el grupo de estudio- relativizan bastante la calidad del proceder.

Ya antes hemos aludido a la escasa o ninguna actualización ni sintonía de los grupos de estudio y otras instancias de Fondecyt/Conicyt con las novedades y cambios que los asuntos de evaluación científica están teniendo lugar a nivel internacional, punto que la académica Larraín nos vuelve a recordar. En efecto, el egoísmo, la falta de interés o el sesgo que se expresa en la comunidad académica, así como la solución a varios otros déficits e intereses creados perjudiciales a la buena ciencia, se verían conseguidos con cierta rapidez –y sin que haya de pagar por ello- si la práctica evaluadora no sólo se saque del privatismo y manejo burocrático actuales, sino, a la vez, se devuelva abiertamente a los efectivos interesados/as: la comunidad académica y científica amplias.

Dos iniciativas se vienen poniendo en ejercicio por el mundo de los editores científicos: de un lado, que a la labor de evaluación se le otorgue reconocimiento en y para la carrera académica por parte de los entes solicitantes: universidades, ministerios, asociaciones científicas, etc. Y esto no para que sea pagada, sino para que sea considerada o tomada seriamente en cuenta en procesos de evaluación curricular, políticas salariales, ascensos, becas, premios, etc. De otro, también avanzan iniciativas de apertura pública de las evaluaciones, evaluaciones en abierto donde, repositorio ad-hoc de por medio, todo tipo de trabajos y propuestas científicas, como son los proyectos de investigación, pueden ser vistos, opinados, criticados, sugeridos, anotados, etc. por un conjunto amplio, diverso y enriquecedor de pares (regionales, nacionales, internacionales), quienes pueden intervenir no necesariamente respecto de todo un proyecto, sino de partes del mismo (como ilustración del tópico, se puede leer Principles of the Self Journal of Science: bringing ethics and freedom to scientific publishing

Obviamente que nada se puede modificar de un día para otro, pero en algún momento se debe comenzar, entre otras cosas, para no seguir estancados, rutinizados, o defendiendo situaciones que hace tiempo dejaron de cumplir su rol.

1 Comentario

  1. Manuel,
    Creo que un problema anterior al financiamiento es el de gestión. Mejorar el flujo del financiamiento para poder efectivamente contar con el de forma ininterrumpida, durante la ejecución y en las renovaciones, simplificar las rendiciones, eliminar burocracia. Creo también que los criterios actuales de adjudicación quizás merecen revisión, pero como están logran identificar a un grupo que es productivo e internacionalmente reconocido (al menos en las biologías, desconozco otras realidades). Antes de cambiar FONDECYT, creo que es mas urgente dotar a los demás concursos de CONICYT de grupos de estudio serios y ciertamente definir nuevos criterios para su designación/conformación.

Para poder comentar en este debate, debes ingresar con tu cuenta.