1

Aborto por tres causales: ¿Derecho a decidir o derecho a la vida?

Foto de perfil Pepe Auth

Pepe Auth

Diputado

cargando votos....
Foto de perfil Patricio Melero

Patricio Melero

Diputado, Unión Demócrata Independiente

cargando votos....

Carta de Pepe Auth

22 marzo 2016

Estimado Patricio:

Te escribo esta carta para entablar una conversación sobre el proyecto de ley que discutimos por casi un año en tres comisiones de la Cámara y el jueves pasado fue finalmente aprobado en la sala por una importante mayoría de los diputados. Me refiero al que establece el derecho a optar por interrumpir o continuar el embarazo cuando está en peligro la vida de la madre, cuando dos médicos han establecido la inviabilidad del feto y cuando el embarazo es resultado de una violación.

Ambos sabemos que este tema es delicado y pone en juego convicciones muy íntimas y profundas. Como votaste totalmente en contra, al igual que todos los diputados de la UDI, y defendiste con vigor ese planteamiento en el hemiciclo, me ha parecido útil intercambiar nuestros distintos puntos de vista en esta materia, dado el interés ciudadano que ha generado su discusión.

Me cuesta entender el carácter apocalíptico de muchos de los planteamientos de tu sector, acusando a los partidarios de esta ley de pretender legalizar el genocidio, como si nunca hubiera existido el aborto terapéutico en Chile. Ambos sabemos que fue legalizado en 1931 y estuvo vigente durante cincuenta y ocho años bajo gobiernos de todas las orientaciones políticas: la alianza liberal-radical de Arturo Alessandri, el Frente Popular de Aguirre Cerda y Juan Antonio Ríos, la coalición de centroderecha de González Videla, la alianza antipolítica del exgeneral Ibáñez, el gobierno conservador de Jorge Alessandri, la Democracia Cristiana de Frei Montalva, la Unidad Popular de Salvador Allende y la derecha cívico-militar que respaldó al general Pinochet. Ninguno de esos gobiernos le propuso a este Parlamento derogar la ley de aborto terapéutico. El propio general Pinochet la mantuvo vigente durante diecisiete años y fue derogada sólo cuando quedaban días para que abandonara La Moneda, luego del triunfo presidencial de Aylwin en diciembre de 1989.

También me llama la atención, Patricio, el increíble desfase entre la opinión ciudadana y sus representantes en el Congreso; porque ambos lo sabemos: el derecho a optar por el aborto en las tres causales citadas es apoyado mayoritariamente por todos los sectores sociales, por agnósticos, católicos y evangélicos, por los jóvenes y los mayores, por los electores de izquierda, de centro y de derecha. Me temo que se está repitiendo lo que ocurrió hace algunos años con el divorcio, porque mientras más de la mitad de los electores de derecha era partidaria de esta ley, no había ni uno solo de sus representantes parlamentarios para apoyarla. Es decir, la UDI hizo caso omiso de la opinión de su electorado. Quisiera, entonces, que me explicaras esta falta de sintonía tan grande de la derecha con sus propios votantes, que en su mayoría no se ve representado por ustedes en este debate, y que me aclararas si para ser parlamentario de la UDI es condición necesaria oponerse al aborto bajo cualquier circunstancia, por dramática que ésta sea.

Analicemos por qué la gran mayoría de los chilenos —que en su mayoría son católicos o evangélicos— es favorable al derecho a optar por interrumpir el embarazo en las tres causales propuestas. Preguntémonos también por qué el club de los países con prohibición absoluta del aborto es tan pequeñísimo y menos del 0,5% de la población mundial vive bajo las mismas condiciones de prohibición que los chilenos. ¿No te parece demasiado provinciana esta pretensión de que todo el mundo está equivocado y sólo la minoría contraria al aborto bajo cualquier circunstancia tiene la razón? ¿No te parece demasiado autoritaria y propia de períodos ya superados de nuestra historia esta pretensión de caracterizar como partidarios de la muerte y asesinos a la gran mayoría de los chilenos favorables a esta ley, muchos de ellos tus propios partidarios, como si un solo pensamiento, aun minoritario, debiera imponerse a toda la población y, en particular, a todas las mujeres?

A mí tampoco me gusta el aborto y estoy seguro de que ninguna mujer, ni en Chile ni en ninguna parte del mundo, concurre alegremente a interrumpir su embarazo. Lo que sucede es que la gran mayoría de la gente entiende —al igual que yo— que hay circunstancias dramáticas —aquéllas que esta ley establece como causales— en que las mujeres deben tener el derecho a optar entre interrumpir el embarazo o continuarlo, aun si éste se desarrollará en condiciones difíciles o imposibles. Aunque son muchísimas las mujeres que no abortarían bajo ninguna circunstancia, buena parte de ellas entiende que no es justo ni democrático imponer por ley su propia convicción íntima a todas las demás mujeres.

Ambos sabemos bien que en Chile continuará habiendo un importante número de abortos ilegales en completa independencia de esta ley, porque compartimos la representación de un territorio donde la pobreza, la fragilidad de la familia, el abandono y la violación están muy presentes. A mí me parece que hay acciones mucho más relevantes y efectivas contra el aborto en Chile que mantener la prohibición y penalización en caso de violación, inviabilidad fetal o peligro de vida de la madre.

Siento algo parecido a lo que me pasaba con la discusión del divorcio, tan apasionada y polarizada como ésta. El divorcio existía bajo una forma cínica y espuria, del mismo modo que existe el aborto, casero, riesgoso y clandestino para la gran mayoría de las mujeres, limpio y seguro para aquéllas que pueden viajar al extranjero a practicárselo. Si de verdad queremos reducir el aborto en Chile —ambos compartimos ese objetivo—, el punto no es su prohibición en las tres dramáticas causales en discusión, sino más bien un conjunto de acciones que generen mejores condiciones para la maternidad y paternidad responsable.

Aunque no recuerdo tu posición en el debate de la píldora del día después, me imagino que hoy concordaremos en que ha sido positivo el súbito incremento de sus partidarios, y nos alegramos de que la presentación de este proyecto de ley esté sirviendo para que alcaldes que se resistieron a su distribución, hoy día la pongan a disposición de quienes la requieran. Compartirás conmigo que eso tendrá un efecto directo en la reducción de abortos en Chile, mucho mayor que prohibiciones y penalizaciones imposibles siquiera de aplicar.

También ha sido positivo que se hayan visibilizado las diversas iniciativas de la sociedad civil en programas de acompañamiento a las embarazadas vulnerables. Seguro que la ley motivará a muchos de sus adversarios a desarrollar más iniciativas para generar condiciones y alentar a las mujeres vulnerables a continuar sus embarazos. El Estado también refuerza en esta propia ley sus programas de acompañamiento, y nosotros podemos hacer fuerza común en la Comisión Mixta de Presupuesto, de la que formamos parte, para aumentar sus recursos e incrementar su alcance y efectividad en el futuro inmediato.

Igualmente, el debate ha servido para concientizar acerca de la violencia de género a la que muchos hasta ahora habían sido indiferentes, de modo que crecerá la disposición de todos a empujar políticas y programas que erradiquen esa violencia que se expresa tanto en las violaciones como en el vertiginoso número de femicidios durante estos meses de 2016. Me imagino que concordamos en que esta ley nos plantea también la necesidad urgente de perfeccionar la ley de adopción, para hacer más fácil que los miles de niños y niñas que sueñan ser parte de una familia que los acoja y quiera puedan encontrarse con aquellos hogares que hoy día esperan años, y a veces infructuosamente, cumplir su anhelo de sumar un nuevo integrante a la familia.

Esta ley cambiará la disposición del Estado y de la sociedad hacia las mujeres que en estas circunstancias dramáticas deciden abortar. Vamos a pasar del castigo a la acogida. Es, por lo demás, lo que hacen todos los pastores y sacerdotes cuando una mujer les confiesa que interrumpieron su embarazo. Las Iglesias no le pueden pedir al Estado que castigue cuando su propia y loable actitud es el perdón, la comprensión y la acogida.

Tú sabes de mi respeto a quienes se oponen radicalmente al aborto, pero creo que sus deseos de disminuir el aborto en Chile no se lograrán prohibiéndolo y penalizándolo en toda circunstancia, por dramática que ésta sea. Tampoco contribuye a sus objetivos la descalificación brutal que algunos hacen de quienes somos partidarios, como la mayoría de los chilenos y chilenas, condenándonos al Infierno o tildándonos de asesinos y genocidas. Convendrás conmigo en que sería mucho más efectivo para la lucha contra el aborto si toda esa energía y pasión fervorosa demostrada por muchas organizaciones y personas, también parlamentarios, se orientara a promover más y mejor educación sexual en las escuelas y liceos de Chile, a la promoción del acceso a la píldora del día después a las mujeres que la requieran, a desarrollar programas masivos de acompañamiento a embarazadas vulnerables, a la promoción de la dignidad de la mujer y el rechazo social a la violencia de género, en fin, a trabajar para reducir la desigualdad y la pobreza que lleva a muchas mujeres a la desesperación y al aborto. Todo eso sería muchísimo más efectivo que las descalificaciones, las exageraciones, las caricaturas y la apelación al terror y la culpa para efectos de disminuir el aborto en nuestro país.

En estos seis años que llevo como diputado, he tenido la oportunidad de conocerte más allá de lo formal y, a pesar de estar en veredas opuestas, tienes mi respeto, valoración y estima. Lejos de mi intención está cuestionar la legitimidad de tu convicción personal o tu voto contrario a esta ley. Sólo me permito decirte que por la opinión que me he formado de ti estoy completamente seguro de que jamás forzarías a una de tus hijas a portar un feto en su vientre durante nueve meses si ella ha decidido interrumpir su embarazo, luego de que dos médicos han declarado que su hijo no nacerá vivo. Tampoco la obligarías si ha tomado esa dolorosa y difícil decisión luego de haber sido brutalmente violada por un delincuente sexual. Te imagino, por supuesto, intentando convencerla de lo contrario, pero jamás forzándola a cambiar su decisión. ¿Por qué, entonces, obligar a las hijas de los demás chilenos? ¿Por qué el Estado, por qué nosotros en el Parlamento podemos arrogarnos el derecho a reemplazarlas en la decisión tan personal e intransferible en ese difícil trance en que las ha puesto la vida? Esto es lo que se me hace muy difícil comprender, que se quiera forzar a que todas las mujeres sean obligadas a continuar con el embarazo de un feto que clínicamente no llegará a convertirse en niño o de un embrión producto de una brutal violación.

Espero que el intercambio de nuestros puntos de vista le sirva a más ciudadanos a formarse sus propias convicciones, y con la esperanza de encontrar objetivos comunes más allá de nuestras legítimas diferencias.

Te saluda fraternalmente,

2

Carta de Patricio Melero

22 marzo 2016

Estimado Pepe:

Antes de responder a tus dudas sobre mi rechazo al proyecto de aborto por tres causales, te invito a ratificar un hecho esencial: que la vida humana comienza con la concepción. Tu respuesta es importante, porque sé que valoras la vida y sé de tu lucha por proteger la de cientos de compatriotas que la arriesgaron tras el golpe militar. La decisión de la mujer que espera un hijo, a la que te refieres reiteradamente en tu carta es, justamente, respecto de ese hecho esencial: la de continuar o poner término a una vida.

Si, tal como lo reconocieron todos los médicos que pasaron por las comisiones respectivas en la Cámara, admitimos el origen de la vida de los seres humanos, la tuya, la mía, la de millones, entonces lo que debemos respondernos acá es si hay alguna razón superior a la que implica esa dignidad para establecer, a través de una ley, el derecho a interrumpirla.

Estoy plenamente consciente del avance que ha tenido en la opinión pública el apoyo al aborto, ya sea por determinadas causales o simplemente por la decisión libre de la madre. Sin embargo, he aprendido en mi vida política que la primera obligación de un parlamentario es la honestidad para sostener posiciones fundamentales, para votar en conciencia, aun si ello implica la impopularidad. Personalmente, creo que, por la vida y la dignidad —la del que está por nacer y la de la mujer—, bien vale la pena ser parte hoy de quienes no se han sumado a esa mayoría, a la que tú invocas para fundar tu aprobación del aborto.

Probablemente entiendas mejor este punto si te recuerdo que en Chile una abrumadora mayoría rechaza el gobierno de la presidenta Bachelet y a por lo menos tres de sus reformas emblemáticas. Y que esa abrumadora mayoría no le ha impedido al Gobierno impulsarlas, ni a la Nueva Mayoría aprobarlas en el Congreso, me imagino que en la convicción de que son buenas para Chile.

Me preguntas si para ser parlamentario de la UDI es condición oponerse al aborto. La pregunta es a la inversa: ¿Por qué una persona que considera lícito y ético interrumpir una vida podría interesarse en integrar la bancada parlamentaria de un partido que, en su declaración de principios, la protege desde el momento de la concepción? La única condición para ser parlamentario de la Unión Demócrata Independiente es compartir su ideario y defenderlo. Que nuestra bancada, aun en las circunstancias difíciles por las que atraviesa el partido, haya ratificado su defensa unánime a la vida del que está por nacer y el reconocimiento de su dignidad como ser humano no es más que la confirmación de que nos unen convicciones que no cambian con una encuesta, ni con la campaña de desprestigio de un sector importante de la izquierda que ha recurrido a las caricaturas, incluso para señalarnos en un tema tan delicado como el que tratamos tú y yo acá.

Nuestra condición de representantes de la ciudadanía, y tu interés y el mío por mejorar la calidad de la política, nos exige admitir cuál es el fondo de nuestras diferencias en esta materia. Si sabemos que late una vida humana antes de nacer, ¿por qué ambos tenemos opiniones distintas respecto de su derecho a seguir viviendo? La diferencia es que mientras nosotros reconocemos la condición de persona del que está por nacer, quienes admiten el aborto han reducido su condición a la de un tejido orgánico, a un apéndice incrustado en el vientre de su madre y que recién tendrá reconocimiento al momento de nacer. Y ahora, respondiendo a tu pregunta, no cabe duda de que el peor de todos los autoritarismos es negar los derechos fundamentales a quien teniendo un rostro, extremidades y todas las características de una persona, se le ha reducido a la condición de “nada”. Rechazamos amparar ese autoritarismo en la democracia, porque ello contradice justamente uno de sus pilares: la igualdad de derechos, el respeto y la búsqueda del bien.

Me sorprende tu acusación de “provincianos” a quienes nos oponemos al aborto. Ante todo, me niego a usar ese adjetivo como sinónimo de ignorante, retrógrado o ingenuo, intención que, me pareces, señalas en tu carta. Pepe, lo que parece totalmente ingenuo es sostener que una vez que este proyecto sea ley, no serán vulneradas sus causales cada vez con más frecuencia para responder a la demanda por abortos sin causales; y que dentro de algunos años no se incorporarán nuevas razones, tal como ha ocurrido en casi todas las legislaciones de aborto hoy en el mundo. Ingenuidad es sostener que despenalizándolo en Chile se realizarán menos abortos, o creer que un sistema de salud con un severo déficit como el nuestro tendrá la capacidad de implementar la cláusula de acompañamiento a las mujeres que se someterán a un aborto por la causal de violación.

¿Por qué te avergüenza que Chile sea uno de los pocos países en el mundo que no ha legalizado la interrupción del embarazo? Lejos de avergonzarme, no me sorprende; hace casi doscientos años, Chile fue uno de los primeros países de América y el mundo en decretar la libertad absoluta de los esclavos, una decisión que contradecía absolutamente la visión mayoritaria en el mundo “desarrollado”: Estados Unidos fundaba parte importante de su economía en la esclavitud y todos los países europeos mantenían enormes colonias en base al trabajo de seres humanos, a los que se había arrebatado su libertad y a quienes, tal como hoy con quien no ha nacido, se les desconocía también su condición de “personas”, ubicándolos en un estatus inferior.

Pepe, ¿por qué insistentemente ustedes niegan el debate que existe aún en todos los países con legislación de aborto? Este es un tema de permanente controversia en España, en Estados Unidos, en Alemania, etc., donde en los últimos cinco años se han ido restringiendo cada vez más las condiciones para el aborto libre. En ningún lugar del mundo se ha dado por cerrada la discusión, porque la pregunta de fondo sigue siendo si puede el Estado garantizar el “derecho” a interrumpir una vida que ya ha comenzado.

Si algo admiro de la izquierda es el uso extraordinario del lenguaje y su capacidad para construir realidades, para convertir artificios en verdades. En tu carta te refieres en varias oportunidades a la “decisión” (de la mujer) y a la “imposición” que supone mantener un embarazo. ¿Puede alguien “decidir” si otro seguirá viviendo? ¿Desde cuándo se ha convertido en una “imposición” continuar con un embarazo? Ciertamente, la mujer no sólo puede, sino que debe tomar decisiones de manera libre, ni más ni menos que con la misma libertad y voluntad que los hombres. He aprobado con total convicción todas las leyes que consagran la igualdad de derechos de la mujer, en todos los planos y todas aquellas que la protegen del abuso y la violencia. Mi gobierno dobló el postnatal, terminó de impulsar la ley de femicidio, implementó el reglamento para la distribución de la píldora del día después, inició el proyecto que consagra el derecho de la mujer a disponer de los bienes de la sociedad conyugal (proyecto que lamentablemente tu gobierno tiene congelado), etc. La mujer es, efectivamente, dueña de su voluntad, de sus deseos y de su cuerpo, pero la propiedad sobre todas esas condiciones no se extiende al territorio corporal de otra persona. La libertad de hombres y mujeres, su plena autonomía para decidir sobre su vida sexual y reproductiva, no está en cuestión, sino hasta el momento en que su ejercicio anula la libertad y la dignidad de otro. ¿Por qué debe reconocerse la libertad y los derechos de quien puede sostenerse sobre sus pies y negarlos a aquellos cuya vida depende exclusivamente de la madre, mientras se preparan para respirar por sí mismos?

Me preguntas si impondría a una hija la obligación de cargar con un embarazo. Aun cuando estamos en el terreno de la especulación, me atrevo a asegurarte al menos dos hechos: primero, una hija, de haberla tenido, probablemente no consideraría un embarazo como una carga; y, luego, si así lo hiciera, ten la certeza que sería el primero en explicarle las implicancias de tomar una decisión para deshacerse de él, las mismas implicancias que te señalo en esta carta.

Nadie impone a otro lo que le es propio por su naturaleza, tal como una ley de filiación en Chile tampoco “impuso” a miles de chilenos que se negaban a reconocer a sus hijos, sus derechos y deberes como padres.

En Chile, la ley no ha impedido, ni antes ni ahora, que los médicos practiquen de manera legal y abierta todas las terapias necesarias para salvar la vida de la madre. El aborto es la interrupción de un embarazo, categoría en la que no caben los tratamientos que, practicados con otro objetivo, pueden generarla. Todos los médicos a quienes he consultado sobre este punto han sido categóricos: a ninguna mujer con riesgo de muerte se le niega en nuestro país el tratamiento adecuado para salvar su vida, aun cuando si por causa de su aplicación se interrumpe un embarazo.

Permíteme transmitirte mi opinión sobre la causal de violación. Nadie es indiferente ante un delito que atropella de la manera más brutal la libertad de una mujer, ni la profunda angustia que causa imaginar la violación de una hija. Desde esa perspectiva, no podemos agregarle, a ese tremendo crimen, un segundo, que es terminar con la vida de un niño inocente, indefenso y sano, porque frente a esta situación, la mujer tiene alternativas para enfrentarla: bien acompañada, protegida sicológica y terapéuticamente en todo su proceso, tendrá al fin de los días la opción de entregarlo en adopción o de quedarse con él. Por lo tanto, me parece que el peor camino es el de abortar a un niño o niña que no tiene forma alguna de defenderse, ni responsabilidad en la forma violenta en que fue concebido.

Siento confesarte que tengo la impresión que para el gobierno de la presidenta Bachelet parece más urgente legalizar el aborto por violación que la persecución penal sin tregua contra el violador. Ambos estamos preocupados por la situación de miles de niñas que están expuestas al abuso sexual al interior de sus hogares. Me sorprende que una mayoría en la Cámara haya aprobado esta causal, en un proyecto que, en la práctica, permitirá la impunidad del violador. ¿Cuantas niñas y mujeres a las que se les practicarán un aborto no serán luego regresadas a ese mismo hogar?

Pepe, respetando tu opinión y tu capacidad para intercambiarla con la mía, sin caricaturas, con serenidad, permíteme confesar el amargo sabor que me deja la aprobación de un proyecto que consagra el derecho a poner término a una vida humana. Y, sobre todo, la convicción de que en cierta forma se ha engañado a los chilenos, haciéndoles creer que la vida de miles de chilenas corre riesgo, que el embarazo y la oportunidad de dar a luz es una carga, y que un crimen deleznable y que atenta contra la dignidad y la intimidad de niñas y mujeres es motivo para amparar otro crimen.

3 Comentarios

  1. Señor Auth, usted mete en un mismo saco a moros y cristianos, habla de católicos en pro al aborto y eso es FALSO, si un católico estuviera de acuerdo con el aborto simplemente NO SERIA CATOLICO. La Iglesia católica, tanto romana como ortodoxa es PRO VIDA, creemos en la misma y la respetamos, existen algunos personajes siniestros dentro de la iglesia que podrán apoyar este tipo de COBARDE HOMICIDIO, son ovejas descarriadas que buscan figurar o simplemente degenerados que se han anidado en la iglesia y que est´´an siendo detectados y llevados a la justicia.
    En su visión atea, muy estimado señor, no trate de confundir a los lectores poniendo del lado de la MUERTE a la Iglesia de Cristo.

  2. Pepe Auth: El derecho a vivir, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, es un derecho primario, inviolable. Regímenes totalitarios del siglo 20, como el totalitarismo marxista y el nacionalsocialismo alemán, violaron estos derechos en forma descarada. ¿Tienes simpatía por ellos? Con tu forma de pensar demuestras que sí, aún cuando si te lo preguntan vas a decir que no. Las circunstancias dramáticas son un anzuelo para los ingenuos, pues tú y tus socios ideológicos quieren imponer el aborto libre en nuestro país. En el fondo, lo que hacen es engañar a la opinión pública poniendo casos dramáticos.

Para poder comentar en este debate, debes ingresar con tu cuenta.