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De revoluciones y guerras

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Domingo F. Sarmiento

Político argentino

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Manuel Montt

Político chileno - ex Presidente de la República

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Carta de Domingo F. Sarmiento

10 junio 1865

Señor D. Manuel Montt

Nueva York, junio 10 de 1865

Mi estimado amigo:

Aunque llegué a ésta el 15 del pasado mes, tan agitada ha sido la vida que he llevado, que recién empiezo a escribir a mis amigos.

En tiempos ordinarios para quien viene de la América del Sur, el espectáculo de Nueva York causa con su esplendor y movimiento asombroso, una especie de vértigo de que no se sale sino con el hábito y el tiempo. Añada Ud. a esto que el 23 y el 24 presencié la revista de 140 mil hombres, codeándome con personajes como Grant, Sherman, Meade; que al día siguiente precencié el juicio de los asesinos de Lincoln; que dos días después estaba entre las ruinas de Richmond, y al día siguiente recorría las líneas de Grant delante de Petersburgo, sembradas todavía de armas rotas y restos humanos; y comprenderá que atravesando países, estados, ciudades opulentas, bahías, por ferrocarriles y vapores, no he debido tener tiempo ni capacidad de sustraerme al hervidero dc emociones, así acumuladas en horas bastantes, sin embargo, para llenar la vida de un año.

Como U. sabrá ya, el país está completamente pacificado, y el Gobierno consagrado a poner de pié el sur y reorganizar los estados que tienen que darse nuevas constituciones para entrar de nuevo en la Unión bajo las condiciones que les ha hecho la derrota, en cuanto a la esclavatura y renuncia de ciertas doctrinas exageradas de soberanía.

Todo induce creer que la Constitución federal será revisada para borrar de ella lo que a la esclavatura se refiere, y esclarecer puntos que ofrecen divergencia en cuanto a los poderes delegados de la Unión, más fuerte hoy de hecho que antes de la guerra.

El sur sostenía que la constitución era un pacto revocable por la voluntad de los contratantes. La victoria del principio contrario la hace una ley obligatoria en todos los tiempos.

¿Cuál será la politíca exterior de los Estados Unidos en adelante? Tal es la cuestión que nos interesa. Johnson es de un color mas subido que Lincoln en cuanto doctrinas y carácter. Sin embargo, después de las frías palabras de recepción del enviado francés, ningún acto revela intención de interesarse en la cuestión de Méjico. Se dice que Montholón ha pedido explicaciones sobre e1 destino y la necesidad de un fuerte ejército que va a Texas, ya pacificado. Los diarios ingleses hablan de desagradables reclamos sobre los daños causados por el Alabama.

Es probable que todas estas cuestiones encuentren solución pacífica. México se agita mucho más que antes, y aunque las armas republicanas no son felices, nunca se ha sentido el imperio menos asegurado.

La emigración militar de aquí es pura palabrería, aunque no es difícil que se reunan al lado de Juárez algunos miles de aventureros audaces. No obstante este estado de cosas, es muy precaria la posición de un imperio al lado de república tan poderosa e inquieta. Los aventureros y emigrantes transformarán a México, y en veinte años más seguiran la marcha de los Estados Unidos. Por ahora nada claro, sino lo que hagan por si los mejicanos, y acaso proporcionarse armas, que es permitido ahora.

Mirada la América del Sur desde aquí y con ojos norteamericanos, apenas se distingue. No es conocida y poco interés exita. De Chile saben algo, de la República Argentina poquísimo, del resto nada, excepto que son unos países que están en revolución siempre; y aunque ellos conozcan por experiencia la revolución, continúan viendo la paja en el ojo ajeno. Y sin embargo, cuando uno viene a este país y lo palpa y lo siente, comprende que así debe ser desgraciadamente para nosotros, y que no podremos por nuestro atraso y la lentitud inevitable de nuestro desenvolvimiento, dados los elementos de población con que contamos, ahorramos complicaciones de un porvenir lleno de sombras.

No es posible formarse idea del desarrollo de poder y riqueza que está, no en germen aquí, sino visible, pero aumentando su rapidez con fuentes nuevas de riqueza. La emigración dobla cifras; los países mineros se aumentan a millares de leguas; el petróleo cría fortunas como California; el algodón volvera a ser monopolio, habiendo fallado en la India; y con el desarrollo del sur paralizado antes por la esclavatura y la ignorancia, y la conciencia que hoy tiene de su poder, no pasarán veinte años sin que pongan en conflicto a cada momento a los gobiernos de Europa, a quiénes quita ahora todo prestigio al colosal éxito de la República. ¡Johnson, es un sastre, Lincoln era un leñador! ¿Que queda para la aristocracia inglesa (hablo en un porvenir próximo) y para los reyes y emperadores?

En la revista de Washington, en 140.000 hombres, no había seis adarmes de oro en uniformes de generales, charreteras, cordones, que son desconocidos. El cuerpo diplomático europeo tiene que presentarse al lado del Presidente de levita, con pantalones blancos, o mezcla, o negros, como se anda en la calle el día de trabajo, y esta sans facon es un vejamen para los diplomaticos europeos, que los hace invisibles entre las turbas, muy a pesar de ellos.

Como me lo temía, tenemos, segun veo, complicaciones con el Paraguay, cuyo dueño a declarado la guerra. ¿No acabaremos nunca?

Pero yo tengo que acabar ésta deseándole salud y enviando recuerdos a su señora, de su afectísimo amigo.

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Carta de Manuel Montt

26 octubre 1865

Señor Don Domingo Faustino Sarmiento

Santiago, Octubre 26 de l865

Mi querido amigo:

El Señor Sarratea me acaba de anunciar de Valparaiso que U. está ocupándose en un trabajo relativo a escuelas para Sud América, y me pide algunos documentos que U. desea tener y que le remitiré a la brevedad posible. Me agrada mucho su propósito de U. porque a pesar de los años que tanto suelen modificar las opiniones, conservo entero y viva la fé de que la buena organización de este ramo es el más eficaz preservativo que puede oponerse a muchos de los males que presentan nuestros paises. U. ha hecho mucho en este sentido, pero aún puede hacer mucho más consagrando una parte de su tiempo a presentar a estos pueblos el fruto de su esperiencia y meditaciones en la materia. No abandone U. su pensamiento, ni se desaliente por la consideración de que la circunstancias actuales de la América son poco adecuadas para ocuparse en este asunto. ¡Cuantas de las desgracias que ahora lamentamos se habrían evitado si gobiernos y pueblos hubiesen prestado más atención a este primordial interés!

Tendrá U. sin duda noticias mas recientes de la República Argentina que las que yo podría darle. La impresión que me deja todo lo que hasta aquí sabemos, es que la guerra tendrá un término más corto de lo que al principio, fué de esperar, y bajo todos aspectos favorable y honroso para su patria. Este es tambien mi vivo deseo.

Como U. lo sabrá quizá a esta fecha, el drama de las Chinchas está exhibiendo ahora su segundo acto entre nosotros. Desaprobado por el Gobierno Español el arreglo hecho con Tavira, Pareja se presentó con sus buques en Valparaíso en el aniversario de la independencia, dirijió en el acto un insolente ultimatum en que pedia saludo de bandera y otras humillaciones y cuatro días después estaba bloqueado el puerto y rotas las hostilidades. Hace ya un mes estamos en plena guerra con la España. El pueblo ha aceptado esta situación con firmeza, y su entusiasmo no será efimero porque está acompañado del conocimiento de nuestra actual carencia de medios de hostilidad y de los perjuicios que tendrá que esperimentar. Es general y enérgica la decisión de arrostrarlo todo antes que mancillar el honor de la República. El gobierno al contestar el bloqueo con una declaración de guerra no ha hecho más que espresar el sentimiento de que todos estaban penetrados. Desde tiempo atras se veía venir esta agresión de la España, pero la falta completa aún de pretestos para actos de esta trascendencia, u otras causas, inspiraron en muchos la confianza de que la paz no habia de interrumpirse. Las hostilidades han tomado la república desprovista de armamentos marítimos para rechazarlas, y esta circunstancia prolongará la guerra, y hará mayores los sacrificios necesarios para ponerle un término honroso; pero la España no por eso saldrá mas favorecida en el resultado final.

Los pocos datos nuevos que tengo acerca del estado de las negociaciones entre la España y el Perú, robustecen mi convicción de que esta guerra no tiene mas fin ni propósito que inhabilitar a Chile para oponerse a la apropiación definitiva que la España pretende hacer de las Chinchas, y a las ejecución de mas altos planes sobre el resto de la República Peruana. Sobre este punto no es posible abrigar dudas, y U. que conoce todos los antecedentes y ha podido apreciar de cerca la marcha de las cosas en el Perú verá con claridad cuán patente es ese designio. Las reclamaciones de la España que, según los documentos y apreciaciones del señor Paz Soldan, no podían elevarse a mas de dos millones de pesos, y en último término a tres, se hacen subir ahora a sumas que no alcanzarían a cubrirse con toda la riqueza acumulada en las Chinchas. El conocimiento de éste propósito, demostrado por todos los datos y hechos de que U. está en posesión, formaría el juicio público en ese país contra las miras de España y en favor de la causa de Chile.

El estado actual del Perú es siempre indefinible. El Gobierno reducido casi a Lima en donde tiene concentrado un numeroso ejército, ni se atreve a batir a sus enemigos, ni tiene casi una palabra que no sea de sumisión a las pretensiones de la España. La Revolución, dueña casi de todo el país, pero anarquizada, sin los recursos y elementos con que cuenta el Gobierno, especialmente de dinero, poco o nada avanza, y sus tropas, situadas por las inmediaciones de Pisco, hace dias que parece estacionarias. No es fácil preveer el resultado, y decir si triunfará, o sucumbirá, contra la regla general seguida por todas las revoluciones del Perú. Este estado favorece hasta cierto punto las operaciones de las fuerzas españolas contra nosotros.

¿Podrá Chile esperar en favor de su causa las simpatias de los Estados Unidos? Aunque alejado de la dirección de los negocios públicos en mi país, pero vivamente interesado en el éxito de esta cuestión que tanto afecta su honor y bienestar, deseo mucho conocer la opinión de U. sobre este punto, ya relativamente al pueblo, ya relativamente al Gobierno de esa República. Si usted puede decirme algo en particular, se lo estimaré. La via mas segura en las circunstancias presentes y por causa del bloqueo para escribir, es quizá la República Argentina, pues han principiado a regularizarse mas las comunicaciones por este medio.

En mi familia se hacen frecuentes recuerdos de U., porque todos le estimamos muy sinceramente. Del suceso desgraciado que acaeció en ésta, y que tanto debe haber entristecido a U. y a toda su casa, no le había hecho referencia alguna, porque deplorando aquel funesto acontecimiento con toda la amistad que por U. tengo y con todo el aprecio por las personas que con U. están ligadas, no habia querido renovar el justo pesar que U. debió esperimentar. Consérvese U. bueno, mi querido amigo, y no deje de darme acerca de su salud y de lo que le concierne noticias que yo recibo siempre con el más grato interés.

Su muy afecto amigo.

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