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La mejor selección chilena de todos los tiempos

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Ignacio Morgan Mancilla

Periodista, Universidad Diego Portales. Coautor de "Los 11: Los mejores jugadores de la historia de la Roja"

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Braian Quezada

Periodista. Escritor

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Carta de Ignacio Morgan Mancilla

28 junio 2015

Estimado Braian:

Te escribo para que conversemos acerca del, a mi gusto, desagradable debate que se da cada vez que la selección enfrenta un nuevo desafío: ¿Es la selección de Sampaoli la mejor selección chilena de todos los tiempos?

Parto de la base de que todas las comparaciones son molestas y que los argumentos que se esgrimen para asegurar que el actual seleccionado es el mejor de la historia son bastante vagos.

Primero que todo, pienso que atribuir esta calidad a que “la gran mayoría de los seleccionados están jugando en importantes clubes de Europa” es más bien una generalización del excelente momento que viven los referentes de la selección actual, o de su columna vertebral, si queremos llamarlo así, como Claudio Bravo, Arturo Vidal, Alexis Sánchez y Gary Medel. La realidad del resto de los seleccionados es preocupante en casos como Jara, que es reserva en Alemania, u otros como Marcelo Díaz, Vargas o Isla, que además de jugar poco, sus clubes estuvieron peleando en la parte baja de sus respectivas ligas.

El fútbol de antes y el actual han cambiado bastante, y hay varios parámetros que nos impiden hacer una comparación objetiva, ya que no contamos con una base de comparación certera.

Si pensamos en el argumento de la cantidad de seleccionados en el extranjero, cierto es que antes era muy complejo salir a jugar afuera, especialmente a Europa. En ese sentido, sería interesante saber en qué equipo europeo habría terminado jugando Elías cuando fue elegido tres veces mejor central de América, o Leonel Sánchez, cuando fue goleador del Mundial, cuántos clubes se habrían peleado a Chamaco Valdés por sus actuaciones sobresalientes en la Copa Libertadores, o a Cuacuá Hormazábal, cuando fue elegido mejor jugador del Sudamericano en 1955 y goleador del mismo campeonato en 1956?

Sobre ese último punto, y sin querer caer en el chaqueteo, ¿qué logros concretos ha conseguido la actual “generación dorada” para ser considerada el mejor equipo de todos los tiempos? No hay un tercer lugar en el Mundial ni subcampeones en el Sudamericano o en la Copa América como en 1956, 1979 o 1987; o incluso una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Australia. Si es por actuaciones relevantes, la gente siempre recordará la espectacular victoria sobre España en el Maracaná, destacando haber derrotado a un campeón mundial en ejercicio, logro que ya conseguido cuando se venció a Uruguay en 1953.

Considerando esto, y sabiendo que es un argumento bastante frío y lejano al romanticismo del fútbol, creo que lo más objetivo para determinar cuál equipo es mejor que otro son los títulos. Pero, lamentablemente, somos un país que carece de ellos, por lo que quizás el ejercicio más sano no sea comparar selecciones, sino disfrutar de lo que tenemos hoy y valorar y respetar a los que nos dieron alegrías en el pasado.

¿Será el marketing el que nos quiere hacer creer que estamos frente a la máxima élite de la historia de nuestro fútbol? ¿Será que las redes sociales, la gran cantidad de información y la facilidad de acceder a ésta son las que hacen pensar al hincha que la selección ha vivido sus años de gloria en las dos últimas décadas, y lo que ha ocurrido antes de eso son meras anécdotas?

En ese contexto, también planteo: ¿Será el mismo marketing y esa especie de necesidad de convertir a los jugadores en productos lo que provoca que ahora todo sea “histórico”, “épico”, “lo mejor de la historia”, por la necesidad de sacar aún más réditos de una figura?

Quizás, los que hemos tenido la suerte de investigar la historia de nuestro fútbol y pudimos ver una realidad tan distinta a la actual, valoramos de mejor forma el pasado y ese fútbol de partidos en la calle con pelotas de trapo, donde los jugadores eran ciudadanos comunes, sin sueldos millonarios ni lujos excesivos, ni relatos exagerados de que “estamos viendo al mejor equipo de todos los tiempos” y el “triunfo más importante de la historia”. En definitiva, donde sólo importaba jugar.

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Carta de Braian Quezada

01 julio 2015

Estimado Ignacio:

Quiero comenzar esta carta señalando que comparto y adhiero con buena parte de los puntos que has expuesto en tu primera misiva. En especial con lo del exceso de marketing y la cantaleta de que cualquier triunfo reciente de Chile se ha convertido en “épico” e “histórico”.

Es más, yo agregaría que tal construcción no es inocente, sino que está totalmente planificada por profesionales en la materia, y dirigida en aquella dirección. Lo que se facilita por un hecho que es absolutamente real: la existencia de consumidores —no personas— que enganchan fácil con este mensaje porque andan por la vida, como se dice vulgarmente, como si hubieran nacido ayer: los llamados “hinchas de mall”.

Pero bueno, la idea de esta tribuna es encontrar diferentes puntos de vista y hacer el ejercicio de debatir. Aunque el papel aguanta todo, no creo en la adopción de posturas “positivo / negativo” o “a favor / en contra”, porque ese formato es el más cómodo para las mentes chicas y los egos grandes.

Una vez dicho esto, lanzo mi primera idea para el debate:

Tras varios años de buceo en la historia de nuestro fútbol, soy un firme convencido de que no es bueno idealizar el pasado. Por simple lógica, no es agradable constatar que la selección chilena debutó en competencias internacionales hace 99 años y todavía las repisas de la Federación están vacías, y que su devenir ha sido circular hasta niveles exasperantes. De alguna manera, ha sido reflejo de un país que quiere dejar a toda costa su historia anterior, pero no está dispuesto a aprender ninguna lección.

No me dan nostalgia épocas donde las delegaciones viajaban meses enteros por tierra o por mar para llegar a una Copa América, donde los dirigentes se metían en el armado de los equipos, o donde los jugadores, en plena concentración, podían arrancarse un viernes y volver recién un domingo. Ni siquiera los colegas se salvan: la zalamería hacia todo lo que venga de los países rioplatenses es de muy antigua data, y disculpando el escepticismo, ¿quién puede decir que todo lo que se escribió sobre algunas selecciones y jugadores es cierto? ¿Y si a lo mejor no eran tan buenos como Estadio o El Gráfico nos los pintaban? Hay una famosa anécdota que aparece en un libro de Luis Urrutia O’Nell que hablaba de un antiguo crack argentino que decía: “Yo antes del partido me tomaba una botella de vino y me comía una olla de tallarines, y en la cancha me los gambeteaba a todos”. Y le contestaron: “Sí, claro, pero el que te tenía que marcar se comía dos ollas de tallarines y se tomaba dos botellas de vino antes del partido”.

¿Es mejor el presente? Tampoco, es igual que siempre, y básicamente se obtienen los mismos resultados frente a los mismos rivales, y nos siguen haciendo los mismos goles (y en los mismos minutos) que hace 99 años. La selección chilena nunca fue la más buena ni la más mala de Sudamérica, salvo períodos de crisis como el vivido entre 2000-2007, donde la Roja no entusiasmaba a casi nadie y los malos resultados eran pan de cada día.

Tal vez la única diferencia sustancial entre pasado y presente esté en dos elementos, y que, pensándolo bien, en realidad son secundarios: uno son los avances tecnológicos, y otro, las cantidades de dinero que se manejan. La efervescencia que la Roja provoca en la gente durante los torneos importantes nunca ha cambiado con el tiempo. Y en lo estrictamente futbolístico, siempre están los jugadores que saben y los que no saben, y hasta los esquemas tácticos son parecidos: la única diferencia entre jugar 2-3-5 y 4-3-3 es que antiguamente los laterales eran volantes, y ahora son defensores.

Y para cerrar, no me causa ruido que los futbolistas de hoy ganen cifras estratosféricas. En primer lugar, porque el fútbol profesional es una actividad privada; en segundo lugar, porque es una carrera de juventud, y se terminan la una junto a la otra; tercero, porque quienes ganan dinerales no alcanzan a ser el 2% de los futbolistas (o sea, menos que el margen de error aceptable para cualquier encuesta o estadística); y cuarto, porque no hay que perder de foco que el jugador es asalariado tal como un obrero o un albañil, y así mismo es su verdadera valoración en nuestra sociedad. En público los llamarán “héroes”, pero por detrás los tratan de “cumas”.

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Carta de Ignacio Morgan Mancilla

06 julio 2015

Estimado Braian:

Concuerdo con tu idea de que no es bueno idealizar el pasado. El ejercicio de decir que “antes todo era mejor” no es adecuado ni tampoco objetivo, si no hay una base de comparación concreta.

Sin embargo, y haciendo referencia a uno de los cambios sustanciales que mencionas entre el fútbol de ayer y hoy, creo que un aspecto clave es la ventaja que la tecnología representa para los futbolistas actuales, aliada del fútbol-marketing que mencionamos antes: la difusión, o concretamente, la televisación.

Si antes —y estoy hablando de hace diez a quince años atrás, no más que eso— podíamos ver un par de partidos de Europa en el cable —si es que había un chileno en la cancha, porque si no, apenas se mencionaba—, hoy podemos verlos prácticamente todos y de diversas ligas. Entre Premier League, Capital One, Copa FA, Champions League, podemos ver hasta dos partidos de Alexis Sánchez en la semana, acompañado de la repetición en HD de todas sus jugadas y sus análisis técnicos como velocidad, a cuántos rivales “dribleó”, etc.

Cuando Jorge Robledo ganó la Copa FA en 1952, la noticia se supo en Chile una semana después. Hoy sería portada de diario y con extensa cobertura de los portales web. Por otra parte, encontraría de lo más normal que muchos chilenos desconozcan que Paco Molina fue figura en el Atlético de Madrid de 1953 y que marcó más de 30 goles. Quizás siquiera conozcan a estos dos grandes jugadores, y no los juzgo, la difusión que había sobre ellos era mínima.

No digo que sean mejores o peores que los futbolistas actuales, pero sin duda la difusión que existe hoy permite al hincha hacerse una opinión mucho más completa sobre un jugador, y de esa forma opinar quién es mejor, considerando el punto que mencionas de que no sabemos el nivel real que tenían los jugadores antiguos porque la información que tenemos de la mayoría viene de textos de prensa que podrían haber estado condicionados por la opinión del periodista que los escribió, cosa que comparto. Pero insisto en el punto de que la modernidad puede ser injusta con los futbolistas de antaño. Sin decir que son mejores o peores que los actuales.

Este debate acerca de la facilidad para acceder al material audiovisual de los jugadores actuales, en comparación con los de antaño, también ocurre en otros países. Sin ir más lejos, en Argentina un argumento recurrente de los que consideran que Diego Maradona fue mejor que Messi (además del título mundial) es la facilidad con que se pueden ver los partidos de Messi, cuando los del Pelusa sólo podían verse de vez en cuando.

En el contexto de la final de Copa América, llama la atención el escaso material disponible en los noticiarios sobre las campañas y finales de 1979 y 1987. Si no fuera por Youtube, quizás no tendríamos acceso a los goles de Caszely en Lima para la semifinal del 79, el 4-0 a Brasil del 87 o el error de Roberto Rojas en el gol ante Uruguay. De hecho, me encantaría que se difundiera el desatinado contacto que hizo Pedro Carcuro con el hijo del Cóndor antes de la final y que sacó al jugador del partido.

Destaco la escasez de material en noticiarios o programas de televisión abierta porque son masivos. Sé que CDF y algunos portales de Internet cuentan con más material, pero el ciudadano común (léase, no hincha ni muy futbolero) no siempre accede a estos espacios.

Vuelvo al tema de la tecnología para plantearte que si bien es en parte un aliado para los jugadores, por otro lado se puede convertir en un fuerte enemigo de los clubes y, en rigor, del fútbol.

Tenemos el tema de la creación del jugador como producto. ¿Cómo lo posicionamos? Nada mejor que tener un compilado de sus mejores jugadas, goles, técnicas desde distintos ángulos, con efectos audiovisuales y destacando al máximo sus logros; y con este video, sumado a la labia de los representantes, se puede posicionar a un jugador del montón en un equipo grande (preguntémosle de ello a Colo Colo), o elevar a la categoría de astro a un jugador sin mayores pergaminos pero con un gran potencial “marketero”.

Entonces, respecto al tema de que no podemos saber si todo lo que se escribió sobre algunas selecciones y jugadores es cierto, ¿puede ser que el nivel del fútbol actual esté condicionado a la creación e insistencia de un relato “marketero”, donde todo lo que estemos viviendo sea “histórico”, “épico” y lo “mejor de la historia”?

Las personas más futboleras no tendrán problemas en hacer comparaciones y tener una respuesta clara, el problema es el ciudadano común, cuya opinión tiene similar importancia y se está formando (quizás) de un modo erróneo a raíz de este discurso “marketero” que sólo busca vender y crear un negocio millonario alrededor del fútbol.

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Carta de Braian Quezada

14 julio 2015

Estimado Ignacio:

Sí, es cierto que en el fútbol de hoy impera el marketing, tan agresivo como majadero. De otra manera, no se explica que se machaque tanto con Cristiano Ronaldo contra Lionel Messi, y con Lionel Messi contra Cristiano Ronaldo… o que ganar una Champions League (torneo de clubes), sea más trascendente que quedarse con una Copa América o un Mundial (torneos de selecciones). Básicamente, eurocentrismo aplicado al fútbol.

Pero creo que, afortunadamente, esta larga y angosta faja de tierra todavía es un país periférico y subvalorado dentro del “Planeta Fútbol”. De otra forma, no se explica tampoco que el triunfo chileno de hace pocos días atrás en la Copa América haya sorprendido a casi todos en el extranjero, e incluso a un porcentaje no menor de nosotros mismos. No es menor que, antes del inicio del torneo, solo 1 de cada 3 hinchas chilenos confiara sinceramente en que la Roja fuese capaz de dar la vuelta olímpica en casa. Y que los restantes dos tercios dieran como candidatos al título a Argentina, Brasil, Uruguay e incluso Colombia, puede deberse en gran parte al mentado marketing.

Dicho esto, no me parece que la actual selección chilena esté dentro del saco de los “inventos de marketing”. No veo a Chile como un bluff al estilo de selecciones como, por ejemplo, y con todo respeto, Bélgica o Gales, ambos Top Ten en el ranking FIFA. Que la tasación en euros de un seleccionado chileno sea menor a la de sus similares de Argentina y de Brasil, por ejemplo, no dice mucho respecto a su verdadera calidad futbolística, de la misma forma en que un jugador puede ser titular indiscutido en un equipo grande sin saber parar bien la pelota.

Además, esta selección logró algo importantísimo, que fue el sacar lecciones de los tropiezos, infortunios y fracasos anteriores (actitud que la sociedad chilena jamás ha asumido con respecto a su pasado, por ejemplo) y, algo no menor, tiene el respaldo de un resultado inédito para instalarse en el podio de los mejores combinados nacionales de toda la historia, junto a los tremendos equipos de 1956, dos veces subcampeón de América, y el de 1962, tercero del mundo.

Ahora es momento de darle más dinámica y contingencia a este asunto. Ya que nuestra selección logró coronarse campeona de la Copa América por primera vez, tras 99 años de turbulenta historia, la pregunta cae de cajón: si acaso el Chile 2015 de Sampaoli, Medel, Bravo, Aránguiz, Valdivia, Sánchez, Vidal, y compañía, tiene los merecimientos suficientes para encumbrarse como la mejor selección de la historia.

Y tal vez la mejor respuesta respecto a cuál fue mejor no la tengamos nosotros, sino aquellas personas que hayan visto en la cancha a todos estos equipos. Y digo en cancha, porque es el mejor lugar del mundo para ver un partido, no a través de la prensa ni de la televisión, porque ambas tienen particulares impedimentos para llegar a cualquier certeza.

Y lo sucedido en 2015 es un problema, sobre todo pensando en un futuro lejano. La gran mayoría de quienes tuvieron el privilegio de ver a la selección en el Estadio Nacional fue a sacarse selfies… o a cualquier cosa, menos a ver el partido. Dudo mucho que puedan dar buenas respuestas ante preguntas como: ¿y cómo jugaba Gary?, ¿cuál fue la clave para ganarle a Uruguay?, ¿Messi se borró o nos funcionó la defensa? Tantas son mis dudas que quién sabe si en medio siglo más los investigadores quieran escarbar este momento y terminen dudando de la real valía de la actual selección por la poco idónea información que estas fuentes directas les puedan dar.

Pero, en fin, hay numerosos argumentos —y buenos— tanto a favor como en contra de los actuales portadores de la Roja, y un hecho es innegable: esta selección acaba de alcanzar la inmortalidad, y discutir sobre sus méritos y sus pecados, o incluso sobre la legitimidad de su corona, se llevará horas y horas de tecleo, y consumirá ríos y ríos de tinta.

Usted tiene la palabra… si así lo quiere.

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Carta de Ignacio Morgan Mancilla

31 julio 2015

Estimado Braian:

Antes que todo, perdón por el atraso en mi respuesta. Los motivos de mi ausencia fueron bastante complejos, pero no vale la pena mencionarlos.

Quiero decirte que yo era uno de los dos de cada tres chilenos que no confiaban en la selección. De hecho, tuve varias peleas virtuales con quienes me tachaban de chaquetero pero, en realidad, nunca fue mi intención menoscabar el trabajo de los dirigidos por Sampaoli ni minimizar lo que ha realizado esta generación de jugadores, simplemente respetaba a nuestros rivales, sobre todo a Argentina y Uruguay, y afortunadamente me equivoqué.

Nunca creí que ganaríamos esta Copa América. Incluso, te confieso que tras el título me llevo un par de horas dimensionar todo lo conseguido.

Muchas veces dejé que los fantasmas del pasado nublaran mi visión de la realidad. Pensaba que si un título se nos había negado dos veces en los 50, o si ni siquiera Elías Figueroa y Caszely juntos habían podido ganar la Copa América el 79, o si los procesos entre el 60 y el 75 (a mi gusto los mejores hasta ahora) tampoco lograron consagrarse, nadie iba a poder doblarle la mano a la historia.

Pero, finalmente, viendo cómo metieron los jugadores durante el partido con Uruguay, o la madurez alcanzada para ganarle a Perú, pese a jugar un pésimo partido, o el heroísmo con que se pararon frente a Argentina (quizás el equipo con las mejores individualidades del mundo y que fueron detenidas por el buen desempeño de los jugadores y no por un mal día de los trasandinos), entendí que tras cada atajada de Bravo estuvo Sergio Livingstone, que en la viveza de Jara estuvo el Chita Cruz, que cuando canchereaba Valdivia en su espalda estaba Cuacuá Hormazábal, que en cada pique de Alexis estaba lo que nos dejó Leonel Sánchez, y que cuando Vidal pidió perdón por su error, hablaba la humildad de Elías Figueroa, que luego se replicaba en la cancha en cada pelota que Celia peleó con la vida.

Podría estar horas nombrando a jugadores del pasado que vi reflejados en la cancha del Nacional durante el mes que duró la Copa América. En ese momento, me di cuenta de que el error no es decir que los actuales jugadores son mejores porque ganaron un título y el resto no, o que los antiguos son mejores porque antes el nivel del fútbol era mejor y no había marketing. El único y gran error acá es comparar: si bien podemos decir quién nos dio más alegrías que otro, lo que no podemos permitir es que las alegrías que nos dieron unos jugadores, borren las que nos dieron otros.

¿O acaso este título borrará las alegrías que tuvimos en los Juegos Olímpicos de 2002? ¿El penal de Alexis frente a Argentina nos hace olvidar los goles de Aránguiz y Vargas frente a España en 2014? ¿El golazo de Isla elimina el 4 a 0 a Brasil en la Copa América del 87?

La conclusión que me deja todo esto es que tenemos que sumar alegrías. No tenemos muchas además, no podemos regodearnos. Decir que Alexis es mejor que Leonel o Vidal que Elías es un error. Lo que tenemos que decir es que Robledo, Jorge Toro, Monumento Saavedra, Chamaco Valdés, Paco Molina, Marcelo Salas, Guillermo Subiabre, fueron grandes jugadores, y a ellos tenemos que agregarle a Bravo, Fernández, Mena, Gary Medel, etc. Su lugar dentro de la historia de nuestro fútbol debe ser estando unidos, no por encima del otro o excluyendo al otro.

Agradezco haber podido compartir ideas contigo y que todo lo ocurrido durante el glorioso mes de junio-julio haya permitido escribir un capítulo más de nuestra historia futbolística, y que éste por fin incluya la palabra “campeón”.

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Carta de Braian Quezada

18 agosto 2015

Estimado Ignacio:

A todos nos pasa que, cuando se producen hechos que nos cambian la vida, la mente se abre a niveles insospechados y muchos de nuestros antiguos paradigmas simplemente dejan de servir y tienen que cambiarse por otros. De pronto, muchas cosas que antes nos parecían “importantes” o “graves”, ahora no lo son tanto, y casi siempre llegamos a la misma conclusión: que era tonto tomárselas tan a pecho. Ahora bien, es verdad que hacer el cambio de chip no es fácil, y no todo el mundo tiene la sabiduría para cambiar de opinión a tiempo.

Como, por ejemplo, generaciones y generaciones de chilenas y chilenos (¿tres?, ¿cuatro?) que crecimos totalmente convencidos de que no fuimos, ni éramos, ni jamás seríamos nada en el fútbol. Una afirmación que, lamentablemente, se mantuvo en el tiempo porque se acomodaba bien con lo que llaman la “zona de confort”, y era lo que queríamos escuchar. Ahora, ya no vale la pena saber de dónde venía tal afirmación, sino tener claro que no hay que decirla nunca más, ni de broma, porque, de repente, aparece en este país un grupo de futbolistas a los que jamás les ha importado la opinión de los supuestos entendidos en la materia. Vidal, Sánchez, Medel, entre otros, ya hablaban de ser campeones del mundo cuando eran juveniles, y si no llegaron a jugar una final mundialista cuando todavía eran mozalbetes (Sub 20, Canadá 2007), fue porque cayeron en descontrol, no porque su rival haya sido mejor.

Más adelante, siguieron equivocándose y fallando feo, tanto dentro como fuera de la cancha. La idiosincrasia chilena tiene especial predilección por pegarle en el suelo a aquel que se equivoca, pero cuando esa misma persona acierta, no se atreve a decirle nada. Hay un ejemplo en esta misma Copa América, cuando ocurrió el episodio del Ferrari chocado. Al principio, la turba pedía casi un linchamiento público para el curao Vidal, pero el olvido llegó rápido cuando saltó a la cancha el mismo Vidal, pero con la camiseta 8 en su espalda y en su rol de “pateador de penales”.

Es que, sin duda, los resultados sirvieron mucho a esta selección para levantarse de sus propios fantasmas y frustraciones anteriores. Nunca le tuvieron miedo a ningún rival o a fracasar, y en eso hay una notoria diferencia que marca la Roja 2015, comparada con procesos anteriores. El triunfo “a la uruguaya” sobre Uruguay en esta Copa América es más trascendente de lo que parece, porque es un ejemplo de cambio de paradigma. Ver a los charrúas con un llanterío impropio de su historia se puede comparar al de un marido patudo que le pone los cuernos una y otra vez a su esposa, hasta que un día la mujer le paga con la misma moneda y se hace el ofendido. Y si a esto se suma el simbolismo de la reciente partida del último héroe del “Maracanazo”, Alcides Ghiggia (éste fue de verdad, no como los de ahora), quién sabe si el balompié oriental termina cayendo en una depresión de la que no salga en un buen tiempo.

Esta selección hay que disfrutarla, de todas maneras, y disfrutar esta Copa América como si fuera la última. Las eliminatorias a Rusia 2018 serán bestiales, porque en Sudamérica no hay malas selecciones: simplemente, están las que clasifican y las que no. Y por primera vez en un siglo, todas sin excepción le van a querer ganar a Chile, y se van a jugar el partido de sus vidas contra nosotros.

Si la Roja llega a su tercer Mundial consecutivo manteniendo la misma columna vertebral, corre el riesgo de presentarse con un equipo demasiado jugado y, por qué no decirlo, molido a patadas tras dieciocho batallas campales en todos los países de la Conmebol. Pero, a favor, tiene una experiencia internacional invaluable. A menos que ocurra una desgracia, en este equipo tendrían que estar los primeros jugadores chilenos con más de 100 partidos en la selección. Y, en su momento, el mal sorteo de Brasil 2014 provocó muchos lamentos, pero nos permitió jugar en dos semanas con España, Holanda y Brasil. Un bagaje incalculable de experiencia internacional, que sirvió de mucho en la Copa América y demostró que no había que tenerle miedo a los sorteos difíciles. Quién sabe si no le hizo falta a Argentina haber tenido cuadros algo más pesados en su camino a las finales de 2014 y 2015, que terminó perdiendo.

Por eso y otras cosas, vale la pena disfrutar. Nadie se olvidará de la primera selección chilena campeona de la historia, como tampoco se han olvidado a otros monstruos como Arellano, Subiabre, Livingstone, Robledo, Hormazábal, los héroes del 62, Figueroa, Caszely, Rojas (para bien y para mal), Zamorano o Salas. Y está bien que así sea, porque como decía el compositor finlandés Jean Sibelius, “a un crítico jamás se le ha hecho una estatua”.

Fue un gusto haber realizado este intercambio epistolar contigo, y agradezco la oportunidad de participar en esta tribuna e incursionar con este formato, usado por las más grandes plumas durante siglos y siglos, y que ojalá nunca se pierda.

Saludos a ti, y a todos quienes se crucen con estas misivas, ahora o quién sabe cuándo.

3 Comentarios

  1. Siempre es difícil hacer comparaciones de deportistas de distintas épocas. Como norma general (aunque hay excepciones) tiendo a pensar que los deportistas hoy son mejores que los del pasado. El mejor equipo de fútbol de hoy le hubiera ganado al mejor de los 70. La ultraprofesionalización del deporte hace que los competidores de hoy estén mejor preparados física, táctica y psicológicamente en relación a los de épocas pasadas. Por lo tanto, la comparación debe ser relativa y un buen medidor son los logros alcanzados. Y los de esta generación son superiores al resto: ha clasificado a 2 mundiales seguidos y ganado por primera vez en la historia la Copa América. Esto los hace los mejores.

  2. Sebastián Soto Mateluna: Muy buena columna, alguien que dice con fundamentos que no hay que agrandar a este equipo antes de tiempo. Y ni aunque ganen la Copa. Además, concuerdo con lo que dice respecto a los jugadores que hoy hay en Europa, si hoy es mucho más fácil salir que antes, cuando las ligas europeas te aceptaban un extranjero o dos por equipo.

  3. Paulino Hidalgo Pérez: No, no es la mejor selección de todos los tiempos, quizás quieras decir INDIVIDUALIDADES, nunca Chile tuvo tantos jugadores en el extranjero, especialmente en Europa, y eso no lo hace el mejor equipo de todos los tiempos.

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