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Bolivia y Chile: Soberanía por compensación territorial

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Rodrigo García Márquez

Abogado. Concejal por Providencia

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Demetrio Infante

Abogado y diplomático. Máster en Política Internacional, Universidad de Detroit. Doctor Honoris Causa, Universidad de Soka. Ex profesor, Escuela de Derecho, Universidad de Chile. Ex profesor, Academia Diplomática de Chile

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Carta de Rodrigo García Márquez

14 diciembre 2015

Estimado señor Infante:

Después del traspié sufrido con la objeción preliminar interpuesta ante la Corte Internacional de Justicia, desestimada por amplia mayoría, la posición de Chile y nuestro estado de ánimo como país no pasan por su mejor momento. Para decirlo con precisión, en La Haya nos fue mal, pues el alto tribunal no aceptó declararse incompetente como se lo pidiéramos, cerrando la causa, y señaló que el objeto del diferendo es si Chile tiene la obligación de negociar de buena fe el acceso soberano de Bolivia al océano Pacífico y, en caso que fuere afirmativo, si Chile ha incumplido esa obligación. En el evento no improbable que la sentencia definitiva nos fuera desfavorable y la Corte dijera que sí estamos obligados a negociar de buena fe con Bolivia, significaría, lisa y llanamente, que no podríamos sentarnos con los bolivianos y decirles “Chile jamás les concederá territorio marítimo con soberanía”. Es decir, podemos hacerlo, pero nos compramos por otros cien años la hostilidad y resentimiento de una nación vecina que no dejará pasar foro internacional para plantear su desagradable solicitud. No es pesimismo, mas tampoco cabe descartar que la sentencia definitiva acoja, entre sus fundamentos, una teoría que asoma tímidamente, pero que ya tiene adherentes: la de los actos unilaterales que generan obligación y que se apoyarían en alusiones que en diferentes épocas, como veremos, Chile ha hecho respecto a una salida al mar para Bolivia, y que este último ha denominado “derechos expectaticios”.

Ahora bien, todos nuestros gobiernos a lo largo de más de un siglo se han negado a esta cesión territorial, fundamentalmente porque la opinión pública se rehusa abrumadoramente, y con toda razón, a perder territorio. Todos sabemos, y la historia nos lo enseña, que prácticamente ningún Estado dona territorios. O se compran o se ganan por guerras. Y Bolivia, al pedir que Chile conceda tierra con mar, pretende ni más ni menos una donación, lo que a todas luces resulta inadmisible. También estamos plenamente conscientes que ningún tribunal internacional tiene competencia ni imperio para forzarnos a regalar tierra y mar, por las que soldados chilenos rindieron sus vidas en el campo de batalla. No son conceptos “patrioteros” ni banalidades. Todos los países tienen trayectoria histórica y Chile tiene la suya, singular en Latinoamérica, desde los albores de la Independencia. Y por qué no decirlo, si es atinente al tema en análisis: tenemos capacidad objetiva para defender nuestra integridad territorial. No obstante lo dicho, sería de toda conveniencia para nuestro desarrollo y convivencia al interior del continente buscar y encontrar alguna solución a un problema que, querámoslo o no, es un incordio en las relaciones internacionales de Chile.

Por lo anteriormente indicado, partiendo de la base de que resultaría enteramente inaceptable disminuir territorio nacional, sí podría otorgársele a Bolivia una salida soberana al océano Pacífico a cambio de una debida compensación territorial. En efecto, al norte de Arica, antes de la Línea de la Concordia, sería factible la habilitación de un corredor plenamente soberano, con dos condiciones: una, que el territorio chileno no sufriera discontinuidad y, la otra, que Bolivia cediera a Chile una porción al sur de su propio territorio, cuya extensión se convendría. Bajo esta modalidad, nuestro país se ensancharía en el extremo norte, hacia Bolivia. Así, los bolivianos conseguirían el tan anhelado mar y Chile no disminuiría en un centímetro la superficie de su territorio continental. La fórmula sucintamente expuesta no es nueva, ya que, a mediados de 1950, siendo presidente de Chile don Gabriel González Videla y de Bolivia el distinguido hombre público Enrique Hertzog, se planteó derecha y formalmente cesión territorial con compensación. Deplorablemente, a pesar de que el sucesor de Hertzog, Mamerto Urriolagoitía, también estaba de acuerdo, el proyecto fracasó, entre otros motivos, por haberse develado antes de tiempo. Varios años después, en 1975, durante el régimen militar, tuvo lugar el célebre Abrazo de Charaña que, en opinión de especialistas, fue cuando más cerca del mar estuvo Bolivia. Aquí, la condición básica y esencial fue la compensación territorial: Bolivia cedía parte de su territorio a Chile en pago por un corredor con acceso soberano al océano Pacífico. Augusto Pinochet Ugarte y Hugo Banzer Suárez arribaron a un principio de acuerdo muy sólido, firmando al efecto un acta y reanudando las relaciones diplomáticas que se encontraban interrumpidas. Lamentablemente, se frustró por exigencias de Perú que, amparándose en el Tratado de Ancón (1929), planteó instalar una soberanía tripartita en Arica, entre otras cosas. Por último, transcurridos tantos años, ¿no habrá llegado la hora de zanjar por esta generación este antiguo desencuentro, reformulando lo anteriormente propuesto con las adecuaciones pertinentes? Al menos, vale la pena intentarlo, ¿no le parece?

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Carta de Demetrio Infante

15 diciembre 2015

Estimado Sr. García:

Respondo a su carta que, en su parte medular, señala como una posible solución a la mediterraneidad de Bolivia intentar reeditar la idea de un corredor al norte de Arica con conexión al altiplano, tal como se esbozó en la negociación a que dio origen el llamado Abrazo de Charaña. Participo en este tema en mi calidad de ser el único sobreviviente de los cinco chilenos que formamos parte del grupo negociador. Los otros cuatro (Julio Philippi, Enrique Berstein, Gastón Illanes y Ricardo Rivadeneira) desafortunadamente están fallecidos. Por lo tanto, creo conocer algo del tema, acerca del cual proporciono detalles en un libro que publiqué hace poco tiempo titulado Confidencias limeñas, en el que analizo, entre otras cosas, cómo fueron las tratativas con Bolivia y Perú en esa oportunidad.

Usted hace una afirmación que se ha ido convirtiendo en un hecho inamovible de esa negociación: el corredor fracasó debido a la contrapropuesta peruana, que intentaba crear una especie de trapecio trinacional que involucraba Arica y en el cual Bolivia tenía derecho a mar, pero no a costa. La verdad es que la negociación con Bolivia se había caído antes de eso, debido a problemas de política interna boliviana. La oposición al entonces presidente Banzer levantó una fuerte resistencia a la idea de un canje territorial, ante lo cual dicho jefe de Estado echó marcha atrás a la propuesta con la cual había estado de acuerdo, lo que en la práctica significaba abortar la negociación, pues él y todo el mundo sabía que aquello era un requisito sine qua non para Chile. Una vez más, como ha pasado siempre y como seguirá pasando en el futuro, los problemas de política interna en Bolivia hacen imposible cualquier entendimiento entre ambos países.

Lo mismo pasó hace muy poco tiempo atrás con el problema del río Silala. Se había llegado a un acuerdo entre las comisiones técnicas binacionales, pero por razones de política internas La Paz echó marcha atrás. Ahora bien, ¿es posible pensar hoy día en una nueva negociación con un corredor que contemple el canje territorial como solución? Con un personaje como Evo Morales es imposible y, sin él, pienso que tampoco sería viable, ya que ningún habitante del Palacio Quemado podría lograr un consenso interno para aquello. Hay que ser realistas frente a lo que significa Chile en la política interna altiplánica.

13 Comentarios

  1. De Rodrigo García Márquez, concejal por Providencia:
    Agencias internacionales de noticias dan cuenta que el canciller boliviano David Choquehuanca ha planteado que su país quiere “salida soberana al Pacífico sin compensación alguna”. Pues bien, tal pretensión resulta inaceptable, ya que equivaldría a una “donación” territorial que ningún gobernante chileno y del mundo, creo yo, estaría en condiciones de acceder. Bolivia, de este modo, cierra ella misma su salida al mar.

    1. Sr. García: La situación que usted comenta da cuenta una vez más de la historia de nuestras relaciones, que la idiosincrasia boliviana ha sido la principal causante de sus propios males. Esto no es nuevo. Pueblo irreverente, díscolo, impredecible y de dudoso buen criterio, lo transforma en un negociador enteramente inconfiable. Chile cometería el peor error de su historia si algún día se aviniera a cederle soberanía olvidando nuestro pasado, y no tan sólo por esto que señalo, sino también por múltiples razones de carácter geopolítico, geoeconómico, social, de seguridad interior y exterior, ¿pero gratis? Eso simplemente suena a demencia.

  2. El problema entre Chile y Bolivia por una salida al mar con soberanía, se arrastrará eternamente si no se logra un acuerdo directo político-diplomático entre ambos países y, revisando la historia del conflicto, pareciera que por esas vías nada se logrará. Quizás una opción de integración territorial entre ambas naciones en un sector a definir, que permita desarrollo industrial, económico y social sea una solución. Parece una ingenuidad, pero quizás valga la pena estudiarla.

  3. Me parece que existe una opción que no he visto analizada y es la entrega de un enclave costero con soberanía como fue Berlín Occidental por muchos años. Evitaría la franja territorial, los cambios limítrofes y tal vez si se ubica más al sur evitaría la negociación accesoria con Perú. Desde luego que habría que plantear compensaciones que fueran muy convenientes para nuestro país.

    1. German: ¿Cuál sería la soberanía marítima?, ¿una superficie rectangular del ancho del enclave terrestre por 12 km y que divida en dos la soberanía marítima chilena?, ¿que pasaría con la soberanía terrestre hacia Bolivia?, ¿cortamos también el país en dos?.
      Esa solución alguna vez se estudió, pero sin soberanía: sólo un enclave para un puerto, ¿y qué hicieron los bolivianos? La rechazaron, porque ellos lo único que quieren es soberanía. Eso es imposible, porque ni siquiera están dispuestos a un canje territorial. Yo digo que la aspiración boliviana es una cuestión sin solución: se fijaron un objetivo imposible de concretar. Es irrealizable.

    2. Pero fíjese además que un enclave sin soberanía, conociendo la idiosincrasia boliviana, su carácter díscolo e inconformista, nos generaría un problema mucho peor, porque allí se constituiría en una pequeña y perpetua fuerza generadora de todo tipo de problemas y reclamos, con el afán de presionar hasta conseguir de Chile un territorio soberano con continuidad territorial, que es lo que sin duda anhelan. Entonces, el remedio va a resultar peor que la enfermedad y nosotros estaríamos reconociendo que sí tenemos un problema pendiente con ellos, cuando la Cancillería dice todo lo contrario. En suma, les estaríamos dando la razón para otra demanda.

  4. No debemos ser miopes a la posibilidad de un trueque de tierras por tierras y recursos. Arica se beneficiaría enormemente con el gas y el petroleo, que podría ocupar el puerto para su distribución al resto del país. Ademas, Arica podría convertirse en un centro de producción de baterías de litio y ocupar su cercanía con los bordes del país para su traslado a otros mercados del Cono Sur y su exportación al resto del orbe. Existen solo soluciones, los problemas y desafíos están aquí y no parece que existan los lideres que piensen mas allá de la próxima elección.

  5. Mi postura es muy simple y directa: Chile podría hacer un canje de tierras y recursos por un acceso soberano al mar, por parte de Bolivia, al norte de Arica.
    Por cada kilómetro cuadrado de tierras chilenas cedidas a Bolivia, los bolivianos nos entregan de vuelta 7 kilómetros cuadrados de tierras rica en gas, petroleo y agua.
    Esta ecuación sería aceptable para los chilenos, eliminaríamos el problema limítrofe con Perú, resolveríamos los problemas de gas, aumentaríamos nuestros acceso a petroleo y agua.
    Ademas, pondríamos a Perú en el centro de la solución a la mediterraneidad de Bolivia. Si los peruanos decidieran no aceptar el canje de tierras, ellos serían los responsables de su enclave.

    1. La posición de canjes es ilusa y no se condice con la historia.
      Mar por gas: el gas se agotará en poco tiempo y el mar permanecerá por los siglos de los siglos.
      Franja: Perú, por razones político-estratégicas, nunca aceptará esa solución, pues el anhelo indisimulado es recuperar Tarapacá o, al menos, Arica. Teniendo a Bolivia cortando el paso, cualquier solución para sobrepasar la franja resulta en agresión contra ese país. “Provisionalmente en poder de Chile” rezan los mapas de la Academia Militar Peruana marcando Tarapacá. Por último, Arica prácticamente desaparecería si Bolivia instala un puerto al lado. Recordar que el 70% del comercio boliviano transita por Arica. No hay solución posible.

  6. Cómo chileno consciente de nuestra historia y de la idiosincracia boliviana me resulta más que lamentable la opinión del Sr. García Márquez, que desea “abuenarse” con Bolivia, temeroso de que pasen “otros cien años de hostilidad y resentemiento con ese vecino” sin reparar que el daño que se le provocaría a Chile en términos seguridad nacional, geoeconomía, geopolítica, narcotráfico, sociales y un amplio etc. sería mucho mayor que los beneficios de avecindar al Pacífico a una nación díscola e irreverente que jamás se conformará con ninguna solución que se le dé. Definitivamente, no, Sr. García.

  7. Por una parte, resulta comprensible que carecieran de peso las operaciones conocidas como “Acuerdo de Charaña” en su oportunidad, por la ilegitimidad de quienes se atribuían representación de las partes: Decisiones de gobiernos accedidos al poder por vías diferentes al mandato popular, que afectaban el territorio de una nación, iban a carecer totalmente de sustento. Por otra, es impertinente el atribuir razones de desacuerdo entre partes o no avance de gestiones a la presencia o no de determinadas personas entre las intervinientes, designadas por las partes en pleno derecho. Eso suena más a excusarse que a otra cosa. Algo de lo que toman nota los tribunales actuantes.

  8. Bolivia desde siempre ha puesto sus ojos sobre Arica. Eso lo reconocen todos los historiadores. De manera que no nos pongamos una venda sobre los ojos: Si mañana le cediésemos a Bolivia una franja angosta al norte de Arica para que se hiciese un puerto (que es absolutamente inviable, según expertos) lo que obtendríamos sería un problema mucho mayor, porque esa no sería ninguna solución para Bolivia y se incrementaría su presión sobre Chile para cederles definitivamente Arica. Esa sí que sería una gran piedra en el zapato. Estratégicamente, sería la mayor tontería juntar a los enemigos, a los revanchistas.

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