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Bolaño, en la senda de Joyce

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Juan Pablo Vildoso

Psiquiatra-Psicoterapeuta. Doctorando en Filosofía, U. de Chile

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Cristián Warnken

Profesor de Literatura, conductor de Una Belleza Nueva y El Desierto Florece, Tallerista de Viaje a la Palabra, Director Editorial UV

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Carta de Juan Pablo Vildoso

24 noviembre 2016

Estimado Cristián:

Tengo en mis manos el “último Bolaño”, la novela El espíritu de la ciencia ficción, recientemente estrenada, sí, estrenada con bombos y platillos como una de las grandes novedades editoriales del año en la última Feria Internacional del libro de Santiago. También tengo un conocido periódico de derechas en el que aparece publicada una entrevista al escritor español Javier Cercas, amigo de Bolaño, quién afirma dos cosas interesantes: la primera es que la verdadera literatura es siempre anti-literatura, o al menos el intento de ésta, es decir, el intento de transgredir los límites de aquella. La segunda: que no ha leído ninguna de las publicaciones póstumas de Bolaño, a excepción claro, de 2666. Entonces tengo en mis manos la última novela de Bolaño y dudo de su lectura. ¿Por qué? En breves palabras intentaré responder mi propio cuestionamiento. Primero situemos al personaje.

Roberto Bolaño  es uno de los narradores hispanoamericanos contemporáneos más importantes de los tiempos actuales y 2666 es su obra mayor. Una parte importante de su obra, incluida 2666, ha sido publicada de manera póstuma, y tras su muerte, los estudios sobre ésta se han multiplicado en una suerte de fenómeno Bolaño del que no se vislumbra un fin. De hecho, actualmente, en importantes universidades Europeas como La Sorbona se realiza un gran número de tesis sobre su obra y “estudiar” a Bolaño se ha transformado en una especie de forma de validación para ciertos círculos académicos  norteamericanos. Chile tampoco es ajeno a este fenómeno y somos muchos los que nos avocamos a la lectura y estudio de la obra de este extraño habitante del mundo, este chileno-mexicano-español-catalán. Entre la ingente masa de publicaciones destacan la de Jaime Quezada, quién en Bolaño antes de Bolaño realiza una narración del período de adolescencia de Roberto, y el compendio de Andrés Braithwaite: Bolaño por sí mismo, que perfila la personalidad del escritor mediante una selección de entrevistas y ensayos. En estos dos libros se evidencia la precocidad intelectual del joven escritor, su espíritu iconoclasta e irreverente, la crítica ácida hacia el establishment literario, el humor omnipresente en sus escritos y su gran habilidad para polemizar y desorientar a sus interlocutores y lectores.

Los que hemos leído a Bolaño sucumbimos a un universo literario que desearíamos no hubiera tocado sus límites, sin embargo, la muerte puso fin a su escritura y límites al universo. A partir de ahí, en una suerte de trabajo de duelo masivo de lectores, críticos y escritores, la literatura sobre Bolaño comienza a crecer como masa madre. Aparecen estudios y publicaciones póstumas “rescatadas de su ordenador”, pero siguiendo las palabras de Cercas ¿Es esto verdadera literatura?, sea del género que sea; novela, ensayo o crítica literaria. ¿Es El espíritu de la ciencia ficción verdadera literatura? En eso radica mi duda ante este esperado texto.

Tal vez hemos matado nuevamente a Bolaño, lo seguimos asesinando día a día. Críticos, editores, escritores, en el gesto de recuperar lo perdido lo alejamos aún más transformándolo paradójicamente en un clásico. Bolaño está en la senda de Joyce, al que por cierto leyó con avidez en su adolescencia, quién logro que por decenas de años se siguiera leyendo y estudiando el Ulises. Así 2666 se seguirá leyendo y estudiando, será material para mucha literatura, pero para muy poca anti-literatura ¿En cuál de las dos cae El espíritu de la ciencia ficción?, eso quedará para cada quién, evidentemente para Cercas el inédito está en la primera.

 

Bolaño pareció predecir su propio destino y plasmarlo en La parte de los críticos de 2666, en la que cuatro críticos no hacen sino colmar su vacío escribiendo sobre la obra de Archimboldi, un desaparecido escritor alemán de la posguerra. En un pasaje de dicha parte, leemos una escena aplastante: “Pelletier y Espinoza (dos de los críticos) se dieron cuenta de que la búsqueda de Archimboldi no podría llenar jamás sus vidas. Podían leerlo, podían estudiarlo, podían desmenuzarlo, pero no podían morirse de la risa con él ni deprimirse con él, en parte porque Archimboldi siempre estaba lejos, en parte porque su obra a medida que uno se internaba en ella, devoraba a sus exploradores”.

En definitiva, también ahí está la razón de mi duda: Bolaño está perdido, irremediablemente perdido y esto es lo más cerca que estaremos de él, puede que valga la pena asumirlo.

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